Viajes

Rincón de Ademuz, un “rincón” para perderse

Un viaje entre historia y naturaleza en la joya escondida del interior valenciano

Juanjo Alonso

12 minutos

Rincón de Ademuz, un “rincón” para perderse. Foto: Mikael Helsing

El Rincón de Ademuz es el lugar perfecto para perderse de vez en cuando y renovar emociones, un paisaje único que enamora porque está envuelto en una seductora autenticidad, es el “rincón secreto” que siempre deseamos visitar para disfrutar experiencias inolvidables en parajes naturales sorprendentes y pueblos con un inspirador encanto rural. Un territorio vivo que guarda la memoria de las tres grandes culturas que han impregnado el valle de historia, patrimonio y cultura popular en la arquitectura tradicional, la gastronomía y el folklore. El Rincón de Ademuz es el rincón de la felicidad.

Una isla de interior

Ahora vamos a contar los motivos que han ocasionado esta atracción en nuestros sentidos. El Rincón de Ademuz es un rincón para perderse, pero no es un lugar perdido, es una “isla” geográfica de la Comunitat Valenciana entre las provincias de Teruel y Cuenca, enmarcada entre sierras, muelas y cumbres que fueron fronteras de antiguos reinos medievales. Y puede que parte de esta genuina autenticidad sea por el aislamiento natural del valle entre montes, bosques y cañones que por los caprichos de la toponimia marcan el curso alto del río Turia, aunque la cuenca fluvial tiene el manantial en los Montes Universales, con el nombre de Guadalaviar, y se mantiene hasta que recoge las aguas del Alfambra, en Teruel, y sigue con el nombre valenciano hacia la costa del Mediterráneo. En primavera el Rincón muestra una estampa deslumbrante, entrar en la comarca en la estación florida del año es sumergirse en la historia del tiempo por un paisaje de bancales de almendros en flor, es la “nieve de la primavera”, algunos cultivos tienen tonos morados y violetas y es psicodelia vegetal pura. Las hileras de almendros ocupan terrazas escalonadas que en algunas laderas desafían a la gravedad, fueron levantadas hace siglos en piedra en seco, en las laderas más empinadas son tan estrechas que solamente hay una fila de árboles en cada bancal, y también hemos visto terrazas para un solo almendro, es admirable el trabajo de las culturas campesinas que habitaron por aquí hace cientos de años.

Foto: Mikael Helsing

La carretera se sumerge hacia el curso del Turia y entramos en las calles de Ademuz, el centro social y administrativo de la comarca, en el camino llama la atención Castielfabib, el “faro del Rincón”, las casas están prácticamente incrustadas en las laderas de un soberbio cerro castillero sobre el cañón del río Ebrón, que navega oculto entre una sucesión de sugerentes acantilados de paredes naranjas, ocres y grises que recuerdan los escenarios de los westerns peliculeros. A la vuelta dedicaremos una visita intensa en el cañón, los acantilados y los bosques de rodeno de Castielfabib, ahora hemos quedado con Inma y Sara, técnicos de la oficina de turismo y la mancomunidad de municipios, para planificar las primeras visitas y actividades en esta comarca de sorpresas interminables.

Vallanca y la Hoz del Río Bohílgues

El inicio de la ruta senderista por la Hoz del Río Bohílgues comienza en la Oficina de Turismo de Ademuz, instalada en el Molino de la Villa, un antiguo molino hidráulico del siglo XVI. La entrada es necesaria como punto de información y para conocer un importante recurso del patrimonio etnográfico local vinculado con la industria tradicional de la molienda, conserva la maquinaría de moler grano y reúne una curiosa colección de maquetas de monumentos de la comarca. Y también se pueden concertar itinerarios guiados, es la mejor forma de conocer el interesante legado cultural, histórico y costumbrista de la comarca visitando antiguas escuelas, molinos, hornos, fuentes, tejerías, museos, iglesias, barracas de piedra en seco o un parque de esculturas repartido en varios pueblos de la comarca. Los atractivos etnográficos y patrimoniales son tan variados y sorprendentes que es necesario un guía local para descubrir los secretos más íntimos y particulares de los viejos estilos de vida en los pueblos del Rincón de Ademuz. 

