Chris Bonington, un caballero por las cimas

Con elegancia y pericia alpina, cambió el juego en los Himalayas
Jorge Jiménez Ríos -
Chris Bonington, un caballero por las cimas
Chris Bonington, un caballero por las cimas

Julio de 1977. Con dos costillas quebradas por una caída y una rigurosa pulmonía, avanza como un gélido penitente montaña abajo. Es el sexto día de un descenso infame en el que ha tenido que agotar todas sus energías para cargar con su compañero, con los tobillos fracturados tras fallar en un péndulo a siete mil metros. Por encima suyo se levanta un colmillo, hasta hacía pocas jornadas virginal, que parece exigir sus vidas por la osadía del asedio. Esos dos hombres, dos recios británicos con un excelso currículum de escaladas marcado en las yemas, son Chris Bonington y Doug Scott. Han logrado rendir al "Ogro", al alarmante Baintha Brakk, y ni la montaña ni la meteorología les han concedido una tregua. Sobrevivirán al embate de los elementos y volverán a casa tras firmar una de las ascensiones más emblemáticas de las crónicas del Karakorum.

Bonington salvaba así la vida de su compañero, otro de los magnos adalides del alpinismo británico, y agrandaba su dimensión, germinada en los cincuenta y sesenta, gracias a actividades como la primera ascensión británica al Pilar Bonatti del Dru o la primera absoluta al Pilar Central del Freney, en la sur del Mont Blanc, compartiendo cuerda con Don Whillans, Ian Clough y el polaco Jan Dlugosz, todos ellos monstruos de la roca.

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Formado como militar, Bonington manifestará su enorme capacidad de sacrificio y liderazgo en una etapa en la que el alpinismo ya había conocido muchos de sus grandes desafíos exploratorios, cambiando la mirada hacía retos más comprometidos, surcando rutas de una exigencia técnica descomunal todavía hoy en día. En 1961 abandonaría su trabajo para dedicarse por entero a la montaña, como periodista y líder de expediciones: se había consagrado a la montaña y ésta se lo agradecía permitiéndole ser uno de los alpinistas más influyentes para las generaciones posteriores.

Chris Bonington, un caballero por las cimas

Ilustración: Adrian Blokin

La nueva perspectiva que iba a imponerse en las montañas del Himalaya, como antes habría ocurrido en los Alpes, vendría en gran medida alumbradas por expediciones como la que Bonington lideraba en 1970 a la vertiente sur del Annapurna, donde se alza una muralla de 3.000 metros, templada en hielo y nieve, con dificultades insólitas en altura. Una línea comprometida hacía una montaña ya ascendida, las posibilidades en los gigantes de la tierra se multiplicaban. De aquella bravata, considerada como la primera escalada “moderna” a un ochomil, en la que Dougal Haston y Don Whillans ganaban la cima, e Ian Clough perdía la vida, nacería una nueva etapa para el himalayismo, apoyada por conquistas como la alemana a la Rupal del Nanga Parbat.

Aunque buena parte de su inmensa reputación le viene dada por su papel como jefe de expediciones intensas y futuristas, con las que se reinventó el alpinismo, las condiciones de Bonington para la escalada fueron formidables, permaneciendo tres décadas en primera línea. Ejemplos como la primera a la Torre Central del Paine con Don Whillans, la primera al Changabang a través de su helada y cristalina cara sudeste, y sobre todo, la del Everest del 75, por la suroeste, colocan al británico en el Olimpo de las cimas.

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Durante su larga vida ligada a las montañas, Sir Chris Bonington ha recibido numerosos reconocimientos como la Medalla de la Royal Geographical Society, es Comandante de la Orden del Imperio Británico y de la Royal Victorian Order y la veintena de libros con su firma se han ocupado la categoría de best sellers en su país de origen.

“Todos los que hacemos alpinismo debemos tener en cuenta que un accidente sobre el que no ejercemos ningún control puede costarnos la vida. Es una responsabilidad a la vez cruel y difícil, especialmente cuando tenemos esposas e hijos a los que amamos. Si llevamos la montaña dentro, sabemos, al igual que lo saben las mujeres que nos quieren, que esta pasión nunca nos dejará. Todo cuanto podemos hacer es ser tan prudentes como nos sea posible, y rezar para que la suerte nos acompañe.”

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