Cuándo y cuánto descansar en la montaña

No dar al descanso en la montaña la relevancia que se merece es fuente de sufrimientos innecesarios y accidentes evitables

Tino Nuñez

Cómo y cuánto descansar en la montaña
Cómo y cuánto descansar en la montaña

¡Poca literatura encontrarás sobre tan necesaria pausa en nuestras actividades y sin embargo su importancia sólo la comprendemos en profundidad cuando ya es demasiado tarde! ¿Te da la impresión que a veces te llevan con la lengua fuera en la montaña o te cuesta pedir una “paradita” por miedo a parecer blando/a ante los demás? ¡éste es tu artículo!

TRES REGLAS DE ORO

Entre las más sencillas de seguir, figuran:

Parar regularmente. Detenerse 10 minutos cada hora si llaneamos o cada 45 minutos si estamos ascendiendo una cuesta son valores habituales si nuestro nivel físico es medio/bajo. Personas más entrenadas pueden detenerse cada hora y media o dos horas, siempre que no vayan sobrecargadas con mochilas muy pesadas (por encima de los 10-12 kilogramos) o no se camine por nieve profunda.

Al ritmo del más débil. Las paradas para descansar deben realizarse en el momento que lo necesite la persona con menor condición física, no cuando quien va primero/a decida que le viene bien parar. Si alguien se detiene por ejemplo a beber o a hacer sus necesidades,  es buen momento para un descanso grupal de al menos 5 minutos.

Atención al sueño. Tener somnolencia merma nuestra capacidad de reacción y reflejos tanto como ingerir demasiado alcohol, es más fácil tropezar, perderse o caerse. La mayoría de los individuos experimenta somnolencia transitoria al cabo de unas 8 horas de haberse despertado, sobre todo si se ha madrugado mucho o nada más realizar una comida copiosa (desaconsejable en montaña). Dormir como mínimo de 6 a y 8-8,5 horas la noche anterior en las condiciones más confortables posibles es imprescindible para comenzar descansado/a una nueva jornada ¡y por cierto: evita las pantallas del móvil o de la televisión los últimos 45 minutos antes de irte a dormir! Tener un sueño profundo y de calidad,

¿SIESTAS?

No encontrarás apenas bibliografía sobre echarse una “cabezadita” en plena actividad y al mediodía (suele mover a la risa) ¡y sin embargo tiene beneficios muy claros!:

  • En verano, te libra de los momentos más calurosos –a menudo entre las 14 y las 16 horas- y aleja el peligro de una hipertermia o golpe de calor, siempre que lo hagas a la sombra, claro.
  • Durante todo el año y sólo si las condiciones meteorológicas lo permiten posibilita disfrutar más de la segunda parte de la jornada y tener una visión menos acelerada de la actividad.
  • Llegar más descansado al coche  tras una siesta, permite una conducción de regreso más segura. Hay bastantes casos registrados en España de senderistas y montañeros que han sufrido un accidente grave o mortal en el viaje de vuelta porque el conductor no ha descansado lo suficiente antes de coger el volante.
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Diversos estudios muestran que las siestas más aconsejables no deben superar los 20-25 minutos, y que podemos automatizar el despertar ingiriendo, justo antes de tumbarnos, un café, debido a que es el tiempo promedio que suele tardar en hacer efecto. Evidentemente debemos evitar las siestas cuando el tiempo es dudoso, hay pocas horas de luz, el lugar elegido es inseguro o no hay acuerdo común.

Eduard Estivill, neurofisiólogo y especialista europeo en Medicina del Sueño afirma en su publicación on line “Un sueño reparador”: “(…) los romanos la denominaron siesta porque era en su “hora sexta” cuando se producía esta necesidad de dormir durante un corto lapso de tiempo. Por lo tanto, para completar un sueño normal de 8 horas es necesaria una siesta de 20 minutos como máximo. Dormir la siesta es siempre adecuado, pero no para suplir pocas horas de sueño nocturno”.

CONSEJOS IMPORTANTES

Entre las recomendaciones más sensatas, pero a menudo ignoradas, están:

No metas prisas innecesarias a nadie diciéndole que ya descansará cuando llegue al coche, salvo casos de extrema necesidad. No te dejes atrapar por la visión tan competitiva e individualista que predomina en la montaña; se debe evitar negar una parada a quien lo pide, sólo porque nuestro ritmo de avance sea mayor o tengamos un compromiso social/familiar a la vuelta. No tengas reparos en oponerte educada pero firmemente a alguien que impone a todos cuándo se descansa o cuándo se continúa.

Evita calzado pesado en excursiones fáciles, porque es un error llevarlo. Esos cientos de gramos de más en cada pie al final del día “pesan” como haber hecho un recorrido bastante más largo, lo que conlleva cansancio adicional e innecesario, aumento de paradas para descansar, menos disfrute…

En actividades enérgicas o intensivas de varias jornadas lo más común es descansar una jornada completada cada dos o tres días, en función de nuestra condición física, meteorología y gustos personales.

No dejes a nadie solo y atrás. En toda Europa (incluida España) se han registrado extravíos graves y fallecimientos, porque se deja descansando sola a una persona que se encuentra indispuesta o sobre fatigada, mientras el resto avanza hacia un objetivo y acuerdan “recogerla” a la vuelta o sugieren un insolidario “nos vemos luego en la cumbre”.

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