7 historias reales de supervivencia... y cómo salir del atolladero

7 situaciones críticas y reales que han acontecido a nuestros lectores
Jaime Barrallo -
7 historias reales de supervivencia... y cómo salir del atolladero
10 historias reales de supervivencia... y cómo salvar el pellejo

Hipotermia, perdidos en la montaña, una tormenta, embestidos por un oso... Aquí os presentamos 7 situaciones críticas y reales que han acontecido a algunos de nuestros lectores en sus aventuras ahí fuera, cómo sobrevivieron y cómo salir de ellas.

Esto me recuerda a un programa Eprograma de radio que sonaba en el patio de mi casa todas las tardes hace más de 40 años: el consultorio de Doña Elena Francis. A la señora le mandaban todo tipo de cartas con preguntas, desde quitar una mancha del vestido de novia de la abuela a qué hacer con un novio crápula. Ya sin coña: el dar consejitos a hecho pasado, siempre tiene el riesgo de pasarse de listo. La última vez que hice esto fue con casos muy potentes algunos protagonizados por gente muy superior a mí en su actividad. Los que me ocupan ahora son más de comunes mortales, como el que escribe. Si os vale de algo a los que sufristeis los hechos, me he visto en casi todas las situaciones que planteáis; y también he sufrido esa sensación en la garganta que produce el miedo: el tradicional “los… de corbata”. Como decía Doña Elena, querida amiga ; he oído atentamente su caso. Paso a darle contestación…

CASO 1

  • Superviviente: Pedro Ramos
  • Situación: acosados por los rayos
  • Lección aprendida: más extraño que la ficción

Podíamos escuchar la electricidad en el aire. Un grupo de amigos íbamos acercándonos a una zona boscosa, tras un pequeño pateo por caminos andorranos. Habíamos alcanzado una loma y nos disponíamos a descender cuando se nos vino encima una tormenta de época. La electricidad estática había estado jugando con nuestros pelos pero no le habíamos dado mayor importancia, hasta que los rayos y truenos, que lucían y sonaban casi al unísono, nos obligaron a hacer piernas. Tratamos de separarnos y perder altura para evitar que los rayos, mucho más cercanos de lo que a cualquiera le gustaría, impactaran cerca nuestra, aunque tampoco parecía la mejor idea correr hacia los árboles. Mientras huíamos se podía palpar la carga eléctrica en el aire y, como sacado de una película de ciencia ficción, un arco de electricidad salto desde el suelo hasta mi mano, haciéndome sentir un calor extremo y dejándome el brazo tiritando y la mente bastante en blanco. Pensé que podría ser el final, aunque afortunadamente todo lo demás estaba sano y salvo, y mi corazón latía con fuerza debido la carrera. Lo primero fue pensar en mi familia, tuve mucho miedo por ellos, pero cuando me di cuenta de que los daños eran menores, proseguí la huida, algo consternado eso sí. Nadie más sufrió ningún percance, pero ciertamente supimos que habíamos estado cerca.

Barrallo contesta:

Con rayos por medio lo mejor es no estar en campo abierto; casos cercanos de muerto por rayo haciendo footing conozco alguno. Si estas en campo abierto hay que evitar estar en lo más alto de la zona y cuidado con bicis y otros elementos metálicos. El interior de un coche es seguro; cierra las ventanas, pero antes de bajar si le ha dado un rayo hay que descargar la electricidad con algo metálico del coche al suelo, si no harías tu de toma de tierra, y eso no es muy agradable.

Los árboles aislados no son recomendables pero estar dentro de un bosque suele ser seguro. Si estas en una cueva o desplome cuidado con el agua que se escurre al suelo procedente del exterior, un rayo pude caer arriba e ir a tierra siguiendo el agua. Si no hay otro remedio, aíslate sentándote sobre el aislante, la cuerda la mochila… los pies no deben tocar el suelo. En una tienda, haz lo mismo: no toques las paredes o las varillas. Un fulgurado por rayo, si no muere, tendrá no solo quemaduras, es muy probable que esté en parada cardíaca y respiratoria… hay que proceder en consecuencia.

Cómo salir del atolladero:

  • Escapa de cualquier lugar alto como cimas, lomas o crestas y trata de refugiarte en zonas bajas, no propensas a inundarse o recibir caudales de agua.

  • Aléjate o deshazte de cualquier material metálico como piolets, bastones e incluso macutos con armazón. Son pararrayos estupendos, así que aléjalos, pueden servir de “cebo”.

  • La posición de seguridad recomendada es ponerse cuclillas, lo más agachado posible, tratando de sobresalir lo menos posible del terreno y teniendo el calzado en contacto con el suelo, lo que podría servir de aislante. También es válido sentarse o tumbarse sobre objetossecos y no conductores, como la mochila o el saco.

  • Si empezamos a notar un cosquilleo en el cuerpo, se nos eriza el bello, producto de la electricidad estática, o vemos brillar y echar chispas un objeto metálico, hay que tumbarse en el suelo de inmediato ya que la descarga es inminente.

  • Y recordad que es totalmente incorrecta le creencia popular de que un rayo no cae dos veces en el mismo sitio.

