“Nunca pensé que a un sitio tan remoto pudiera llegar tanta mierda”

Entrevista con el surfista y explorador Kepa Acero, embajador de Ocean52
“Nunca pensé que a un sitio tan remoto pudiera llegar tanta mierda”
FOTO: Ocean52

Kepa Acero llega mareado a la cita de Faro52. Un surfista que ha explorado y recorrido buena parte de los más recónditos rincones del planeta, y surfeado olas en mares y costas de medio mundo, se ha mareado en un viaje en coche desde su casa en el País Vasco. “Es por la Hepatitis A”, me dice. “La pillé hace un tiempo en África y todavía de vez en cuando tengo mareos”. Sin embargo el día antes ha estado surfeando la ola de Mundaka “en un día muy exigente. Estaba potente”.

Recordamos entrevistarte hace ya unos cuantos años por un tema de exploración y surf…¿Qué tal te ha ido desde entonces?

Han sido años intensos. He seguido explorando, de diferente manera. Ahora también sigo explorando solo pero un poco menos. Me sigue gustando explorar en solitario, pero antes era más joven y ahora voy a cumplir cuarenta años…

¿Quizás el cuerpo te pide compartir tus aventuras?

Sí, puede ser. Ya te digo que me sigue gustando viajar sólo. En una época leía mucho de gente que me inspiraba mucho a viajar y vivir experiencias en solitario; y ahora también me gusta compartirlo con los amigos. Son diferentes fases, pero no reniego de viajar solo.

En una época leía mucho de gente que me inspiraba mucho a viajar y vivir experiencias en solitario; y ahora también me gusta compartirlo con los amigos.

¿Qué referentes literarios te inspiraban?

Thoureau y Jack London principalmente. También Julio Villar, con el libro “¡Eh, Petrel!” me pegó un empujón.

Tú que has viajado por el mundo y has estado en contacto con los océanos de una forma tan cercana. ¿Qué imagen es la que recuerdas con más dolor?

Ha habido un caso en concreto. Yo ya tenía conciencia del problema, pero eso me golpeó fuerte. Fue en un viaje a Alaska, a una zona muy remota, muy lejos de todo, en el 2011. En las islas Kodiak, una zona en la que hay una proporción de tres osos por cada persona. Y desde ahí nos fuimos con un barco a “casacristo”. Muy muy lejos. Y allí me encontré con todas las orillas llenas de mierda. Y aquello me tocó. Nunca hubiera pensado que en un sitio tan remoto pudiera estar tan lleno de mierda.

“Nunca pensé que a un sitio tan remoto pudiera llegar tanta mierda”

Ocean52

¿Puede ser que nosotros incluso veamos menos todos esos residuos –y por lo tanto seamos menos conscientes- que los habitantes de otras zonas más remotas del planeta?

Exactamente. Y es un impacto fuerte, porque estás conviviendo con osos y con todo tipo de animales salvajes, viendo salmones entrar en los ríos, y todo lleno de mierda… Sobre todo plástico a punta pala, pero también residuos de embarcaciones, resinas, parafinas… de todo. Y luego el año siguiente me fui con Unai Basurko, un navegante amigo mío, a la Antártida en velero, y él ya estaba muy concienciado por entonces. Estuvimos un mes, cinco tripulantes, y teníamos que llevarlo todo con nosotros, y toda el agua en botellas. Cuando acabamos el viaje, como no tirábamos absolutamente nada, el casco del barco estaba lleno de botellas y residuos. Y ahí tuve la visión clara de lo que cinco personas pueden generar en un mes. Y de ahí volví también más concienciado.

¿Y a raíz de esas experiencias ha habido cambios en tu vida personal y profesional?

Sí. Eso tuvo un impacto fuerte. Es como un proceso de interiorización. Hoy por ejemplo en el viaje he olvidado mi botella de metal que suelo llevar conmigo, y he parado en la gasolinera y me he negado a comprar embotellada.

¿Has llegado a vivir ese proceso con angustia en algún momento?

Sí. Lógicamente uno tiene que vivir con sus contradicciones. Lo que hago es intentar interiorizar ese mensaje cada vez más. Cada vez viajo menos en avión, utilizo menos el coche, y cuando por ejemplo vamos a surfear intentar ir cuatro en un coche en vez de cada uno en el suyo. Cosas que parecen pequeñas pero que pueden marcar diferencias. Pero hay un paso grande pendiente, que es tomar preguntarse si eso es suficiente… porque el consumo sigue siendo exagerado.