La vereda fluvial del río Bohílgues tiene las indicaciones del PR-CV 131.6 y ocupa un escalón destacado en el pódium de rutas senderistas del Rincón. Las primeras señales están en la puerta de la oficina de turismo, delante del antiguo molino. El camino remonta el cañón por la orilla del torrente y enseguida penetra en una frondosa jungla forestal de arbolado ribereño declarada micro reserva de flora protegida, hay fuentes, acequias, huertas, azudes con pequeños saltos de agua, cascadas sobre formaciones de toba, fuentes y pozas de aguas cristalinas. El Bohílgues nace cerca de Vallanca y presume de tener las aguas más puras de la Comunitat Valenciana y ser hábitat de especies selectas de la fauna ibérica como el mirlo acuático y la nutria. El paseo es refrescante y también reconfortante, casi emocional, una introducción al mensaje promocional de la comarca #Ademuzconlos5sentidos. El tramo intermedio es la zona estrecha y angosta de las hoces, pues incluso en este reino cavernario, donde parece que solo tiene cabida el agua, la roca y el matorral silvestre, hay espacio para huertas y plantaciones de nogales o cultivos de manzana Esperiega, una variedad autóctona local y delicia gastronómica usada en la elaboración de zumo natural y dulces caseros. 

Foto: Mikael Helsing

El camino termina en el conjunto urbano de Vallanca y el cierre imprescindible para seguir disfrutando nuevas sorpresas es hacer el recorrido urbano por los murales locales, están en las fachadas de los edificios, en total son doce y todos tienen temática dedicada a la diversidad social para fomentar la cultura y el turismo mediante expresiones artísticas en espacios urbanos rurales. 

Barracas campesinas, expresión magistral de las construcciones de piedra en seco

El estilo de construcción rural denominado piedra en seco es ancestral y aparece en numerosas comarcas españolas, en realidad es levantar muros y edificios piedra sobre piedra sin ningún tipo de masa de fijación, sencillamente usando cantos pequeños para ajustar los huecos y las inclinaciones correctas en cada hilera de piedras. En los tiempos actuales sería una auténtica representación de “arquitectura sostenible”. Los muros de los bancales agrícolas en las pendientes de las laderas de cultivos muestran la fortaleza arquitectónica de la piedra en seco, llevan siglos sujetando las terrazas de almendros. Y las barracas campesinas distribuidas por las tierras de labor, los viejos caminos y los territorios de pastoreo enseñan la técnica más depurada para levantar muros y bóvedas que todavía siguen en pie y disponibles, aunque la vida rural ahora no requiere los mismos usos de estos primitivos refugios de campo. 

En el Rincón de Ademuz las barracas o “casetas” campesinas tienen diferentes estilos de construcción, formas y tamaños. Hay circulares en forma de campana, otras circulares con el techo que recuerda una tienda de los pueblos nómadas de las estepas asiáticas, seguramente heredada de la época árabe, algunas son cuadradas en el exterior y dentro tienen la bóveda característica, unas son pequeñas y otras tienen dos habitaciones, existe mucha diversidad según los usos y necesidades de cada construcción. Las rutas de las barracas de la piedra en seco son una exposición costumbrista de la forma de habitar y convivir con los recursos del medio rural, un museo etnográfico al aire libre que parece ignorar el paso del tiempo, las prisas y las tecnologías.

Foto: Mikael Helsing

Y llega el momento de cerrar el día contemplando un bonito atardecer en el Mirador del Pico Castro, el balcón ofrece una vista aérea magnífica de Ademuz en la confluencia del Bohílgues y el Turia mientras el sol se esconde en los montes de la Serranía de Cuenca. En un paraje tan seductor no falta un banco para acomodarse y apurar hasta el anochecer, cuando se encienden las farolas del pueblo y la imagen se convierte en una estampa irremplazable.

Parque Natural de la Puebla de San Miguel

El mejor modo de iniciar un día de turismo activo en el Rincón de Ademuz es recorrer la vía ferrata La Puente, instalada en Casas Bajas en el verano de 2025, tiene grado de dificultad K2, es apta para personas que superen 1,35 metros de estatura y no tengan nada de vértigo, hay un puente tibetano, otro con tablón y un largo puente colgante de tablas con la mejor panorámica del pueblo a vista de pájaro. El recorrido tiene unos trescientos metros y puede llevar una hora realizar la ferrata completa, el acceso es libre, alquilan equipo en la casa rural Los Garridos, que está a unos cien metros del inicio del sendero de aproximación. El material imprescindible es casco, arnés y bagas de anclaje con disipador.

