Nuestras acciones, opiniones y decisiones pueden ayudar a los demás pero también perjudicarles. ¿Cuáles son algunos errores propios que afectan a los demás?
Cálculo equivocado del tiempo
La mayoría de las personas que caminan por la montaña emplean más tiempo en completar un recorrido que lo que indican guías en papel, cartelería o reseñas en redes sociales. Si vas con niños pequeños, principiantes, personas muy mayores, familias o grupos grandes vas a tardar generalmente entre el doble o el triple de lo habitual, lo que no es ningún problema si la longitud de la ruta resulta razonable (no “metas” 15 o 20 kilómetros a alguien que no está muy acostumbrado). Trayectos semi horizontales por bosques frondosos, subidas a cerros aislados con buenas vistas o simplemente llegar a un refugio de montaña cercano que no implique más de 300 metros de desnivel harán disfrutar lo suficiente a nuestros acompañantes menos avezados.
Elegir mal el objetivo
Cualquier ruta que implique algo de riesgo a individuos inexpertos –por ejemplo una trepada con sensación de vacío- o que esté demasiado lejos del coche para lo tarde que empezáis constituye un objetivo inadecuado. Moderar nuestra ambición si hay alguien cansado, lesionado, desmotivado o en baja forma es lo más sensato que podemos hacer para disfrutar la naturaleza.
Creer que todo está suficientemente señalado
Hace décadas no existía el senderismo moderno simplemente porque los caminos principales no estaban marcados con una señalización oficial (las famosas marcas de “Pequeño Recorrido” y “Gran recorrido”), simplemente se practicaba el excursionismo por caminos muy poco marcados. Actualmente una parte importante de recorridos secundarios aún puede presentar tramos confusos, con indicaciones muy distanciadas o semi borradas, cartelería arrancada o deteriorada, hitos derruidos o falsos –puestos con buena intención por gente que se extravía o que cree que una torrecilla de piedras apiladas es algo artístico- o incluso flechas pintadas por empresas sin escrúpulos para sus fines comerciales. Salvo si tenéis mucha experiencia, resulta muy recomendable que antes de llevar a otras personas, alguien haya realizado el recorrido completo antes.
Poca paciencia
Las ganas de llegar rápido a una cumbre cuando las condiciones no son las mejores o regresar metiendo prisas injustificadas a los demás suelen ir asociadas a individuos con poca paciencia. En anteriores números de Oxígeno ya hemos hablado de que hay personas que no esperan a los rezagados/as, que se adelantan excesivamente o que directamente riñen a quienes no pueden ir tan rápido y quieren detenerse a descansar. Si quieres caer mal a tus acompañantes, estropear un bonito día o crear las condiciones idóneas para que se produzca absurdamente un incidente o accidente… vas bien encaminado/a ¡tu verás!
Agua insuficiente
Es sencillo de entender: si no te gusta llevar agua extra, acabarás tarde o temprano pidiéndosela tus acompañantes y eso no constituye una actitud muy empática. Todos conocemos a alguien que se niega a rellenar su botella en una fuente o que se jacta con orgullo de que no necesita más de medio litro de agua ¡para luego pedirte de la tuya un rato más tarde! Por lo general llevar al menos un litro y medio por persona es una solución muy razonable.
Hipercomodidad
Uno de los fenómenos que envuelve a la sociedad actual y que por lo tanto como aficionados a la montaña también nos vemos afectados es la “hiperconveniencia”, en la que se busca consumir productos, servicios y sistemas que nos ahorren tiempo y aumenten nuestra comodidad. Podemos llegar a creernos más inteligentes que antes si utilizamos mejor nuestro tiempo, lo que a menudo nos vuelve pretenciosamente más exigentes como auténticos consumidores de actividades, pero también conlleva una disminución de espacios de reflexión para madurar sobre hacia dónde nos encaminamos como senderistas e individuos. La psicóloga madrileña Luciana Moretti, especializada en el cuidado del cerebro y en el alto rendimiento mental advierte en sus investigaciones de que si las sugerencias de los algoritmos nos dan todo masticado (por ejemplo imaginemos un listado de los mejores senderos para nuestras vacaciones) se reduce nuestra curiosidad y se limita la posibilidad de explorar sitios desconocidos, que no aparezcan en las webs que seguimos.
Si decides por los demás dónde vais sólo en función de lo que encuentras rápidamente en Internet quizás parezcas muy resolutivo/a, pero te perderás destinos cercanos poco divulgados pero muy gratificantes.







