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Hradec Králové y un otoño en Chequia

A poco más de una hora de Praga, la región de Hradec Králové combina arquitectura modernista, paisajes de arenisca, patrimonio barroco y experiencias singulares para descubrir otra cara de Chequia lejos de las rutas más concurridas.

Redacción Oxígeno

7 minutos

Hradec Králové y un otoño en Chequia

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Quien no viaja a Chequia porque ya ha estado en Praga se pierde la amplia y variada oferta de otras regiones como Hradec Králové donde la cultura, la naturaleza y la historia rezuma en todos sus rincones. Este otoño, os proponemos una inmersión lejos de multitudes donde el viajero sea el auténtico protagonista.

La estación otoñal potencia esa aura de misterio que envuelve a las ciudades y paisajes checos. Aunque Praga enamora en estas fechas con sus mil propuestas culturales, lo ideal es complementar la escapada con una visita a la región de Hradec Králové, a la que se llega en poco más de una hora. Su reducido tamaño, similar al de La Rioja, juega a favor del viajero que encuentra en este lugar una gran variedad de atractivos repartidos por su territorio. Incluso se puede plantear pernoctar en la capital regional, con una animada vida nocturna, para realizar excursiones diarias sin mover las maletas.

En una escapada de unos tres días se puede concentrar una serie de experiencias que conviertan este viaje “más allá de Praga” en un recuerdo memorable. ¿Cómo hacerlo?

Hradec Králové, la capital

La capital regional, Hradec Králové, es una ciudad agradable, tranquila, de las que invitan a pasear por sus calles y plazas. Su nombre, que podría traducirse como “el castillo de la reina”

se debe a que esta era una “ciudad de dote” de la corona de Bohemia, es decir, una de las propiedades reales que se destinaban al sustento y residencia de las reinas consortes o viudas.

Detalle de las fachadas de Hradec Kralove. Foto: Amaya Basa / Czech Tourism

Aquella ciudad donde residió en el siglo XIV la monarca Isabel Riquilda, dos veces reina consorte de Bohemia y Polonia, ha cambiado bastante, pero muchos de sus monumentos seguro que fueron testigos de sus paseos. La mejor forma de confirmarlo es lanzarse a descubrir a pie sus plazas históricas, a las que se asoman preciosas fachadas de color pastel, iglesias que parecen catedrales, museos y parques con más de una sorpresa en su interior.

En el paseo hay que prestar una especial atención al trabajo que hicieron grandes arquitectos como Jan Kotěra y Josef Gočár, a principios del siglo XX. Los edificios modernistas y funcionalistas que diseñaron se hallan ahora integrados en el casco histórico. Aquel trabajo, que la convirtió en un lugar de referencia para entender la arquitectura moderna checa, le valió a la ciudad el apodo de “Salón de la República” o “Manual de arquitectura al aire libre”.

Algunas visitas imprescindibles
  • Plaza Grande (Velké náměstí)

En el eje de este espacio, verdadero epicentro de la ciudad, se sitúa un buen número de lugares de interés como la catedral del Espíritu Santo, que sorprende por su fachada de ladrillo rojo, poco habitual en la arquitectura medieval bohemia. En su interior conserva una pila bautismal de estaño de 1406, una de las más antiguas del país.

A su lado, la renacentista Torre Blanca alcanza los 72 metros y brinda, tras subir más de 200 peldaños, una de las mejores vistas de la ciudad. Muy cerca se encuentran las casas de los Canónigos, siete viviendas de origen renacentista reconstruidas en estilo barroco que forman uno de los rincones más fotogénicos de la ciudad. Completan la plaza el Antiguo Ayuntamiento, la casa Špulák (con la galería “Toque de los tiempos antiguos”), la iglesia de la Asunción de la Virgen María y la columna de la Peste.

Como lugar curioso está el Bono Publico, una escalinata cubierta que comunica el centro con el río Orlice con un hilo musical en el que el viandante puede escoger entre cinco melodías.

Centro historico de Hradec Králové. Foto: Amaya Basa / Czech Tourism
  • Jardines de Jirásek (Jiráskovy sady).

Este histórico y romántico parque urbano, situado en la confluencia de los ríos Elba y Orlice, es ideal para descansar tras el ajetreo turístico. Lo que más llama la atención en su perímetro es su diseño paisajístico, su preciosa rosaleda y la iglesia ortodoxa de madera de San Nicolás, del siglo XVI, que fue trasladada desde Eslovaquia en 1935 para salvarla de la destrucción soviética. Hoy día actúa como memorial de los soldados checos caídos en la Primera Guerra Mundial.

Otra visita esencial en los jardines es la central hidroeléctrica de Hučák, diseñada por el arquitecto František Sander en estilo art nouveau a inicios del siglo XX y que sigue abasteciendo de electricidad. Acoge el Centro de Información de Energías Renovables.

  • Una ciudad de cultura.

