Aniol Serrasolses: ríos de aventura

Kayakista extremos, explorador de ríos y aventurero
Fco. Javier González -
Aniol Serrasolses: ríos de aventura
FOTO: Coke Riera

Allí donde hay grandes montañas, hay grandes ríos. Y allí donde hay grandes ríos, hay grandes rápidos y cascadas. Y es justo ahí, en esos poderosos ríos, en esos temibles rápidos y en esas sobrecogedoras cascadas, donde encontraréis kayakistas decididos a recorrerlos y superarlos con sus piraguas. Son pocos, jóvenes, y valientes. Y el catalán Aniol Serrasolses, es uno de ellos.

Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos”, escribió el historiador romano Quinto Curcio, autor de la 'Historia de Alejandro Magno de Macedonia'. Pienso en ello mientras me aproximo en Islandia a una de las muchas cascadas que salpican el país. De cerca, el atronador ruido del agua al caer me aturde. Es tal su fuerza que no puedo evitar pensar en los aguerridos piragüistas que osan saltarlas. ¿Cómo es posible? ¿Quién en su sano juicio tendría el valor de hacerlo?

Según avanzamos por la N-260 hacia la localidad catalana de Sort nos cruzamos con varios coches cargados con kayaks. Estamos en el valle de la Noguera Pallaresa, y se nota que es un epicentro del kayak, el rafting y las aguas bravas de la Península. Y del mundo. Hemos quedado con Aniol en uno de los pocos días del año que está en su casa, que comparte con su hermano Gerd, también kayakista de altísimo nivel. Aniol acaba de llegar de EEUU, donde reside costa noroeste la mayor parte del año, aunque como me dirá más adelante “en realidad vivo dentro de un coche”. No ha sido fácil concertar la cita. En pocos días parte hacia Austria, al valle de Otzal, a una nueva edición de Campeonato del Mundo de kayak en aguas bravas adidas Sickline, que ya ganó el año pasado (y su hermano Gerd un año antes).

Aniol Serrasolses: ríos de aventura

FOTO: Coke Riera

Aniol pasa a buscarnos por el hotel, situado justo delante del campo de regatas que ha sido escenario de varios campeonatos mundiales de piragüismo. La barba de tres días no esconde la lozanía de su rostro, y su indumentaria no es distinta de la de muchos jovenzuelos del pueblo apasionados de las aguas bravas. Sobre su pecho reposa un colgante de un kayak de plata, a juego con el pendiente en su oreja. De camino al restaurante saluda a muchos jóvenes con los que se cruza, y no es difícil imaginar que debe ser un ídolo para los chavales del pueblo, sobre todo si forman parte de algún club de piragüismo… Dado su nivel, siempre he pensado que no está lo suficientemente reconocido en nuestro país, quizás por el poco peso que tiene el mercado del kayak en España. Pero lo cierto es que en Chile, en EEUU, en Perú, o en el Reino Unido, he conocido a piragüistas que le conocen y admiran. Es un referente. Un ídolo. Un crack.

“No sé si me merece la pena salir”, me dice cuando me cuenta que no ha podido entrenar por culpa de la resaca. Sonrío al pensar que no sabe lo que le espera en diez años. Devoramos unas pizzas mientras nos cuenta con ojillos brillantes sus últimas aventuras por el mundo: la guerrilla colombiana le retuvo una semana junto a sus compañeros gringos en una expedición por el Amazonas, ha compartido techo y comida con pastores pakistaníes, o remado secciones de hasta 60 kilómetros con desagradables diarreas… Aniol es un kayakista, sí. Pero para nosotros además siempre ha encarnado un espíritu de exploración y aventura que nos ha hecho tenerle como uno de los grandes referentes de la revista y del deporte outdoor. Le teníamos muchas ganas, y aquí le tenemos.

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¿Cómo te iniciaste en el mundo del kayak? Empecé cuando tenía doce años, gracias a mi hermano Gerd, que fue el que empezó primero. Ambos comenzamos en el pueblo de Salt en Gerona, concretamente en el río Ter. Fue una casualidad: un día mi hermano iba montando en bici cerca del río y vio a unos kayakistas. Les pidió a ver si podía probarlo con ellos, le dijeron que sí y se lo llevaron con el kayak… y desde ese momento empezó a ir con ellos cada fin de semana. Se lo llevaban de aquí para allá por todo Cataluña. Y un año después un día me invitó a mí. Lo probé, me encantó, y desde entonces no he parado de remar.

