Progresión en ensamble

Una técnica que requiere conocer de antemano los pros y contras de su utilización en cada caso, así como las precauciones que se deben adoptar.
Joaquín Colorado Sierra -
Progresión en ensamble
FOTO: Pierre Jacques / Hemis.fr / Aurora Photos

Una de las imágenes que más se asocian al alpinismo es la de un grupo de escaladores progresando por una montaña unidos por una cuerda. Pero, además de un poderoso símbolo, progresar en ensamble es una técnica que requiere conocer de antemano los pros y contras de su utilización en cada caso, así como las precauciones técnicas que se deben adoptar. ¿Progresamos juntos?

Cuando los miembros que integran una cordada progresan todos ellos a la vez y conectados de alguna manera a las cuerdas, se dice que lo hacen "en ensamble". La palabra "ensamble" proviene del francés “ensemble”, que significa "juntos". Es por ello que, a pesar de lo extendido de su uso, hay otros autores que prefieren denominarla "progresión simultánea", acepción más propia de nuestra lengua.

Los escaladores realmente expertos rara vez se aseguran en pendientes nevadas (no me refiero a vías completas, aunque también), incluso de inclinación moderada-alta: confían en su experiencia y posibilidades de auto-detención. El nivel de concentración en estas situaciones suele ser más elevado que cuando tu seguridad depende de terceros. Pero también puede darse el caso de alguien con conocimientos y/o forma física limitados, que pudiera necesitar de la protección "vía cuerda" del compañero más experimentado.

Progresión en ensamble

Progresión en ensamble

En un medio como el propio del alpinismo, moverse con rapidez es una garantía de seguridad: sobre un terreno tan variado y cambiante, pararse a cada momento a meter un anclaje, y progresar siempre de uno en uno, puede no resultar la mejor opción. En grandes paredes, la lentitud nos hará muy, pero que muy vulnerables a los aludes del atardecer o imprevistos meteorológicos. Hasta aquí, argumentos que inclinan al uso de la progresión simultánea frente al sistema "en cordada"; pero ¿cómo hacerlo correctamente?

¿Una cuerda por sí sola...? ¡Te arrastrará...!

Está más que comprobado: la sola presencia de una cuerda empleada para unir dos masas o cuerpos, contribuirá únicamente a trasladar la carga de uno a otro. Si esto lo llevamos a un plano inclinado y deslizante, dicha transferencia de peso junto con la fuerza de la gravedad producirán ese desenlace tan inesperado como, ya en ese momento, irremediable. No es más que la causa de tantos accidentes ocurridos en montaña durante décadas, achacables tan sólo a la fatalidad y al destino, es decir, algo así como que ¡¿hubieran podido evitarse?!

Por otra parte, en el caso de pendientes nevadas, el recurso de la auto-detención sólo hubiera sido eficaz si todos los miembros de la cordada hubieran logrado hacerlo al mismo tiempo. Y como demostró el alemán Pit Schubert (Responsable de Seguridad en la Federación Internacional de Montañismo y Escalada) hace algunos años durante numerosos ensayos llevados a cabo con tal motivo: nunca pudieron observar una frenada sincronizada en una ladera de cierta inclinación; "probablemente (dice Pit), esto sólo sea posible de forma fortuita".Resulta por tanto imprescindible combinar adecuadamente cuerda y seguros (anclajes en el terreno), para que la cuerda nos sirva de algo positivo al utilizarla en "ensamble".

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Los seguros

Según el momento en que las circunstancias aconsejan su presencia, serán de tres tipos:

A) Potenciales: No estaban antes de que la caída tiene lugar, es decir, se hacen al mismo tiempo. Obviamente, son los de más complicada factura por su inmediata solicitud, y por ende, los que requieren más práctica previa al depender en gran medida del reflejo de quien va a asegurar. Ejemplo: piolet-cadera. Estos seguros son muy válidos para pendientes abiertas (por su posibilidad de progresar en diagonal), aristas (¡de nieve!) y glaciares.

