Humanizando lo imposible: 40 años del Everest sin Oxígeno

Aniversario de la gesta “imposible” de Messner y Habeler.
Jorge Jiménez Ríos -
Humanizando lo imposible: 40 años del Everest sin Oxígeno
Humanizando lo imposible: 40 años del Everest sin Oxígeno

Para lograr lo posible, hay que intentar lo imposible”. Estas palabras del autor alemán Herman Hesse bien podrían servir para comenzar cualquier relato sobre Reinhold Messner, pero son especialmente adecuadas para la ascensión que cambió, para siempre, nuestra forma de entender el alpinismo en los Himalayas. Este 8 de mayo se cumplen 40 años de la primera cumbre en el Everest sin utilizar oxígeno artificial. Lo lograban Messner y uno de sus compañeros más relevantes, el austríaco Peter Habeler.

Juntos, se propusieron llevar el estilo de los Alpes a los grandes gigantes de la tierra. Marchar ligeros, rápidos como un sputnik, y enfrentándose a la montaña de la forma más pura que les fuera posible. Ya en 1975, en el Gashebrum I, formaban cordada para legar la primera ascensión en estilo alpino a un ochomil (sin establecer campos de altura y cargando todo lo necesario), una actividad futurista destinada a renovar el juego.

Todos pensaban que era imposible, y hasta los científicos y médicos les aseguraban que el cuerpo humano no podría resistir sin oxígeno por encima de los 8.000 metros, y menos aún lograr un reto deportivo de tamaña excelencia. Messner y Habeler, por supuesto, iban a demostrar que todos se equivocaban. Conocedores de las grandes historias del alpinismo, ambos tomaban como ejemplo el intento de Edward Norton y Howard Somervell, que alcanzaban los 8.600 metros sin usar botellas de oxígeno… ¡en 1924! Si en aquel tiempo y con aquellos materiales toscos la pareja británica había llegado tan lejos, qué no podrían lograr ellos.

El alpinismo del futuro

Sorprendieron al mundo no sólo por aquella cumbre improbable, humanizando los bastiones de la mayor altitud terrestre, además lo hacían en un horario que dejó boquiabiertos (y receloso) a los sherpas locales. Acababan de prender la mecha del alpinismo del futuro, es decir: llevar el montañismo clásico de tipos como Mummery a las oceánicas paredes de los ochomiles. El ser humano contras las mayores fuerzas telúricas. Y vencer.

La ascensión no sólo influyó en las generaciones posteriores, sino en la suya propia. Messner se convirtió en la primera persona en ascender los 14 ochomiles, todos ellos sin usar oxígeno suplementario, marcando el camino de la excelencia para los pretendientes del más distinguido proyecto alpino: Kukuczka, Loretan, Iñurrategi… la vanguardia del alpinismo ya tenía su nuevo punto de partida.

Hoy el Everest muestra una pátina comercial y turística alejada de aquellas grandes aventuras de exploración protagonizadas por los impulsores del buen estilo. “Turismo de altura”, lo llama Messner en estos días. Pero no está de más recordar que el Everest, esa diosa mancillada por el ego de los hombres, ha forjado su alma de roca y hielo a base de algunas de las mayores historias sobre la superación y la hermandad, gracias a tipos que fueron capaces de imaginar un planeta sin límites.

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