Y desde entonces no habéis parado de remar juntos ¿Cómo es crecer en un deporte a la par que tu hermano mayor? ¿Ha habido algún tipo de rivalidad sana entre vosotros? Siempre hemos tenido una relación muy estrecha, nos llevamos sólo tres años de diferencia y siempre hemos estado muy juntos. Es mi compañero de aventuras en el kayak, y fuera del kayak… siempre hemos estado liándolas juntos. ¿Rivalidad? Si tienes un hermano, puede haber rivalidad o no, pero seguro que os empujáis, os motiváis el uno al otro: si él hace algo, tú lo quieres hacer. Y casi mejor que él, para superarlo ¿no? Pero si el gana una competición tú eres el primero en alegrarte.

Esa es la rivalidad a la que me refiero, que quizás ¿os ha ayudado a crecer deportivamente? Totalmente. Y sobre todo a lo que me ha ayudado es que Gerd es una persona muy centrada. Le pone mucha energía a todo lo que haga. Eso te hace ver que eres muy vago y tienes que esforzarte más, porque si no, no llegas a nada. Él me ha enseñado a currarme las cosas. Que hay que poner mucha energía no sólo en el kayak, en cualquier cosa que hagas.

Una buena enseñanza de un hermano mayor. Pero él es como ya el siguiente nivel. Es casi demasiado.

¿Quiénes eran tus ídolos del kayak cuando eras pequeño? De los trece a los dieciséis años había mucha gente a la que idolatraba. Mi hermano siempre fue uno porque siempre ha sido mejor que yo y siempre lo he admirado a él. Luego estaban Rush Starges, que aun rema, o Evan García…

¿Había cultura de kayak en España? ¿Os llegaban revistas o vídeos del extranjero? Sí había cultura, pero a España no llegaba nada. También era una época que no había internet como ahora. La verdad que tuve muy poca influencia del exterior, lo que no sé si ha sido un lastre o una ayuda para nosotros. Me refiero a tener que aprender las cosas por nosotros mismos. Vale que está muy bien tener un entrenador que te diga: vale, esto se hace así. Pero cuando tú lo haces a tu manera hay un proceso de aprendizaje en el que evalúas lo que haces bien o mal, y eso te enseña a fijarte más en lo que haces y aprender tú mismo. Y no tienes límites. No hay nadie que te diga “esto lo estás haciendo mal”, sino que tú vas probando y a veces encuentras algo que va mejor que lo que te hubiera dicho cualquier entrenador.

Aniol Serrasolses: ríos de aventura

Aniol Serrasolses: ríos de aventura

¿En qué momento decides dedicarte al 100% al kayak? Hay dos momentos. Uno es cuando dejo la escuela y me pongo a trabajar en una fábrica durante seis meses. Ahí digo: “vale, si hay algo que tengo claro es que esto no lo quiero hacer nunca más”. Porque ahí vi gente que llevaba cuarenta años haciendo lo mismo, y se les pasaba la vida y no se habían enterado. Así que lo dejé y me puse a trabajar como guía de rafting y de kayak aquí en Sort. Y bueno, era un curro que no estaba nada mal y además ganaba más dinero. Así que ahí me empecé a enfocar sólo en el kayak: trabajaba de guía, terminaba de trabajar, y me iba a remar. Ese fue el momento en el que empecé a vivir sólo pensando en kayak. Y otro momento fue con 19 años que me fui de viaje y me dije: “Sea cómo sea tienes que encontrar la manera de vivir del kayak”. No de ser guía, sino encontrar sponsors y encontrar una manera de que te paguen para remar, competir y vivir de ello.

¿Tú notabas que tenías cualidades? Si… pero hasta los 18 años me situaba en un nivel muy normal, incluso medio malo. Me costaba mucho aprender. Pero fue salir de aquí, irme a Chile, y empezar a aprender a un ritmo mucho más rápido, de gente que eran estrellas del deporte, súper patrocinados; y alcancé su nivel en muy poco tiempo…. Chile fue un viaje que me cambió mucho. Tenía 18 años y me pasé seis meses viajando por Chile y Argentina, y ahí muchos ríos grandes allá… El Noguera es un sitio muy bueno para aprender el nivel básico, Chile es para pasar al siguiente nivel: cuando ya quieres saltar cascadas de veinte metros, cosas así, es ideal.