Y llega el deseado momento de subir al Parque Natural de la Puebla de San Miguel, somos gente de montaña y es un destino muy atractivo en este viaje. La carretera desde Ademuz hasta Puebla de San Miguel es un entretenido vaivén de curvas y curvas por campos de almendros y curiosos cerros de cárcavas anaranjadas, uno de esos puertos de montaña que los ciclistas de carretera anotan en la carpeta de favoritos. Los ciclistas de montaña por su lado llevan mucho tiempo visitando estas serranías con las bicis de ruedas gordas, es un paraíso para el mountain bike, está repleto de pistas forestales y carriles serranos que conectan con los macizos vecinos de Javalambre y Serranía de Cuenca, las posibilidades de realizar rutas de BTT son enormes y fascinantes. En algunos lugares vemos señales de la moderna Travesía Cicloturista del Rincón de Ademuz, es un recorrido integral de la comarca en bicicleta y queda anotado para otra ocasión, ahora buscamos los bosques de montaña y las cumbres solitarias del parque natural por el sendero de pequeño recorrido PR-CV 131.8 para visitar varios lugares esenciales en los montes del espacio protegido. 

Foto: Mikael Helsing

Puebla de San Miguel es un pueblo cargado de historia desde tiempos ancestrales. La iglesia es del siglo XVII, con la torre de aire morisco y tejas de cerámica que rematan los campanarios en las iglesias de la comarca. La población tiene edificios de arquitectura popular, dos lavaderos, una tejería y nueve lagares (cubos), en uno de ellos está el Museo del Cubo, con utensilios y herramientas de los trabajos tradicionales para la elaboración del vino y otra exposición de la agricultura de secano, la ganadería y los recursos de la madera. Y también está el centro de información del Parque Natural de la Puebla de San Miguel, declarado en 2007 para preservar la diversidad forestal y destacar el patrimonio cultural y etnográfico de la comarca. La ruta senderista comienza en Casas Bajas y sube por la falda de la sierra hasta Puebla de San Miguel camino de las cumbres, mostrando paso a paso los marcados ambientes que distinguen los paisajes del Rincón por la forma de aprovechar el terreno y los recursos campesinos según la altitud. El sendero pasa por la oficina del parque natural y sigue por el barranco del Chorro y la Fuente de Javandal, es territorio de montaña y el pinar domina el ambiente hasta que aparecen las sabinas, la especie forestal autóctona por excelencia en el Rincón de Ademuz. La sabina albar es un árbol serrano y primitivo, un resto vivo de los antiguos bosques relictos que existían en las montañas del planeta antes de la aparición de los seres humanos.

La mejor exposición de sabinas centenarias en la comarca es el grupo de Las Blancas, está en el paso del sendero, son unas treinta sabinas monumentales que destacan por la edad, la forma y el color blanquecino de la corteza. La edad de algunos ejemplares se acerca a los mil años de vida, cuando el territorio valenciano era un reino de taifas y no estaban levantados muchos templos románicos ni las catedrales. El paraje de Las Blancas está declarado monumento natural. Los ejemplares singulares tienen un cartel de madera con el nombre y la edad. El sendero pasa por un abrevadero y conecta con la pista forestal de la sierra. El PR-CV 131.8 sigue hacia las cumbres y los páramos altos de sabinas rastreras, pasa por el Refugio del Collado Buey y alcanza el vértice del Alto de las Barracas (1.836 m), el techo geográfico de la Comunitat Valenciana. En el descenso aparece nuevos árboles monumentales con nombre propio, esta vez son pinos, destacan el Pino Vicente y el Pino de las Tres Garras, siempre pienso que estos venerables ejemplares de árboles singulares que destacan por la edad en los bosques españoles deben tener “algo especial” para que hayan sido respetados por tantas generaciones de gentes de montaña.

El paseo montañero despierta el apetito y aprovechamos para probar el puchero tradicional del Rincón de Ademuz, un intenso y sabroso guiso de la cocina tradicional local que conserva todo el sabor de la cocina de pueblo. Los ingredientes principales son los productos del cerdo acompañados de morcillo de ternera, pollo de corral, garbanzos, verduras y buena compañía para celebrar una gran actividad senderista en el parque natural.

Sesga, memoria de la vida rural

La tarde es relajada en el pueblo de Sesga, quedamos de nuevo con Inma, técnico de la oficina de turismo, y no podemos tener mejor compañía, conoce bien la comarca y enseña el territorio con un cariño contagioso. Sesga es una de las poblaciones altas y serranas del Rincón, la plaza de la iglesia es buen sitio para esperar la puesta del sol. Las calles son estrechas y están solitarias, vemos algún vecino preparando aperos de labor para la cosecha de almendra y muchos gatos, también tiene residencia algún personaje popular de la televisión o de las artes que ha escogido Sesga para perderse. Un rincón que guarda la memoria de los viejos estilos de vida es el conjunto de tejería, fuente, abrevadero y lavadero, el punto de encuentro de la vida social de otras épocas, cuando las “redes sociales” eran al aire libre, es el lugar elegido por Inma para improvisar una merienda de torta de aceite y zumo natural de manzana, delicias de la gastronomía local. En las calles del pueblo visitamos el antiguo horno y las escuelas, con los pupitres de madera originales, la estufa de leña, el mapamundi en la pared, el globo terráqueo y hasta un libro de memorias del último maestro, parece que el tiempo se paró hace cincuenta años entre las cuatro paredes de piedra.