Y a la industria del surfing ¿qué le queda por hacer?

Los surferos vivimos más en esa contradicción si cabe, porque además somos amantes de la naturaleza, y tenemos una relación con ella muy intensa. Y las tablas que usamos son mierda pura, los neoprenos igual. Yo el otro día partí una tabla nueva en dos partes, y no sabes qué hacer con eso. Ha habido avances pero yo creo que queda mucho por hacer. Y creo que los líderes de la industria no tienen del todo interiorizado ese mensaje, a pesar de que se hagan pequeñas acciones. Pero casi más siguiendo una línea que va a favor de la corriente que tomando una posición seria.

¿Hay mucho lavado de cara verde en la industria?

Totalmente. Y encima creo que sin ninguna mala intención. No es algo calculado, sino simplemente la tendencia común. Y al final es que es políticamente correcto estar a favor de esto, pero si rascas en el fondo no creo que estemos solucionando el problema. Incluido yo.

Hay que creer. No queda otra.

¿Tienes esperanza?

Hay que creer. No queda otra. Tampoco quiero dar lecciones de nada, porque tendría que empezar por mí mismo y cuesta mucho.

¿Qué nos puedes contar de tu documental “Respect the locals”?

Bueno ya sabéis que los surfistas somos muy territoriales. Y hay como patrias en cada playa. Tampoco es muy diferente a lo que pasa fuera del agua.

Pero curiosamente en el surf no se da tanto como en la montaña…

Pero no es una cuestión cultural, es porque el medio, la montaña, tiene mucho más espacio. Pero en la montaña por ejemplo, sí que pasa con las setas… ¿me explico? Ahí sí que hay localismo. Y que conste que yo estoy en contra del localismo, pero creo que éste va en proporción a la calidad y a la frecuencia de la ola. Una ola que sólo rompe tres veces al año durante dos horas, y encima en ese spot sólo caben cinco personas, porque no da para más… ahí es cuando empiezan los problemas. Por eso digo que es el ser humano, no el surfista.

Y reflexionas alrededor de ese concepto…

Si, es un poco para relativizar, porque al final nosotros estamos ahí disfrutando de la naturaleza, en plan “respect the locals”, y están los animales que llevan toda la vida, que no saben de fronteras, y que son en los que tendríamos que pensar y los que tendríamos que respetar. E intentamos trasladar el mensaje de que tenemos que empezar a pensar en global, porque estamos todos –en el agua los surfistas y fuera del agua todos- cada uno con su movida, con su lucha… y como no pensemos en bloque va a llegar un momento que las luchas individuales no van a servir para nada.

Como no pensemos en bloque va a llegar un momento que las luchas individuales no van a servir para nada

¿Próximos proyectos en mente?

Yo ahora que tengo la oportunidad de organizar mis viajes, me doy cuenta de que cuanto más conozco más tengo la sensación de que no conozco. Me gustaría hacer menos viajes… pero África es el sitio para mí, es lo que más me gusta. Y es un destino duro, y al mismo tiempo acojonante. Porque a mí al final lo que me empuja es encontrar olas desconocidas,. Y África por sus circunstancias es el sitio menos explorado. Tiene el potencial para encontrar olas con características que en Europa es imposible. Y luego también la cultura y la alegría que tienen me flipan. Ahí tengo el foco puesto.

LOS MEJORES VÍDEOS
También te puede interesar

Entrevistamos al surfista Kepa Acero, que ha pasado los últimos años recorriendo el mundo en solitario en busca de olas vírgenes y desconocida

El surfista y explorador vasco Kepa Acero ha sido nominado a aventurero del año 2012 por  EPIC TV, y os invitamos a votarle ¡se merece el premi

Te recomendamos

Un paraíso cercano para los amantes del outdoor...

145 kilómetros de pistas convierten al dominio de La Molina y Masella en uno de los m...

BUFF® incorpora el forro de polar reciclado de Primaloft®...

Visitamos su sede en Barcelona y nos adelantaron algunas de las novedades del próximo...

Petzl presenta su nueva joya, la linterna frontal más potente de su colección, con la...

A veces sólo basta con poco más de una hora para llegar al fin del mundo...