Consumir con responsabilidad

Los montañeros debemos ser ejemplo de consumidores inteligentes, priorizando la reducción de nuestro impacto en el medio natural

Tino Nuñez

Consumir responsablemente debe ser parte imprescindible de la cultura de montaña
Consumir responsablemente debe ser parte imprescindible de la cultura de montaña

Si bien la fabricación de productos reciclados o de bajo impacto denmaterial de montaña está creciendo estos últimos años, la realidad aún “duele”. Consumir inteligentemente como deportistas y ciudadanos responsables es vital si queremos conservar el medio natural ¿nos acompañas en nuestro periplo de medidas prácticas?

Con la actual pandemia, que amenaza gravemente la salud mundial, las críticas a nuestro insostenible ritmo de vida han bajado drásticamente. Los medios ya hablan mucho menos de lo que simboliza la activista sueca Greta Thunberg, del cambio climático o del comercio justo y de proximidad. Y sin embargo los peligros a los que podemos exponernos a medio plazo pueden tener más repercusión en la población mundial que una pandemia global o la peor de las crisis económicas…

¿HACIA DÓNDE VAMOS?

Hacia dónde vamos es una pregunta que no solemos hacernos muy a menudo, porque lógicamente estamos más preocupados en sobrevivir al día a día y en resolver los problemas inmediatos que en valorar cuestiones de mayor relevancia hacia medio-largo plazo. Cuatro son como mínimo las situaciones extremadamente preocupantes que se agravan año a año por un comportamiento inadecuado y egoísta:

- Contaminación de la atmósfera y del agua (mares y ríos). Sólo por la contaminación del aire que respiramos 8 millones de personas mueren cada año. Y 1.000 millones de coches circulando casi diariamente no contribuyen mucho a tener una atmósfera saludable…

- Calentamiento global. La subida de la temperatura media del planeta debido a la emisión de gases de efecto invernadero –el 80% es dióxido de carbono originado por la quema de combustibles fósiles como el carbón o el petróleo- trae consigo desastres naturales muy importantes, enfermedades, grandes desplazamientos de población y pobreza extrema.

- Agotamiento de materias primas. Para mantener el ritmo de producción y consumo actuales necesitaríamos tres planetas como la Tierra.

- Extinción masiva de especies. En sólo 100 años, por acción del hombre se han extinguido un gran número de especies animales y vegetales que habría tardado en desaparecer 10.000 años por desastres naturales. De todos los problemas que afectan al planeta éste es el que más consecuencias graves nos traerá y el más desconocido. Si en un año estamos perdiendo la biodiversidad que antes desaparecía en 100 años, el futuro pinta poco halagüeño. En Europa y Norteamérica han desaparecido la mitad de las aves en los últimos años, lo que no es ninguna broma y apenas es conocido por el gran público. Como la acción humana está modificando por primera vez los ecosistemas del planeta, algunos científicos insisten en que nos encontramos en una nueva era: el Antropoceno (que reemplazaría al actual periodo del Holoceno).

¡POBRE AGUA!

La huella hídrica es menos conocida por el ciudadano de a pie que la huella de carbono; cuando nos referimos a un bien de consumo es la cantidad necesaria en litros de agua dulce para fabricarlo, teniendo en cuenta que además se genera agua contaminada que después debe diluirse para poder verterse legalmente. En el etiquetajendel material de montaña aún parece que tardará mucho en aparecer el valor exacto de su huella ambiental, dato sensible que ya incluyen otros sectores productivos, como la alimentación, en países tan cercanos como Francia.

Algo tan aparentemente inofensivo como lavar nuestro forro polar libera una cantidadnenorme de microplásticos de poliéster que van a parar por el desagüe a plantasndepuradoras de tratamiento de agua, incapaces de filtrar esas microfibras, y que por tanto terminan en ríos y mares. Si pensamos en los miles de millones de prendas denforro polar que se lavan en el planeta anualmente, el fenómeno deja de parecer una broma…

La contaminación del agua potable y marina por microplásticos afecta incluso anproductos de consumo diario tan aparentemente inofensivos como la sal común, incorporándose a lo que comemos y estando ya presentes incluso en nuestra sangre, cómo han confirmado estudios toxicológicos realizados a destacados políticos y artistas de nuestro país,. Según Greenpeace España, aparte de una actitud responsable de los consumidores “… los gobiernos y empresas también tiene que liderar una eliminación de los envases de un solo uso, promocionar el sistema del retorno de envases y tomar iniciativas valientes que eviten en primer lugar la generación de este tipo de residuos.

