Pico Urriellu: el sueño de una cima

Relato y guía práctica de cómo ascender por primera vez el Naranjo... ¡aunque no tengais experiencia!
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Pico Urriellu: el sueño de una cima
Pico Urriellu: el sueño de una cima

Soñar con una cima. Imaginarte en lo más alto de una montaña. Y seguir el consejo de uno de los grandes del alpinismo conduciendo el cuerpo allá dónde un día los ojos lo soñaron. Para muchos de nosotros escalar el icónico Picu Urriellu es sin duda cumplir con el anhelo de coronar la montaña más bonita y representativa de Asturias, que casi es cómo decir ¡del mundo entero!

Que no me llamen Naranjo, si naranjas no puedo dar. Que me llamen Picu Urriellu, que es mi nombre original.

Por Fco. Javier González / FOTOS: Sergio Romero

“Escalar El Picu con un guía es una puerta de entrada perfecta al mundo vertical”. La frase me viene a la cabeza mientras mi cuerpo tiembla inconscientemente al sentir el vacío, suspendido cómo estoy a cientos de metros del suelo. Pronunciada el día anterior por el guía que ahora mismo me asegura a la pared, no tenía tanto sentido cómo en este momento…

Estamos en el bar Cares en Arenas de Cabrales, Asturias, donde hemos quedado con Fernando Calvo, que será nuestro guía hasta la cima del Picu. El bar respira escalada y alpinismo por las cuatro paredes, llenas de fotos, ilustraciones y carteles montañeros; y me alegro al ver de reojo un par de números de Oxígeno entre otras muchas publicaciones de montaña. Fernando, 38 años, tiene una dilatada experiencia de ascensiones al Picu: sólo en un verano ha llegado a subir con clientes más de veinte veces por la cara sur. “Hay un perfil muy claro de cliente que quiere subir al Picu: montañero que ha subido prácticamente todas las cimas importantes de la Cordillera, pero le falta el Urriellu que, evidentemente, requiere un nivel mínimo de escalada”. El 10% de sus clientes son extranjeros, un 40% son asturianos, y la otra mitad del resto de España. “Aprendí el oficio de la mano de otros guías”, me comenta Fernando. “Con sus ventajas y desventajas, ya que igual que adquirías las virtudes de cada una, también te llevabas algunos vicios”. Posteriormente se fue formando a medida que salían los distintos cursos, hasta llegar a ser Guía titulado de Alta Montaña UIAGM. “Prefiero el modelo actual”, afirma.

Antes de ser invitados, la primera pregunta que nos hicimos (y que le hicimos a Fernando) fue ¿pero, podremos llegar a la cima? “La actividad está planteada para gente que tenga nociones previas y algo de práctica en escalada: que haya hecho un cursillo, o ya escalado algunas vías en rocódromo o en un viaje de fin de semana”. En nuestro caso Sergio, fotógrafo, tiene buen nivel de escalada y experiencia previa. En mi caso, he escalado menos de cinco días en los últimos diez años, y siempre vías de un solo largo. “Ningún problema, cuenta conmigo”, me dice Fernando. “ A partir de la experiencia de escalar el Naranjo, mucha gente se lanza a hacer cursos, a viajar a otras paredes y montañas para escalarlas…”.

Pico Urriellu: el sueño de una cima

Para todos los no-escaladores como yo mismo, Fernando planifica la actividad en dos jornadas, de tal manera que el primer día se sube hasta el refugio de Urriellu, donde se realiza una práctica de escalada para re-familiarizarse con el material (ropa, pies de gato, arnés, cintas express, Friends…) y las técnicas de escalada (asegurar al compañero, sacar un friend de la pared, buscar apoyo de los pies, rapelar, progresión en ensamble…) que se utilizarán al día siguiente. En nuestro caso, hacemos la práctica en la escuela de escalada de “Las Cabadas”, cercana a Arenas de Cabrales, y al día siguiente trataremos de subir hasta la cima haciendo una breve parada en el refugio. “Los inicios del alpinismo no deben ser difíciles, sino bellos” me dice Fernando en boca de Walter Schmid, una frase que puede aplicarse a cualquier deporte, pienso. La práctica sirve además para acostumbrar al cuerpo a las sensaciones de vértigo propias de la actividad cuando no se está acostumbrado a la verticalidad de las paredes. Y. sobre todo, una práctica para situarse, soltarse, coger confianza, más aún si hace tiempo que no se escala… además de para comprobar el nivel previo de escalada del cliente antes de meterse de lleno en la faena. “Nunca he tenido que echar atrás a ningún cliente después de la práctica”