Nosotros te conocimos hace muchos años cuando acababas de llegar de México, de una súper cascada. Y lo que nos llamó la atención es que en ese momento estaba también por allí el kayakista mexicano Rafa Ortiz, saltando la misma cascada. Nuestra teoría era que a raíz de ese viaje fichaste con Red Bull… En realidad fue a raíz de un viaje al año siguiente muy similar, con las mismas cascadas y ríos, pero lo grabamos, e hicimos un corto que se llamaba “Unknown”, y eran piezas de diferentes atletas que eran desconocidos. Se lo enseñamos a Red Bull España y les encantó, porque además era una producción que habíamos hecho con cien euros. Y supongo que se dijeron “hostias, este chico es joven, está haciendo cosas buenas, y sin un duro…”

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Fuera del agua ¿entrenas de alguna forma? La verdad que yo no soy el mejor entrenando fuera del agua. Y es algo que creo que me ha faltado mucho. Probablemente muchas de las veces que me he lesionado ha sido por eso, por no tener una buena forma física. Pero a medida que me hago mayor veo más la importancia que tiene y lo estoy haciendo más. Aunque es difícil… cuando remas cada día, mañana y tarde, llegas a casa y es que no te da el cuerpo para entrenar más.

Para un kayakista de tu nivel ¿qué sería importante entrenar fuera del agua? Sobre todo lo que se denomina como “core”: la región abdominal y la parte baja de la espalda, además de los hombros, sufrimos mucho de hombros. Todo el mundo se saca el hombro alguna vez. Sobre todo eso: para las cascadas una espalda fuerte, y para remar fuerte unos buenos hombros.

¿Has tenido muchas lesiones? Más de las que me gustaría. Me he roto la espalda, las costillas, me he roto el hombro tres veces, la rodilla también, y cosas como tendinitis en los codos…

O sea que se puede decir que es un deporte que desgasta. Al nivel que lo hago yo, claro. Porque se pueden remar cosas tranquilas toda la vida sin tener una lesión, pero si estás haciendo cascadas de veinte, treinta, cuarenta metros varias veces al mes o al año… hay alguna vez que la vas a cagar y te vas a llevar un buen golpe.

Aniol Serrasolses: ríos de aventura

FOTO: Coke Riera

Cuéntanos un poco sobre el curso de apnea que hiciste. Fue un curso que hicimos con Miguel Lozano, un crack de la apnea. Me pasé cuatro días en Tenerife practicando apnea. Pero sobre todo estaba orientado a cómo puedo estar yo más relajado, con más control, en situaciones terribles. Me enseñaron qué hacer en estas situaciones límite, y cómo puedo aplicar sus técnicas en mi deporte. Me han enseñado a calmarme, relajarme y básicamente a sobrevivir más tiempo debajo del agua.

Porque al caer en una cascada de esa magnitud ¿cuánto tiempo puedes llegar a pasar debajo del agua? Pues desde cinco segundos hasta un minuto o dos… Es sobre todo cuando la has cagado saltando una cascada y tienes que salir de tu kayak y el agua te chupa, te chupa y te lleva para sitios inimaginables.

¿Hay alguna técnica en esas situaciones? Depende de donde estés. Si te está echando para adentro de una roca tienes que luchar, porque a la que te agarre y te ponga ahí, no sales. Si te mete en un sifón… o sea: antes de que te meta ya estás luchando para no entrar ahí porque esos son los lugares de la muerte. Son lugares que no puedes ver pero que sabes que son terribles, y que si llegas ahí sabes que o te sacan, si es que pueden, o palmas.

¿Cuánto tiempo aguantas sin respirar debajo del agua? También depende de la situación. Así respirando bien unos tres minutos y medio. Pero si vengo de una situación muy límite a veces un minuto sólo. Un minuto sin desmayarme, igual duraría más pero intento no llegar nunca a esos límites en los que me desmayo.

Supongo que, al nivel que lo practicas, es un deporte que muere gente... Claro que sí. Mucha más de la que me gustaría. De joven no tenía que convivir con el hecho de perder amigos. Pero a medida que han pasado años y he visto más y más, y he tenido más experiencias… llevo un montón de amigos perdidos. Es una parte muy fea de este deporte, que a veces incluso te quita las ganas de seguir. Bueno, cuando son buenos amigos duele. He visto a mi hermano ahogarse y que se lo tengan que llevar en helicóptero. Pensar que estaba muerto y no saber nada hasta el día después. Es una angustia terrible.