B) Rápidos: También son "sobre la marcha", pero se colocan premeditadamente a título preventivo antes de cualquier posible caída al superar, por ejemplo, un resalte vertical en mitad de una arista sencilla. En nieve que no sea dura, el propio piolet-cadera es igualmente válido. Si no, el piolet-bota. Y cuando la nieve está helada o hay hielo, tornillo-bota, o aseguramiento al piolet clavado por el pico. Si lo que tenemos es roca, un buen anillo rodeando un sólido bloque o puro de roca reunirá los requisitos de rapidez y eficacia requeridos en este caso. Ante situaciones aún más rápidas, y si los bordes del bloque no están afilados, la propia cuerda abrazándolo pudiera servirnos. Suelen emplearse en multitud de situaciones, en cualquiera de las cuatro configuraciones contempladas: pendientes, corredores, aristas y glaciares.

Progresión en ensamble

Progresión en ensamble
  • Están recomendados sólo para caídas de bajo factor (segundos, travesías...). Si la zona que se recorre en ensamble es muy fácil (inclinación muy baja, enganches constantes de cuerda, varios cambios de dirección) lo más recomendable será reducir al mínimo (6-8 m) la distancia de cuerda que separa a los escaladores. Cada uno recogerá en bandolera alrededor de su tórax la cuerda sobrante... ¡rematándola convenientemente al arnés! El que va primero llevará siempre la cuerda que sale a su compañero cogida con la mano, con una doble finalidad: mantener una semi-tensión constante sobre su compañero para poder "sentirle" y así anticiparse a su posible caída, y para que en tal caso el primer tirón no lo reciba su cuerpo y le desequilibre.

C) Intermedios: no necesariamente tan rápidos como los anteriores, equivalen a los mismos seguros que colocaría el primero entre las reuniones de una progresión en cordada. Obviamente, cualquiera de los anclajes empleados en escalada para nieve, hielo y roca son válidos. Están especialmente indicados en el caso de corredores o canales heladas.

  • Son válidos para caídas de mayor factor (un primero). Se supone que la caída sigue siendo muy poco probable (¡por eso hemos decidido ir en ensamble!). Siempre habrá colocados al menos dos seguros entre cada miembro. Aquí sí será mejor alargar la distancia de cuerda entre ellos, para darle al primero más independencia en este tipo de maniobras y porque, en caso de caída, la fuerza de choque que recibirá el seguro previamente colocado será mucho menor. En caso de cordada de tres, el segundo, antes de sacar su cuerda del seguro, deberá pasar por el mosquetón primero el tramo que le une al tercero, para evitar momentos de desprotección absoluta. Esta configuración no evita que uno pueda arrastrar momentáneamente al otro hasta que los seguros tensen las cuerdas, y por tanto provocar daños. Hay técnicas para evitarlo, pero muy avanzadas. Por eso, no está de más insistir en la necesidad de comunicación entre los miembros de la cordada, y si fuera necesario que el primero o el segundo se detengan e instalen nuevos seguros para mejor proteger y protegerse, si alguno de los miembros no lo ve claro antes de que sea demasiado tarde.

Estos tres tipos de seguros tienen una semejanza importante: en ningún caso pueden considerarse "técnicamente" como reuniones.

Anillos de cuerda... ¿cuándo y cómo?

Colocados tres o cuatro en torno a la mano más libre (generalmente la orientada al valle), nos aseguran un margen de maniobra, en caso de caída del compañero, para montar eficazmente el seguro rápido. Al mismo tiempo, mientras se cierran sobre la mano, suponen un interesante punto de absorción de la energía que vamos a recibir y que tenemos que amortiguar para detener la caída. Pero este recurso se contrapone con la idea de la "semi-tensión" constante: si cae alguien que lleva anillos en la mano, el factor de caída será mucho mayor que si no los hubiera llevado y la cuerda hubiera estado semi-tensa. Por tanto, el uso de los anillos como recurso ante una posible caída, sólo es recomendable en el caso de progresiones en travesía o aristas, y para el más experto de la cordada, es decir, aquel cuya caída resulta muy, pero que muy improbable. ¿Que todos los miembros son muy expertos? quizá les interese más ir sin cuerda...