Comenzamos la aproximación al refugio por un camino que asciende por amplias praderas verdes salpicadas de brañas y pequeños grupos de vacas y xiatos. El camino se adentra poco a poco en terreno cada vez de más alta montaña, por algunos tramos aéreos y con el Neverón al fondo, haciendo honor a su nombre con todavía abundante nieve después de la tremenda nevada del último invierno. El sendero salva algo más de 900 metros de desnivel, para lo que nos hacen falta casi tres horas, pero el imponente paisaje hace que olvidemos el cansancio que acusan los músculos tras la mantenida cuesta. En un punto del sendero el Picu hace aparición, lo que nos motiva para seguir progresando en su busca. A medida que nos acercamos a él por las sinuosas curvas que hace el sendero en su parte final ¡malditas zetas!, la montaña va mostrando su verdadera talla, hasta que, al llegar al refugio, completamente empapados en sudor a pesar de la hora temprana, su cara oeste te deja totalmente noqueado ¡es un auténtico coloso de roca!

Cainejo, Pidal, Rabadá y Navarro, Martínez, Pérez de Tudela… Un pico que rebosa historia, nunca mejor dicho, por los cuatro costados. Y que nuestro guía conoce y nos transmite a la menor oportunidad. Fernando personifica la idea completa de lo que tiene que ser un guía: no sólo el que te facilita llegar a un objetivo, sino que además lo hace hablando, comentando, respondiendo a tus dudas, anécdotas de la historia de la escalada en el Picu, geología, historia… una función de los guías que a veces parece olvidarse y es muy importante para una experiencia mucho más completa, que no se limite a “hacer cima”

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“Hay que echar un poco de gasolina” dice un paisano mientras se aprieta un vaso de vino. “Es que si no ¡vas deshidratáte!” le contesta otro. Pienso en acompañarle y echar un trago, pero rectifico y pienso que, si todo va bien, ya habrá tiempo para brindar.

Desde el refugio podemos ver varias cordadas en la imponente cara oeste del Picu. Entre ellos se encuentra Edu Marín en pleno proceso de estudio de la famosa vía Orbayu, abierta por los hermanos Pou en 2008 y todavía hoy considerada como una de las vías de escalada más difíciles del mundo. “Qué faceis ahí! Vais dejar el Picu llenu fierru”, dice el paisano animado por el vino.

Ver a los escaladores progresar por esa enorme pared impresiona. Y verlo en directo y a la sombra del Picu te hace respetar aún más la escalada en grandes paredes, ya que ayuda a dimensionar el escenario en su medida real. Olas, ríos, montañas y paredes ¡qué fácil pueden parecer vistos a través de una lente o una pantalla!

Las chovas vuelan alrededor del refugio mientras Fernando revisa el material en el cambio de mochila. En la aproximación a la pared iremos más ligeros, ya sólo con arnés, pies de gato, casco, ropa de abrigo y agua. En mi caso claro, porque las mochilas de los guías pesan mucho, pero que mucho más con todo el material “duro” de escalada que utilizaremos.

Partimos hacia la cara sur bordeando casi por completo la mole que nos disponemos a ascender. En la aproximación observamos la cara norte de la pared, y me pregunto qué hizo a Pidal y Cainejo decantarse por esa cara para acometer su histórica primera ascensión... Y es que a simple vista ¡puede hasta parecerlo! Mientras progresamos por un amplio nevero a los pies de la cara este pienso en el esfuerzo acumulado a lo largo de la jornada. Estamos concentrando el esfuerzo en un solo día, y tan sólo espero que el desgaste de las aproximaciones al refugio y la pared no me pasen factura en el momento de la verdad.

Antes de llegar a la base de la pared Fernando encuentra un sitio para ponernos los arneses y los cascos. Una de las características de la cara sur son las abundantes cordadas que suelen coincidir (sobre todo en temporada alta), ya que se trata de la vía más fácil de acceso a la cima, y es frecuente que se desprendan piedras que pueden caer desde gran altura. Ya a pie de vía, miro hacia arriba y no puedo evitar estremecerme… ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Sí que lo estoy ¡vamos! Me animo a mí mismo: no he venido hasta aquí para no intentarlo. Esta actividad, que para muchos escaladores es una sencila “escaladita”, para otros puede ser todo un desafío. Los primeros seguro que pueden obviar el relato que sigue. Los segundos, quizás aprecien los detalles que se cuentan en él.

