La tormenta perfecta. Apuntes de meteorología

Francisco Javier González -
La tormenta perfecta. Apuntes de meteorología
La tormenta perfecta. Apuntes de meteorología

(Fotografías: Mikael Helsing)

¿Hará buen tiempo mañana? ¿Estará embarrado el camino? ¿Nevará antes del fin de semana? ¿Nos pillará la tormenta antes de llegar al refugio? ¿Salimos aunque haya niebla? ¿Parará de soplar el viento? Una de las connotaciones más importantes de la palabra outdoor aplicada al deporte está, precisamente, en su significado: se desarrolla al aire libre. Y todos sabemos que ese detalle es el responsable de que en nuestras escapadas y correrías siempre haya un factor que nos condicione, y mucho: la meteorología.

Niebla, vientos fuertes, tormentas, deshielos, lluvias intensas, olas de frío, nevadas, aludes… Ya estemos practicando trekking, escalada, kayak o rafting, parapente, espeleología o esquí, en casi ningún caso lo estaremos haciendo en un espacio inmune a los riesgos inherentes a los entornos naturales. Estamos “jugando” en la naturaleza, y aquí la meteorología tiene mucho que decir, y a veces de las formas más bruscas y violentas. No saber escuchar e interpretar los signos de la meteorología, o no saber actuar en caso de que algún fenómeno nos sorprenda en plena "faena", puede acarrear graves consecuencias. Por ello, no sólo es importante salir ahí fuera bien equipados, y formarnos técnicamente antes de afrontar cualquier reto en nuestras escapadas; a todo ello, los deportistas outdoor debemos aunar ciertos conocimientos meteorológicos como un factor más de seguridad y, como no, de disfrute. Mientras preparamos nuestra actividad en casa podemos –y debemos– consultar la información de los servicios meteorológicos, pero una vez que estamos al aire libre debemos seguir estando atentos a cambios inesperados o condiciones meteorológicas no previstas. En montaña, los fenómenos meteorológicos pueden evolucionar muy rápidamente, y normalmente son más vehementes que en las llanuras… Siempre hay que procurar informarse con partes específicos de la zona montañosa que vayamos a recorrer, y tener en cuenta que por causa del relieve, el tiempo puede ser notablemente distinto en puntos situados a pocos kilómetros de distancia. Toparnos con malas condiciones meteorológicas crea riesgos adicionales a nuestras escapadas, que sin duda aumentan en dificultad. Algo que, seguramente todos hayáis podido comprobar en vuestras propias carnes ¿verdad? Vamos con unos cuantos datos, consejos y trucos sobre distintos fenómenos meteorológicos. Y no dudéis en formaros al respecto con alguno de los libros que os recomendamos al final del artículo.

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Viento

Por las paredes de las montañas y a lo largo de los valles circulan corrientes de aire –tanto ascendentes como descendentes- a menudo sometidas a bruscos cambios de intensidad y/o dirección. Se trata de un fenómeno que puede no haber sido predicho del todo por los partes meteorológicos, y que puede afectar de forma peligrosa si además lo unimos a otros fenómenos como la lluvia, el frío o la nieve. Aunque a priori pueda parecer un factor sólo relevante para los pilotos de parapente o ala delta, lo cierto es que a cualquier montañero que progrese por un sitio expuesto (como una cresta o un collado) o que pase por un terreno difícil o inestable, también le puede comprometer.

¿Sol o lluvia?

Para lluvia:

Se forman nubes en cantidad y tamaño.

Se acelera el movimiento de las nubes.

Las nubes de las capas superiores se mueven en distinta dirección que las de capas inferiores.

Para sol:

Cielo azul, sin viento.

Cielo blanco, nubes muy altas y sin viento.

Cielo plagado de filas de nubes “de algodón”

Lluvia. Como bien saben kayakistas y espeleólogos, incluso un chubasco puede provocar un repentino aumento del caudal de ríos y cursos de agua subterráneos. Los montañeros sabéis de primera mano que la lluvia -además de incómoda si no se va bien equipado- provoca que el suelo esté más resbaladizo, y aumenta el riesgo de caída de piedras. Los esquiadores y snowboarders de montaña, seguro que están al tanto del aumento del riesgo de aludes tras una generosa lluvia sobre las laderas nevadas.

Nubes

Las nubes son uno de los signos más claros de los acontecimientos que ocurren en la atmósfera y de lo que puede acontecer en un futuro inmediato. Los tipos de nubes, su velocidad y altura aportan importantes pistas sobre el tiempo que se avecina:

Cúmulos: Los cúmulus (en latín) son las típicas nubes que solemos llamar “de algodón”. Los cúmulos pueden formarse solos, en filas o en grupos, y dependiendo de los efectos de otros factores atmosféricos, como la inestabilidad, la humedad y el gradiente térmico, son precursores de otros tipos de nubes, como el cumulonimbo. Los cúmulos corresponden al buen tiempo cuando hay poca humedad ambiental y poco movimiento vertical del aire. En el caso de existir una alta humedad y fuertes corrientes ascendentes, los cúmulos pueden adquirir un gran tamaño llegando a originar tormentas y aguaceros intensos. Cuando estos crecen en tamaño y sobre todo en desarrollo vertical, se forman los denominados Cumulonimbos, que son las nubes típicas de las tormentas intensas pudiendo llegar a producir granizo.

