Los grandes desafíos pendientes

Jorge Jiménez Ríos -
Los grandes desafíos pendientes
Los grandes desafíos pendientes

La búsqueda nunca termina. La curiosidad se ha alimentado siempre de lo desconocido. De los nuevos lugares. Las nuevas formas de hacer y entender las cosas. Y la curiosidad es la fuente de inspiración principal de una aventura. Repasamos cinco de los grandes bastiones deportivos que restan por conquistar en nuestro planeta. Ya sabéis, ¡larga vida a la exploración!

Por Jorge Jiménez Ríos

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Alpinismo: la última palabra de los gigantes

Conquistados todos los ochomiles. Doblegadas las grandes travesías entre las cumbres de los gigantes de la Tierra. Acometidas algunas de las vertientes más espeluznantes que un día forjaron los dioses herreros, ¿qué le resta al alpinismo de exploración? Pues amigos, un montón de cosas. Desde las cumbres de seis mil metros vírgenes que habitan la cordillera de Sichuan en China, a las inexploradas montañas de la Antártida, queda mucho terreno para que las nuevas generaciones planteen su futuro en las alturas. Pero reconocemos que ese alimento para el espíritu que es mirar el futuro con avidez se ha cocinado a fuego lento y a base de un ingrediente muy común, el llamado “último tesoro alpino”. Lo fue el Cervino, lo fue la terrible Cara Norte del Eiger, grandes problemas de los Alpes; lo fue el primer ochomil, el Annapurna, o el coloso Everest sin utilizar oxígeno suplementario. En 2012, Rick Allen y Sandy Allan rubricaban la primera travesía completa de la arista Mazeno al Nanga Parbat, uno de los retos más longevos que restaban en los Himalayas, y uno de los más severos. Casi 10 kilómetros por encima de los 7.000 metros, una batalla que les llevaba 18 días y que había visto flaquear las fuerzas de algunos de los mejores alpinistas de todos los tiempos como Doug Scott o Erhard Loretan. Otro tesoro encontrado. ¿El siguiente?

Para el alpinista alemán David Göttler, cuya carrera deportiva se eleva de forma exponencial hacía las cumbres invioladas, el gran juego sigue muy vivo en los ochomiles. Concretamente en el K2. Lograr coronarlo en invierno es el propósito fundamental del alpinismo de vanguardia, cuyo adalid principal lleva el nombre de Simone Moro, quien ya cuenta con cuatro primeras invernales en el morral, a saber: Shisha Pangma, Makalu, Gasherbrum II y Nanga Parbat. “De repente las metas conquistadas toman una dimensión absolutamente diferente, aprendes que siempre queda otro enorme proyecto por delante. Para algo como conquistar estos ochomiles en invierno no sólo hace falta mucha fuerza, es necesaria una dosis altísima de suerte. El K2 será escalado en la estación fría, puede que pronto, aunque tampoco me extrañaría que pasasen otros diez años sin que nadie lo consiguiese”. Por ahí van los tiros… pero como reconoce David a veces “surgen hitos que nadie imaginaba”. El bávaro se refiere por ejemplo a Kilian Jornet y su tentativa de batir el récord de velocidad del Everest. “Es increíble que alguien pueda subir y bajar a esa velocidad. O al menos, era increíble antes”.

Juventud, magnetismo por la aventura y una capacidad de sufrimiento apenas comprensible dan la magnitud de escaladores como David. O como Yann Borgnet, veinteañero francés que ya acumula una impecable trayectoria en los Alpes -ha recorrido 1.500 km por la espina dorsal de Europa en 165 días- y que contempla el futuro con ambición. “Para mí el gran problema pendiente sigue siendo la cara oeste del Gasherbrum IV”. Aunque ya conquistada en 1985 por un austriaco y un polaco, el conocido como Shining Wall de la decimoséptima montaña más alta del planeta, representa un lienzo en el que alguien todavía puede trazar una obra maestra.

El GIV una de las montañas más idílicas que pueden traspasar unas pupilas, fue inaugurado en 1958 por Walter Bonatti y su amigo Carlo Mauri, y hasta hoy sigue siendo una montaña apenas transitada, debido a dos motivos: su enorme dificultad y que mide “sólo” 7.925 metros, lo que la ha alejado de los coleccionistas de ochomiles. Fueron Robert Schauer y Wojciech Kurtyka quienes por primera vez domaron estos bastiones de lo inaccesible, aunque lo complejo de la ascensión no les permitía alcanzar la cumbre, quedándose en la antecima norte. “Algunos la han llamado la ascensión del siglo. ¿Pero alguien ha repetido la ruta para confirmar si esto es sólo una ilusión nuestra? En cualquier caso, ¿tiene sentido declarar a un poema como el poema del siglo?¿Podríamos escoger a la mujer del siglo?”. Estas palabras de Kurtyka bien reflejan nuestra tesis principal. Siempre habrá algo más allá. Algo por conquistar. Una nueva hoja en blanco. Una partitura. Una ladera oceánica y lisa, brillante, emocionante.