¿Cuándo te has visto más al límite? Pues han habido varias. Y soy bastante bueno en vivir algo, sacar todo lo bueno, lo malo, pasar página y olvidarme. Pero hubo una vez en México que iba con seis amigos, y sin saberlo nos caímos por una cascada de treinta metros que caía en una pared, y todavía no sé cómo no nos matamos. De hecho es una cascada que no se puede hacer, y no sabíamos que estaba y nos la comimos los seis. Y luego estábamos atrapados en un cañón, yo era el único que seguía en mi kayak, los demás habían salido explotados del golpe, y tuve que saltar otra cascada para poder salir de ahí, escalar, tirarles una cuerda y sacarlos uno a uno. Situación límite, límite de las que yo creo que alguien que nos está cuidando. Y luego otras de nadar y pasarme nadando tanto tiempo entre rápidos que casi me desmayaba y me ahogaba… esas son las situaciones malas, malas.

Me das pie a preguntarte algo que siempre me ha llamado la atención: he visto que muchas veces oteáis secciones de los ríos para ficharlos previamente. Pero otras veces me da la sensación de que los descendéis “a vista” como se dice en la escalada… Sólo ves un rápido por primera vez una vez, y es una sensación muy buena porque no sabes qué mierda vas a encontrarte, pero a la vez es muy peligroso. Sobre todo en ríos que no se han hecho nunca, o que nadie de tu grupo ha hecho, que es justo es lo que pasó ese día que te contaba antes… Pero yo me cuido. Tampoco soy un loco de hacerlo todo a vista. Me gusta por ejemplo hacerlo cuando voy siguiendo a alguien que ya lo ha hecho. Eso sí está bien. Pero a vista a lo loco… ya me he cansado de eso. Porque te puede pasar los que nos pasó ese día, y ese día sobrevivimos, pero otro te matas.

Y supongo que cuando vas a vista será muy importante saber leer el río… Tienes que saber leerlo a la perfección, al momento. Pero qué pasa: que tú puedes leer muy bien, pero si has entrado a un rápido que no se puede, no se puede. Y lo vas a tener que hacer porque vas con la corriente y no tienes salida. Ese es el problema: en kayak no puedes echar el freno y volver para atrás. SI vas, tienes que aceptar las consecuencias.

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Es un deporte mucho más completo física y técnicamente de lo que puede parecer a los que no lo conocen ni practican… Sí, puede ser que mucha gente tenga una imagen más tranquila de este deporte, pero las cosas que estamos haciendo hoy en día requieren mucho control, técnica, experiencia, capacidad de controlar tu miedo y aceptar que ¡uf! Igual esta es la última cascada que haces…Y no es nada fácil aceptarlo.

¿Cuáles son los factores que hacen un río más o menos peligroso? Hay varios. Por ejemplo en un río rocoso, en un río con pendiente, en estas rocas se crean agujeros, sifones, y en estos lugares uno puede quedar atrapado. Y el problema es que no se ven muy bien. Los ves cuando ya te has metido en ellos. Son como unos remolinos que te meten para adentro. Ese sería el peligro número uno. El número dos serían los troncos cruzados que te encuentras de repente. Y en ocasiones no te da para pasar y te quedas atrapado. Y tienes que quitarte el faldón, salir… pero a veces se te puede clavar una rama, engancharte con el chaleco… ¡y no sales! Y luego en grandes corrientes sestaría el simple hecho de la velocidad del río, que te tira para abajo, y para abajo, y va todo muy rápido y no puedes respirar y vas cansándote y cansándote hasta que te desmayas y te lleva el río.

Te desmayas, literalmente. Sí claro. Tú vas nadando un rato, y te crees que el chaleco te va a mantener a flote, pero cuando hay olas y rápidos grandes el chaleco no da… te vas abajo.