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CASO 2

  • Superviviente: Roger Josa Roig
  • Situación: emboscado por un oso
  • Lección aprendida: hay cosas inevitables

Me ocurrió durante mi primer viaje a Kamchatka, con mi primo Iscla, en una expedición de pesca de cinco días. En cuanto a pesca fue una experiencia excepcional, el único inconveniente es que la zona a la que habíamos llegado estaba llena de osos. Una de las jornadas yo estaba cansado y me retiré antes que Iscla a nuestro campamento, instalado a unos 500 m en línea recta desde el río. Allí encendí un fuego y me puse a escribir mi diario de viaje. Cuando llevaba media hora solo, escuché un ruido en el bosque: una familia de osos. La madre con dos crías de dos o tres años, a punto de independizarse, que venían hacia a mí.

Lo primero que hice fue levantarme y moverme poco a poco hacia atrás. Las crías vinieron directas al campamento, pero la madre me rodeó en una suerte de emboscada, situándose a mi espalda. Cuando me estaba retirando escuchaba a la madre resoplando cada vez más fuerte, oculta por las hierbas de dos metros del prado que tenía detrás. Intuía su movimiento y supe que me iba a atacar. Trató de cogerme la primera vez, pero no lo logró, aunque ya me tenía a la vista, no dependía de su olfato. Me mordió en el hombro y la espalda, me hizo cortes muy serios en el brazo y me revolcó por el suelo. Me defendía como podía para intentar salvar mi vida. Logré darle una patada, pero ella reaccionó y me mordió el pie, abriéndome el talón. Sigo pensando que el animal me dejó tranquilo al ver que yo también me movía y luchaba. Tan rápido como vino se fue.

Me rehice como pude para ir a buscar a Iscla, se me hizo eterno: el susto y la adrenalina. Cada sonido en el bosque me hacía temer que el oso había vuelto. Cuando vi a Iscla pensé en la salvación. Él tuvo mucho sentido común y las ideas muy claras, así que lo primero que hizo fue hidratarme con suero oral, y yo empecé a ver la luz. Estaba anocheciendo por lo que volvimos al campamento a pasar la noche. Mi primo estuvo muy pendiente dándome de beber (había perdido mucha sangre) y tratando de que conservase toda mi temperatura corporal.

A la mañana siguiente comimos un poco y como pude empezamos el camino de vuelta. Tras encontrar ayuda, nos llevaron en coche a un pueblo con un pequeño centro médico donde empecé mi recuperación. He vuelto a la zona y mi reencuentro con los osos no ha sido dramático. No le guardo rencor a este animal, estaba en el momento equivocado en el lugar equivocado, y sigo sintiendo mucho cariño por ellos.

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Barrallo contesta:

Que te de unas caricias un oso es una avería grave, pero casos como éste sirven para argumentar que cuando se habla de que un oso es peligroso no se exagera: por mucho que les suene mal a los ecologistas de salón. En España hay muy pocos pero en zonas como Kamtchatka, Canadá, o EEUU hay para una boda (del oso Yogui claro). El porcentaje de accidentes es bajo, pero es cierto que va en aumento: hay mas accidentes en EEUU y en Rusia en los últimos años que en el siglo pasado, quizá por falta de alimento, perdida de miedo a los humanos, el fin de la guerra fría… la razón no esta clara, pero los datos están ahí.

Lo que describes es, como dicen los gringos, un ataque predador en todo regla: la hembra iba a por ti (la forma de aproximarse es un signo claro), no defendía a las crías, ya eran mayorcitas para hacerlo solas. Ni le atrajo tu comida (no sé si tenias pescado cerca de ti, esto podría ser una razón de por qué se aproximaron ), así que potencialmente te atacaban tres osos. Un solo oso pardo, tamaño ibérico, un oso negro y hasta el malayo (que es un bonsái de plantígrado) bastarían para convertir en picadillo a un bípedo parlante. Tienes suerte de estar escribiendo esto; los osos en Kamchatka son como Grizzlies o Kodiack (más grandes aún que los primeros) pero con acento “Tovarich”.

En un ataque de este tipo no suele hacer efecto tratar de espantar al animal; la defensa cuerpo a cuerpo puede servir pero produce lesiones, si se puede es mejor darle en el hocico con algo contundente. Lo efectivo en este caso es “shot to kill”, con el oso tan cerca no procede un tiro de advertencia y herirlo no es ni lo más ético ni lo más seguro: un oso herido es mucho más peligroso. Claro, para disparar tienes que tener un arma. Las armas no son fáciles de llevar en la mayor parte de los países y hay que saber usarlas y tener licencia. Un spray especifico para osos o, si no se consigue, de defensa contra personas (en Rusia los hay) es también operativo a corta distancia. Tiene la ventaja de no matar al animal; la madre con una ráfaga habría reculado. Se ha confirmado un 90% de efectividad con los sprays específicos, aunque teóricamente no pueden llevarse en los aviones y en muchos países deben declararse al entrar, pero en Canadá, por ejemplo, te los venden sin ningún requisito y no merece la pena ahorrarse los 30 euros que vale: casi nunca se usa, pero llegado el caso te puede salvar la vida.

