Técnica

¿Cuándo hay que parar a descansar en montaña? Claves para saber cuánto y cuándo hacer una pausa

Descansar durante una ruta no es perder el tiempo: ayuda a recuperar fuerzas, prevenir lesiones y tomar mejores decisiones. Pero ¿cuánto conviene parar y cómo evitar que las pausas perjudiquen al grupo?

Tino Núñez

4 minutos

¿Cuándo hay que parar a descansar en montaña? Claves para saber cuánto y cuándo hacer una pausa

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Detenerse varias veces durante una actividad para descansar no es un mero capricho, constituye una necesidad. En estos tiempos de prisas, individualismos y grupos muy heterogéneos saber cuándo, cuánto y cómo pararse puede generar malestar por exceso de paradas… ¡o por su casi total ausencia!

Introducción: Seguro que todos conocemos a alguien que nos ha hecho la vida casi imposible en una bonita jornada, por sus continuas paradas a descansar, mirar el móvil o sacar comida de la mochila, pero también abunda cada vez más quienes pretenden que nadie haga descanso alguno. ¿Cuál es el equilibrio más razonable?

TIPOS DE PARADA

1) Para descansar, recuperarse parcialmente, no castigar en exceso músculos o articulaciones, secar o cambiarse una camiseta. Permite recomenzar más fresco, recorrer distancias mayores y con menos posibilidades de caernos que si no paramos. Buen momento para hidratarse, picar algo, disfrutar el paisaje, hacer nuestras necesidades, charlar o aclarar algún malentendido que es mejor no “rumiar” durante la marcha (si caminamos disgustados resulta más fácil tropezar).

2) Para orientarse en un cruce, consultar el mapa, preguntar a otras personas si nos hemos despistado, fijarse por dónde sigue el camino, cómo evoluciona el tiempo (muy importante si han pronosticado tormentas o lluvias intensas).

3) De urgencia. Atarse unos cordones sueltos, detenerse si estamos mareados –atención a los golpes de calor porque pueden acarrear consecuencias graves e incluso la muerte- o abrigarnos si nos estamos enfriando rápida y alarmantemente.

 

4) Parada de seguridad. Para colocarnos la linterna frontal si ya está anocheciendo, ponernos un casco en una trepada o descenso peligroso, sacar una cuerda con la que asegurarnos (formación previa imprescindible), evaluar un riesgo imprevisto tipo atravesar un nevero o un río muy crecido, sacar piolet y crampones de la mochila, un medicamento que calme algún dolor importante como un cólico nefrítico o un problema dental. Consensuar con los demás una decisión importante, como darse la vuelta, renunciar a una cima o cambiar el itinerario por aparición de imprevistos.

5) Parada preventiva: buscar un lugar para reponer agua o donde vivaquear antes de que se nos haga de noche, sacarnos alguna piedrecilla molesta del calzado (si la obvias te hará una herida), reasegurar objetos fijados en el exterior de la mochila, colocar más a mano tercera capa de lluvia o sacar una gorra de la seta antes de que nos dé una insolación, localizar con unos prismáticos un punto de interés: refugio, aparcamiento, fuente, cartelería, una mascota o una persona extraviada, llamar al 112 si observamos un fuego, etcétera. También los minutos dedicados a “desconectar” si hemos atravesado un terreno exigente y necesitamos descargar tensión emocional no constituyen un capricho.

CUÁNTO PARARSE

De forma general, detenerse 10 minutos cada hora de caminata representa un baremo razonable. Si ascendemos pendientes empinadas, con temperaturas superiores a los +30ºC o con vientos fuertes (por encima de 30 km/h) resultará más prudente realizar mayor número de paradas y preferentemente en lugares resguardados.

Niños y personas no habituadas a caminar (en este último grupo y por increíble que parezca entra casi el 95% de la población española) pueden requerir detenerse cada media hora e incluso antes si se trata de un ascenso empinado.

En los descensos resulta muy habitual que una parte considerable de las personas más o menos habituadas a la montaña no quieran detenerse, pese a que sufren bastante rodillas y tobillos, especialmente si se lleva una mochila pesada, se tiene sobrepeso o se camina con calzado deportivo inadecuado. Superar la hora y media de bajada empinada sin parar puede pasarnos factura, especialmente en terrenos irregulares o si la mochila excede los 10-12 kilogramos.

Pausas de 45 a 60 minutos para comer al mediodía cuando la jornada es larga resultan razonables, no hace falta protestar malhumoradamente ni meter prisa a los demás si la mayoría está de acuerdo en ese lapso de tiempo.

 

Los tiempos indicados en la cartelería nunca incluyen las pausas, ni tampoco los detallados en la mayoría de las publicaciones, salvo que el autor indique lo contrario. Esos descansos no cuantificados pueden alargar una actividad más de lo previsto y añadirse al problema generado por los horarios facilitados, a menudo optimistas o más válidos para individuos acostumbrados que para personas normales.

Dos son las actitudes más comunes pero reprochables a una parte de los aficionados: negar el descanso a alguien que lo necesita porque ellos se encuentran frescos o reemprender inmediatamente la marcha cuando llegan acompañantes rezagados, en realidad quienes esperan sentados ya han descansado y los que acaban de alcanzarles también necesitarán reposo, tanto para recuperarse como para no quedar aún más atrás.

Evidentemente si alguien se detiene excesivamente o en demasiadas ocasiones puede molestar y hasta perjudicar al grupo, pero antes de acusar a nadie de lento/a o de hacerlo por puro capricho hay que asegurarse de que no existe un problema real: sobrefatiga, malestar, miedo, ampollas, hipotermia o hipertermia, deshidratación, desánimo, tristeza o enfado.

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