Una de las ventajas de la sur, es que el primer largo al que te tienes que enfrentar, es el más difícil ¡y además el más corto! Mientras escalan mi compañero Sergio y su guía Berto, me fijo en sus gestos para tomar nota. Es engañoso, porque ambos acumulan horas, días, semanas y años de experiencia, y una pared de grado V es pan comido para ellos. “Es mejor eso que ver a alguien que no lo hace bien, te pondrías mucho más nervioso de lo que ya estás”. Me dice Fernando. “Además, no te preocupes, que te voy a ayudar en todo momento”, me tranquiliza de nuevo. Y así es. Mientras mi guía escala me va indicando cómo superar los pasos más complicados, así como las referencias que tendré que tener en cuenta cuando esté metido en faena en la pared. ¡Reunión! Me grita Fernando, indicándome que ya ha llegado a la reunión, o punto final del largo en el que volveremos a estar juntos antes de acometer otro largo. Estiro los dedos, los antebrazos, hombros, piernas… solo me falta santiguarme, pero me armo de confianza y valor y me lanzo a por ello.

Pico Urriellu: el sueño de una cima

¡Libre! A pesar de la tensión consigo ir progresando. Siento la afilada roca caliza en mis dedos, e intento recordar todas las indicaciones técnicas del día anterior en la práctica, y localizar las referencias que me ha cantado Fernando, para hacer los gestos que me ha recomendado. No tardo en darme cuenta de que las referencias una vez en la pared no son tan obvias como parecen desde abajo. Algunos apoyos que para mis compañeros parecían auténticas repisas, a mi me parecen rebabas en la roca en las que apenas confío en apoyar mis pies de gato. Pero continúo ascendiendo animado por las indicaciones de mis compañeros... ¡Vamos Javi, eres leyenda! Me grita Fernando en tono jocoso, que ayuda también a relativizar lo que estás haciendo, a relajar la tensión muscular y mental, que en mi caso no es poca.

Ya en la reunión Fernando me asegura con el cabo de anclaje y me invita a relajarme soltándome de espaldas a la pared. Un gesto que me cuesta naturalizar, pero que efectivamente ayuda a descansar. “A partir de aquí, es todo más fácil”, me anima Fernando. “Ya verás que la pared va poco a poco tumbándose”. Miro arriba, y tumbarse la pared, lo que se dice tumbarse, no lo veo muy claro. Pero hay que seguir, y pienso que si no me engañan, y estoy seguro de que no, lo más difícil ya ha pasado. Y efectivamente, la vía pasa a ser un grado menos, IV, aunque para mí la diferencia sea prácticamente inapreciable. “Intenta no escalar tanto con los brazos. Recuerda mirar dónde vas a apoyar los pies, que son los apoyos que más te van a ayudar”. Intento hacerlo así en el segundo largo, a la vez que procuro no mirar demasiado hacia abajo mientras escalo. Bastante tengo con lo que tengo cómo para que encima me entre vértigo… Fernando me ha explicado los pasos claves en este segundo largo (por lo menos hasta que le pierdo de vista) e intento repetirlos tal y cómo me ha dicho, aunque a veces me toca improvisar y buscarme la vida buscando puntos de apoyo. En un punto dado, me bloqueo y no logro progresar. Mire donde mire no encuentro salida. Me empiezo a agobiar a pesar de notar la tensión de la cuerda que me sujeta. Las fuerzas de los dedos flaquean y comienzo a pensar en que si no encuentro un apoyo rápidamente, me caeré. Mientras trato de ensalivar la boca, seca cómo una alpargata, escucho a mi compañero Sergio: “Tranquilo, respira hondo”, me dice desde más arriba, tranquilamente apoyado en la pared con la cámara de fotos en la mano. Le hago caso, respiro profundamente y miro a mi izquierda, donde encuentro un apoyo bastante obvio ¿por qué no había mirado antes hacia allí? Aliviado y muy contento, continúo la escalada hasta la segunda reunión ¡Bien!

Las reuniones suponen islas de relajación, pequeños paraísos en los que descargar tensiones, y en mi caso el lugar perfecto para aprovechar para mirar abajo y ponerme en situación. El circo que nos rodea es precioso, con los picos imponentes ante nosotros, y el nevero al comienzo de la vía a mis pies. Mis compañeros continúan amablemente indicándome que lo estoy haciendo muy bien, y que ya queda menos. Estoy más confiado en mis posibilidades, lo que me anima mucho, pero sé que todavía tendré que “penar” un poco antes de llegar a la cima. Intercambiamos saludos con otras cordadas que descienden rapelando. A pesar del día soleado, en la pared hace frío, y no he encontrado el momento de quitarme la chaqueta, que ya tiene marcas de la roca caliza, seguramente provocadas por mi tendencia a pegarme a la ropa como una lapa, incluso en las reuniones.