Entre su amplia oferta cultural habría que conocer al menos los siguientes espacios. El Museo de Bohemia del Este, obra de Kotěra, que conserva numerosos objetos de arqueología, historia y ciencias naturales. El Museo PETROF, que rinde homenaje a la histórica fábrica de pianos fundada en la ciudad en 1864, ahora en manos de la quinta generación familiar. La Galería de Arte Moderno, instalada en un edificio de 1912, que reúne arte checo de los siglos XX y XXI y cuenta con una agradable terraza panorámica. Y el Teatro Klicpera, que recuerda que Hradec Králové fue uno de los focos del Renacimiento Nacional Checo en el siglo XIX, con el dramaturgo Václav Kliment Klicpera como figura destacada.

Si el tiempo lo permite, también es recomendable navegar en barco por el Elba para contemplar un perfil diferente de la ciudad, incluida la bonita central hidroeléctrica.

Central Hidrolectrica de Hradec Králové. Foto: Amaya Basa / Czech Tourism
Rocas de Prachov

A poco más de 50 kilómetros de Hradec Králové se encuentran las Rocas de Prachov (Prachovské skály), que forman parte del Parque Nacional del Paraíso Checo. Este es uno de los paisajes más espectaculares del noreste del país, además del único espacio natural checo que forma parte de la Red Mundial de Geoparques de la Unesco.

Este sorprendente paraje comenzó a formarse hace unos 100 millones de años, cuando el océano cubría esta parte de Europa y acumulaba en su fondo capas de arena que acabaron compactándose en bloques de arenisca. Tras la retirada del mar, la actividad volcánica fracturó esos bloques y millones de años de erosión les dieron su aspecto actual, con formaciones rocosas que en algunos puntos alcanzan los 40 metros de altura.

Rocas Prachov. Foto: Amaya Basa / Czech Tourism

Una de las claves de su popularidad es su relación entre belleza y esfuerzo: los senderos son aptos para todos los públicos, con poco desnivel, y las sorpresas aparecen desde el primer momento. El complejo ofrece tres itinerarios de entre 1,5 y 3,5 kilómetros. También es posible combinarlos; y existe un sendero adaptado para pasear con carrito de bebé.

Entre los puntos más destacados figura el Corredor Imperial (Císařská chodba), un desfiladero de escalones flanqueado por imponentes paredes de piedra que recibe su nombre en honor al emperador Francisco I. Igualmente llamativo es el Myší díra, o “agujero de ratón”, un paso tan estrecho que hay que contener la respiración para avanzar.

Una parada para comer y/o dormir

A solo 10 kilómetros de las Rocas de Prachov se sitúa Jičín, conocida como la “Ciudad de los cuentos de hadas”, por ser la cuna del zapatero Rumcajs, un conocido personaje infantil checo creado por el escritor Václav Čtvrtek. Además, acoge uno de los festivales de literatura infantil más importantes del país. Su aspecto de cuento de hadas, sin duda, ayuda a que el visitante realice una inmersión completa. Por toda la ciudad encontraréis hoteles y restaurantes, como La Favorita, donde descansar y también probar recetas locales.

Hospital Kuks, joya del barroco checo

Otra excursión desde Hrádec Králové, apenas a media hora, es el Hospital Kuks, un conjunto barroco donde se dan la mano la arquitectura, la medicina, la espiritualidad y la naturaleza.

Su historia es ciertamente curiosa, ya que su construcción fue impulsada por el conde František Antonín Špork, quien, tras recorrer Europa, quiso crear un conjunto que reuniera dos espacios que había encontrado en otros lugares: un balneario para la nobleza y un hospital para personas necesitadas, soldados retirados y ancianos. De este modo demostraba, en un solo lugar, que la riqueza podía ser usada para el bien común.

Hospital Kuks. Foto: Amaya Basa / Czech Tourism

Entre los grandes atractivos del conjunto destacan su farmacia barroca, con mobiliario original, y las esculturas de Matyáš Bernard Braun, un afamado artista barroco cuya iconografía de virtudes y vicios transmite una enseñanza moral cargada de dramatismo. Las piezas originales se conservan en un lapidario, las exteriores son reproducciones.

El entorno invita a alargar la excursión para disfrutar de su inmenso parque, del huerto de hierbas medicinales, y de los buenos restaurantes de la población.

Un viaje en el tiempo

Y como broche final a la escapada a esta región se pueden añadir dos visitas más que son, cuanto menos, curiosas. La primera de ellas es al Museo al aire libre de Podorlicko, un cuidado espacio en Krňovice que concentra una decena de construcciones tradicionales de madera, entre las que se encuentra un precioso molino, donde se puede conocer este tipo de arquitectura tradicional y realizar algún taller (como el de pan).

Hotel Medieval de Dětenice. Foto: Amaya Basa / Czech Tourism

La segunda propuesta conlleva algunas sorpresas ya que se trata del Hotel Medieval y el palacio de Dětenice, situados en una pequeña villa de apenas setecientos habitantes. Lo más curioso de esta experiencia es que incluye el alojamiento en un hotel tematizado en el Medievo, donde se suman la decoración elementos como brujas, murciélagos… y algún que otro susto nocturno. Junto al mismo se sitúa un precioso palacio, que se puede visitar, y una taberna medieval con cenas teatralizadas y donde los modales en la mesa pasan inadvertidos.

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