Estratos: Las nubes estratos son uniformes, de color gris y cubren casi todo el cielo. Generalmente parecen niebla que no llega a tocar el suelo, y se les asocia con neblinas ligeras o lloviznas. Durante el otoño e invierno los estratos pueden permanecer en el cielo durante toda la jornada dando un aspecto lúgubre al cielo. Durante la primavera y principios del verano aparecen durante la madrugada dispersándose durante el día, lo que indica buen tiempo.

Cirros: Las nubes cirros son las más comunes en el grupo de las nubes altas, y parecen largas, finas y livianas cintas. Usualmente son blancas y predicen buen tiempo. Sin embargo, las nubes cirroestratos usualmente aparecen 12-24 horas antes de una lluvia torrencial o una tormenta de nieve. Esto es especialmente cierto, si un grupo de nubes medias aparecen asociadas.

Tormentas

Que te pille una tormenta en plena montaña no es agradable, e incluso puede ser peligroso. Antes de que se desarrollen nubes de tormenta, podemos prestar atención a los siguientes indicios:

Humedad en las zonas bajas: nieblas en los valles al amanecer, o precipitaciones el día anterior.

Corrientes convectivas: días despejados con temperaturas cálidas a mediodía, o viento racheado indicativo de ascendencias de aire.

Inestabilidad creciente: presión en descenso al mediodía.

Nubes cumuliformes con rápido desarrollo vertical. (Cumulonimbos)

Condiciones de inestabilidad en capas medias y altas de la atmósfera: abundantes nubes medias y altas, o estelas de condensación de aviones persistentes.

Viento en altura que haga de aspiradora de las capas bajas: nubes altas con formas fibrosas o de gancho, o nubes medias en forma lenticular.

Variaciones de temperatura

En montaña se pueden dar repentinos cambios de temperatura, y saber preverlos en cierta medida puede ser de gran utilidad. Para ello, es importante el conocimiento de la altitud de la isoterma de 0º, que es la línea que nos marca los puntos de altitud en los que la temperatura es de cero grados centígrados. Es, además, una señal que nos indica si el aire es más o menos frío en altitud, y cuyas fluctuaciones acompañan los cambios de masa de aire que pueden indicar una perturbación.

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Efecto Foehn

Cuando una masa de aire se topa con una cadena montañosa se ve obligada a ascender para sortearla. El aire al ascender por la ladera de barlovento se enfría y puede llegar a condensarse formando nubes e incluso precipitando. Este aire ascendente saturado de humedad, se enfría a un ritmo aproximado de 5º C cada 1.000 metros de subida. Es decir, que si el aire tiene que remontar una cadena montañosa de 2.000 metros de desnivel, al llegar a la cima se habrá enfriado 10º C. Esa masa de aire, al ir perdiendo humedad por precipitación o condensación en la vegetación, llega arriba más seca y empieza a descender por la ladera opuesta, la de sotavento. Durante este descenso, el aire ya más seco, se va calentando a un ritmo de aproximadamente 10º C por cada 1.000 metros de bajada. Esto quiere decir que cuando el aire desciende hasta el fondo del valle se habrá calentado más de lo que se había enfriado en la subida. Si el aire desciende esa misma cadena montañosa de 2.000 metros de desnivel, se habrá calentado 20º C. A este viento más seco y más cálido que llega al otro lado de las montañas, se le denomina “viento Föhn”.

El viento “Föhn” puede condicionar el desarrollo de nuestras actividades al aire libre, y deberemos tener en cuenta sus efectos, que pueden ser las avenidas de agua, insolaciones o el aumento del riesgo de aludes. En nuestra geografía, debido a la cantidad de cordilleras que existen, estos vientos tienen gran importancia. Por ejemplo, cuando los vientos fríos y húmedos del norte riegan la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, a la meseta norte y al valle del Ebro sólo le llegan aires secos y templados. O cómo los vientos de levante llevan la lluvia hasta el Sistema Ibérico, pero en la zona centro no cae ni una gota y las temperaturas suben.