UN APUNTE SOBRE LA ENERGÍA

Imaginemos un día cualquiera en una gran ciudad como Madrid, en la que cada jornada ¡se realizan 240.000 repartos de mercancías en vehículos! Su influencia en el aire que respiramos es terrible: las estimaciones más realistas hablan de un acortamiento de hasta 5 años de vida respecto a núcleos menos contaminados. En cualquier población, se precisa energía para distribuir alimentos y bienes de consumo, fabricar lo que necesitamos diariamente (y también el material deportivo que utilizamos en nuestro ocio), calentar nuestros hogares, desplazarnos y… ¡estar conectados, bien sea por trabajo o por entretenernos! Cada minuto en el mundo 2.500 millones de personas están conectadas en Internet, su consumo energético es equivalente al consumo total del sexto país del mundo. Igualmente, para mover tanta mercancía por el planeta, muchas veces a precios irrisorios y que no reflejan el coste ambiental real, se emplea una cantidad enorme de barcos, que son el mayor responsable de la contaminación en todo el mundo y que utilizan un combustible barato sumamente contaminante (el fuelóleo), que emite 3.500 veces más partículas de azufre que el diésel de un camión.

LAS CAMPAÑAS DE CONCIENCIACiÓN

Permitidme una pequeña anécdota personal, sobre la formación en material de montaña que imparto en aula a los futuros guías de montaña, barrancos y escalada de nuestro país. Cuando explico, habitualmente ya en la última clase, cómo consumir de forma responsable, para evitar que la compra de ciertos productos destinados a nuestra actividad en la naturaleza contribuya a dañar el medio que amamos, no pocas caras suelen ser de sorpresa y estupor. La mayoría de las reacciones que escucho resultan muy similares a las de muchos ciudadanos de a pie, porque aún no estamos lo suficientemente concienciados ni el medio ambiente parece una prioridad; van desde un prometedor “Vaya, me estás haciendo sentir mal al contarme esto, porque nunca me lo había planteado…” hasta un inmovilista “Ya, pero hay que vivir…”. Parece poco edificante que algunos/as estén más dispuestos/as a prestar muchas más horas de atención a dilucidar qué saco de dormir o furgoneta se compran para ir a la montaña que a informarse de cómo podemos impactar menos con nuestro deporte favorito (no todo el mundo acepta que la conservación del medio es más importante que su actividad recreativa).

Se echan en falta campañas de concienciación de calidad y continuadas tanto por parte de la administración como de las federaciones de montaña o asociaciones deportivas y clubs. Y en cuanto a las asociaciones conservacionistas o ecologistas, aunque sí tratan de forma bastante técnica las consecuencias de nuestro mal comportamiento y cumplen una importante labor, a menudo no logran captar la atención de la mayoría, bien por la falta de atractivo en sus comunicaciones o por un catastrofismo beligerante que aburre más que convence.

La línea iniciada en Alemania hace una década para una producción de material de montaña más respetuosa con el medio ambiente (con bastantes artículos con el certificado ecológico Bluesign) y el sello algo más generalizado en Europa certificado Oeko-Tex para textiles (que evita las sustancias nocivas), aún tienen muy poco “tirón” en la venta de productos en España y son quasi desconocidos para la mayoría de los senderistas, montañeros, barranquistas, espeleólogos, escaladores y amantes de la bttt, que sin embargo sí empiezan a valorar más –aunque lentamente- el Made in Spain frente al Made in China.

CAMBIA TU COMPORTAMIENTO

Eres sobre todo lo que haces, no lo que dices ni lo que piensas. Las redes sociales nos hacen creernos individualmente más importantes de lo que en realidad somos y muchas veces nos quedamos en poco más que en una queja ambiental acalorada o peleas absurdas con desconocidos. No debemos desperdiciar nuestra energía y tiempo de vida en actuaciones repetitivas que no se concretan en algo realmente beneficioso para nuestro entorno. ¿Qué podemos hacer a nivel individual?