Particularidades en glaciar

Una vez pregunté a un segundo de cuerda, miembro de una cordada de tres que atravesaba un glaciar en la Cordillera Blanca, el motivo por el cual llevaba anillos recogidos en la mano... me respondió que lo hacía porque sus compañeros ¡¿también llevaban dichos anillos?!. Si cualquiera de sus compañeros hubiera caído en una grieta, el tirón brutal de la cuerda tras la tensión de esos anillos hubiera hecho casi imposible evitar que la grieta se tragara a los tres.

Progresión en ensamble

Progresión en ensamble

Con independencia del sistema de encordamiento a emplear (variará si se trata de dos o más personas, consultar manuales especializados), aquí más que nunca se impone la necesidad de anticiparse al suceso: ningún tramo de cuerda que une a dos miembros debe de arrastrarse sobre el terreno, sino mantenerlo de tal manera que cuelgue sin apenas tocar el suelo. Si por ejemplo, el primero cae de forma inesperada en una grieta oculta, bastará por parte del segundo una reacción inmediata de su cuerpo, opuesto en sentido contrario al de la caída y autoasegurado con su piolet, al mismo tiempo que tira de esa cuerda semitensa. Resultado: si esa reacción ha sido lo diligente que cabría esperar, la cuerda puede tirar hacia atrás del primero y dejarle sentado sobre el labio de la grieta, evitándose males mayores. Si existe un tercero en la cordada, y atento a la incidencia, habrá ejecutado casi al mismo tiempo idéntico gesto de protección sobre el segundo. Por este motivo, cuantos más miembros integren una cordada que progresa simultáneamente sobre un glaciar, mayor seguridad, no sólo de cara a la deseada anticipación, sino también para una mayor rapidez de ejecución de un hipotético rescate. No obstante, más de cinco miembros serían excesivos, teniendo en cuenta la necesaria y a veces difícil sincronización del ritmo de marcha que salvaguarde el preceptivo estado de tensión entre los distintos tramos de cuerda.

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Precauciones

Pero también hay que observar otras precauciones, en contraposición a lo comentado para las otras configuraciones fuera de glaciares:

  • Si lo ideal en pendientes abiertas o aristas era reducir la longitud de cuerda entre miembros al mínimo razonable, en este caso este mínimo hay que alargarlo, tanto más cuantos menos miembros formen la cordada, o cuanto más riesgo haya de caída en grieta. Como referencia, pensaremos en unos 15 m para una cordada de dos, o en torno a 10 m para una de tres.

  • En previsión de una necesidad de liberación rápida de cuerda, los sistemas de conexión a ésta deben ser mediante gaza de “ocho” y mosquetón de seguridad al arnés.

  • En caso de glaciar muy caótico y gran riego de caída en grieta, conviene intercalar un par de voluminosos nudos entre cada tramo de cuerda que une a los distintos miembros. Los nudos se crean con la propia cuerda y, además de hacer las veces de “empotrador” sobre el labio de la grieta traidora, facilitarán en su caso las maniobras de autorrescate de la propia persona que ha caído.

  • El que marcha primero tiene un riesgo teórico mayor que el resto de compañeros: será mejor que el más experto ocupe el segundo lugar. Si el glaciar se recorre en descenso con cierta pendiente, al margen de niveles de experiencia, el más ligero de los miembros deberá colocarse el primero, dejando el último lugar para el más pesado.

  • Por último, y en prevención de maniobras de rescate, cada miembro llevará preparados en su cuerda un par de nudos o aparatos autobloqueantes, amén de otros accesorios específicos en el arnés (polea, un tornillo de hielo, cordinos largos, etc.) Pero esto es ya otra historia... de momento ¡aprendamos a prevenir!