Alpinismo: la última palabra de los gigantes

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Submarinismo: el epicentro de lo desconocido

El 95% del fondo de nuestros océanos sigue siendo territorio ignoto, sin mapear. Conocemos apenas el 10% de las misteriosas especies que viven en estos entornos. Lo que significa que sabemos mucho más del planeta Marte que de nuestro propio mundo. La exploración de las profundidades submarinas sigue siendo un enigma y un canto de sirena para la curiosidad del ser humano. Tipos como Paco Acedo pretenden cambiar eso.

Desde la infancia, este cordobés ha estado vinculado a los fondos marinos, alcanzando la madurez en su actividad al combinar la naturaleza, la aventura y el buceo. Un extenso currículum de expediciones avala hoy una trayectoria que en el año 2014 resultaba merecedora del premio “Born To Be Discovery” de la cadena Discovery Max. En sus proyectos ha encontrado el nexo común entre el mundo submarino y las regiones polares. En 2010 daba la primera “Vuelta al mundo submarina”, buceando en 12 países y la Antártida. Se ha sumergido bajo los hielos de Groenlandia, Siberia y Svalbard, y el año pasado se marcaba uno de esos hitos de la exploración moderna, con la expedición “Crossing the ice”, cruzando el Mar Báltico esquiando y buceando. Su siguiente sueño, ya en marcha, apoyado por la Sociedad Geográfica Española, y bautizado como “Subpolar 90º”, le llevará a tratar de alcanzar buceando el eje de la Tierra, el Polo Norte Geográfico.

“Partimos de la base de que conocemos más de la superficie de la Luna que de nuestros fondos marinos, por lo que la exploración submarina es un reto en sí. Cierto es que los retos más atractivos se han abordado ya, como alcanzar la Fosa de las Marinas, llevada a cabo por James Cameron dentro de un mini submarino. También se ha buceado en el Polo Norte. Si sueltas 40.000€ los rusos te suben a un helicóptero, te plantan allí, te abren un boquete y te empujan para que bucees”. Así pues, el desafío se debe centrar más en el estilo que en la meta. “Concretamente mis retos en las regiones polares y más concretamente en el Polo Norte consiste en intentar combinar la exploración polar, para intentar alcanzarlo sin asistencia y en total autonomía, buceando durante toda la travesía hacia el Polo. El reto en sí está en cómo afrontar dicha aventura”. Pero como todos los prohombres de la exploración, no se van a conformar con alcanzar un mero punto en los mapas. “Personalmente creo que hay un enfoque más interesante aún, que es el pilar de todas mis expediciones, y es bucear en lugares inexplorados donde jamás se ha buceado antes, y las regiones polares son el epicentro de lo desconocido en este sentido”.

Mezclar dos de las actividades extremas más potentes, como el buceo bajo el hielo y las expediciones polares, es algo tan insólito que apenas se había planteado antes. “El riesgo de quedar atrapado bajo el hielo es muy alto y sobre todo muy real. Las bajas temperaturas, la presencia de osos polares, la deriva de la capa de hielo… hacen de esto un reto muy serio que no se ha afrontado nunca…”. Hasta ahora.

Submarinismo: el epicentro de lo desconocido

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Mountain bike: rodar hacia la adversidad

Pues sí, queridos lectores, la fascinación eterna por los Polos de la Tierra sigue muy viva. Ya ha pasado un siglo desde las primeras grandes conquistas en aquellos paisajes difusos y no ha disminuido un ápice la atracción que emana de ese curioso punto blanco, vacío, confuso, primordial, que es el Polo Norte. Juan Menendez Granados, joven asturiano de alma vieja, fue el primer hombre en hollar llegar hasta el Polo Sur en bicicleta. Lo hacía en su fatbike especial, tras superar los escollos que presentan los rigores árticos durante 1.200 kilómetros en solitario y sin asistencia. Tardó 46 desconcertantes jornadas. Ese logro se sumaba a una larga lista de éxitos que incluyen cruzar el lago Baikal a dos ruedas, expedición ganadora del premio “Viaje del Año” de la Sociedad Geográfica Española.

"Retos en bicicleta quedan varios, pero lo más significativo que se me viene a la cabeza es intentar pedalear en el Polo Norte”. Vale, ¿y los riesgos? “El mayor peligro son las aguas abiertas y el frío intenso, más húmedo y de mayor sensación que en el Polo Sur. Todos los exploradores se quejan de este punto. El viento no es un gran problema, pero sí lo pueden llegar a ser los osos polares (hay que ir armado). Tanto la deriva de los hielos, como las crestas de compresión son los caprichos de la naturaleza que complican más la vida a la hora de avanzar”.

Cerca de mil kilómetros de océano congelado es lo que se debe atravesar para empezar a pensar en una victoria. Luego hay que volver a casa. Las infortunios, conocidos o espontáneos, que a uno le pueden acontecer son no sólo seguros, también necesarios. ¿Dónde estaría la aventura sin la adversidad? “Por supuesto, ni mencionamos que el Polo Norte es, junto con el Polo Sur, el sitio más remoto del planeta. Un reto con mayúsculas... todavía pendiente en bicicleta."

