Pedreras en montaña: cómo subir y bajar con seguridad y evitar accidentes

Aprende a moverte con seguridad por pedreras de montaña: tipos de terreno, técnicas de ascenso y descenso y consejos para evitar caídas y accidentes.

Pedreras en montaña: cómo subir y bajar con seguridad y evitar accidentes
Pedreras en montaña: cómo subir y bajar con seguridad y evitar accidentes

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Las pedreras pueden ser tanto nuestra pesadilla recurrente en zonas de alta montaña como el terreno intermedio que existe entre nuestra añorada cima y el camino: ¿cómo sobrevivir a ellas?

Por poco que te gusten las montañas terminarás cruzando, ascendiendo y descendiendo agradables u odiosas pedreras. No son una elección voluntaria ni evitable, pero están siempre ahí casi presintiendo tu llegada. ¿Qué nos espera exactamente?

TIPOS DE PEDRERAS

Existen varios criterios para clasificarlas, pero uno de los más prácticos agrupa 5 categorías:

1) Pedreras con grandes bloques o canchales. Muy habituales en alta montaña con terreno granítico. A menudo descienden desde la base de una pared rocosa o desde una cima aislada. Las encontrarás fácilmente en Gredos y Pirineos. Muy resbaladizas cuando llueve.

2) Pedreras de ladera más o menos empinada, abundan en terrenos calizos tipo Picos de Europa o montañas de Levante. La piedra es más pequeña, abrasiva, adherente y cortante que cuando transitamos por pedreras graníticas. Machacarán tu calzado, tanto en la parte superior (corte) como la suela.

3) Pedreras en canales muy anchas, de morfología similar a las de ladera pero a menudo con grandes bloques que a menudo han caído de las paredes de los laterales. Pueden parecernos demasiado largas e incluso desesperantes, pero tambien prometedoras si nos acercan con rapidez a la cima.

4) Pedreras encerradas en canales muy estrechas, normalmente más empinadas que las anteriores y por tanto con mayores riesgos. En las situaciones de fuerte pendiente con zonas herbosas o de roca descompuesta requerirán habilidad en trepada/escalada para subirlas y ocasionalmente hasta rapelar con una cuerda para descender los tramos más peligrosos. Si se encuentran en alta montaña seguramente tendrán los laterales descarnados, pulidos o muy agrietados por la acción de la nieve y el (en invierno forman canales helada o corredores que se ascienden con piolet y crampones).

5) Pedreras entrecortadas por resaltes. Son las más peligrosas, pues incluso una caída corta en un tramo poco empinado puede acabar en el vacío. Presentes en un número importante de rutas normales a cimas importantes de nuestra geografía y en descensos de vías de escalada de gran longitud. Son las que más accidentes graves y mortales originan, deben evitarse los itinerarios que incluyan este tipo de pedreras discontinuas con mal tiempo, si se trata de un grupo numeroso o si nuestros acompañantes poseen poca experiencia y también si porteamos una pesada mochila.

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CONSEJOS DE SEGURIDAD

Analizar visualmente la pedrera antes de subirla o descenderla. Puede no tener salida por arriba (terminar en una zona impracticable porque nos hemos desviado del itinerario o porque pretendemos atajar por terreno desconocido). Vista desde arriba, una pedrera puede parecer una bajada directa o sencilla, más rápida que el descenso habitual, pero finalizar en un cortado no detectable desde lo alto. Ésta constituye una situación de enorme peligro si descendemos muy deprisa, hay niebla, viento fuerte o es de noche.

A mayor pendiente, hay que flexionar las rodillas y mantener el centro de gravedad ligeramente hacia atrás (lo que incrementa nuestra seguridad en caso de que resbalen los pies y evitar caer de cabeza).

Si el terreno se vuelve delicado o más difícil conviene dar pasos cortos, previsualizar piedras bien asentadas y buscar rellanos donde recuperarse física y emocionalmente (pueden ser grandes bloques con superficie superior horizontal o repisas de tierra seguras).

Tanto en ascensos como en descensos empinados no marcados con hitos, es mejor progresar zizagueando para disminuir el esfuerzo y aumentar nuestra seguridad.

Cuando exista peligro real de desprendimiento de piedras, progresad por turnos y lejos de la vertical de compañeros/as que estén más arriba. El viejo consejo de todos muy seguidos o pegados para que una piedra suelta no adquiera más fuerza o velocidad ha causado más heridos de lo que se cree.

Conviene ponerse un casco de alpinismo en pedreras muy empinadas, sobre todo si llueve o hay otras personas por encima. Esto que a algunos puede avergonzarles por ejemplo si están llegando a un refugio de difícil acceso –por ejemplo con trepadas o que incluya tramos de cadenas, cuerdas y escaleras metálicas- puede salvar vidas.

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LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Una pedrera larga con piedra fina te puede permitir descender muy rápido e incluso divertirte si tu calzado se hunde parcialmente para luego mover la gravilla y frenarte automáticamente. En realidad es el tipo de pedrera que menos abunda, pero existir existe.

Por lo general llevar los brazos abiertos y apoyados en los bastones proporciona mayor estabilidad. Sin embargo en las pedreras de grandes bloques deben evitarse los bastones pues suelen atascarse en los huecos e inhabilitan las necesarias manos en caso de tener que traccionar de ellas para un paso concreto.

A menudo transitar por pedreras aparentemente no muy largas nos puede llevar de 1 hora a 1 hora y media para apenas recorrer menos de dos kilómetros, es el caso de la mítica pedrera de El Carreró en el Puig Campana (Alicante) y de otras tantas situadas en Sierra Nevada o en Los Pirineos catalanes, aragoneses y franceses.

Algunos mapas 1:25.000 con representación fidedigna de los escarpes incluyen dibujadas las pedreras principales y si tienen continuidad o no desde una cima hasta el suelo, lo que puede servir de gran ayuda en caso de extravío.