Eberhard Jurgalski, el notario de las grandes cumbres

En su ordenador se almacena la base de datos más completa y precisa de las cumbres del Himalaya y el Karakorum.
Meritxell-Afitrite Álvarez Mongay -
Eberhard Jurgalski, el notario de las grandes cumbres
Eberhard Jurgalski, el notario de las grandes cumbres

En su ordenador se almacena la base de datos más completa y precisa de las cumbres que dominan el mundo. El Himalaya y el Karakórum comprimidos en miles de tablas estadísticas. Una escrupulosa orografía de cifras que este cronista de las grandes cimas lleva más de treinta años recopilando a distancia, sin moverse de Alemania. «La verdad es que no soy muy montañero… —reconoce por teléfono— La cima más alta a la que he subido no llegaba a los dos mil metros, ¡y acabé con tantas agujetas que no he vuelto a repetirlo!». Es él quien certifica las hazañas de los alpinistas; conquistar un ochomil no cuenta si no figura en sus listas —que valga como curiosidad: los españoles lideran su ranking de ascensiones al Nanga Parbat—. Los ordena por nacionalidad, por género, por edad… Registra las muertes por avalancha, por cansancio, por caída… Números sin vida enceldados en casillas. También documenta la apertura de nuevas vías, y se ha inventado un método para clasificar montañas que entusiasmará a quienes busquen desafíos en mayúsculas.

¿De dónde viene tu atracción por las montañas?

De cuando era pequeño y mi abuelo me regaló un librito sobre las primeras ascensiones alrededor del mundo. Quedé fascinado por todas aquellas historias en el Mont Blanc, en el Everest, en el Aconcagua… Al final del libro había un listado de las cimas más altas; pero, como podrás imaginar, en los años sesenta las mediciones no eran demasiado exactas. Incluso en los atlas de las escuelas había errores garrafales que continúan sin corregirse a día de hoy. Y es probable que sigamos reproduciendo esas mismas erratas otros cincuenta años, porque a la gente no le interesa la geografía. Pasa lo mismo en la Wikipedia alemana, que está a rebosar de errores en los temas de montaña, ¡incluso mi propia entrada!

¿Cómo te convertiste en notario de montaña?

En 1981 me acordé de aquel librito que me había regalado mi abuelo y me propuse averiguar cuántos sietemiles había en realidad. Acudí a bibliotecas y me encontré con que las altitudes de esas montañas eran distintas en cada obra que consultaba; a veces, incluso los nombres cambiaban; la información era totalmente contradictoria. Investigando, descubrí que las cifras más precisas las tenía el alpinista suizo Anders Bolinder, el mejor cronista de las grandes cumbres de su época. Fui a verle, me animó a seguir sus pasos y colaboramos juntos hasta su muerte, en 1987.

¿Qué hace exactamente un cronista de montaña?

Es una labor sin fin, tendría trabajo para montar una empresa y contratar a diez personas, lo malo es que necesitaría sponsors, ¡porque solo tengo dinero para pagar a media! Recopilo información sobre picos, ascensiones, rutas nuevas…, elaboro listas y tablas estadísticas, y lo contrasto todo con montañeros, líderes de expedición y otros cronistas. Hay que añadir y corregir datos constantemente. ¡Addenda et corrigenda! Esta es la clave de nuestro oficio.

Una de las cronistas con las que colaborabas era Miss Hawley, toda una autoridad en Nepal. ¿Qué puedes contarnos de ella?

Nos conocíamos desde 1997, pero solo mantuvimos alguna conversación por correo electrónico. Me hubiera gustado ir a verla para hablar en persona alguna vez, pero como ella tenía más de noventa años, y yo ya tengo más de sesenta, no pudo ser.

Eberhard Jurgalski, el notario de las grandes cumbres

La desaparecida Miss Hawley, parte importante de la historia del alpinismo.