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“Lo importante, no lo olvides, es donde apoyas los pies”. La tendencia en los que no sabemos escalar es buscar instintivamente el apoyo de manos. Posteriormente aprenderé que, para ello, es fundamental separar un poco el cuerpo de la pared. “¿Cuántas dominadas puedes llegar a hacer? ¿Y sentadillas? ¡Pues procura no tirar tanto de los brazos!”, me dice Fernando, que además memotiva antes de llegar a cada reunión con tragos de agua de su cantimplora, ya que he agotado el agua de la mía en la aproximación a la pared. Es curioso que distinta se ve desde abajo a desde aquí arriba. Desde abajo parece incluso fácil, aunque esas referencias luego no sean tan fáciles de identificar, ni muchísimo menos imitar esos ágiles movimientos de los escaladores experimentados.

Noto el cuerpo cada vez más cargado, sobre todo en los brazos, típico de novatillos como yo. Incluso la nuca está cargada de mirar hacia la pared para ver cómo escalan mis compañeros. Toca un largo en el que, según me ha dicho mi guía, pondremos en práctica la característica escalada en canales verticales del Picu, fruto de la erosión del agua durante miles y miles de años. Un tipo de morfología en la roca que te obliga a utilizar los apoyos, tanto de manos como de pies, de una forma distinta, pero que, sin embargo, resulta incluso cómodo cuando te acostumbras, a pesar de que de vez en cuando el pie de gato se queda atascado en los canales. “Vamos Javi, que esto está casi hecho”, me anima Fernando en la reunión del tercer largo. Estamos en el comienzo del anfiteatro, dónde –ahora sí- la pared se tumba y ya podremos progresar trepando en ensamble. El sueño se acerca, casi puedo verlo desde aquí… Progresamos unidos el uno al otro por una cuerda que me transmite no sólo tensión, sino confianza en mi guía. Durante la trepada Fernando me recuerda que tenga cuidado con las rocas sueltas, no sólo por el riesgo de tropezar, sino por no dejar caer piedras que pueden ser muy peligrosas para las cordadas que descienden por debajo nuestro. Con el ánimo encendido continúo trepando hasta la cresta, lugar en el que, una vez erguido, los ojos disfrutan por fin del horizonte después de haber estado fijado a una pared durante horas. Veo el mar, las nubes por debajo nuestro, las cimas de Picos a nuestro alrededor ¡qué maravilla!. Sólo nos queda progresar por la cresta camino de la cima ¡un último esfuerzo! En el último tramo Fernando me sigue indicando lugares por los que acceden otras vías de otras caras a ese punto, pero yo sólo me concentro en el lugar en el que voy a apoyar el próximo pie.. Unos metros más y veo la silueta de la pequeña virgen de las nieves que preside la cima. ¡Estamos en la cima!

Pico Urriellu: el sueño de una cima

Mis compañeros me abrazan y me felicitan. Lo que para mí ha sido todo un reto, para ellos ha sido un simple paseo, pero sin duda saben valorar el esfuerzo que he tenido que realizar para llegar hasta aquí. Estamos solos en la cima, y mientras miro a mi alrededor saboreando las impresionantes vistas , contengo la emoción de un sueño cumplido.

“El Naranjo es la única cima de los Picos a la que no acceden los rebecos”. Recuerdo la frase mientras rapelo de vuelta y veo un nutrido grupo de ellos saltando velozmente por el nevero debajo de nosotros. Una cordada que desciende detrás de nosotros nos alcanza. “Vienen de la pared oeste, y seguro que están más cansados y han pasado más frío que nosotros”, me dice antes de cortésmente cederles el paso en el rápel, a pesar de que es visible que él también está pasando frío. “Fernando es un clásico” dice el joven guía antes de rapelar. Y Fernando no sabe si tomárselo como un cumplido, o cómo una sutil puya de las nuevas generaciones con las que ya comparte pasión en el naranjo y el resto de Picos de Europa.

