CiclaMadrid: 1.500 kilómetros de itinerarios cicloturistas en la comunidad madrileña

Unen naturaleza y cultura de las comarcas, villas históricas y ciudades Patrimonio de la Humanidad de la provincia de Madrid

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En el momento de poner títulos a las crónicas y los artículos no suelo tener problemas y enseguida encuentro las palabras adecuadas para definir en una línea o “cuatro palabras” el contenido general de la historia. En esta ocasión he tardado algo más porque buscaba una definición con todo el contenido deportivo, cultural, turístico, ambiental y social de los recorridos que proponen los promotores de la red de itinerarios cicloturistas de CiclaMadrid, un proyecto serio, profesional y ambicioso para convertir la Comunidad de Madrid en un destino ciclista de primer nivel, comunicando mediante una red de 1.500 kilómetros de itinerarios ciclistas los recursos culturales y naturales de las comarcas, pueblos, villas históricas y ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad de la provincia de Madrid. Y finalmente la decisión ha sido denominar esta nueva experiencia como un “cicloturismo diferente”, es sencillo pero acertado, que es la sensación que he tenido durante los dos días que he pasado con nuestros amigos de Rutas Pangea y la Asociación CiclaMadrid conociendo a fondo el estilo, contenido y finalidad del proyecto.

 

Uno de los viajes cicloturistas de este “extraño” verano del 2020 fue dar la vuelta a la Comunidad de Madrid en cinco jornadas, buscando siempre firmes de tierra, pistas forestales y veredas tradicionales en el límite provincial, incluso en varios tramos entré en el territorio de Ávila, Segovia y Guadalajara para aprovechar al máximo la diversidad ambiental de cada una de las comarcas por donde pasaba el recorrido. El diseño de la ruta fue personal, por gusto y entretenimiento, paso mucho tiempo mirando mapas y creando recorridos imaginarios que después convierto en realidad a pie o en bicicleta, es una pasión. En muchos cruces, parajes naturales y puntos destacados encontraba señales y paneles de rutas creadas en diferentes momentos y por distintas asociaciones o entidades dedicadas a la promoción y divulgación de los valores turísticos y atractivos deportivos de cada municipio o mancomunidad. Y entre ellas estaban los postes y los paneles informativos de las rutas de CiclaMadrid, que es el último proyecto serio y efectivo en la creación de una propuesta nueva y atractiva para conocer en bici la provincia de Madrid.

 

En algunas etapas coincidía en algún sector de los 420 kilómetros señalizados con los postes verdes del Gran Tour de CiclaMadrid y era una satisfacción comprobar que había elegido los mismos caminos y poblaciones de paso que sus técnicos. En otros perdía los hitos porque el espíritu montañero me llevaba hacia cumbres, sierras, collados y valles alejados de algunas localidades. Aquel viaje personal de 500 kilómetros alrededor de la Comunidad de Madrid en bicicleta también se puede ver en este espacio virtual y fue el primer contacto real con las intenciones de los creadores de CiclaMadrid: cultura, deporte, Patrimonio de la Humanidad, enoturismo y ocio familiar. Hace unos días tuve la suerte de recibir una invitación para participar en un viaje de prensa organizado por Rutas Pangea y la Asociación CiclaMadrid para conocer y disfrutar las últimas acciones del proyecto ciclista en la Sierra Norte madrileña. El punto de encuentro fue el hotel Posada del Camino Real, en Torrelaguna, construido sobre una antigua bodega tradicional del siglo XVIII. Las cuevas del edificio merecen una visita y los platos de la carta una degustación. El plan era seguir cada día un itinerario cicloturista por las carreteras de la sierra visitando pueblos, parajes naturales y atractivos turísticos guiados por Juan, Chus y Marina, nuestros anfitriones en este estupendo viaje de ocio activo en la Sierra Norte.

 

La cultura del granito

El grupo de ciclistas era variopinto, había periodistas deportivos, responsables de asociaciones y empresas que organizan viajes en bici, promotoras del ciclismo femenino, bloggers, influencers y viajeros cicloturistas, cada uno con una vinculación diferente en el mundo del ciclismo pero todos con una pasión común por la bicicleta y todas las emociones que proporciona moverse por los escenarios de la Tierra pedaleando. Juan y Marina iban con nosotros en bici y Chus llevaba el coche de asistencia. Y también nos acompañaba un equipo de grabación de fotos y vídeo para la recopilación de imágenes y la divulgación en diferentes canales de comunicación, éramos protagonistas de nuestra propia historia. El primer calentón, nada más salir de Torrelaguna, fue una cuesta conocida como “La Trampa”, un repecho que pone las piernas a tono para salvar la orilla de la antigua playa de Madrid. Juan es geólogo y mientras pedaleamos contaba que hace miles de años el mar cubría la extensa vega del río Jarama, incluida por supuesto la actual ubicación de la ciudad de Madrid, y la orilla estaba en este popular escalón natural de la sierra que conocen muy bien los ciclistas madrileños. El mayor entretenimiento montando en bicicleta es contemplar los paisajes del camino y con la orientación adecuada por parte de un experto es emocionante descubrir infinidad de curiosidades que justifican y dan valor a cada elemento del terreno, como la fortaleza de la sierra de la Cabrera, formado por un bello muro de agujas graníticas de cumbres elegantes y agrestes que aparecía soberbia al final de la subida.