Tras el accidente, la hidratación es ciertamente vital después de perder sangre, aunque debo insistir en que tuviste mucha suerte y tus lesiones pudieron ser tan graves como para no poder esperar una noche o unas horas. En estos casos un teléfono satélite o un localizador pueden salvarte la vida, si es que alguien está disponible para rescatarte…

Está bien que no les tengas rencor, ellos son animales, no tienen nuestra moralina, simplemente sobreviven: matan para comer o defenderse… ya quisiéramos nosotros ser tan civilizados.

Cómo salir del atolladero:

  • En caso de encontrarte con un oso, retirate despacio, mirándolo de frente y hablándole firme pero calmado.

  • Nunca corras. Para empezar, despertarás el instinto predador del animal, por lo que casi te aseguraras que te ataque. Un oso pardo, además, puede alcanzar velocidades superiores a 45 km/h, y corre mejor que el ser humano tanto en subida como en bajada.

  • Trepar a un árbol tampoco es una buena idea: escalan mejor y más rápido que tú.

  • En caso extremo, cúbrete la cabeza y hazte el muerto. Te llearás algún zarpazo, pero si el animal entiende que no eres una amenaza quizá se marche por donde ha venido.

  • ¡Lleva siempre spray anti-osos!

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CASO 3

  • Superviviente: David González Vaquero
  • Situación: al borde de la hipotermia
  • Lección aprendida: la montaña es voluble

Todo corredor de montaña sueña alguna vez con participar y terminar el UTMB (Ultra Trail del Mont Blanc), la carrera de trail por excelencia, yo llevaba preparándome varios años para afrontar una prueba de este nivel en alta montaña, con 168 km y 10.000 m de desnivel positivo. Agosto de 2010 fue mi primera toma de contacto, después de 21 km infernales de carrera la organización decidió suspender la prueba por las adversas condiciones meteorológicas… pero no renuncié al objetivo, soy muy cabezota y había que volver a intentarlo un año más tarde.

29 de agosto de 2011, el parte meteorológico no es nada favorable, ¡¡qué suerte tengo!!, lleva dos días lloviendo, la dirección de carrera decide retrasar la salida 5 horas en busca de una mejoría de tiempo, cambio de estrategia, mal empezamos. A las 23:30, bajo una fuerte lluvia, se da la salida en Chamonix: salgo con todo lo que tengo para protegerme de la lluvia (hay que llevar un material obligatorio, entre él, una tercera capa impermeable) y llevo algo de ropa seca siempre en una bolsa estanca en la mochila. En toda la noche no para de llover hasta el amanecer, en los primeros 42 km - duros por el frío en los collados a 2.000 m- sigo fuerte, aunque el frío empieza a aparecer en mi cuerpo, consumo más energía de la necesaria para calentarme, y estoy deseando que lleguen los primeros rayos de luz para recuperar calorías y energía. Me pilla el amanecer en el Coll de Bonhome, al coronar empiezo a no encontrarme bien, me pongo el gorro e intento animarme, psicológicamente es un palo duro ver que el tiempo no mejora, llevo toda la noche corriendo bajo la lluvia, la temperatura está por debajo de cero, pero confío en descender y entrar pronto en calor; el camino está algo nevado, me detengo por el intenso frío en las manos, ¡quién me lo iba a decir!, jamás pensé que tendría que parar a orinarme en las manos para descongelarlas; me las seco como puedo y me pongo unos buenos guantes que llevo, parece que empiezo a recuperar de nuevo temperatura.

La larga bajada se me hace interminable. En el siguiente avituallamiento me paro a tomar un caldo caliente, ponerme unas mallas largas y una camiseta seca, continuo en carrera, 5 km después el frío persiste, estoy en el Valle de los Glaciares, comienzo la subida hacia el Coll de la Segne (km 55) y el tiempo cambia radicalmente, se pone a nevar ¡¡y el viento es gélido!!. Los primeros síntomas de la hipotermia aparecen, estoy mareado, el frío ya no está localizado, sino en todo el cuerpo y es constante, las fuerzas se agotan, comienzo a temblar, me encuentro muy torpe… paro de nuevo y a base de barritas energéticas, geles y unas pastillas de cafeína que llevo para el sueño intento recuperarme de nuevo, no puedo estar mucho tiempo parado, ya que el frío y el viento son infernales. Busco refugio en algunos corredores para no ir solo, pero no puedo seguir su ritmo, empiezo a tener una sensación de claustrofobia, quiero salir de allí ya cuanto antes, pienso en los grandes alpinistas y su capacidad de resistencia, hay que avanzar como sea, el miedo se apodera de mí. Parar y esperar un posible rescate en esas condiciones puede ser mortal. Me acuerdo en este momento de mi de mi hija y de mi mujer. Hay que llegar a Courmayeur (km 80) y abandonar cuanto antes, la montaña es inmensa, muy caprichosa y no siempre se muestra accesible, aprendí hace muchos años a respetarla y a no desafiarla. Mi agonía continua 25 km más, vuelve a salir de nuevo el sol, aunque el frío persiste, tengo calambres y mareos, mi obsesión ahora es ir mirando el suelo para cuando me desvanezca no golpearme con alguna piedra en la cabeza, no quiero ir solo y me resisto a pedir ayuda a los corredores que me pasan, mi cabeza está descoordinando completamente y nada de lo que hago o pienso tiene mucho sentido, el frío en el cuerpo ha pasado ya a un segundo plano.Tras 12 horas de carrera por fin al fondo del valle veo el pueblo, es mi salvación, desciendo como puedo y llego al polideportivo totalmente desconcertado, la mirada la tengo perdida, la gente me anima a seguir, mi escala de prioridades ha cambiado radicalmente, ahora solo quiero VIVIR. ¡Fin de la partida! Esta aventura ha dejado una huella imborrable en mi memoria y he aprendido mucho de ella, todas las precauciones que puedas tener en montaña son siempre pocas, yo a pesar de todo estaba bien preparado y llevaba material de primer nivel, aun así… no eres invencible.