Fue Miss Hawley quien te puso en contacto con otro cronista de los ochomiles, el vasco Xavier Eguzkitza…

¡Xavier era tan, tan bueno…! ¡Tan meticuloso en todo! Trabajamos juntos hasta el año 2000. Yo le enviaba mis listas, él me enviaba las suyas, y las comparábamos. Luego yo añadía y corregía algunos datos de sus tablas, y él añadía y corregía muchísimos, muchísimos, muchísimos de las mías. ¡Addenda et corrigenda! Siempre quise hacerle una visita en Bilbao, pero cayó enfermo de Parkinson; la última vez que le llamé por teléfono fue hace año y medio, y ya costaba entenderle. No puede continuar con su labor, y es una pena, porque era el mejor. Heredé mucho de su material, quizá más de cien tablas estadísticas, no solo sobre los ochomiles, también sobre montañas vascas, de Mallorca… ¡Y todas escritas a mano!, no con la máquina de escribir o con el ordenador, ¡a mano! Son realmente fantásticas, con una caligrafía súper nítida.

¿Es verdad que tu base de datos es la más exhaustiva del mundo?

Si tenemos en cuenta que la base de datos de Miss Hawley se circunscribe solo a Nepal, sí. En mi página web (www.8000ers.com/cms/) tengo colgada una tabla con todas las montañas y picos principales de Asia por encima de los 6.650 metros. Es, con toda seguridad, la lista más rigurosa del mundo en estos momentos, y trato de mantenerla actualizada con la cartografía más exacta posible.

¿Quedan montañas por medir todavía?

Sí. Yo he tenido que estimar centenares de alturas en Asia, y luego comprobarlas con los mapas de la Misión Topográfica Shuttle Radar (SRTM), porque las autoridades chinas aún no han hecho accesibles unos mapas que realizaron hace unos años a escala 1:50.000. En los Andes hay montañas que no queda muy claro si están por encima o por debajo de los 6.000. También se dan altitudes inexactas en Nueva Guinea y en la Antártida… Son cientos las montañas que necesitarían volverse a medir correctamente.

Cuesta creer que todavía no haya acuerdo sobre la altitud del Everest…

Primero se dijo que medía 8.846, luego que si 8.850… Para mí, la altitud más verosímil sigue siendo 8.848 metros, la oficial, teniendo en cuenta que la acumulación de nieve en la cumbre puede hacer variar los números dos metros abajo o arriba.

Otro debate es el de las montañas que componen las Siete Cumbres, ¿cuál es la lista buena?

El Everest, el Aconcagua, el Denali, el Kilimanjaro y el Vinson son, indiscutiblemente, los picos más altos de Asia, América del Sur, América del Norte, África y la Antártida respectivamente. En Oceanía hay tres candidatos: el Monte Kosciuszko (2.288m) en Australia, el Monte Cook (3.724m) si se incluye en el continente insular a Nueva Zelanda y la Pirámide Carstensz (4.884m) si se incluye a Nueva Guinea. Yo me quedo con esta. En Europa, hay quien considera al Elbrus la montaña más alta; pero, orográficamente, está conectada a las cordilleras asiáticas; así que el pico europeo más elevado sería el Mont Blanc. En cualquier caso, yo os propongo un desafío más duro que el de las Siete Cumbres: completar un Top 15 de las montañas superiores a 4.511 metros con mayor dominancia de la Tierra.

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¿Cómo es tu relación con los alpinistas?

Muchos de ellos son amigos míos: Ralf Dujmovits, el primer alemán en conquistar los 14 ochomiles, Gerfried Göschl, que desapareció en una invernal al Gasherbrum I… Son demasiados, ¡no te voy a hacer una lista con ellos!

De lo que sí haces listas son de sus ascensiones. ¿Cómo sabes, desde tu despacho de notario, si un alpinista ha hecho cumbre o no?