El granito es esencial en la Sierra Norte, con la pizarra y el gneis crean la génesis de las geografías y forma parte de la vida cotidiana de los pueblos serranos desde hace siglos. El granito está en las fachadas de las casas, los muros de las fincas, los caminos pastoriles, las fuentes, los corrales y en infinidad de piezas del ajuar etnográfico usado por los habitantes del medio rural de la Sierra Norte en su vida cotidiana y tradicional. El Berrueco es un museo al aire libre de la cultura del granito en la comarca y paramos a mediodía para visitar algunos rincones y plazas del pueblo donde está repartido el repertorio de objetos de granito que guardan en silencio el secreto de los viejos estilos de la vida rural. En cada parada Juan seguía aportando detalles sobre la forma de cincelar las rocas de granito, los diferentes usos y la incidencia económica que ha tenido en algunas poblaciones que explotaban canteras para abastecer a las grandes obras del patrimonio monumental de la ciudad de Madrid.

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El Berrueco

El paseo cicloturista seguía por los pueblos serranos de Manjirón, Cinco Villas, y Lozoyuela hasta una nueva parada en la necrópolis de Siete Iglesias, un brote de rocas de granito al lado de la iglesia de San Pedro con un importante grupo de tumbas excavadas en la piedra entre los siglos IX y XI, durante la Alta Edad Media, y ya estamos en el siglo XXI. El descenso hasta las calles de Torrelaguna fue rápido y hasta vertiginoso para quienes no tenían reparo en dejar sueltos los frenos. El cierre de las actividades outdoor del día era un paseo por los rincones y monumentos destacados de la población, declarada en 1974 conjunto Histórico Artístico en el valle del curso medio del Jarama, cuna de personajes ilustres, engranaje de culturas durante la Edad Media y paso estratégico de varias cañadas mesteñas. Antes de la cena en la Posada del Camino Real asistimos a la presentación de los últimos planes y actuaciones de la Asociación CiclaMadrid, especialmente el nuevo recorrido por el sector norte de la provincia, la sierra de Guadarrama, Somosierra, los Montes Carpetanos, la Sierra del Rincón, con su galón de Reserva de la Biosfera y la Sierra Norte. En el acto asistieron el alcalde de Torrelaguna, un representante de la asociación de empresarios de la comarca y habló el técnico responsable del diseño de los recorridos y la señalización, aprovechando para presentar también Carpetania, un proyecto muy interesante de rutas de senderismo que pone en conexión todos los pueblos de la comarca mediante itinerarios de senderismo que cada aficionado y usuario puede organizar a su gusto, condición física, tiempo disponible o interés personal por conocer diferentes atractivos naturales, culturales o turísticos, la misma filosofía y estilo que las rutas de CiclaMadrid pero caminando.

 

Embalses y pueblos de pizarra

El segundo día éramos un grupo de amigos montando en bici por la Sierra Norte. La bicicleta es divertida y emociona pero sobre todo une. La salida de Torrelaguna fue por la misma carretera de la tarde anterior pero en dirección contraria, de subida. Juan se puso en cabeza marcando el ritmo para evitar crecidas de pasión y que todos pudiésemos estar atentos a sus comentarios sobre la interpretación del paisaje, especialmente en una curva que hicimos parada para ver el cambio geológico y forestal en el reino ambiental de la Sierra Norte y bautizamos Mirador de Meme, y así ha quedado. El balcón oficial en la cuneta de la carretera y parada obligada es el Mirador del Embalse del Atazar, una plataforma volada sobre las aguas serranas del mayor embalse de la Comunidad de Madrid, construido en 1972 en un singular paisaje de pizarras, esquistos y cuarcitas que acentúa aún más las aguas turquesas del lago artificial.

El descenso desde el Poblado del Atazar ofrece unas vistas extraordinarias del cañón del río Jarama y los cortados de areniscas grises y blanquecinas de Patones, escuela de escalada y refugio de aves. En la garganta se levantó el muro del Pontón de la Oliva en 1857, fue la primera presa en el plan de abastecimiento de agua potable para los habitantes de Madrid pero la inestabilidad del terreno pizarroso impidió la utilidad y siguieron las obras aguas arriba. La bajada en bici fue fantástica, el tramo más disfrutón de toda la ruta ciclista.

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Embalse del Atazar

 

Patones de Arriba es un referente del patrimonio cultural y etnográfico entre los pueblos de la comarca y no podía faltar una visita en los planes de nuestros anfitriones ni en los circuitos cicloturistas de CiclaMadrid. La subida desde Patones de Abajo son un par de kilómetros de puerto cómodo y cualquier esfuerzo merece la pena para conocer este museo de arquitectura popular en un entorno serrano único y particular de pizarras negras y afiladas. En el paseo por las enrevesadas callejuelas del pueblo estuvimos acompañados por una guía local y así es muy sencillo conocer los secretos, las leyendas y la historia de un lugar que es una muestra viva de la forma de habitar en la Sierra Norte en otros tiempos. La última visita en la hoja de ruta fue una degustación de quesos en el centro artesanal de Torremocha del Jarama, probamos quesos de tiza, de botón… todos artesanos y acompañados con vinos de la zona, un gusto exquisito para cerrar dos días de auténtico “cicloturismo diferente”, cuando montar en bicicleta es mucho más que deporte o esfuerzo físico y se convierte en una actividad recreativa completa para todos los sentidos, la filosofía de CiclaMadrid y de nuestros guías de Rutas Pangea. Muchas gracias por la amabilidad, por el trabajo, la profesionalidad y por reunir un grupo de personas de tanta calidad humana durante un par de días. Hasta siempre amigos.

 

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Patones 

Información:

www.ciclamadrid.es

 

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