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Barrallo contesta:

El razonamiento es simple compañero: ¿habrías hecho ese día y con ese tiempo una actividad similar? En esas pruebas es muy fácil pasar del límite. A un ciclista en el Tour, si tiene una pájara, lo recogen y en poco tiempo está en el hotel u hospital. Pero este no es el caso. Por mucha seguridad y celo que ponga la organización, se encuentra con un montón de tipos danzando por una extensión salvaje y, como quien dice, con lo puesto. Además el clima tiene la mala costumbre de no respetar las fechas de estos eventos: si esto pasa en alguna sierra mediterránea, normalmente no será dramático, pero en un sitio como los Alpes o más extremo, lo mismo es la primera y la última vez que montas en helicóptero. Suponiendo que te encuentren.

Llevabas equipo de lluvia, un gorro y algo de comida (cuidado con los geles, muchos olvidan que hay que beber además). Llevar líquido caliente puede salvarte la vida. Un infiernillo pequeño tipo Jet Boil valdría si dispones regularmente de agua o nieve; aunque es demasiado peso para ir corriendo. Bien hecho ponerse el gorro, comer y llevar alimentación adecuada; aunque no hablas mucho de beber y la hidratación es también vital para prevenir la hipotermia. Mearse en las manos y secarlas es genial, es el efecto de una bolsa de calor y siempre está disponible. Buscar a otros corredores, otro punto a tu favor, pero sobre todo, para pruebas tan burras, yo me haría con un localizador vía satélite. También bien hecho llevar ropa seca en una bolsa estanca. Sobre la ropa, una chaqueta de fibra térmica ligera es otro salvavidas. Las prendas tipo Soft Shell son buenas para correr si hace frío, transpiran y más o menos paran el agua, pero cuando te detienes son muy frías. Si llueve las membranas impermeables son las mejores, y ahora se ha mejorado un montón la transpirabilidad de las mismas.

Aún así, las prendas que van bien para correr no son operativas cuando la máquina se detiene. Equipo de vivac podrías llevar poco, pero un saco ligero puede ser más operativo que una chaqueta; en caso extremo te metes dentro o te lo pones por encima; claro que tendrías que cargar un poco más de peso. Mal hecho no abandonar si lo tenías “a mano”: una hipotermia grave puede matar. Desde luego si no podías abandonar, es admirable que aguantaras a pesar del marrón; pero podía haberte salido cara la broma.

Cómo salir del atolladero:

  • Lleva ropa y equipo adecuados: imprescindible usar gorro (la mayor parte del calor se pierde por la cabeza), y prendas de tejidos sintéticos, lana y pluma. Los tejidos hidrófilos, como el algodón, conservan peor la temperatura ya que absorben más humedad que al evaporarse roba calor al cuerpo.

  • Mantener una buena forma física va a retrasar el agotamiento, primer factor de riesgo para la aparición de la hipotermia. También es importante el conocimiento del medio físico y de la climatología: evitar exponerse al viento y hacer paradas muy prolongadas.

  • Evitar sudar en exceso (realizar un sobreesfuerzo muy abrigado).

  • Comer y beber adecuadamente: la resistencia orgánica al frío depende muy directamente de la cantidad de calor que es capaz de producir un organismo, y para producir calor se necesita combustible, o lo que es lo mismo: comida. Las personas que no tienen una dieta rica en vitaminas y carbohidratos son más propensas a quedar paralizadas por el frío.

  • Mantén libre tu nariz y boca para respirar adecuadamente.

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CASO 4

  • Superviviente: David Gussoni Gómez
  • Situación: perdiendo el norte
  • Lección aprendida: tu novia te agradecerá saber a dónde vas

Pues os voy a contar mi historia. Quizás no sea la más espectacular ni tampoco servirá como guión para una película pero como se trata de contar una situación en la que lo hayamos pasado canutas... aquí va. Mi amigo Gelo y yo, dos locos de la bici de montaña, estábamos preparando los “10.000 del Soplao”, una carrera de mtb que se celebra en Cantabria. Como a los dos nos apasiona este deporte no habíamos propuesto hacer 100 km en bici todas las semanas. Dos rutas más livianas por los alrededores de nuestros domicilios y una más intensa en la Sierra de Madrid.

