Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Una guía para la observación de algunos de los animales más icónicos del planeta
Texto y fotos: Jorge Jiménez Ríos -
Animales fantásticos y dónde encontrarlos
Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Hay una emoción antigua dentro de nosotros, que parece olvidada pero que brota imperiosa cuando nos encontramos frente a frente con un animal salvaje. Es un sentimiento remoto, casi ajeno, que gravita sobre la historia del ser humano, persiguiéndole aunque estemos rodeados de la jungla de cristal. Mirar a los ojos de un oso, un lince o un bisonte nos remueve algo por dentro y nos recuerda que la conexión vital con otras especies no se ha perdido, aunque parezca que lo intentemos con firmeza en estos tiempos de invasión tecnológica. Hoy, parece que pensamos que no seremos libres hasta que lo tengamos todo, y sin embargo, en mi experiencia, la auténtica libertad la he encontrado aguardando cámara en mano uno de estos encuentros. Hay a quien verse frente a un grizzly de 300 kilos le hace sentir pequeño, pero creo que no es así, creo que más bien nos hace sentir parte de algo mucho más grande y viejo, de un engranaje natural que nunca cesa aunque pensemos que podemos ponerle interruptores a todo. Para los que os interesa despertar a estas conexiones impresas en nuestra memoria (olvidarlas es algo tan imposible como tratar de desatornillar el tiempo) os hemos preparado esta guía para reencontraros con ese algo inédito de nuestro yo.

Bisonte europeo

Bosque de Bialowieza - Polonia

El bisonte europeo no sólo ha logrado escapar del peligro crítico de extinción, sino que vuelve a expandirse por los bosques europeos. Ha sido gracias a los programas de recuperación llevados a cabo en lugares como Bialowieza, uno de los últimos bosques primordiales del planeta. Hoy hay cerca de mil de estos gigantes en Polonia, el mejor lugar para su observación, relativamente sencilla en las lindes de este parque Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. El Parque Nacional comparte frontera con Bielorrusia, donde también es sencillo encontrar ejemplares a los lados de la carretera que recorre el bosque (cruzar la frontera ya es harina de otro costal). Como en casi todos los casos, se recomienda un potente teleobjetivo (mínimo 300 mm) si lo que queremos es llevarnos una instantánea a casa. Aunque el bisonte no es un animal especialmente agresivo, mantener una distancia prudente es esencial. Cada año, alguno de los 200.000 turistas que visitan el parque se lleva una lección (dolorosa) por no respetar su espacio vital. La señal que indica su malestar suele ser un pateo furioso en el suelo, lo que significa que podría cargar en cualquier momento. Si os veis en el caso, tratad de ocultaros tras los enormes troncos de los arboles que se levantan en el bosque. Para hacer una ruta en el interior de Bialowieza es obligatoria la contratación de un guía local.

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Bisonte europeo, bosque de Bialowieza, Polonia. Foto: Jorge Jiménez Ríos

Oso grizzly

Península de Katmai - Alaska

Alaska es en toda su extensión auténtico territorio oso, por lo que para prácticamente cualquier aventura que nos propongamos se hará imprescindible comprar un spray-antiosos (una mezcla de spray de pimienta y gas lacrimógeno) por si tenemos algún encuentro desesperado. En general, y a pesar de la imagen que puedan tener, los grizzlies no son nada agresivos con el ser humano, al no significar ni alimento ni una amenaza, por lo que las excasas situaciones de ataques que se suceden suelen ser culpa de los humanos. Mantener las distancias es esencial y respetar las pautas de actuación podría salvaros la vida a nosotros y a ellos. En cualquier caso, correr nunca es una opción, ya que despertará su instinto cazador (motivo por el que a veces aparecen vídeos y relatos de osos persiguiendo bikers y runners). Un lugar seguro para su observación es la península de Katmai, concretamente Brooks Camp, a donde acuden manadas de fotógrafos en la época de desove del salmón. Si buscamos una experiencia más aútentica, entre junio y julio los osos permancen en las llanuras y bahías buscando ostras, comiendo hierba, tratando de aparearse y pasando totalmente de los pocos humanos que se acercan cámara en mano. Nosotros pudimos pasear amigablemente durante horas entre 14 grizzlies en Hallo Bay, hasta donde se llega en avioneta desde Homer, "the end of the road", por unos 500 dólares.

