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En algunos lugares, la dificultad no está tanto en la montaña como en llegar hasta ella.
Hugo Cózar, fundador de Muntania Outdoors y guía de montaña con más de 15 años de experiencia internacional, acaba de regresar de un nuevo viaje de esquí de montaña en los volcanes de Chile. Hablamos con él de nieve, paisajes volcánicos, termas escondidas en el bosque y de un destino que permite alargar la temporada cuando en Europa el invierno ya parece un recuerdo.
Algunos viajes se recuerdan por una cumbre y otros por un descenso, una luz inesperada o una conversación al calor de la chimenea. En Chile, a veces sucede todo a la vez. Sus volcanes nevados, los bosques templados, los lagos y las aguas termales dibujan un escenario muy distinto al de las montañas europeas. Y, además, tienen una ventaja difícil de ignorar: cuando aquí llega el verano, allí comienza el invierno austral.
Hugo Cózar conoce bien este territorio. Ha viajado a Chile seis o siete veces para practicar esquí y alpinismo, explorar sus montañas y recorrer otros paisajes emblemáticos, como los de Torres del Paine. La última visita ha sido su cuarto viaje guiando grupos de esquí de montaña en el país. Una nueva oportunidad para descubrir rincones, adaptarse a las condiciones de la nieve y confirmar que, en este destino, cada temporada ofrece una experiencia diferente.
Acabas de regresar de Chile. ¿Con qué momentos te quedas de este último viaje?
Tengo tres recuerdos especialmente emotivos. El primero fue el día en que comenzamos la actividad en el volcán Osorno. No pudimos alcanzar la cumbre porque la meteorología era variable, pero encontramos muy buena nieve y disfrutamos de una bajada con buena visibilidad. Al llegar abajo, dos integrantes del grupo quisieron continuar, así que hicimos otra pequeña ascensión a una montaña más baja. Desde allí contemplamos un espectacular juego de luces sobre el lago. Fue uno de esos momentos en los que el paisaje te deja sin palabras.
El segundo llegó después de una jornada de muy mal tiempo. Finalmente pudimos ascender al volcán Lonquimay y realizar una bajada magnífica, con nieve en muy buenas condiciones. La gente estaba emocionada. Después de varios días en los que la meteorología no nos había permitido hacer todo lo que queríamos, alcanzar la cumbre y disfrutar de aquella bajada fue especialmente gratificante para el grupo.
El tercero fue muy diferente. Un día de lluvia decidimos visitar unas termas preciosas, escondidas en medio del bosque. Pasamos un buen rato en el agua caliente, rodeados de vegetación exuberante. El ambiente del grupo era fantástico y nos lo tomamos con mucha positividad. A veces, un día que, sobre el papel, parece perdido termina convirtiéndose en uno de los mejores recuerdos del viaje.
¿Qué hace de Chile un destino tan interesante para el esquí de montaña?
En primer lugar, su enorme extensión. La cordillera de los Andes recorre el país de norte a sur y ofrece multitud de posibilidades. Desde Santiago hacia el sur encontramos regiones como La Araucanía, donde hay volcanes que permiten realizar ascensiones relativamente asequibles desde el punto de vista técnico y disfrutar de paisajes espectaculares.
La morfología volcánica es muy diferente de la que estamos acostumbrados a ver en Europa. Esquiar por las laderas de un gran cono volcánico, con esos perfiles y panorámicas que se extienden hasta lagos y bosques, tiene un atractivo especial.
También está el calendario. Mientras en Europa estamos en verano, en Chile es invierno. Septiembre suele ser un mes interesante porque ya es primavera austral y, en determinadas zonas, la meteorología puede resultar más estable. Eso sí, las condiciones cambian de un año a otro y hay que adaptar los planes.
Y hay otro aspecto que me gusta mucho: todavía es posible encontrar lugares con muy poca gente. Hay zonas en las que coincides con otros esquiadores y montañeros, pero también hay jornadas en las que estás prácticamente solo. Esa sensación de amplitud y de montaña poco frecuentada resulta muy atractiva.
¿Qué es lo que más te gusta del programa de Muntania en Chile?
La variedad de opciones. Cada vez que regreso puedo actualizar el programa, incorporar otros volcanes o cambiar alguna ascensión en función de la meteorología, las condiciones de la nieve y la evolución de los accesos. Hay lugares a los que antes se tardaba mucho más en llegar y que ahora resultan más accesibles.
También me gusta el exotismo del destino. No se trata únicamente de esquiar: también están las cabañas en las que nos alojamos, la gastronomía y esos paisajes que cambian por completo al perder altura. Pasas de las montañas nevadas a bosques húmedos y exuberantes, con una vegetación muy distinta de la que encontramos en nuestras cordilleras.
