Stefi Troguet, un verano en los Gasherbrums

La alpinista andorrana encara un nuevo año de expediciones con las ambiciones puestas en el Karakorum.

entrevista stefi troguet gasherbrums
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Pienso aprovechar este año como si fuese el último.

Puede que no sean buenos tiempos para la lírica, pero nunca dejará de haber grandes historias que merecen ser contadas. Y el alpinismo siempre ha tratado de eso. No es sólo mirar las cimas con ambición o recelo, también es construir un relato que servirá de huella abierta para los predecesores o, al menos, legar una de esas experiencias que facilitan la incursión de nuestra imaginación a todos esos otros mundos que están en este. Si aportas unas líneas a este relato de montañas y generaciones curiosas, nunca se deja de vivir.

En eso anda Stefi Troguet. La andorrana copaba muchas crónicas el pasado año cuando era capaz de ascender el Nanga Parbat (su primer ochomil) y el Manaslu, ambas sin utilizar oxígeno artificial. Una sorpresiva y brillante irrupción en el ochomilismo que, como suele suceder en estos casos, se convertía en un mero principio. Stefi sueña con ponerse la corona del Himalaya, completar los 14 ochomiles. Su siguiente paso será plantarse a los pies de los Gasherbrums para lanzar un envite doble en el verano del Karakorum. GI (8.061 m) y GII (8.035 m) en el horizonte.

Rebosante de energía e ilusión (estado perenne en el que Stefi parece vivir instalada) no se olviden de imaginar una gran cantidad de carcajadas risueñas -muy difíciles de transcribir- entre las siguientes respuestas.

¿Los Gasherbrums son una elección personal o responde más a una cuestión logística?

La verdad es que es una mezcla de ambas cosas. Tenía la ilusión de intentar dos ochomiles en la misma expedición, porque el año pasado me sentí muy bien y supe gestionar mis energías y mi aclimatación: si hubiese tenido otro permiso hubiera podido aprovechar para intentar otro ochomil. Me di cuenta de que al estar allí es todo mucho más caro, pagar un nuevo permiso cuando estás allí es tremendo, así que por eso pensé en los Gasherbrums.

Logísticamente es sencillo montar la expedición a las dos cimas y encima tienes el Broad Peak al lado, una montaña más concurrida y una zona donde va mucha gente para la aclimatación. A nivel alpinístico el Gasherbrum II me atrae un poco menos porque hay más gente, pero el Gashebrum I me tiene más intrigada, más acaramelada. Hablé con Nirmal Purja también y le pregunté cuál de los ochomiles le pareció más difícil y él los tenía muy claros: el Nanga Parbat, el Dhaulagiri (al que le tiene mucho respeto) y el K2. Pero cuando acabó su proyecto de los 14 me contó que el que más le costó y el que le había parecido más duro y complicado fue el Gasherbrum I. Eso hace que me atraiga mucho más.

¿Esperabas que tu carrera alpina se desarrollase tan rápido tras el Nanga Parbat?

Lo cierto es que no me lo esperaba. Tenía muchas ganas de intentar ochomiles, de ver cómo se me daba y como funcionaba mi cuerpo. Empezar con el Nanga fue por una historia de amor con esa montaña. La magia que tiene. No quería empezar con otra, y mucho menos con alguna de las montañas más comerciales. Mi aspiración en el Nanga era llegar a donde pudiera. Si alcanzaba el Campo 2 o el Campo 3 ya me hubiera parecido un inicio enorme. Para nada esperaba llegar a la cumbre. Y aún menos podía pensar que después hiciera el Manaslu y que mi carrera se desarrollase de esta manera.

Tampoco esperaba que todo esto pudiera ser posible a nivel económico. Y ahora el hecho de ir directamente a por dos ochomiles es una grata e increíble sopresa. Y si solo consigo uno será increíble igualmente.

¿Te ha cambiado mucho la vida desde ese primer ochomil?

En parte hay que decir que sí. Este año he decidido intentar dedicarme un poco a esto y dar ese paso. Me he hecho autónoma, he creado mi primera empresa, he hecho algunas conferencias y apostado fuerte por los espónsors. Es una apuesta. ¿Ha sido a partir del Nanga Parbat? Pues probablemente sí, pero ha sido un poco todo, ha ido creciendo todo y el contexto me ha permitido intentarlo. No se cuánto va a durar esto así que pienso aprovechar este año como si fuera el último y si se puede seguir genial y si no ¡pues lo vivido no me lo quita nadie ya!

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¿Es más difícil subir un ochomil o conseguir la finanaciación para ir?

¡Sin duda la financiación! ¡Es todo un mundo! Hay que presentar proyectos y dosieres por todas partes, hablar con mucha gente... por suerte tengo a mi equipo, mi representante, gente que me ayuda con las redes sociales (que aunque se me vea muy activa se me da muy mal este tema)... Sin ellos sería imposible hacer todo esto. A mí lo que se me da bien es planear, buscar, explorar ¡porque me encanta! Pero la parte financiera y demás se me escapa. Subir montañas es difícil pero es lo que me apasiona. ¡Así que sin duda respondo que lo duro es la financiación!

Será complicado sentir más felicidad que en el Nanga Parbat.

¿Cómo reaccionan tu familia y amigos al planificar expediciones con mucho compromiso?

Mis amigos están súper contentos y orgullosos, aunque tienen una parte de miedo por supuesto. Pero entienden que esto es lo que me apasiona y que haría lo que fuera por repetir esas sensaciones. Y si no fuesen en los ochomiles estaría en otro lado. Tengo su apoyo cien por cien.

En cuanto a la familia pues hay un factor sentimental muy importante, es un deporte que tiene muchos riesgos y evidentemente si te pones en su situación comprendes que les haces sufrir. Soy un dolor de cabeza, soy un terrible elemento en la familia... Pero fuera de la parte aterradora, hay mucho orgullo, todo ha salido muy bien, he tenido mucha suerte y están muy contentos por mí. A nivel familiar siempre es más complicado hacer entender en casa que esto es lo que yo quiero hacer, que los accidentes ocurren y que es un riesgo que estoy dispuesta a asumir.

¿Hay más felicidad en cada nueva montaña?

¡Por supuesto que sí! Aunque debo decir que el Nanga Parbat será siempre la primera, la más mágica. Es el Nanga Parbat. ¡Y era inesperado estar allí! Será complicado sentir más felicidad que esa. No se trata del hecho de hacer cimas o no hacerlas, es por todo lo que te llevas en el camino que te va llenando un montón. Llegas a una cumbre y ya planeas la siguiente, luego tienes la suerte de poder hacer otra expedición, eso es lo que me va dando felicidad. No importa que sea un ochomil, en cada nuevo reto que me propongo encuentro esas sensaciones. ¡Soy una chica con mucha suerte!

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