Nieves y aludes

Las precipitaciones en forma de nieve tiene varios efectos que condicionan nuestra actividad: básicamente estos son el frío, la reducción de la visibilidad y, si la acumulación de nieve es abundante, el riesgo de avalanchas. Los esquiadores de montaña, en constante busca de palas de nieve virgen, saben que distintos fenómenos meteorológicos como el viento, la lluvia o el calor, son condicionantes en la evolución de las condiciones del manto nivoso. La suma de muchos factores (como por ejemplo la pendiente) a esas condiciones del manto hacen de una ladera nevada más o menos proclive a los aludes. Una medida básica de prevención es saber entender e interpretar los boletines de riesgo de aludes. Su consulta debería ser obligatoria siempre, siempre, siempre que se vayan a progresar por cualquier medio (a pie, en raquetas, esquís…) por terreno de montaña nevado. La escala europea de riesgo de aludes consta de cinco índices, y es importante saber qué conlleva cada uno, y siempre siendo conscientes de que en montaña, el riesgo cero no existe. De hecho, curiosamente el mayor porcentaje de accidentes en aludes se da con riesgo 3 y no con riesgo 5, probablemente por la sensación de falsa seguridad que puede –erróneamente- interpretarse de un índice menor…

Niebla

Niebla en el valle, montañero a la calle. Niebla en la montaña, montañero a la cabaña”. Un dicho que guarda sabiduría en sus palabras, ya que las nieblas formadas en los fondos de los valles son de radiación, y están asociadas a situaciones anticiclónicas y estables, por lo que es de esperar que a lo largo de la jornada se disipen con el aumento de temperatura. Sin embargo, las nieblas orográficas y frontales suelen formarse primeramente en las cumbres de las montañas, cuando una masa de aire más fría o más húmeda se nos echa encima. Esta situación suele predecir un empeoramiento del tiempo que además se generalizará, especialmente si el viento aumenta en zonas altas.

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Las pistas de la naturaleza

Es obvio que la naturaleza reacciona a los cambios climáticos y meteorológicos, y son muchos los animales que parecen presentirlos… vamos con algunos ejemplos (que pueden ser falibles o infalibles).

- Los grillos ruidosos, el aumento de moscas en las casas, las picaduras de mosquito, las arañas que salen de sus nidos, el croar incesante de las ranas o el cacareo de las gallinas en el corral antes de la puesta de sol, pueden ser signos de que se avecina lluvia.

- Las aves migratorias como los gansos vuelan más alto con buen tiempo que con mal tiempo. Y por lo general, los pájaros se cobijan más en sus nidos durante una bajada de presión. Además, grandes bandadas de pájaros que vuelven a sus nidos puede ser presagio de un huracán.

- Cuando las ovejas suben a las colinas y se dispersan, es presagio de buen tiempo; justo al contrario de cuando balan y buscan refugio, en cuyo caso habrá que encerar las tablas para disfrutar de la nevada que se acerca.

- En cuanto a las vacas, se dice que lloverá antes del atardecer si no van a pastar por la mañana, así como que ““Cuando la vaca tiene su cola hacia el oeste, el tiempo irá a mejor; y cuando la vaca tiene la cola hacia el este, el tiempo es el peor”.

- Dicen algunos pescadores, que cuando se espera lluvia los peces nadan cerca de la superficie y pican más pronto, aunque si lo que se avecina es una tormenta eléctrica otros dicen que se quedan inactivos y no hay manera de que piquen… Por otro lado, en la mar también se dice “Delfines que mucho saltan, viento traen y calma espantan”.

¿Cómo debo salir a la montaña?

Como ya hemos señalado, en montaña la meteorología puede cambiar muy rápidamente, y si no se toman precauciones un golpe de frío –o de calor- puede tener graves consecuencias. Es por ello que tanto insistimos en estas páginas que tanto en verano como en invierno el equipo personal debe estar adaptado a los potenciales cambios de temperatura. En nuestra mochila nunca debería faltar material que nos prevenga contra una bajada brusca de temperatura (forro polar, guantes e incluso manta isotérmica); contra los efectos del viento, la lluvia y la nieve (cortavientos, calcetines de repuesto e incluso polainas); y contra los efectos del sol (gafas, gorro, crema de protección solar). Por último, nunca deberíamos olvidar un mapa, una brújula y, por supuesto, una cantimplora con agua.

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¡Ojo al barómetro!

Para medir la presión atmosférica se utilizan los barómetros, que muchos relojes y ordenadores de muñeca incorporan entre sus funciones. La presión disminuye con la altitud debido a la menor densidad y altura de la columna de aire, llegando a ser la mitad aproximadamente a los cinco mil metros. Por esta razón, a medida que ascendemos nos encontramos con una atmósfera de menor presión. Nuestros relojes y altímetros detectan estas diferencias de presión y hacen un cálculo de la variación de altitud con respecto a un modelo de atmósfera tipo, por lo que obtenemos un valor aproximado de altitud (pero siempre que podamos debemos ajustar esa altitud con alguna referencia conocida como un refugio o un vértice geodésico). Así pues, si estando a una altitud fija observamos en nuestro barómetro un descenso claro y continuado de presión en las últimas horas, podemos suponer que una zona de bajas presiones se aproxima y el mal tiempo será el protagonista. Cuanto más brusco y fuerte sea el descenso, mayor el empeoramiento, así que ¡ojo al barómetro!

 

Bibliografía:

- La meteorología de montaña. Autor: Jean-Jacques Thillet. Editorial: Martínez Roca.

- Manual de Meteorología. La montaña. Autores: Carles García Sellés ; Francesc Vilar Bonet Editorial: Alpina.

- Meteorología. Cómo prever el tiempo en montaña Autor: Joaquín Colorado Editorial: Ediciones Desnivel.

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