Es una experiencia de montaña muy completa.
¿Qué volcanes y montañas se pueden esquiar? ¿Tienes alguno favorito?
Hay muchísimas posibilidades. Entre los volcanes más conocidos se encuentran el Osorno, el Lonquimay, el Quetrupillán y el Llaima. En la zona de los Nevados de Chillán también hay numerosas opciones. Además, existen montañas esquiables que no necesariamente tienen la forma de un cono volcánico tan reconocible.
En algunos lugares, la dificultad no está tanto en la montaña como en llegar hasta ella.
Cuando me preguntan por mi lugar favorito, siempre respondo lo mismo: depende del día, del grupo y de la meteorología. Una zona que en un viaje te resulta fascinante puede quedar descartada en otro por el mal tiempo. Y quizá esa misma montaña se convierta en la protagonista de la siguiente expedición, porque las condiciones permitan ascenderla y disfrutar de una buena bajada.
La nieve también cambia mucho la experiencia. Por eso prefiero hablar de lugares que ofrecen posibilidades distintas, en lugar de elegir un único favorito.
Más allá del esquí, ¿qué otros aspectos del viaje destacarías?
Las termas son uno de ellos. Después de una jornada de actividad, encontrar aguas termales en medio del bosque es una experiencia muy gratificante y bastante exótica para nosotros.
También destacaría la gastronomía y, en especial, el trato de la gente. Los chilenos nos han atendido fenomenalmente en los alojamientos. Este año me ha llamado mucho la atención su profesionalidad y lo pendientes que están de que todo salga bien. Cuidan mucho al visitante.
Nos alojamos principalmente en cabañas de madera, con habitaciones y espacios comunes que compartimos como grupo. Tienen agua corriente, electricidad y conexión wifi, aunque en algunas el sistema de calefacción sigue siendo bastante tradicional, con chimeneas o estufas. Llegar por la tarde, encender el fuego y compartir el espacio después de esquiar también forma parte del encanto del viaje.
No es solo una cuestión de comodidad. Esa convivencia hace que el grupo se cohesione y que la experiencia vaya mucho más allá de las horas que pasamos con los esquís puestos.
¿Qué nivel de esquí hace falta para disfrutar de este viaje?
Está pensado para esquiadores de nivel medio. Técnicamente, los recorridos no suelen ser especialmente difíciles, aunque hay que tener experiencia en montaña y saber desenvolverse con diferentes tipos de nieve.
Es importante poder bajar con solvencia por pendientes de entre 30 y 35 grados, que sería el máximo habitual que contemplamos, aunque en muchas ocasiones no llegamos a esas inclinaciones. Los desniveles positivos diarios suelen situarse entre 800 y 1.400 metros, aproximadamente, según la ascensión.
En las partes finales de algunos volcanes, la nieve puede estar dura y es necesario continuar con crampones. Por eso también hay que dominar las técnicas básicas de progresión con crampones y piolet, saber desplazarse en medias laderas y conocer las técnicas de autodetención.
Un esquiador de montaña, habituado a salir por el Pirineo, la cordillera Cantábrica o los Alpes, sin necesidad de ser especialista, puede disfrutar mucho de este viaje si cuenta con la preparación adecuada.
¿Qué tal se come en Chile?
Muy bien. Hemos cenado y comido fuera algunos días y la experiencia ha sido excelente. Es cierto que la carne tiene mucho protagonismo, pero también hay bastante pescado, especialmente salmón.
Los platos están bien cocinados y las raciones son generosas. Además, suelen acompañarlos de arroz, patatas, ensalada u otras guarniciones. Después de una jornada de esquí de montaña, es difícil quejarse de quedarse con hambre.
¿Cómo son los alojamientos durante el viaje?
La primera y la última noche, dependiendo de los vuelos y las conexiones, podemos alojarnos en hoteles confortables en Santiago o en Puerto Montt. El resto de las noches las pasamos principalmente en cabañas.
Son casas de madera con habitaciones, cocina y espacios comunes, equipadas con todo lo necesario para descansar después de la actividad. Como comentaba, algunas cuentan con chimenea o estufa y otras tienen instalaciones especialmente agradables, como un jacuzzi de agua caliente.
Para mí, alojarnos de esta manera es una parte importante del programa. Compartir las tardes y las cenas, preparar el día siguiente y descansar juntos después de una jornada en la montaña contribuye a crear un ambiente de grupo muy bueno. Y cuando, además, tienes un bosque exuberante al otro lado de la ventana, la experiencia resulta difícil de olvidar.
Consulta aquí la programación de la nueva temporada de viajes de esquí de montaña, pista y freeride de Muntania Outdoors.







