El incombustible Tom Crean

Participó en las expediciones del "Discovery", "Terra Nova" y "Endurance"
Jorge Jiménez Ríos -
El incombustible Tom Crean
El incombustible Tom Crean

Un 10 de julio de 1893, un zagal de apenas quince primaveras atraviesa decidido la pasarela que asciende a la cubierta del "Queen Victoria", una elegante nave de la Royal Navy británica. De rasgos duros, marcados por el trabajo en el campo, casi analfabeto pero sin una pizca de tonto, Tom Crean acaba de empezar su carrera como marino, que le llevaría a participar y sobrevivir en tres de las expediciones polares más célebres que han registrado los siglos.

A bordo del "Discovery", el "Terra Nova" y el "Endurance" acompañó a los prohombres de la exploración en sus anhelos a principios del siglo XX. Vio partir a compañeros hacía la noche de sus vidas, puso su piel en las manos de capitanes intrépidos capaces de arriesgarlo todo por desentrañar los últimos misterios de la geografía y vio cómo los confines del planeta se hacían pequeños ante su empuje.

Tom Crean, el fiel

La partida del James Caird.

Sufrió los rigores de temperaturas irresistibles en la Antártida junto a Robert Falcon Scott en dos ocasiones, incluyendo la expedición que acababa con la vida del célebre capitán británico; protagonizó partidas de rescate que habrían acabado con las fuerzas de los titanes nórdicos y, entre diferentes hazañas, formó parte de la singladura más épica de toda la historia polar, la que se sucedía a bordo de la pequeña embarcación James Caird, cuando toda la tripulación del "Endurance", a las órdenes de Shackleton, quedaba varada en los hielos antárticos, cruzando de costa a costa el continente helado para lograr la supervivencia. Pero con esta histórica travesía hasta la isla Elephant aún no habían asegurado sus vidas, por lo que seis arrojados hombres se lanzaron a las aguas a bordo de una ínfima barcaza en busca de una estación ballenera noruega que podría suponer su definitivo regreso a casa tras muchos meses de penurias. 1.300 kilómetros de navegación e infortunios por el mar de Wedell como única esperanza. Y lo lograron, tres semanas después, cruzando unas de las aguas más violentas de la Tierra, previo naufragio, escalada y exploración de las colinas de Georgia del Sur, con otros 100 kilómetros de odisea a pie: cumbres, glaciares, grietas… acabando con el milagroso hallazgo de la base ballenera Stromness. No se perdió ni una sola vida durante aquella expedición al mando de Shackleton. Ni una sola vida.

Tras aquello, Tom se retiraba de las aventuras polares, contrayendo matrimonio y abriendo un pub, al que bautizó como "The South Pole Inn". Fue un hombre de carácter modesto que nunca explotó su papel en estas odiseas, siendo relegado a pequeños renglones de la historia. Un ejemplo de resistencia, valor y humildad de aquellos hombres que sostenían el progreso de todos bregando contra la fiereza de los elementos.

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