La vuelta al macizo del Vignemale en dos etapas

Un ambiente de soledad y pureza.
Juanjo Alonsoa -
La vuelta al macizo del Vignemale en dos etapas
La vuelta al macizo del Vignemale en dos etapas

El macizo del Vignemale es un territorio de leyenda, ambición, coraje y pasión. Un mundo de hielo y roca agreste y salvaje, alejado de las provocaciones de los seres humanos en el corazón de la Cordillera Pirenaica para ejercer su poder geológico y ambiental libre y sereno.

Un paisaje de iniciación que cautivó a los románticos, exploradores y científi cos del siglo XIX. Víctor Hugo comparó las afiladas torres calcáreas del Vignemale con los capiteles góticos de las catedrales de Notre Dame, Estraburgo y Anvers. Y el explorador aristócrata Henry Rusell, viajero universal y pionero en el pirineismo deportivo a finales del siglo XIX, se enamoró de la montaña hasta el punto de pagar a las autoridades francesas un simbólico franco al año de alquiler para habitar en unas grutas excavadas por él mismo sobre el glaciar de Ossoue.

Las cumbres del Vignemale alcanzan la mayor altitud del Pirineo francés en el Pique Longue (3.298 m) y condensan la esencia de los relieves de alta montaña modelados por los viejos glaciares. De las 19 masas de hielo consideradas glaciares o neveros permanentes en los Pirineos, cuatro están en el macizo del Vignemale y una de ellas, el glaciar de Ossoue (49 ha), es el segundo de la cordillera después del glaciar del Aneto. La “Vuelta al Macizo del Vignemale” es un trekking en mayúsculas, un recorrido muy completo y sugerente en tres valles imponentes, uno en la vertiente española y dos en territorio francés, y ofrece la posibilidad de ascender a la cima del Pique Longue por la ruta del glaciar de Ossoue. La travesía montañera sale de Bujaruelo, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, está dividida en dos etapas y propone pasar la noche en el refugio de Bayssellance, un buen punto de partida para ascender a la cota de mayor altitud del macizo. La jornada de vuelta recorre el espectacular valle de Ossoue hasta el desvío del collado de Bernatuara para llegar a Bujaruelo por los pastizales de Sandaruelo.

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Etapa 1

La pista del valle de Bujaruelo sale del puente de los Navarros, en la carretera de acceso al valle de Ordesa, y remonta la garganta de los Navarros por unas rampas de hormigón hasta la entrada de un camping. El tramo fi nal está menos empinado pero el fi rme es peor, aunque puede pasar un turismo con cuidado. En invierno es muy complicado por el hielo, pero en verano se puede llegar bien a las instalaciones del Refugio de Bujaruelo, construido en los restos del antiguo hospital de peregrinos levantado por los Hospitalarios de San Juan en el siglo XII. Un bonito puente medieval en el río Ara y los restos de una ermita románica evocan el paso de peregrinos, mercaderes, pastores y montañeros por el emblemático paso fronterizo desde tiempos inmemoriales. El puente de piedra es la primera foto del viaje montañero por los territorios de los parques nacionales de Ordesa y Monte Perdido, en la vertiente aragonesa, y des Pyrénnés, en el lado francés, dos importantes reservas naturales de los Pirineos que conservan algunos de los últimos glaciares supervivientes en la cadena montañosa.

Los primeros pasos de la jornada siguen las marcas de la Senda Pirenaica GR-11 hacia Baños de Panticosa por la cabecera del río Ara. En el cruce del puente se deja a la derecha la vereda GR-T 30 del Puerto de Bujaruelo, la ruta histórica de los peregrinos medievales y el tramo final en la segunda jornada de la aventura montañera en el macizo del Vignemale. Unas indicaciones pintadas en una losa de piedra dicen que quedan cinco horas al collado de los Mulos. La senda atraviesa unos pastizales de montaña en la orilla del río Ara y conecta con una pista forestal cerca del puente de Oncins, enfrente de los bosques y picos del valle de Otal. El camino ganadero continúa aguas arriba entre hayas, cascadas, torrentes y angostas gargantas hasta el refugio de pastores del Vado, en la entrada del valle de Ordiso. En la cabaña sale un sendero que baja al puente del río Ara y sube por las terrazas del valle a los pastos de altura del circo de Ferreras, un hermoso paisaje pirenaico con ibón, modelado glaciar y cumbres solitarias. Las marcas rojas y blancas de la Senda Pirenaica continúan por la misma falda del valle, saltan un pequeño collado y atraviesan el barranco que canaliza las aguas meridionales de la sierra de Sandaruelo. Los relieves de la alta montaña hacen su aparición. La enorme mole del Comachibosa, la “montaña jorobada”, el nombre aragonés del Vignemale, enseña el zócalo de uno de los macizos montañosos más imponentes y enérgicos de los Pirineos. Las cumbres siguen lejanas. Todavía queda toda la cabecera del Ara antes de que el gran Vignemale enseñe plenamente sus fortalezas calcáreas.

