Apenas hace 11 meses que se batió el récord de viento en un lugar bien conocido por los aficionados a la montaña: 236 km/h en el Mirador de El Cable (Picos de Europa), situado a 1.847 metros en la estación superior del teleférico de Fuente Dé. Estos vientos huracanados cada vez están más presentes algunos días del año en alta montaña, pero también pueden aparecer con furia en cotas más bajas; ¿cuáles son las consecuencias de que haya más viento que en el anterior periodo “más tranquilo” (1978 a 2010)?
Puede tirarte
Frecuentar zonas altas cuando se han pronosticado vientos de más de 40 km/h no constituye una buena idea. Una racha de aire de apenas 60 km/h puede hacerte caer en el momento más inestable de tu zancada al caminar (cuando sólo apoya en el suelo una parte de los dos pies), estamos hablando de que un empuje de apenas 5 kilogramos es capaz de derribarte en una cresta, cima, ladera empinada o cruce de un tramo horizontal resbaladizo. Con vientos muy fuertes, de 70 km/h en adelante el riesgo de ser derribado es tan alto que debe evitarse salir o en caso de verse sorprendidos descender inmediatamente a zonas más bajas y resguardadas.
Hace más lento tu avance
Con el viento en contra y a partir de 30-40 km/h te costará andar sin fatigarte. En travesías largas por cordales puedes necesitar hasta el doble o triple de tiempo para llegar a tu destino.
Enfriamiento rápido
Suele obviarse que hay muchos más días de viento que de temperaturas bajas en las montañas españolas, siendo el periodo otoño-invierno-principios de primavera el más ventoso y el mes de agosto el que menos. El problema es que prestamos mucha mayor atención a las temperaturas previstas que a la velocidad del aire y que rachas de apenas 40 km/h pueden convertir 0ºC en una sensación térmica de -15ºC. Te interesa mucho más ir protegido con una chaqueta impermeable y transpirable combinada con una prenda de fibra que llevar un grueso plumífero.
Merma de audición
Escucharás mal a tu acompañante si no está junto a ti cuando la velocidad del viento exceda los 40 km/h. Si está alejado varios metros –algo habitual en escalada o en grupos grandes de senderistas- la audición resultará casi imposible aunque grites; el ruido continuado generado por rachas fuertes puede hacer perder indicaciones o advertencias valiosas en momentos delicados y dar por supuesto que nos han escuchado.
Caída de objetos
Si atraviesas un bosque en una jornada ventosa no es difícil que caiga alguna rama o piña, en especial en encinares y pinares últimamente afectados por diversas enfermedades que los debilitan. Combinado con lluvias muy prolongadas (como las 4 semanas seguidas de precipitaciones en buena parte de España en enero de 2026) es más fácil que un árbol frondoso sea derribado repentinamente a tu paso. Transitando bajo cortados rocosos no resulta imposible que el aire derribe alguna piedra o piedrecilla inestable situada en la parte superior.
Pérdida de equipo
Una ráfaga inesperada arrancará de tus manos tu chaqueta impermeable, un mapa o una colchoneta. Se han producido accidentes por intentar atrapar a la carrera objetos que ruedan ladera abajo.
Te mojas más
El viento favorece la penetración de las gotas de lluvia en tu vestimenta de varias formas: por aumento de la presión que puede exceder la capacidad impermeable del tejido o simplemente porque al cambiar el ángulo de la lluvia te mojas mucho más los pantalones –que rara vez los llevamos cubiertos que una tercera capa- de lo esperado. También en una tienda de campaña provoca que el doble techo contacte más con el tejido interior, reduciendo la transpirabilidad y humedeciendo los objetos que toquen con dicho textil, por ejemplo un saco de dormir o nuestra propia cabeza cuando estamos sentados.
Favorece decisiones erróneas
El cerebro busca sobre todo nuestra supervivencia y por eso desde la aparición del ser humano el viento genera sensación de inquietud y peligro inminente, que a su vez nos puede producir ansiedad o irritabilidad extremas. No permitas que alguien alarmado por un viento fuerte, pretenda que bajes por algún sitio peligroso o que se distancie demasiado de ti en un intento desesperado por llegar antes al coche.
Reducción de visibilidad
Combinado con lluvia fuerte o nieve (ventisca) puede conllevar no anticipar un cortado peligroso u obviar un hito alejado que indique el camino correcto y en ocasiones dificultar la localización de una persona extraviada.
Conducción peligrosa
Vientos racheados o laterales superiores a los 60 km/h desestabilizan a vehículos ligeros e incluso pueden sacar de la carretera o hacer volcar coches más pesados si se alcanzan los 100 km/h. La salida de los túneles de montaña o el adelantamiento de un camión también puede ponernos en peligro, por abandonar de golpe el efecto pantalla. Las recomendaciones de la Dirección General de Tráfico son tan sencillas como infravaloradas: con vientos fuertes reduce la velocidad y evita viajar con autocaravanas o remolques.