Normalmente soy yo quien se encarga de preparar las rutas. Trasteo en Internet y voy investigando nuevos caminos. Pues bien, en una de estas rutas por la sierra nos perdimos. En un principio no nos preocupamos porque no era la primera vez que nos ocurría. Hubo un momento en el que llegamos a una zona que estaba nevada y no podíamos pasar con la bici, así que esto nos obligó a desviarnos un poco del camino. Empezó a nevar y luego a llover y esto hizo que nos despistásemos aún más. Mirábamos hacia los montes y esto hacía que nos orientásemos un poco por dónde estábamos situados pero no encontrábamos ningún camino. Pasamos por zonas que tuvimos que echarnos la bici al hombro y continuar andando. Llevábamos móvil pero no teníamos cobertura. Menos mal que teníamos en la mochila alguna barrita energética y algunos frutos secos porque nuestra aventura se estaba alargando más de la cuenta y necesitábamos comer algo. Continuamos andando e incluso tuvimos que traspasar un cortafuegos y cruzar unas vías del tren. Ninguno de los dos reconocía estar asustado cuando la luz del día comenzaba a desaparecer, pero los dos por dentro estábamos “cagaditos”. Pasadas 3 horas más, conseguimos situarnos, encontrar un camino y llegar hasta donde habíamos dejado el coche. Únicamente, cuando ya estábamos dentro del coche, mi amigo Gelo y yo reconocimos que habíamos pasado “algo” de miedo. Ya sabéis, somos machotes ¡y los machotes no tienen miedo a nada! Cuando llegué a casa y le conté nuestra historia a mi novia, en vez de alegrarse por nosotros porque habíamos sido capaces de perdernos y volvernos a encontrar sin ayuda de nadie, únicamente de nuestros conocimientos de orientación y montaña, lo que recibí fue una soberana bronca. Me recordó lo que le pasó al protagonista de la película “127 horas” y me pidió que por favor, a partir de ese momento, cada vez que salga con la bici, deje escrito en un papel la zona y la ruta que vayamos a hacer para que en caso de que nos suceda algo, ella sepa dónde tiene que ir a buscarnos. Así que la lección que aprendí me la tuvo que enseñar mi mujer, pero os juro que ahora siempre dejo una nota pegada en el frigorífico por si acaso…

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Barrallo contesta

Si orientarse en el monte a veces es difícil la bici complica un poco las cosas. Primero te pierdes más lejos y segundo no cruzas con ella por cualquier sitio. Necesitas terreno ciclable para moverte con ella; los track de Internet a veces no son muy fiables, sobre todo con GPS de pantalla pequeña, un simple error del terminal pude sacarte de la ruta. Los mapas de toda la vida, bien en formato hoja o metidos en el GPS, sirven mejor para situarse y saber dónde hay pistas ciclables, pero cuidadín con los trabajos forestales que pueden modificar el trazado de las pistas.

Llevar un equipillo mínimo si ruedas en una zona desconocida es básico, me refiero a cosas para tanto reparar la bici como al jinete. Para éste último, no olvides nunca el agua, comida de asimilación rápida (barras de frutas, geles… y algo salado es necesario a nada que haga calor). Un cortavientos, una manta aluminizada, una navaja, un mechero, un frontal, un pequeño botiquín, son casi siempre imprescindibles… Si circulas por carretera: reflectantes para que te vean; incluso un chaleco como el que se lleva en los coches que es también válido si te buscan en campo abierto. Si no hay cobertura los localizadores vía satélite permiten enviar señales de que estás bien o con avería leve.

Si estamos altos y hay una pista que baje, tira siempre hacia el descenso, quizá te costará un taxi local, pero puede que no duermas al raso. Desandar lo andado hasta terreno conocido también es efectivo. Es mas el susto que se llevan los que esperan, así que dejarle un mensaje con tu ruta a los conocidos es siempre lo mejor, ahorra vidas y búsquedas inútiles.

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CASO 5

  • Superviviente: Marina Cabré Brullas
  • Situación: engullidos por el alud
  • Lección aprendida: mejor una cerveza que una tormenta

He pasado varios momentos comprometidos, como por ejemplo estar 14 horas dentro de una cueva en vez de estar las 9 que en principio duraba la ruta (sistema de Alba), que se nos haga de noche en medio de una pared escalando, o infinitas veces tener que regresar al refugio al ver cómo nos alcanzaba una tormenta de nieve, frío y viento, dicen que “una retirada a tiempo es una gran victoria”.

El año pasado un grupo decidimos ir a hacer prácticas de alpinismo cerca de unas pistas de esquí, ya que el día antes anunciaron que el peligro de aludes sería de 3 sobre 5, queríamos ir a un sitio dónde al menos tuviéramos buena comunicación. Empezamos a andar sobre las 7:30 para aprovechar el día y ya empezamos a ver pequeños desprendimientos que nos indicaban que iba a ser un día comprometido. Poco a poco remontamos una pista ya hecha de nieve que supuestamente no nos parecía peligrosa. Decidimos hacer prácticas de autodetención y nos desviamos de la pista para ir a buscar una pendiente un poco más pronunciada cuando a lo lejos vimos un alud pequeño pero suficiente para que te entierre. Entonces pensamos en largarnos de ese lugar y abandonar la actividad, pero al aproximarnos nuevamente hacia la pista nos sorprendió un alud que venía a todo velocidad hacia nosotros. Empezamos a correr como pudimos, la nieve nos cubría hasta las rodillas, pero en un momento así sacas todas tus fuerzas de donde sea, un ruido intenso nos rodeó por completo a todos. Yo iba la penúltima y el alud me cubrió la cintura sin llegarme a tapar del todo, a otro compañero lo engulló literalmente, pero por suerte dos de nosotros habíamos hecho un curso de prevención en territorio de aludes y todos llevábamos el ARVA, pala y sonda. Tardamos unos tres minutos en encontrarlo, los tres minutos más largos de mi vida, hasta que finalmente estaba allí, intacto, sin ningún rasguño, solo algún moratón sin importancia.