Los meandros que forman la confluencia de los cauces del río Ara y los barrancos de Espelunz y Labaza crean uno de los paisajes sobresalientes en el valle del alto Ara. Las cumbres del Tapou (3.151 m), el Monferrat (3.219 m) y el Cerbillona (3.247 m) elevan sus crestas, neveros, canales, aristas y espolones mil metros de desnivel encima de los bucólicos pastizales del Ara. Las cimas parecen inalcanzables. En la vertiente sur del Cerbillona está el popular corredor Moskowa, la ruta de la primera ascensión “oficial” al Pique Longue por la vertiente española, realizada en 1838 en diez horas por los guías franceses Guillembert y Cazaux en compañía de Lady Anne Lister, intrépida montañera inglesa que contaba con la experiencia adquirida en otras ascensiones pirenaicas. En 1830 se convirtió en la primera mujer que subía el Aneto y durante la aventura en el Vignemale mantuvo una dura pugna deportiva con Napoleón Joseph Ney, príncipe de la Moskowa, por coronar en primer lugar el Pique Longue. Los guías de la dama inglesa eligieron la vertiente española para ascender la montaña y abrieron paso por un angosto corredor llamado actualmente de la Moskowa, completando la escalada en el collado situado entre la punta Cerbillona y el Pico Central, bautizado desde entonces con el nombre de Lady Lister. El corredor Moskowa en verano tiene pasos de segundo grado en roca, un pequeño nevero permanente empotrado en el tramo más estrecho de la canal y es la ruta habitual de escalada al macizo de Vignemale por Bujaruelo y el valle del Ara. El inicio de la escalada está marcado con hitos en una senda bastante empinada después de pasar la cabaña de Cerbillona y el cauce del barranco de Lanuza.

La vuelta al macizo del Vignemale sigue la vereda principal del GR-11 por la derecha del río Ara. El pastizal alpino desaparece poco a poco y el valle queda encerrado entre enormes amontonamientos de piedras y caos rocosos, construidos por los fenómenos glaciares que modelaron las cubetas altas del valle. Un punto clave es la confluencia del barranco de los Batanes en el río Ara. Las marcas rojas y blancas del GR-11 atraviesan el torrente de aguas transparentes y ascienden por el barranco de los Batanes hacia el collado de Brazato, camino de los Baños de Panticosa. La ruta sigue de frente por el valle principal, deja a la izquierda el escalón glaciar excavado debajo del collado de Letrero y se interna en la desolación de la alta montaña hasta el Puerto de los Mulos, paso histórico y tradicional en el Camino de Cauterets y la alta Occitania francesa.

El espectacular collado del Puerto de los Mulos requiere un buen esfuerzo pero hay que conservar fuerzas para el siguiente repecho de la jornada. El paso de montaña es un balcón extraordinario de la artesa glaciar de las Oulettes de Gaube y del valle de Gaube, una de las maravillas naturales del Parque Nacional des Pyrénnés. El nombre se debe al bello lago de Gaube, “lago de lago” en francés, situado en la salida del valle, cerca de la estación de esquí de Pont d’Espagne. Y oulettes procede del occitano (olla), que debe referirse a las pequeñas pozas o marmitas que se formaron durante el desplazamiento de las morrenas de los glaciares que excavaron la cara norte de la montaña y cuyos restos quedan claramente visibles al pie de los torreones de piedra.

La senda desciende por el pedregal de la montaña y llega al refugio de Oulettes de Gaube, guardado entre el 1 de abril y el 15 de octubre. Tel: 33 05 62 45 413. En la puerta del edificio hay una terraza-mirador hacia la cara norte del macizo del Vignemale y carteles de los senderos de montaña. La ruta sigue las indicaciones del GR-10 hacia Hourquette d’Ossoue y Bayssellance. El tiempo indicado en el cartel es bastante aproximado y quedan dos horas de subida fuerte hasta el collado que separa los valles de Gaube y Ossoue. El atractivo de la subida es la magnífica vista de las barreras de seracs acopladas en las ruinas de los viejos glaciares de Oulettes y del Petit Vignemale, un espectáculo único en la Cordillera Pirenaica. Una opción interesante para los coleccionistas de tresmiles es dejar las mochilas cerca del collado de la Hourquette d’Ossoue y ascender la cumbre del Petit Vignemale (3.032 m). La ascensión se puede hacer sin complicaciones en una hora y media, ida y vuelta. El reconstruido refugio de Bayssellance es el final de la primera etapa, a 2.650 metros de altitud en la loma de una vieja morrena. Debajo el valle de Ossoue y al fondo las montañas de Ordesa.

Salida: San Nicolás de Bujaruelo, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
Llegada: Refugio de Baysellance, en el Parque Nacional des Pyrénnés (Francia).
Tel: 33 56 29 24 025.
Distancia: 21,2 kilómetros.
Desnivel positivo: 1.890 metros.
Tiempo: 9 horas.
Equipo recomendado: calzado de montaña y bastones.