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Grizzly en Hallo Bay, Katmai, Alaska. Foto: Jorge Jiménez Ríos

Puffin (frailecillo)

Isla de Skomer - Gales

El birdwatching es una de las actividades en naturaleza que más pasiones levanta en todo el mundo, y aunque he de reconocer que mi mayor interés son los grandes mamíferos, es cierto que hay especies imprescindibles en el catálogo de observación. El puffin o frailecillo, con su aspecto encantador y colorido, es uno de ellos. Lugares como Noruega o Islandia cuentan con colonias saludables, pero la más vasta oportunidad de pasar una jornada de carcajadas y carantoñas la encontraremos en la Isla de Skomer, en las costas galesas de Pembrokeshire. En esta pequeña porción de tierra de apenas tres kilómetros cuadrados, anidan cada temporada más de 25.000 ejemplares para su reproducción, junto a otra gran cantidad de aves marinas y focas. Es uno de los pocos lugares del planeta donde la población de puffin va en aumento, gracias a las medidas de protección llevadas a cabo por el Wildlife Trust, que maneja 214 reservas naturales en todo el país con un éxito encomiable. La regla básica para observar a los puffins y sus jocosos aterrizajes en tierra es mantenerse siempre en el camino, ya que cualquier pisada fuera podría dar al traste con alguno de los nidos que horadan bajo tierra. Por lo demás, podremos estar horas con ellos a pocos centímetros y si somos pacientes, lo ejemplares más curiosos hasta nos pasarán por encima con el pico rebosante de sardinas. Un modo sencillo de llegar a Skomer es coger uno de los barcos diarios que parten del pueblo de Marloes. Eso sí, estad bien temprano en el centro de visitantes porque es una actividad muy solicitada y las entradas se agotan cada día en pocos minutos.

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Puffin de la Isla de Skomer, Gales. Foto: Jorge Jiménez Ríos

Lince Ibérico

Sierra de Andújar - Jaén

El programa Life+Iberlince, comandado por la Junta de Andalucía y otras cuatro administraciones españolas, en colaboración con fundaciones como WWF España, es uno de los mayores éxitos globales en materia de conservación. Al igual que el bisonte europeo, el lince estuvo en un punto tan crítico que su recuperación parecía una quimera. Hoy, sin embargo, hay más de 600 ejemplares en la Península Ibérica. No está fuera de peligro, pero el lince ha vuelto a nuestros montes y cruzarse con uno de ellos es una experiencia única, mística para un servidor. El gran gato, silencioso y furtivo, prospera y nosotros tenemos la oportunidad de contemplarlo en su habitat natural, sobre todo con las primeras y últimas luces del día. Un lugar idóneo es la Sierra de Andújar, en Jaén, concretamente en la carretera que va hasta la Presa del Jándula o en las inmediaciones del área recreativa del Encinarejo. Verlos es una tarea relativamente sencilla, sacarles una buena foto ya es otro deporte. Un gran momento para su observación es entre diciembre y enero, en plena época de apareamiento, cuando se muestran más activos y menos desconfiados hacia los observadores. No estará de más contratar los servicios de alguna de las agencias especializadas de la zona. ¡Permaneced atentos a los chillidos de las urracas, las carreras de los venados y a los conejos despistados!

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Lince ibérico en la Sierra de Andújar, Jaén. Foto: Jorge Jiménez Ríos

Reno

Parque Nacional de Hossa - Finlandia

El Parque Nacional de Hossa, como casi todos los parques de Finlandia, son el paraíso del caminante. Cabañas de uso libre y gratuito, la posibilidad de sentarse a charlar y cocinar alrededor de los campfires y un sinfín de rutas bien señalizadas, hacen de sus bosques y lagos un reclamo imprescindible para los mochileros. Y llegar es mucho más barato de lo que se piensa (el vuelo a Kuusamo, por ejemplo, ronda los 300€; a Helsinki se puede volar por menos de 100€). Una gran época para acercarse a estas geografías amables y llanas es en septiembre, cuando llega el espectacular otoño, las temperaturas son bondadosas y las noches se pintan de auroras boreales. Osos pardos, alces y aguilas doradas son parte de la fauna local (aunque son más esquivos que un político en el juzgado). Los renos, por contra, vagan por casi toda Finlandia, sobre todo en la parte norte, en el régimen de semi-libertad que conceden sus pastores. Ir recogiendo bayas (todas las de Hossa son comestibles) y verse sorprendido por un rebaño de renos es una de las experiencias más inspiradoras que uno puede disfrutar en la naturaleza. Si vamos con cuidado, podremos acercarnos para lograr una buena toma e incluso alguno de ellos puede mostrarse lo suficientemente curioso como para venir a olernos, preguntándose que demonios haces en su territorio. Si os gusta calzaros las botas y cargar hasta arriba la mochila, Hossa es el lugar idóneo para unos días de desconexión total en los bosques.