Conclusión: si ves indicios del terreno inestable, quédate en el bar.

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Barrallo contesta:

Las avalanchas se cobran vidas casi todos los años y no solo de inexpertos. Una se cargó en Suiza en los 70 a Dougal Haston, uno de los mejores alpinistas e himalayistas que han existido. El ir armado de sonda pala y ARVA, no garantiza la supervivencia, aunque aumenta muchísimo tus posibilidades, pero cuidado con afrontar riesgos mayores simplemente por llevar este equipo. Un ARVA o DVA es efectivo siempre que no lo perdamos durante el alud. También es básico que esté en emisión cuando suceda el accidente, y por último tiene que quedar alguien sin sepultar para poner el suyo en recepción; mejor si son más de uno los que buscan.

Por desgracia puede pasar que haya más victimas que rescatadores o que todos sean víctimas. Por suerte ahora (antes no era así) todas las frecuencias de los detectores modernos son compatibles; cualquiera que pase con un ARVA pude sumarse a la búsqueda, salvo que lleve un modelo de los 90 de marca no compatible.

Todos hemos buscado ARVAS en la nieve en prácticas e incluso hemos desenterrado a un voluntario que se ha enterrado previamente; esto viene bien para acostumbrarse, pero tened cuidado de no partirle la cara con la pala al desenterrado. Liberad primero las vías respiratorias, aunque por desgracia, en una situación real, sobre todo si conoces a las víctimas, es difícil no ponerse nervioso y actuar metódicamente: lo mejor son los rescates con gente externa a los damnificados.

En España no hay muchos aludes de nieve polvo, lo más común son aludes de placas, blandas o duras, que normalmente afectan menos zona que los primeros y no tienen tanto poder de destrucción, o los lentos de nieve húmeda al fin de temporada. Aunque los de nieve polvo son los más destructivos, he visto conos de avalancha de placas en el Pirineo que han limpiado de árboles la zona por donde han caído. Sobre la sonda, como decían los guardias civiles antaño: “una sonda a secas solo sirve para encontrar muertos”, pero siempre se puede tener suerte y es mejor que quedarse de brazos cruzados.

El nivel tres de avalanchas es delicado pues, aunque el riesgo no sea intenso, puede pasar; además no todas las zonas en un área tienen esa graduación, depende de muchos factores como insolación, viento, superficie donde se ha acumulado la nieve… Citas que visteis pequeños aludes y eso era una señal para haber dejado la actividad para otro día. Como bien dices hay veces que es mejor irse al bar o a un sitio sin nieve.

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Calcula la perpendicular:

Una vez encontrada la primera señal del ARVA, seguimos el método de las perpendiculares, que consiste en seguir la perpendicular de las zonas de máximo valor de la señal. Si ésta decrece, invertimos el sentido. En caso de que la señal crezca, deberemos seguir hasta el punto en que la señal marque un máximo de intensidad, de lo que nos daremos cuenta a partir de que pasemos el punto y la señal vuelva a decrecer. Una vez en el punto de máxima señal deberemos tomar otra dirección girando 90º en cualquier sentido y repetir el proceso. Cuando demos con un punto o zona a partir de la cual todos los movimientos provoquen una disminución de la señal, será el momento de sacar la sonda y la pala.

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CASO 6

  • Superviviente: Lucía Muñoz Martínez
  • Situación: perseguidos por el fuego
  • Lección aprendida: el agua vale oro

Hace unos años, cuando nos estábamos iniciando en el trekking, fuimos mi marido José Miguel y yo de vacaciones a Riaño y planificamos algunas rutas por la zona. En una circular de unos 21 km., casi al empezar, vimos que detrás nuestro había unas pequeñas columnas de humo y no le dimos importancia, continuamos andando. Cuando paramos para desayunar vimos que el humo iba en aumento y parecía que se nos acercaba. Nos empezamos a poner nerviosos e intentamos aumentar el ritmo para terminarla cuanto antes, pues estábamos en una situación en la que tardábamos casi el mismo tiempo en volvernos que en terminar la ruta. Era ya más de mediodía y harían al menos 36º C, el calor y la ansiedad de ver el humo cada vez más cerca hizo que la tensión aumentara, y cuando nos quisimos dar cuenta nos habíamos quedado casi sin agua y todavía faltaba más de hora y media para llegar al punto final donde teníamos el coche. Empezamos a ver helicópteros que iban al embalse de Riaño a por agua para apagar el incendio y ya se veían las llamas rojas y amarillas desde donde estábamos en el collado que había detrás de nosotros.

