Leszek Cichy: "El Everest invernal fue un triunfo de la imaginación"

Al habla con la leyenda polaca, coautor junto a Krzysztof Wielicki de la primera ascensión invernal a un ochomil: el Everest en 1980.

Leszek Cichy firmó en 1980 la primera ascensión invernal del Everest junto a Krzysztof Wielicki
Leszek Cichy firmó en 1980 la primera ascensión invernal del Everest junto a Krzysztof Wielicki

17 de febrero de 1980. Un viento fortísimo levanta agujas de hielo en el Collado Sur del Everest. Fuera de la tienda la temperatura ronda los 40ºC bajo cero. Pero es la hora de salir, la oportunidad que esperaban. A las 6:50 de la mañana, Krzysztof Wielicki y Leszek Cichy se lanzan ligeros a por los bastiones superiores de la montaña, portando una botella de oxígeno de la que apenas conocen el funcionamiento. Tras horas de un esfuerzo inédito, llegan a la cima rubricando la primera ascensión invernal de un ochomil.

Todavía les aguardaban dos jornadas de durísimo descenso, aullando por las congelaciones en los pies, a ratos arrastrándose montaña abajo sobre el sospechoso manto de nieve, pero acababan de abrir un nuevo camino en los Himalayas. Fue el comienzo del irreductible dominio polaco en el invierno de los ochomiles. Habiéndose perdido la gran edad dorada de la exploración en los gigantes de Asia, ahora podían buscar su propio prestigio en el reinado de los inviernos. Habían encontrado la libertad en el arte de sufrir.

Como en el caso de Wielicki o Voytek Kurtyka, charlar con Cichy es atender a una declaración radical de amor por las montañas, por su belleza y su crudeza...

No estaba previsto que participáses en aquel ataque al Everest, y al final entraste directo en la historia del alpinismo.

¡Es cierto! Teníamos diversos problemas con los permisos de ascensión, e incluso los sherpas tenían que marcharse para atender a otra gran expedición que iba a tener lugar en primavera. No teníamos muchas oportunidades. El tiempo era horrible, una lucha de esperas. El plan era que yo regresase desde el C2, pero tanto mi compañero como el de Wielicki, que debía relevarnos, tuvieron que retirarse. Así que Wielicki me ofreció que subiésemos juntos. ¡Y fue una gran idea, desde luego! Ya conocía a Wielicki de escalar en los Tatras, pero aquella era mi primera expedición con él. Por aquel entonces hacía falta una gran imaginación para verse en la cima del Everest en invierno. El resultado fue fenomenal. El Everest invernal fue, al final, un triunfo de la imaginación.

Wielicki era posiblemente el alpinista más fuerte y rápido del momento... y curiosamente llegaste tu primero tanto a la cima como de regreso a vuestro campo en el Collado Sur.

Eran mis primeras expediciones, era muy joven y estaba muy fuerte. Los años setenta en Polonia fueron duros, y los Tatras son un campo de entrenamiento perfecto. Diría que toda nuestra generación estaba fuertísima. Cuando pudimos salir finalmente al Himalaya nos sentíamos como poseedores de una fuerza especial. Queríamos algo más y lo encontramos en el Himalaya. Muchos buscaban desafíos clásicos, la mayoría ya conquistados, hasta que Andrzej Zawada dijo: "¡Es la hora del invierno!". Eso abrió toda una nueva era para el alpinismo polaco... y el alpinismo en general.

Wielicki y Cichy celebrando en el Campo Base la primera ascensión invernal del Everest (1980)
Wielicki y Cichy celebrando en el Campo Base la primera ascensión invernal del Everest (1980).

Ese círculo que iniciásteis en el Everest se cerrará con la primera invernal del K2. ¿Cómo lo ves de posible?

El K2 en invierno es lo más importante que se puede hacer en este momento, y ojalá fuese una expedición polaca la que lo lograse, pero en cualquier caso ha habido grandísimos alpinistas que se lo han merecido, como Denis Urubko. Gente como Denis o Adam Bielecki tienen muchas posibilidades. Pero es una montaña peligrosísima en la que dependes mucho de la meteo y de la suerte. Lo que sí tengo claro es que debería hacerse sin oxígeno, más que nada por una cuestión de seguridad, sobre todo en el descenso. He estado cuatro veces en el K2, e incluso lo intentamos en invierno. Podías pasar ochenta días en la montaña y escalar un total de una semana... y eso que los cielos nos respetaron bastante. Hoy en día, con la mejora en los partes meteorológicos, los ataques quizá sean un poco más favorables, pero el K2 siempre va a ser un gran problema. El Nanga Parbat mide mucho menos y necesitó de decenas de expediciones para firmar la primera invernal. ¡Ojalá no hagan falta tantos intentos en el K2! En cualquier caso, creo que la mejor oportunidad la tendrá una expedición pequeña, muy veloz y con mucha suerte. Es posible, seguro que es posible.

¿Están muy cambiados los ochomiles?

Desde luego. El principal cambio es que nosotros teníamos muchas posibilidades de hacer cosas nuevas. Había pocas expediciones y siempre había muchos grandes objetivos pendientes. La nuevas generaciones lo tienen un poco más complicado para ganarse un sitio, tienen que tener mucha imaginación e intuición. Eso dentro de las expediciones de vanguardia; otra historia es la comercialización de montañas como el Everest o el Manaslu... A veces se ven imágenes que parecen irreales. Pero las montañas son muy hermosas y mucha más gente quiere, y puede, acercarse a ellas, incluidos los grandes retos como los ochomiles. También vivimos una época con bastante desinformación: mucha de la gente que va al Everest en primavera son alpinistas, aunque se venda que la mayoría son turistas.

No me importa la altitud, sino la belleza de la montaña.

Te sientes afortunado entonces de haber empezado en los años 70....

Fue una época mágica y sigue siendo una alegría el poder recordar aquellos años de mi carrera, con tanto por hacer y tanto por conocer.

¿Podrías elegir una montaña de tu vida?

Es una pregunta extremadamente difícil. Han sido tantas hermosas montañas.... El Everest, claro, fue especial. Fue historia. El K2 es una montaña bellísima y peligrosa que siempre genera una enorme atracción. Pero incluso una modesta montaña en Islandia me ha dejado sensaciones maravillosas. No me importa la altitud, sino la belleza de la montaña. Amo los Tatras, que invierno adquieren una dimensión casi desconocida. La belleza y la inspiración es lo que más me ha movido.... ¡Y el invierno, claro!

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