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Reno en el Parque Nacional de Hossa, Finlandia. Foto: Jorge Jiménez Ríos

Leones marinos

Baja California - México

Una de las mejores jornadas que he pasado en la vida sucedió en la Colonia de San Rafaelito, en Baja California (México), cuando pudimos nadar y bucear con leones marinos, un pariente lejanísimo de los osos, adaptado a los mares con el paso de las eras. Son juguetones, curiosos y elegantes bajo el agua, aunque debemos tener cuidado si el macho local nos ronda, pues podemos llevarnos una dentellada digna de un mastín. Viajaba con varios buzos profesionales y de larga trayectoria, que se mostraron igual de fascinados que yo (submarinista primerizo y bastante inútil). Nos deshicimos en carcajadas rodeados por estos animales, antes de zambullirnos botella a la espalda, para disfrutar de uno de los mejores spots del planeta para el buceo deportivo. El acuario del mundo lo llamó Cousteau. Hay un sinfín de agencias en la zona para contratar un barco o una inmersión que nos lleve hasta esta colonia que los leones marinos comparten con gaviotas, cormoranes y pelícanos.

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León marino en San Rafaelito, Baja California. Foto: Jorge Jiménez Ríos

Mono araña

Bahía de Jiquilisco - El Salvador

El inquieto mono araña también ha pasado épocas mejores. Objeto de cazas furtivas, comercio ilegal y víctima de nuestro atropello de los hábitats, aún sigue siendo común en algunos países pero muy amenazado en otros. En El Salvador, por ejemplo, ha pasado un punto de inflexión crítico, cuando sólo tres ejemplares sobrevivieron antes de la implantación de programas de conservación como el que lleva a cabo Miguel Ángel Jiménez, que a sus 86 años mantiene una pequeña reserva en la Bahía de Jiquilisco. Tras 40 años de lucha, 25 monos araña juguetean en la jungla y hay esperanza para su progresión hacia una población saludable... si las políticas de conservación se mantienen en años venideros. El Salvador sigue siendo un país difícil para viajar, pero la situación mejora cada año, aunque os recomendamos la contratación de alguna agencia especializada, sobre todo en los entornos rurales, donde la guerra contra las bandas sigue al alza. Toda una aventura, que se puede combinar con la navegación por los manglares, bajo la mirada hierática de los volcanes y la parsimonia de los caimanes (a quienes los locales llaman alegremente lagartos).

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Mono araña en la Bahía de Jiquilisco, El Salvador. Foto: Jorge Jiménez Ríos

Algunos consejos generales

Recordad siempre que no debemos interceder en el comportamiento animal a menos que sean ellos los que se interesen por nosotros y, en algunos casos obvios, es bastante deseable que eso no suceda. Respetad siempre su espacio, manteneos en silencio (excepto con los osos, a los que nunca es buena idea sorprender en pleno bosque), y sobre todo disfrutad de su presencia. A veces es mejor olvidarse de la cámara y sencillamente disfrutar del momento.

Hablad con la gente local, auténticos expertos en la convivencia con la fauna salvaje y a los que podréis sacar valiosa información siempre que seamos respetuosos y mostremos una curiosidad sincera.

Bajo ningún concepto deis de comer a los animales salvajes, sobre todo en el caso de los grandes carnivoros, facilmente adaptables a las nuevas fuentes de alimento, lo que podría hacer que perdiesen el miedo al humano en pos de comida fácil. En Canadá, por ejemplo, cerca de 800 osos pardos deben ser cazados cada año por este motivo.

Si no tenéis claras las localizaciones o métodos de observación, contratad servicios de agencias locales: eso no os hace menos "aventureros" y puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Si la fotografía es pasión, invertid en un buen teleobjetivo, de entre 300 y 600 mm, aunque para caminar con ellos recomendamos que sean manejables y no muy pesados. En mi caso, sin ser experto ni profesional de la fotografía, estoy encantado con el nuevo 500 mm de Nikon, habiendo opciones similares y algo más económicas de Sigma y Tamron. Un tripode es esencial para que las fotografías no salgan movidas. Y recordad que la velocidad de obturación, por normal general, debe ser superior al rango que estamos utilizando, es decir: si estamos disparando con 500 mm es más que recomendable que la velocidad sea superior a 600. El desenfoque en los primeros planos es vital para una buena toma, así que poned el diafragma al mínimo posible y utilizad el ISO para compensar la luz. Todas las reglas, en cualquier caso, están hechas para romperse así que las condiciones de luz harán que debamos jugar con estos parámetros. Lo más efectivo es llevar la cámara en prioridad a la velocidad y empezar a jugar a partir de ahí. Unas buenas tarjetas de memoria, de alta velocidad, nos ayudarán muchísimo a la hora de realizar ráfagas.

Respetad los espacios y dejaos llevar por las emociones. Nuestros instintos primitivos siguen ahí, aunque estén muy al fondo de nuestro ser.

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Grizzly en Hyder, Alaska. Foto: Jorge Jiménez Ríos

¡Disfrutad siempre del momento! Podéis encontrar más fotografías, historias y consejos en mi Instagram. Y sí, he escrito todo este post escuchando a Eddie Vedder.

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