Loli López Goñi, Goian Bego

Fallece, a los 89 años, una de las grandes pioneras del alpinismo vasco.

Loli López Goñi, Goian Bego
Loli López Goñi, Goian Bego

Nun hago zer larretan, urepeleko artzaina, mendi hegaletan gora, orhoitzapen den gerora, ihesetan joan hintzana.

Febrero de 2011. El Palacio de Congresos Europa, en Vitoria-Gasteiz, acoge la XV Gala del Montañismo Vasco, en la que el principal homenaje lo recibirá Edurne Pasabán. Han pasado pocos meses desde que hollara la cima del Shisha Pangma, el último de los ochomiles en su lista de los 14. La Corona del Himalaya. La gran conquista pendiente del alpinismo femenino. Edurne es la primera mujer en la historia que asciende todos los Techos del Mundo, demostrando que la matemática de los sueños alpinos no entiende de género. Es puro arrebato humano. Ocho. Mil. Metros. El premio lleva por nombre "Loli López Goñi", en honor a una de las pioneras esenciales del alpinismo vasco. La propia Loli, con ochenta inviernos en a sus espaldas, se persona en la gala para entregar el galardón. Entre ella y Edurne se establece una línea temporal abstracta pero de profunda firmeza. Dos generaciones precursoras de la libertad en las montañas. Pericia, pasión y al garete con las concepciones establecidas.

Medio siglo antes de este encuentro, en 1959, en un local del Club Deportivo Eibar, se fundaba el Grupo Vasco de Alta Montaña. Casi una veintena de tipos con traje celebran el momento con una fotografía. Entre ellos aparece una sola mujer, de cabello rubio y facciones pulidas y decididas, de manos curtidas por la caliza de paredes como las de Egino o Amezketa. Su presencia es tan representativa como merecida. El verano anterior ha sido capaz de escalar el Mont Blanc y el Cervino, adjudicándose uno de esos títulos que sobreviven al tiempo: la primera mujer vasca en hollar tales cumbres, dos de los más icónicos vértices del alpinismo mundial.

Goian Bego, Loli López Goñi

Fundación del Grupo Vasco de Alta Montaña, en 1959.

Loli López Goñi fallecía este 2 de febrero, con 89 años de edad, en San Sebastián, dejando atrás instantes imprescindibles para comprender la inclusión de la mujer en ese cosmos montañero que poco a poco ha ido convirtiéndose en uno de los mejores ejemplos de la igualdad en el deporte. Loli no sólo fue la primera mujer capaz de superar el quinto grado en escalada, compartió cuerda con la vanguardia del alpinismo vasco en la década de los 50, casi siempre en compañía de Imanol Goikoetxea, su compañero en la montaña y en la vida.

Ambos se conocían al compartir sus sueños juveniles en el club Amaika Bat, en esas edades cuando a uno se le despierta todo el hambre por el mundo. “Diez y cuarto de la mañana, 4.505 metros de altura, en un día en que el mundo era nuestro......", escribía Imanol en el número 4 de la revista Pyrenaica ("Los Alpes de Saboya y el Cervino", 1958). Habían pasado quince horas bregando con la arista Hörnli del Cervino, y juntos comprendían una vez más la magia hermética de las montañas en aquel verano del 58.

Goian Bego, Loli López Goñi

Loli López Goñi durante la ascensión al refugio Hörnli, en el Cervino, en verano de 1958.

“Resulta extraordinariamente bella la noche de los Alpes, más bella todavía en este vivac, asegurados por una sólida clavija, junto a un vacío de centenares de metros. Es un mundo aparte, casi desconocido, donde estamos refundidos con la montaña y pasamos a formar parte de ella", reflexionaba la cordada durante su tentativa al Dent du Requin, ese gendarme insólito de L´Aiguille du Plan, escalado por primera vez por Alfred Frederick Mummery. 800 metros de pared, vivacs en la noche y un inquietante descenso por una chimenea vertical de roca y hielo. "Una pared muy bonita, una roca excelente y un descenso maravilloso", definía la alpinista uno de los grandes hitos de su currículum alpino. Loli no se dedicaba a seguir el camino abierto por sus compañeros. Durante toda su trayectoria demostró efervescencia e iniciativa a la hora de liderar ascensiones comprometidas, equiparándose siempre al nivel de sus homólogos masculinos.

En 1960 nacía su primer hijo, Imanol, y Loli decidía enmarcar sus aventuras más cerca de casa, pero no por ello iba a ser menos audaz. La Aguja de los Glaciares, la Norte del Perdido o la cara Oeste del Petit Pic en el Midi daban buena cuenta de su tenacidad. Sus ascensiones en territorios de Alpes, Pirineos e incluso en Spitzbergen, esa isla del Ático que coquetea con el Polo Norte, ya la habían convertido en un referente histórico, y con el nacimiento de su hija Nekane, la alpinista decidía disfrutar de las emociones de la montaña con proyectos más humildes: Etxauri, Santa Bárbara, Gredos, Labargorri... escuelas míticas de la cultura vertical donde se trazaron algunas de las sendas a explorar por la siguientes generaciones.

"No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente" escribió Virginia Woolf. Loli, Goian Bego.

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