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Escalada: buscando la esencia

Cuando en 2011 David Lama tiraba de frivolidad casi adolescente para enfrentarse y vencer a uno de los grandes dragones de la aventura mundial, parecía que el mundo de la escalada se quedaba huérfano de proyectos extraterrestres. El joven austríaco superaba en libre (sin usar medios artificiales) las dificultades extremas de la Ruta del Compresor al Cerro Torre: quizá la más indecente consecuencia de que un hombre mirase un día las cumbres con curiosidad. Por suerte, nuestro planeta esconde muchísimos tesoros en forma de agujas y montañas, de valles perdidos, encontrados y vueltos a perder, donde las modestas ambiciones de los hombres a veces hacen colapsar las defensas de los dioses de roca y hielo. Pedro Cifuentes es uno de esos “piratas” capaces de desenterrar nuevas joyas para mayor gloria del único imperio válido, el de la ilusión humana. El escalador manchego regresaba en 2015 tras sufrir los rigores del Karakorum en un intento de escalar la Torre Sin Nombre, un colmillo abrumador del Baltoro paquistaní. Su intención era realizar la primera repetición de la “Spanish Route”, una vía abierta hace un cuarto de siglo por los hermanos Gallego. Un objetivo de dimensiones desorbitadas. Y estuvo muy cerca de conseguirlo. El cansancio, los caprichos de la meteorología y las condiciones de la roca ponían en jaque su tesón. No hacía cumbre, y sin embargo volvía al hogar con una sana reflexión: “Está muy bien llegar a la cumbre, pero me quedo con la aventura de estar 18 días en la pared e ir por donde no ha pasado nadie en mucho tiempo. Esa es la esencia de la escalada y creo que se está perdiendo; eso es lo que yo busco”.

En un serio órdago a la pared de la Torre Sin Nombre (6.239 m), Pedro Cifuentes efectuaba una huida hacia delante uniendo la Ruta Española con la Británica, un trazado con historia abierto entre otros por Joe Brown, uno de los más míticos alpinistas de la escena inglesa de los años 50. Sí, en aquellos tiempos de la cuerda de cáñamo. Y ahí está la clave. “Unir esas dos rutas y alcanzar la cumbre suponen un esfuerzo titánico por más de 1.600 metros de escalada”. Es elocuente la manera de tomarse las cosas de Pedro Cifuentes, que en su intento recuperaba un mosquetón de la famosa Fisura Brown (nombrada así debido a que Joe tuvo un accidente durante la primera ascensión, quedando su rodilla atrapada durante horas. Al día siguiente la superó con éxito). “Me lleve a casa un trozo de historia”, explica Cifuentes. “Se pueden hacer muchas cosas en el Baltoro, o marchar al Gasherbrum IV o al Latok, pero unir estas dos rutas, en solitario, sería extraordinario”.

Escalada: buscando la esencia

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Expediciones árticas: las nuevas miradas

La mayoría de exploradores contemporáneos coinciden en dos cosas: que aún resta mucho espacio para la aventura y que el siguiente salto de calidad siempre pasa por el estilo. Algo que en el alpinismo lleva mucho tiempo como meta exclusiva, tenía que llegar a los territorios de aventura más extremos, los del Ártico. Una vez resueltas las grandes travesías y proyectos, las ambiciones deben llevarse a nuevos espacios en la cartografía conocida. “Volver a mirar los mapas con nuevos ojos”. Estas palabras son de José Mijares, uno de los grandes representantes de la exploración nacional, que entre las incontables travesías que adornan su vida aparecen tres de punta a punta en los campos de hielo patagónicos. Sabe bien lo que es enfrentarse a un frío demoledor, a la extenuación continuada y a la soledad absoluta. “No sólo debemos contemplar los territorios árticos desde nuevos puntos de vista, también afrontarlos con nuevos materiales”. Por ejemplo, repetir algunas de las grandes travesías de la historia con una cometa. “Debemos pensar más allá de un viaje geográfico. Debemos pensar en revisitar los viejos lugares, pero a través de diferentes horizontes. A lo mejor resulta más vivencial ir desde el mismo Polo Norte a la costa, que al revés, aprovechando la deriva de los hielos. Llevar las ideas modernas a los espacios que más nos han llamado la atención siempre”.

Y hacerlo, a ser posible, de una forma nueva. Mijares es un gran conocedor de ese invneto llamado packraft, un kayak hinchable hiperligero que está revolucionando el mundo de las expediciones. Apenas un par de kilos tan comprimibles que caben en la mochila, resultan en una herramienta fantástica cuando el peso cuenta. O sea siempre. “Los lugares clásicos, con una idea moderna”, insiste. Con esta embarcación ha recorrido la Península de Kola o el río Karasjok. ¿Por qué no llevar la idea a sitios que antes no lo permitían? Tristemente el calentamiento de los hielos hace ahora que esta herramienta ofrezca multitud de nuevas posibilidades para navegar entre los hielos, y echarla a la espalda cuando se deban superar escollos a pie. ¿Cuál es el mayor reto entonces? Quizá uno compartido por toda la humanidad: imaginar.

Expediciones árticas: las nuevas miradas

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