Has explorado el mundo con tu kayak. ¿Cuáles serían ahora mismo tus ríos favoritos y por qué? Tengo varios. Uno de ellos es el río Stikine, en la Columbia Británica en Canadá, y la sección que hago es de unos 87 kilómetros y vendría a ser el Everest del kayak. Es un río legendario que todos los kayakistas conocemos, un lugar épico porque es un cañón donde nadie entra, se ha mantenido virgen durante muchos años y sólo nosotros lo hemos visto… es un lugar espectacular. Y también obviamente porque tiene uno de los rápidos más grandes del planeta, “Site Zed”. Desde siempre se ha considerado uno de los ríos más fuertes y es donde hemos logrado empujar los límites de nuestro deporte. Y otro que me ha encantado que hice el año pasado es el río Indo a su paso por Pakistán (NdR: publicado en Oxígeno 95), que para mí es como el siguiente nivel, donde aún vamos a empujar más los límites, porque es un río enorme, con unos rápidos increíbles, y en una zona de Pakistán, en Baltistán, que es donde están el K2, el Nanga Parbat, estas montañas increíbles y los ríos son extremadamente poderosos y perfectos.

Aniol Serrasolses: ríos de aventura

Aniol Serrasolses: ríos de aventura

Una cosa que nos ha gustado siempre de tu forma de practicar kayak en aguas bravas es que parece que para ti siempre esté unido a un concepto de exploración y aventura. Para mí es prácticamente la mejor parte del kayak. La oportunidad que te da de meter lo que necesites en tu kayak y lanzarte a la aventura. Meterme en un río durante veinte o treinta días y encontrarte a ti mismo porque entras en un río siendo una persona, pero después de treinta días eres otra. Y te enseña mucho. El río es un gran profe.

¿Hay un equivalente al concepto de los 14 ochomiles del kayak? Yo creo que sí. Por ejemplo estarían el Stikine, el Indo, el Futualefú, el Baker, el Zangbo, que es como el máximo río del mundo, que se ha hecho una sección una vez con quizás la expedición más grande que se haya hecho nunca. Es en Tibet, pero China lo controla. Ese es uno de mis grandes sueños, pero es muy complicado. Piden más de un millón, casi dos millones en permisos, y si lo haces a lo pirata hay un control de militares en el que prácticamente seguro que te van a pillar, y no se andan con chiquitas, te disparan…

¿Sois bastante piratas los kayakistas? Bueno, yo es que toda mi vida he estado remando ríos, y me jode mucho que me prohíban remar un río. Entonces estoy dispuesto a desacatar la ley y hacer lo que quiero. Que me meto en muchos problemas por eso: sí. Pero ¿quién son ellos para decir si se puede o no? Es un río en mi casa, en España, donde yo he nacido y me he criado, y he remado este río toda mi juventud. ¿Por qué tiene que venir ahora alguien a decirme que no puedo remarlo? Pero sí puedes pescar, cazar… centenares de turistas pueden venir a tirar basura, pero en kayak no ¿estás loco? Pues no, no lo acepto. Y más aún cuando viajando por el mundo no he visto estas regulaciones por ningún lugar. Entonces no las acepto.

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Vamos a volver al tema de las cascadas, que es uno de los temas más llamativos para los que vemos el deporte desde fuera. ¿Cuáles son las cascadas más altas que has saltado? La más alta que he hecho es una en México, en el río Alseseca, y se llama Big Banana y tiene 42 metros.

O sea, más o menos como un edificio de doce plantas. Sí, esa estaba grande. Pero también otras como El Puma con 35 metros, otra que acabo de hacer que se llama Alexandra de 32, la del Key Hole... todas han sido primeros descensos, por lo que tienen más valor aun. Ser el primero, tiene también su importancia. He abierto unas cuantas, probablemente más de diez.

Y este concepto de apertura tan similar al de la escalada, además de en cascadas ¿lo tenéis también secciones de río? Sí claro: secciones, cascadas, ríos enteros o rápidos. Si eres el primero eres el primero.

¿Cómo son los momentos previos a saltar una cascada así de grande? ¿Cómo te preparas? A ver. No es que me prepare ese mismo día… es una preparación que viene desde que tenía doce años. Ha sido un proceso muy largo de aprendizaje: de “pillar”, de nadar, reventarme, lesionarme, volver, aprender más… es cuestión de muchos años llegar al punto que puedes hacer cascadas de treinta o cuarenta metros. Y en cuanto al proceso en ese mismo día del salto, yo lo que intento es analizar todos los posibles escenarios, y ser muy humilde cuando me imagino a mí mismo haciéndolo. Es decir, imaginarme tal y como yo remo. No imaginándome que yo lo hago mejor o peor, sino tal y como es. Y si me veo haciéndolo bien, y que la situación después está controlada, es segura, puedo poner a alguien encargado de seguridad, y veo que tengo buenas opciones de hacerlo bien, entonces me lanzo. Si tengo ganas también claro, y si todo tiene algún sentido para mí... Si todas estas variantes están bien, adelante.

