6 falsos mitos sobre el Everest

Redacción Oxígeno -
6 falsos mitos sobre el Everest
6 falsos mitos sobre el Everest

La montaña más alta de la Tierra acumula historias y misticismo a partes iguales. Su atracción sirvió y sirve para que muchos entiendan la vida como un desafío, pero también para que el "halo" que rodea la montaña se envuelva en hechos falsos que de repetirse muchos creen ser ciertos. Aquí os dejamos seis falsos mitos sobre el Everest.

1. El Everest es un vertedero
Sí que hay basura en las laderas de la montaña, como cuerdas viajas, el vestigio de alguna tienda de campaña o algún envoltorio movido por el viento. También es cierto que tras más de 2.000 expediciones al Everest la cascada del Khumbu va revelando más basura según se deshiela, pero los restos son retirados regularmente por los alpinistas. Además la agencia Asian Trekking organiza cada año una expedición con la única intención de retirar basura de los campos de altura. Todas las botellas de oxígeno vacías han sido retiradas. Actualmente se usan bolsas biodegradables para retirar los restos sólidos. Este año, el ejército indio ha permanecido en el campo base para ayudar a sacar los restos producidos por el terremoto de Nepal.

2. Hay muchos alpinistas sin preparación
Aunque es cierto que pueden encontrarse expediciones guiadas con clientes que no tienen la preparación para acometer la ascensión por sí solos, es una situación moderna y cambiante. La mayoría de alpinistas han escalado por ejemplo el Aconcagua o el Denali o algún ochomil más modesto como el Cho Oyu (8201 m). A día de hoy muchas expediciones comerciales aceptan clientes sin experiencia previa ofreciendo un entrenamiento en el mismo campo base, confiando en que los guías les llevarán a la cumbre. La situación empeora, pero no es la tónica general de los que acuden a la montaña.

3. Los sherpas suben a los clientes a la cumbre
Esto es absolutamente falso, básicamente porque allí arriba uno debe y sólo puede depender de sí mismo. Por otro lado, a los sherpas les gusta vivir y no van a forzar sus límites para subir a un cliente a expensas de su propia integridad, a pesar de que lograr la cima les aporta extras económicos. Por supuesto, siempre habrá alguna excepción.

4. La mayoría de escaladores mueren en la cascada del Khumbu
Las caídas son la causa primaria de fallecimiento en el Everest, con un total de 67 fallecidos. El colapso del hielo en la cascada arroja la cifra de 15 víctimas. La altitud y la enfermedad o agotamiento también están por encima en los números, con 90 fallecidos según el Himalayan Database.

Desde 1921 a 1999 un total de 170 personas han fallecido en el Everest, un 14,5% de los que lograban la cima. Del 2000 al 2015 se ha alcanzado la cima en 5.832 ocasiones, con un total de 112 desaparecidos, aunque las temporadas de 2014 y 2015 fueron nefastas, con 16 y 19 fallecidos respectivamente.

5. Los sherpas están explotados
Aunque esto es más una cuestión de opinión, lo cierto es que su situación nunca ha sido dramática laboralmente. Para ser honestos, la mayoría de alpinistas no podrían hacer cumbre y volver a casa sin el trabajo y ayuda de los sherpas, que cobran una tarifa justa comparada con los guías locales de otras partes del planeta. Las agencias y expediciones les dan trabajo y tareas que no están por encima de su capacidad, además el gobierno de Nepal exige un seguro de vida de 15.000 dólares para ellos. Hace tiempo que los operadores y montañeros apoyan con acciones y económicamente a las familias de los sherpas fallecidos. Si algunos son explotados es porque algunas agencias sin escrúpulos les pagan menos de las tarifas habituales, requiriéndoles más horas de trabajo y cargas mayores de porteo para minimizar los gastos para sus clientes, pero no es la práctica habitual.

6. Los alpinistas pasan junto a muchos cadáveres en su ascensión
La trágica historia de David Sharp en 2006, cuando fallecía por agotamiento mientras decenas de alpinistas pasaban a su lado sin poder prestarle ayuda ha contribuido al pensamiento generalizado de que ascender el Everest es cruzar por un campo de muertos. David no tenía radio, ni oxígeno, iba en solitario y probablemente había desarrollado un edema que acabó con su vida. Cerca de 40 personas lo vieron en algún punto y la opinión pública fue muy fiera con su egoísmo por alcanzar la cumbre en vez de organizar un rescate. Por un lado tratar de bajar un cuerpo inmóvil desde más allá de los ochomil metros resulta prácticamente imposible, y es igual de cierto que los que pasaron junto a David le prestaban ayuda, le atendían y le daban oxígeno suplementario. Harían falta unos 10 sherpas solo para pensar en empezar a bajarle y siempre hay ejemplos de alpinistas que no dudan en abandonar su ambición para prestar ayuda a quien lo necesita. En cualquier caso, y debido al deshielo constante, algunos cuerpos reaparecen en sus laderas y pueden ser vistos durante la ascensión de las rutas normales.

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