Al día siguiente las agujetas son de época. No hay un solo músculo del cuerpo, desde la punta de los dedos hasta la punta de los pies, que no me duela al menor gesto. Saboreamos la cima conseguida mientras brindamos con nuestro guía en un chigre del valle con vistas al Picu, lo que nos ayuda a dimensionar de nuevo la actividad que hemos hecho. “No vuelvo a escalar en un buen tiempo”, le digo mis compañeros antes de despedirnos. Aunque cuando horas más tarde, llegando a casa, pasamos cerca del Pico de la Miel, noto que miro las paredes de roca de otra manera.

Gracias compañeros. El sueño de una cima, hecho realidad, gracias a vosotros.

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GUÍA PRÁCTICA

Para quienes también quieran disfrutar de este gigante calcáreo que toca el cielo del macizo de los Urrieles, estos pueden constituir buenos consejos: 1) Elige con cuidado la cara que deseas escalar. La cara oeste (515 metros y de difultades comprendidas entre el 6a+ y el 8c) es sólo para especialistas. La norte es más larga (700 metros) pero la roca es menos adherente que la de las otras caras, aun así se escala a menudo su vía Pidal (Vº). La cara este mide 350 metros y tiene la mejor roca caliza del Naranjo, exceptuando su clásica Cepeda (V), el resto de las vías son para escaladores confirmados que no se asusten cuando el anclaje les quede 8-10 metros por debajo de los pies en V+. La sur incluye la vía normal o más asequible (la “Directa de los Martínez”) y mide unos 145 metros, aparte del anfiteatro superior.

2) Si eres un principiante no vayas allí con un inexperto. Ni su vía más fácil es un juego. Que no hay que ser un “súper escalador” vale, pero que tampoco basta con ser un excursionista que haya practicado el rápel un par de veces o sólo pisado un rocódromo 6 meses.

3) Ojo a la meteorología. Las tormentas de verano son muy fuertes, las acanaladuras de la roca conducen mucha agua con tierra y piedras y ya han costado la vida a varias personas.

4) Ni se te ocurra entrar en una vía sin casco, suficiente agua (en verano al menos 1 -1,5 litros por persona), chubasquero, manta de supervivencia, teléfono móvil y una frontal potente (por ejemplo por encima de los 80 lúmenes).

5) Sábados y domingos de julio o agosto la vía de los Martínez está muy masificada, se pueden juntar hasta 80 personas subiendo y bajando (la normal coincide con la bajada de tres de las caras del Naranjo). Mejor entre semana o primera quincena de septiembre.

6) Los mejores mapas de la zona son de Ediciones Adrados en escala 1.25.000 y la guía más detallada es la nueva de Ediciones Cordillera Cantábrica escrita por Alberto Bouza: “Escalada libre en el Picu Urriellu” (22 euros).

Pico Urriellu: el sueño de una cima

CON QUIÉN

Fernando Calvo es un experimentado Guía de Alta Montaña UIAGM, con una amplia experiencia guiando clientes hasta la cima del Picu Urriellu por varias de las vías de las caras norte, sur y este. La actividad por la Directa de los Martinez tiene un coste de 220 € para una persona, y 300 € entre dos personas, e incluye el guiaje y el material común de progresión (cuerdas, friends, expreses etc...). La actividad estará cubierta por el seguro de Responsabilidad civil y el de accidentes de participantes de cada guía. Tel. 689 570 057 guiasdelpicu@hotmail.com guiasdelpicu.com

DÓNDE DORMIR

Hotel Villa de Cabrales Un confortable Hotel Rural situado en Arenas de Cabrales, perfecto como base de operaciones para disfrutar de todo lo que puede ofrecer el PN de Picos de Europa. Cuenta con 23 habitaciones y 24 apartamentos. Ctra. Gral, s/n, Arenas de Cabrales Tel. 985 846 719 villacabrales@hotmail.com hvilladecabrales.com

Refugio de Urriellu Situado a los pies de la cara oeste del Picu, cuenta con 96 plazas repartidas en cuatro habitaciones con literas comunes, con almohadas y edredones nórdicos de uso individual. Cuenta con baño en el exterior de las habitaciones, taquillas y bar, en el que sirven desayunos y cenas, además de buenas tapas de productos de la zona. Cerrado del 15 de diciembre al 15 de marzo. 984 090 981 refugiodeurriellu.com

DÓNDE COMER

Café Restaurante Cares Sin salir de Arenas de Cabrales, el Restaurante Cares es un lugar perfecto para degustar buena parte de los platos más representativos (y exquisitos) de la gastronomía asturiana. Menú del día, de noche, y amplia y completa carta de platos y vinos. ¡Muy recomendable! C/ Carretera general s/n. Arenas de Cabrales Tel. 985 846 628 cafecares-ast@hotmail.com

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