Teniendo en cuenta todo lo visto, casi nunca debería concebirse una situación que lleve a una cordada a mantenerse en la situación más desfavorable y potencialmente peligrosa de la progresión simultánea: con los 60 m. de cuerda desplegados, y sin ningún tipo de protección intermedia. Un último consejo: no deis por supuesto que siempre seréis capaces de detener al/los compañero/s de cordada; en palabras de Andy Elsberg, experto guía de Alaska, es una buena forma de no "bajar la guardia".

- Piolet-bota: técnica de aseguramiento rápido sobre nieves de cierta consistencia. Se utiliza de forma premeditada antes de una posible caída, para neutralizarla inmediatamente si esta se produjera. Es importante acercar el piolet a la caña de la bota para que la cuerda tenga con esta un buen punto de rozamiento.

Progresión en ensamble

Piolet-bota

- Piolet-cadera: técnica de aseguramiento a utilizar sobre nieves blandas. En este caso, el aseguramiento puede ser potencial (se ejecuta en el mismo momento en que se produce la caída), o rápido (Se utiliza de forma preventiva antes de una posible caída). Al dejarnos caer sobre la nieve con el piolet y la cuerda preparados en la cadera, es importante orientar bien las piernas semiextendidas en la dirección del tirón de la cuerda que viene de nuestro compañero, para evitar posibles desequilibrios.

Progresión en ensamble

Piolet-cadera

EL SECRETO DE LOS GUÍAS DE MONTAÑA: MEJOR PREVENIR QUE CURAR

Cuando se habla de las técnicas de progresión simultánea con cuerda, y la conveniencia de aplicarlas cuando ir a largos sería peligrosamente lento, suele saltar como un resorte la misma pregunta: ¿Y cómo haces para detener a tu compañero si se cae?... Sólamente en el mero hecho de formularse esta pregunta, reside el error fundamental de concepto: la actitud que se debe adoptar no es la de "qué hacer cuando se caiga", sino "impedir que se caiga". Dos maneras bien distintas de predisponer tu mente: con la primera, y sin perjuicio de que pudiera haber seguros intermedios, las posibilidades de ser arrastrado por la cuerda son muchas. Con la segunda, por el contrario, vas a anticiparte, aunque sólo sea una fracción de segundo, a esa pérdida de equilibrio que de otro modo hubiera degenerado en caída. A priori, esto puede resultar muy fácil o muy difícil de lograr; pero una cosa es segura: el conseguirlo depende casi exclusivamente de nosotros mismos y de la escrupulosa observancia de las siguientes premisas:

1ª) Acortar la distancia de encordamiento al mínimo razonable, en función de las características del terreno. Cuanto más cerca, más se controla al compañero y antes se puede reaccionar.

2ª) Mantener una semi-tensión constante sobre el tramo de cuerda activa, para "sentir" en todo momento los movimientos de tu prójimo sin necesidad de controlarle visualmente, que también. Dicha semi-tensión se acentuará en pasajes con mayor riesgo de caída y si es necesario por el tipo de terreno, ayudado con seguro rápido. Así, una tensión de la cuerda en sentido contrario al de la gravedad, bien detiene un posible desequilibrio, bien lo previene.

3ª) Mantener en todo momento un alto nivel de concentración que nos permita encontrar el correcto camino a seguir, sin que por ello restemos un ápice de la atención sobre el compañero que este veloz sistema de progresión requiere.

Aquel que progresa primero será el más experimentado del grupo (salvo alguna excepción en el caso de glaciares), en ascenso, y el último en descenso. Ni que decir tiene, que la coordinación constante y para que surta los efectos pretendidos de este abanico de "minimaniobras" exige de un entrenamiento largo y específico... quizá por esto son los guías profesionales los únicos que lo emplean.

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