En ese punto me empezó a entrar ansiedad, y el pánico se había adueñado de mí; al terminar de subir una colina vimos por fin una pequeña población abajo. Decidimos que José Miguel se adelantara y fuera a buscar ayuda para que me ayudaran a terminar de bajar y llegar hasta el coche. Al final dimos con un buen hombre que vivía por allí, nos dio agua y nos bajó en coche hasta donde teníamos aparcado el nuestro. A menos de un kilómetro de donde teníamos el coche aparcado había un incendio que es el que veíamos, y en el que trabajaba para sofocarlo al menos 4 camiones de militares y bomberos junto con vecinos de la zona y la ayuda de helicópteros. Fueron las peores horas que hemos vivido, pues cada vez veíamos el fuego más cerca, nunca habíamos estado en una situación así, íbamos los dos solos y éramos medio novatos. Por suerte, todo acabó en un susto, pero cuando al día siguiente fuimos y vimos todo lo que se había quemado, se me saltaron las lágrimas al ver todo calcinado. Seguramente fue alguna imprudencia de alguien que tiró una colilla mal apagada. Es una pena que no respetemos la naturaleza y nos estemos cargando los montes y bosques como lo estamos haciendo.

10 historias reales de supervivencia... y cómo salvar el pellejo

Barrallo contesta:

Los incendios forestales son mala cosa con viento, se mueven muy deprisa y es fácil verse rodeado: las precauciones clásicas incluso podrían no aplicarse y recientemente hemos visto varios casos de muertos en incendios forestales.

Las normas básicas son: nunca huir pendiente arriba, ya que el fuego suele propagarse más fácilmente; incluso en una zona ya quemada, no te librarías del humo y las altas temperaturas. Sí es operativo huir por lo ya quemado hacia abajo o en zonas planas. Es fácil que nuestra mente se nuble al huir de un fuego. Por ejemplo correr en la misma dirección en la que avanza el fuego no es correcto, es importante huir hacia un lado, por donde se propague más despacio, lo que determina el viento y también el área a quemar: será más lento en una zona de rocas que en prados secos… y tratar de rodearlo.

Las zonas de agua, si las hay, pueden ser un recurso, pero un arroyo o una lagunita no te servirán a poco que el fuego sea grande. Tirarse a nadar a un pantano o a un río para huir curso abajo puede ser el último recurso. Entre quemarse y ahogarse, yo prefiero lo segundo, además siempre te pude salir bien y llegar nadando a un sitio seguro.

El humo es tan peligroso como el fuego. Mojarte la ropa y ponerte algún tejido húmedo tapando boca y nariz viene bien, pero no es ni un traje ignífugo ni una máscara anti-gas. Normalmente a ras de suelo queda más oxígeno, aunque haya humo denso, pero andar a gatas es lento y sólo te valdría para un tramo corto: mejor no verte en zonas de humo donde no puedas respirar.

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CASO 7

  • Superviviente: Jose Antonio Murcia Herrero
  • Situación: el peligro siempre acecha
  • Lección aprendida: un amigo es un tesoro

Soy un gran aficionado a todo lo que la montaña y sus alrededores puedan ofrecerme, mi experiencia fue algo agobiante pero solo dude por mi vida una milésima de segundo (y qué larga que fue). Unos amigos locos por el barranquismo organizamos una expedición a la sierra de Guara, un paraíso para los amantes de este deporte.

Por la mañana temprano empezamos el largo pateo que nos lleva al barranco de Gorgas Negras; la fama de este barranco hacia que yo estuviera especialmente emocionado, era posible completarlo sin necesidad alguna de hacer ningún rápel, eso nos ofrecía un gran número de saltos técnicos, entre gargantas estrechas y zonas de caída muy reducidas. En esos momentos estás muy concentrado intentando no errar en nada, ya que un mal cálculo en un salto de 15 m, supone como mínimo una factura y un largo y agónico rescate, ya que la zona es muy inaccesible.

Durante la mañana los saltos iban muy bien, sin pequeños errores y con finales felices, después de cada salto deseaba llegar al siguiente, avanzando ansioso, para ver lo que teníamos que superar… Ése fue el error: en un pequeño tobogán, aparentemente sin importancia, me dejé caer como si en un parque acuático estuviera, pero no era un tobogán, el agua ocultaba lo que eran dos grandes rocas separadas haciendo un embudo; me dejé deslizar pensando que terminaría en la poza, pero cuando quedaba poco para llegar al final, sentí como mi pecho se quedaba encajado entre dos rocas, mi cuerpo estaba suspendido en el aire, un solo metro, pero mi cabeza estaba justo en el camino de cauce del río, impidiéndome respirar, esa fue la milésima más larga de mi vida cuando creí que no tenía forma de salir de allí. Afortunadamente gracias al casco se puede hacer una cámara de aire en el caudal del río girando la cabeza en la dirección del agua, esto me dio aire, intenté soltar la mochila con los clips de seguridad sin éxito (no están pensados para quitarlos con el mismo brazo y yo tenía en medio una gran roca que me impedía tocar el lado opuesto de mi cuerpo). Como veía que cada vez que intentaba algo solo conseguía hundirme más, decidí hacer la señal de peligro con uno de los brazos, esperando que alguno de mis compañeros me viera; tuve suerte y fue así, pero el susto fue grande también para ellos, ya que solo veían una mano saliendo del agua y no mi cabeza (ellos no sabían que podía respirar) cuando llegó el primero, el rescate fue fácil aunque con los nervios intento levantarme sin conseguir nada, cuando le dije que soltara el clip de la mochila quedé libre y todos respiramos tranquilos después de una mal rato.Esta experiencia me dice que cuando estamos en un medio exigente nunca debemos bajar la guardia, ni dejar de controlar en todo momento el descenso, no dejándote caer sin saber qué tipo de terreno tienes delante. Gracias a la experiencia no perdí los nervios, que hubiera sido lo último que perdería… Pensé y actúe, cuando vi que no tenia salida pedí ayuda, ya que es imprescindible hacer este tipo de cosas siempre acompañado. Esto solo ha hecho que siga estudiando cómo estar seguro en barrancos y minimizar los riesgos que siempre corres cuando haces este tipo de cosas.