Foto: Mikael Helsing

Castielfabib, las Hoces del Ebrón y las pinturas rupestres

En el Rincón de Ademuz hemos estado en la Casa del Pastor, un acogedor alojamiento rural en Casas Altas bien acondicionado para disfrutar la estancia con todas las comodidades sin perder la esencia de estar en una casa de pueblo. El último día salimos temprano de la casa rural porque hemos quedado con Ángela, técnico de la oficina de turismo de Castielfabib, con ella vamos a conocer las maravillas ambientales del municipio y otras cosas interesantes de la cultura, el patrimonio y la historia local que no podemos dejar de visitar. La ruta senderista por las Hoces del Río Ebrón es extraordinaria, una sorpresa impactante por los contrastes del medio ambiente y la forma que tiene la naturaleza de construir y modelar paisajes. Primero bajamos a las entrañas de la garganta por una vereda preciosa que termina en un balconcito de madera con una cuerda para bajar al cauce, el sitio de ponerse el calzado anfibio y el neopreno, pero el barranco estaba “desatado” por las lluvias torrenciales y no era el momento. El sendero sigue por el borde del cañón hasta las ruinas del antiguo convento franciscano de San Guillermo, mientras disfrutamos una de las mejores vista del pueblo Ángela cuenta que hace tres siglos el desfiladero fluvial del río Ebrón no existía, el cauce estaba al nivel de las huertas del viejo monasterio, entonces hubo un terremoto que abrió una grieta gigante en el suelo y durante trescientos años el agua del río ha modelado el profundo barranco actual, con paredes que superan los cien metros de altura. 

El camino sube por la frondosa ladera del barranco del río Ebrón y entra en Castielfabib por el inicio de la vía ferrata Asalto a la Villa, de dificultad K2. En el pueblo visitamos los miradores urbanos situados en lugares estratégicos para observar el magnífico trabajo de la erosión ambiental en el valle del Ebrón y la colocación de los cultivos en las plataformas suspendidas sobre las paredes del cañón, con razón el nombre del sendero es Huellas del Ebrón. En el mirador del sendero Recinto amurallado completamos las vistas del conjunto urbano con una panorámica extraordinaria de las murallas árabes y el campanario exento del siglo XIV en la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. En el mismo sitio comienza el sendero PR-CV 131.1 Cruz de los Tres Reinos, una muela calcárea rodeada de arrecifes jurásicos en la aldea de Arroyo Cerezo llena de historia y misticismo, fue frontera de los antiguos reinos de Castilla, Aragón y Valencia, hay cuevas y abrigos que han estado habitados desde tiempos ancestrales y tiene unas vistas extraordinarias.

Foto: Mikael Helsing

El día pasa y no queremos perder la oportunidad de conocer el sendero de las pinturas rupestres del Abrigo Lomas de Abril, una interesante combinación de arte rupestre, etnografía y medio ambiente en los bosques de rodeno que entran en el municipio de Castielfabib desde la sierra de Albarracín. El rodeno es un tipo de arenisca roja que adquiere unas formas, colores y texturas caprichosas por la erosión. Los riscos forman abrigos, bóvedas, pasadizos y bloques superpuestos aprovechados por los habitantes de las montañas para habitar y cuidar los rebaños, en el recorrido hay cabañas y corrales de piedra en seco que todavía usan algunos pastores. Las pinturas rupestres son el principal atractivo de la ruta, pertenecen al estilo levantino y esquemático del arco mediterráneo peninsular, las interpretaciones de las escenas son variadas, pueden representar marcas de territorio, escenas de caza o símbolos funerarios.

Dejamos el Rincón con muchos lugares pendientes, siempre hay que dejar excusas para volver, ahora tenemos que regresar para contar lo que hemos visto, tal vez la siguiente visita sea el momento de llegar y perderse.

Foto: Mikael Helsing

En las páginas web está la información completa de los servicios turísticos, los senderos y las actividades de turismo activo en el Rincón de Ademuz.

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