Aniol Serrasolses: ríos de aventura

Aniol Serrasolses: ríos de aventura

Y en ese momento que pasas el labio de la cascada... ¿adrenalina? ¿Liberación? Para mí siempre es lo mismo. Los momentos previos en los que me estoy diciendo si sí o si no, son los que tengo algo dentro del cuerpo, un calor, una angustia, una sensación muy rara que no me gusta nada. Pero a la que me digo: “Venga va, sí puedes”. Me meto al agua, me mojo la cara siempre, me calmo y hago unas respiraciones. Unas respiraciones que son muy importantes porque me bajan las pulsaciones, me calmo, y en cuanto entro a la corriente, estoy muy tranquilo, porque quiero estar tranquilo. Todos los movimientos en una casada tienen que ser suaves y fluidos. Todo lo que son movimientos raros o bruscos son los que joden la línea. Hay que procurar que tu kayak no se despegue mucho de la cascada y siempre quieres caer de punta, porque si caes plano te rompes la espalda. Si por el contrario caes de boca, sales escopetado del kayak, te rompes rodillas… ¡tienes que caer de punta! Cuando lo haces bien caes profundo, te desaceleras y sales a la superficie.

Así contado… ¡hasta puede parecer fácil! ¡Pero es muy difícil! Es que con un poco de ángulo que te quedes corto o te pases…

Y obviamente se aprende de una forma progresiva, primero en cascadas pequeñas y poco a poco aumentando ¿verdad? Claro, empiezas con una de dos, tres, vas subiendo… el record está en una de 58 metros, las Palouse Falls en el Estado de Washington de EEUU.

¿Hay algo que te de miedo fuera de los ríos? Bueno, hablar en público me pone nervioso. Con algunas chicas guapas también… pero miedo miedo, quizás sólo de perder a gente, o de que todo salga mal… pero más que miedo es preocupación, e intento no pensar en ello.

¿Se puede vivir del kayak profesionalmente? Sí. Yo vivo del kayak. Pero no estoy ahorrando por ejemplo. No es que viva sobrado y gastándome la pasta como quiera. Pero sí que estoy viviendo de esto y estoy muy contento. También te digo que somos uno o dos en toda España. Es un deporte pequeño, cuesta mucho y tienes que currártelo, no sólo siendo un buen kayakista sino produciendo vídeos, fotos, redes sociales a muerte, hacer artículos… Tienes que moverte, porque si no, no da.

¿Compites por necesidad o por gusto? Hay competiciones que realmente tengo ganas de hacer. Otras casi que tengo que ir porque son grandes y me obligan a estar. No es mi terreno favorito porque la mayoría se hacen en lugares que siempre son los mismos, con la misma gente… todo igual. Y está bien una vez, otra pero… me cansa. Y más si ya la has ganado una vez, que ya es algo como cumplido que no necesitas volver a hacer, pero bueno, por otro lado te hacen competir con otra gente y te hacen mejorar para poder ganar. Tienen su lado bueno.

¿Qué sueños deportivos te quedan por cumplir? El río Zangbo del que te hablaba antes es uno de ellos. Tengo proyectos en Tíbet, Tayikistán, quiero explorar mucho más Asia, Alaska… Sobre todo mis sueños se concentran en poder seguir este estilo de vida en los próximos cinco o diez años. Viajar, descubrir y acabar de disfrutar de estos diez años que me quedan de kayak a tope. Y también quiero, a medida que me hago mayor, ayudar a más gente a que se meta en este deporte, sobre todo a niños de lugares donde no tienen tantos recursos. De hecho con mi hermano estamos empezando un programa con el que damos cursos gratuitos en los lugares a los que viajamos, para darles un empujón y transmitirles que con esto del kayak les puede ir bien, y poder incluso vivir de ello.

¿Cómo te ves en el futuro? Pues me veo en Futaleufú, ojalá, en mi casa, viviendo una vida tranquila, con animales, remando todos los días, teniendo una escuela o un negocio relacionado con el agua. No me veo viviendo en España. Me veo en Patagonia, en un lugar tranquilo, bonito y salvaje. Y que no haya regulaciones, que es lo que me cansa de aquí: no poder acampar, que me despierte la Guardia Civil, esto, lo otro… Me gustan más los lugares con menos gente,y con mentes más abiertas.

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