1) Habla y escribe menos en Internet ¡y actúa más! No te preocupes… ¡ocúpate!

2) Nuestro estilo de vida diario es más impactante que nuestro ocio deportivo, comienza por analizar cómo vives, qué consumes dónde resides, a quién compras tus alimentos y ropa, cómo te desplazas a los sitios (por desgracia el transporte colectivo no es lo más indicado ahora en plena pandemia), donde está fabricado lo que compras (¿a 12.000 kilómetros en China o en tu propio país?). cómo se comportan ambiental y laboralmente con sus empleados tus marcas favoritas…

3) Evita los envases de un solo uso, como botellas y vasos desechables, bolsas de compra o el envasado en plástico de los alimentos. Puedes llevar a la montaña una botella de acero inoxidable de paredes finas para rellenarla en casa en vez de la costumbre cada vez más extendida entre los senderistas de comprar agua mineral en envases de plástico.

4) Prioriza la compra en tiendas físicas cercanas frente la compra por internet. Confiar en el pequeño comercio minorista vertebra las zonas en las que vivimos, reparte la riqueza y protege más nuestra sociedad. Las grandes multinacionales de distribución y venta on line, a menudo tributan muy poco en nuestro país y pagan casi todos sus impuestos en otras naciones; simplemente por la comodidad de recibir un paquete en tu casa no se justifican los perjuicios que generan. El estado español no consigue recaudar lo que debería de los 10.000 millones de euros anuales de los 200 millones de paquetes entregados recientemente en los domicilios de los ciudadanos por esas multinacionales, que además sólo emplean a la décima parte de trabajadores que las empresas de aquí. La bióloga Ángeles Nieto, alma mater de Ecologistas en Acción y una de las figuras más coherentes del conservacionismo español, siempre ha defendido la falta de involucración personal: “Los ciudadanos debemos hacer cumplir sus compromisos ambientales a la administración y no lo hacemos, ni nos interesamos ni lo exigimos”.

UNA MEDIDA MUY SENCILLA

Si conservas tu ropa 1 año o 2, en vez de cambiarla continuamente (y ahí entra la problemática ambiental de la vestimenta de bajísimo precio) estarás ahorrando casi un 25% tu huella de carbono (emisión de CO2). La ropa de montaña de buena calidad suele brindar mayor protección y dar mejor resultado en cuanto a movilidad, impermeabilidad o transpirabilidad, resistencia al desgaste y a los lavados que las prendas que cuestan la cuarta parte. Es una conducta irresponsable creer que es mejor comprar tres o cuatro prendas poco longevas que durarán el equivalente a una de buena calidad, porque tanto el medio ambiente como los trabajadores que la hayan confeccionado sufren las consecuencias de nuestro comportamiento. Greenpeace España aclara al respecto: “…no solo ahorraremos dinero, también agua y materias primas. Evitamos que los químicos y los pesticidas dañen los ríos, el suelo y la vida silvestre, y estaremos recortando el uso de combustibles fósiles y la carga de la industria textil en el planeta.” Mercedes García Vinuesa, de la fundación española Melior (creada para promover y acelerar el cambio hacia un mundo mejor) recuerda que “…la gente debería replantearse qué hay detrás de los productos excesivamente baratos. Sólo hay miseria y sufrimiento”.

¿QUÉ MÁS PODEMOS HACER?

La medida más importante de las famosas tres erres –reciclar+reducir+reutilizar- es reducir, consumir menos, posiblemente la medida menos vistosa y aceptada por los ciudadanos, que prefieren exhibir en las redes que utilizan productos reciclados que enfrentarse a una reducción de sus compras o analizar seriamente su estilo de vida. A menudo el miedo infundado a empeorar la calidad de vida por no renovar casi continuamente nuestros bienes de consumo (por ejemplo una mochila hiperligera que en realidad durará la tercera parte) o la reticencia a renunciar ocasionalmente a comprar todo lo que nos gusta más temprano que tarde, está detrás de la resistencia a dar ese primer paso. Estar informados sin obsesionarnos ni “evangelizar” a quienes estén cerca y mejorar progresivamente nuestra sensibilidad ambiental es más fácil… ¡y reconfortante! de lo que parece.

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