Tengo muchas vías de información, pero la mejor forma de comprobarlo es con fotos. Ahora bien, no vale una foto donde solo salga la cara del montañero y un trozo de ladera nevada; tienen que ser fotos evidentes, donde se vea algo más, otros picos de fondo que permitan identificar la localización sin lugar a dudas.

¿Tratan de engañarte a menudo?

¡Podrías escribir un libro solo con esto! Hace unos años tuve una discusión bastante fuerte con Hans Kammerlander, a raíz de su expedición al Monte Logan. Se quedó a dos kilómetros y medio del pico real, y trató de presionarme porque yo lo sabía, estaba claro por las fotografías, que no concordaban con las que ese mismo día habían tomado otros alpinistas. Reaccionó criticándome de forma miserable por televisión. El problema es que muchos ochomilistas no entienden que les juzgue un tipo como yo, sentado en mi escritorio a miles de kilómetros. Por eso queremos crear una organización que regule nuestro trabajo y ponga fin a todas estas polémicas. Solo en el último año podría contar diez o veinte escándalos…

¡Somos todo oídos!

No, no quiero que se me conozca por esta clase de disputas, porque hay muchos montañeros a los que admiro que se equivocaron sin querer, que confundieron el punto más elevado por accidente… Quizá lo soltaré cuando escriba mi biografía, no lo sé.

Para ti, ¿quién es el mejor alpinista de la historia?

¡Buf! Tendría que otorgar este título por categorías. Si hablamos de ochomilistas, siempre he sido fan de Jerzy Kukuczka, y en la actualidad está el kazajo Denis Urubko, que es muy, muy bueno. Si nos metemos en la escalada, recomiendo un libro titulado Rock Stars, y no se refiere a músicos, jajajaja.

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Jerzy Kukuczka.

¿Qué día señalarías en los anales del montañismo?

El 26 de abril de 1336, cuando Francesco Petrarca ascendió al Monte Ventoux. Por entonces se pensaba que había dragones en la cima, pero él tuvo el valor de subir igualmente. Fue el nacimiento del alpinismo: escalar por ninguna otra razón que el placer y la diversión. Podría destacar muchos otros momentos históricos, como la primera ascensión al Matterhorn o al Annapurna, pero la de Petrarca fue una excursión pionera.

¿Es posible seguir haciendo historia en el alpinismo?

Si hablamos de ochomiles, por supuesto: hay todavía muchas vías y caras que no han sido escaladas. Y si hablamos del resto de montañas, por supuestísimo, porque hay cientos de picos interesantes en el mundo que nadie ha escalado aún. En Sudamérica hay unos cuantos, no muchos; pero el este del Tíbet está lleno, y son todos maravillosos. Era una zona prácticamente desconocida hasta que Tom Nakamura publicó un libro —East of the Himalaya-Mountain Peak Maps: Alps of Tibet and Beyond— con unas fotos espectaculares de esos seismiles. Si no se han escalado es porque está prohibido, muy pocas personas consiguen el permiso necesario de las autoridades chinas. Cuando se abra el veto, el este tibetano será un auténtico paraíso para los alpinistas.

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Wanda Rutkiewicz.

La serendipia del cronista

El 16 de octubre de 1978, la alpinista Wanda Rutkiewicz fue la primera persona polaca en conquistar el monte Everest. Exactamente el mismo día, se elegía a un Papa polaco por primera vez en la historia (A Juan Pablo II, que era un apasionado de la montaña, le hizo gracia la casualidad y encomendó a Krzysztof Wielicki y a Leszek Cichy que en su próxima expedición himaláyica depositaran un rosario bendecido en la cima del Everest. Rosario que el montañero vasco Martín Zabaleta encontró y le llevó a su ama de recuerdo). Exactamente ocho años después, el 16 de octubre de 1986, Reinhod Messner se convirtió en la primera persona en conquistar los 14 ochomiles. ¡Solo le hubiera faltado ser polaco para redondearlo! «Me he encontrado con miles de coincidencias como esta. ¡Necesitaría cinco vidas para contarlas todas!»

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