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Raúl Muñoz contesta:

En este caso pedimos a un experto en descensos sus recomendaciones, Raúl Múñoz, jefe de Guías de la “Compañía de Guías de Jaca” (www.guiasdejaca.es), que siempre realizan una gran labor de difusión y prevención de la seguridad para actividades en el medio natural. Raúl ha escrito un completo artículo de lo que se debe hacer antes de enfrentarte a un barranco, aquí resumimos los puntos clave relacionados con el caso de nuestro lector.

En el caso de José Antonio, como él mismo reconoce, la suerte y su experiencia en barrancos (sus reflexiones finales le avalan), y el hecho de saber cómo actuar e ir acompañado le salvó la vida. Pero siempre puede ocurrir algo. Excursiones que tan bien empiezan pueden terminar inesperadamente en un accidente que habiéndolo hecho de otro modo no tenía por qué haberse producido.

Hay que entender que el riesgo cero no existe, la seguridad absoluta en las actividades de montaña nunca se puede garantizar. Como solemos decir, el que quiera garantías que se compre una lavadora. Pero sí podemos actuar sobre los peligros que nos acechan para minimizar sus consecuencias. En este sentido hace pocos días un amigo, Alberto Ayora Hirch –teniente coronel de la EMMOE en Jaca–, me mandaba un artículo suyo publicado en El Heraldo de Aragón sobre prevención de riesgos naturales en montaña en el que proponía que elaborar una metodología científica permitiría prever situaciones de riesgo, citando textualmente el sobre-título del artículo. Personalizando esta brillante idea, podemos igualmente crear en cada uno de nosotros un hábito sistemático para evaluar de manera objetiva los riesgos en cada una de las actividades que acometemos.

Un barranquista principalmente tiene que analizar los peligros del barranco en tres aspectos: su orografía, la meteorología y las personas que lo van a hacer.

En cuanto a la orografía: * Informarse de los puntos negros del barranco como marmitas trampa, rebufos, drosajes fuertes, caos de rocas, etc.

  • Zonas de caos de rocas y por dónde pasarlas

  • Caudal normal para el descenso y caudal actual

  • Encajonamiento del barranco y las consecuencias de una crecida

  • Caída de piedras de los laterales

  • Equipamiento del barranco en cuanto a indicaciones para la aproximación y el retorno al coche, así como las instalaciones de rápel, cables de pasamanos, etc.Hay que comprobar siempre los anclajes dudosos o antiguos, ya que podrían romperse al colgarse de ellos.

  • Número de rápeles y longitud del más largo. Esto condiciona la longitud de las cuerdas a llevar, pero hay que prever también que una cascada no siempre se baja en vertical, que es la altura que nos indican las reseñas, sino que por elevado caudal o la existencia de un punto negro puede que necesitemos hacer un rápel guiado o un teleférico, con lo que la longitud de la cuerda deberá ser bastante mayor.

  • Si todos los rápeles son hasta el suelo o el agua, o bien hay alguno fraccionado o guiado.

  • Tener en cuenta la cuenca de captación de agua para prever crecidas repentinas, así como informarse de si el caudal está represado más arriba con posibilidad de soltar agua sin previo aviso

Respecto a los saltos: son un aspecto muy divertido de los barrancos y no siempre es una imprudencia saltar, sino que con ellos además se gana tiempo al no tener que estar cada miembro del equipo rapelando. Pero es muy importante que una persona del grupo conozca bien esos saltos, el margen de error y desde dónde realizarlos y dónde caer. Y por supuesto solamente hay que saltar si confiamos en hacerlo bien, sin titubear en el punto de arranque. En caso de duda un buen recurso es que una persona rapele hasta la poza y compruebe si hay profundidad suficiente y ausencia de obstáculos que hagan seguro el salto.

Además, una parte muy importante de la estrategia será acordar, si no se ha hecho ya, un código de señales para comunicarse. En muchas cascadas no se escucha nada más que el rugir del agua y ponerse a dar voces sólo lleva a crisparse y a no conseguir comunicarse. Llevar un silbato colgando de la mochila es un buen recurso, y por ejemplo acordar dos pitidos largos para decir que la cuerda de rápel está libre ayudará mucho a ahorrar tiempo.

Por último es importante valorar qué hacer si algo sale mal: el famoso plan B, que es informarse de los escapes del barranco, de las fuentes y puntos donde poder descansar. Será muy útil llevar la reseña del barranco plastificada donde estén indicados los rápeles, su longitud e indicacionesde los escapes y otros puntos de interés: zonas de caos, toboganes, rápeles saltables, marmitas trampa, drosajes y otras corrientes, fuentes, una pasarela o puente, etc. junto con un mapa de su ubicación, el camino de acceso yde retorno y hacia donde van los escapes.

Puede ser muy útil preparar dos actividades por si la principal resulta inviable por estar el barranco lleno.

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