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La empatía es una capacidad intelectual y emocional que nos permite establecer relaciones más eficaces o profundas con los demás, pero no siempre está presente en nuestras actividades. ¿Qué tal nos comportamos con nuestros acompañantes, somos lo suficientemente autocríticos para valorar nuestra manera de actuar?
SER UNA MALA COMPAÑÍA ES…
- No esperar a quien va más lento. Siempre caminas por delante, alejado de los demás, simplemente porque es tu ritmo y claro: no lo vas a romper sólo porque no estén tan en forma como tú, porque tienes una prisa de la que los demás carecen (o cuya motivación deberías haber explicado antes de salir por pura educación). Y si no conoces el camino, pero quien va detrás sí, prefieres ir delante, aunque te equivoques de bifurcación o perjudiques a quien prefiere darse la vuelta ante un imprevisto, como encontrarse mal o tener miedo en un terreno difícil.
- Sólo te parece acertado lo que tú piensas. Necesitas salir con mal tiempo a tu objetivo previsto, porque no quieres posponerlo a una fecha más adecuada ni cambiarlo por un destino con mejor meteorología, quizá no tan interesante para ti pero sí más razonable para los demás. Prefieres bajar por atajos desconocidos y demasiado empinados para tus compañeros/as a seguir el camino habitual, pues valoras por encima de todo llegar antes a casa para evitar una discusión o simplemente estar más horas en tu bar favorito (verídico).
- Ir de líder, cuando en realidad no lo eres. Si algo marca un antes y un después en la montaña respecto a finales del siglo XX es que actualmente hay demasiada gente que se cree más preparada de lo que está ¿y por qué no decirlo? con un individualismo exacerbado y un afán de notoriedad injustificado. La necesidad de ser popular, de parecer muy experimentado, de auto empoderarse en la montaña a veces arrastrados por el protagonismo que buscamos en las redes sociales, quizá el afán en titularnos como guías o profesores de escalada pese a nuestro limitado bagaje o simplemente un exceso de entusiasmo, puede convertirte en alguien insufrible para tu grupo.
- Presumir continuamente. La montaña en nuestro país es a veces un fiel reflejo de cómo es parte de nuestra sociedad: personas vanidosas que abruman a los demás glosando sus supuestas cualidades o logros, que dan consejos continuamente sin que resulte necesario ni se los haya pedido nadie. Si no te gusta que te aburran con los “Yo… y porque yo… y entonces yo…” no se lo hagas a otros/as. No hace falta que decidas si debes ser más humilde o no, porque la montaña te va a obligar a ello.
CÓMO CONVERTIRSE EN MEJOR COMPAÑERO/A
- Ser positivo y ayudar. Incluso cuando todo no salga según lo previsto, muy posiblemente estarás más a gusto en el campo que en tu casa, ya sea por la compañía, paisaje, vivencias u oportunidad de aprender algo. Instalarte en la queja permanente te convertirá en alguien a evitar. Ayudar a alguien menos preparado, con experiencia limitada, que ya sabes de antemano que repite ciertos errores (como no llevar agua y por eso le entregas al principio una botella extra que traes de casa en exclusiva para él/ella) o con desánimo ante algún contratiempo, es lo menos que puedes hacer por quienes comparten su valioso tiempo contigo.
- Pide permiso siempre. Desde preguntar para aparcar donde no moleste en el pueblo hasta para sentarte en la mesa de un refugio con gente ya comiendo, indaga si les parece bien o si hay otra alternativa. No adelantes en caminos muy estrechos sin avisar ni te cueles en una fuente para llenar antes tu botella. Tampoco muevas mochilas ajenas sin motivo o sin pedir permiso antes, ya sea en un refugio, transporte público o pie de vía de escalada.
- Discúlpate si tus acciones puedan molestar o perjudicar. Por ejemplo al destrepar por una vía normal concurrida y en la que exista poco espacio, si tu mascota va suelta (en muchos espacios naturales está prohibido) y ladra o asusta a alguien, también por cualquier incomodidad que hayamos generado a los demás sin pretenderlo: grupo ruidoso, coche mal aparcado y que dificulte el acceso a una finca, rozar a otra persona con nuestros bastones…
- Mejor comprender que juzgar. Todos, independientemente de nuestra forma física y experiencia, podemos cometer errores, porque entre otras cosas la montaña es un terreno complejo y cambiante. Conviene evitar el opinar precipitadamente en las redes cuando hay un rescate (“Que le cobren” se lee demasiado a menudo) o fallecimiento, porque seguramente hay circunstancias y detalles que desconocemos. El cerebro como autodefensa te hace creer “Esto a mí no me va a pasar nunca”, pero posiblemente no resulte tan cierto.