Etapa 1

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Etapa 2

La jornada debe comenzar temprano para ascender sin prisas la gran montaña y disfrutar del ambiente. Un momento especial es la salida del sol en el glaciar, contemplar el despertar de las montañas arropadas por el hielo y recibir las primeras luces del alba en acción, camino de las cumbres. Para iniciar la ascensión primero hay que perder un poco de altura desde el refugio hasta una curva en el sendero principal, marcada con un aspa roja y blanca. La vereda del GR-10 desciende por unas rampas de vértigo directamente al fondo del barranco de Ossoue. La sendita que lleva a la base del glaciar sale de la curva, pasa por unas gradas rocosas, salta el frente de la morrena y entra en las nieves eternas del glaciar de Ossoue. El uso de los crampones en verano es cuestión del estado de la nieve, la helada matutina y la experiencia de cada montañero, pero siempre son recomendables. En la montaña hay que hacer lo necesario para progresar con seguridad y poder llevar a cabo la actividad propuesta. Una duda o indecisión es la alarma que indica extremar las precauciones. En verano suele estar la huella permanente y es fácil seguir la ruta por la enorme explanada blanca que forma la parte alta de la masa de hielo y nieve.

Primero aparece el armazón de la Punta Chausenque en un lado de la lengua de hielo y poco después la joroba del Pique Longue. La combinación de materiales, geologías, colores y espacios es extraña y cautivadora. Un circo maravilloso y grandioso donde los protagonistas son las hileras de montañeros que suben y bajan por la extensa llanura blanca como si actuaran en un enorme teatro al aire libre. Es uno de los escenarios pirenaicos donde la personalidad del montañero adquiere toda su identidad. Un ambiente de soledad y pureza que conquistó al místico Henry Russell a mediados del siglo XIX. Impregnado por la belleza de las cumbres de los Pirineos dedicó gran parte de su vida a escalar y divulgar el amor y devoción que sentía por cada cumbre, bosque, arroyo o torrente, especialmente por el Vignemale, donde llegó a excavar hasta siete grutas en diferentes altitudes del valle de Ossoue para habitar en ellas, invitar a sus amigos, celebrar fi estas o realizar retiros espirituales. Es difícil pasear por estas hermosas montañas sin recordar la fi gura del “enamorado de los Pirineos”, como le nombran algunos autores.

Las huellas montañeras atraviesan la plataforma superior del glaciar y se acercan a la base de la torre rojiza del Pique Longue. La brecha que separa la cumbre principal y el cilindro del Piton Carré (3.197 m) es la salida del famoso y legendario Couloir de Gaube, una de las rutas de hielo más célebres, importantes y decisivas en la historia deportiva de los Pirineos. Merece la pena desviarse un poco y asomarse al abismo de la brecha. El sobrecogedor umbral de hielo y roca es el nacimiento de un espléndido paisaje que se sumerge en los prados, bosques y torrentes del valle de Gaube. El lago de Gaube es un destello de vida y esplendor en el fondo del valle. Todo parece perfectamente colocado en el descomunal ambiente geográfico.

Una de las principales incertidumbres de los montañeros que suben por primera vez al vértice del Pique Longue es la “trepada final”. Las huellas del glaciar llevan a la base de la muralla rocosa y no hay posibilidad de confundir el inicio de la ascensión. El muro es un enorme bloque de vetas calizas verticales muy fracturadas y es imprescindible no tener vértigo ni miedo al vacío. En algunos tramos, sobre todo en la zona inferior, hay mucha piedra suelta y es fácil tirar rocas que pueden impactar contra otros montañeros. La zona de “trepada” es bastante extensa y permite subir y bajar por diferentes rutas, evitando estar en la línea de las personas que se encuentran en ese momento en la pared. Los montañeros con experiencia deben dejar las líneas de progresión menos expuestas y seguras a los novatos. El casco es recomendable y también hemos visto cordadas en ensamble hasta la cima, pero la cuerda es necesaria en momentos muy complicados por la meteorología, la niebla o para asegurar a inexpertos. Con calma, prudencia y sentido común la cumbre del Pique Longue (3.298 m) es asequible a todos los montañeros que tengan motivación por pisar una de las cimas más notables de los Pirineos por su belleza, historia, ambiente y situación en la cordillera.

La panorámica reúne en un vistazo los macizos de Monte Perdido y el resto de cumbres de Ordesa, la Munia, el Néouville, el Midi de Bigorre, todas las montañas de Panticosa, Infi ernos, Balaitus, Midi d‘Ossau y otras muchas. El descenso se realiza por el mismo muro hasta el borde del glaciar. Una actividad interesante antes de iniciar el descenso es recorrer algunas cumbres del circo del Vignemale, la corona de picos y collados que forma la estructura principal del macizo. El más cercano al Pique Longue es el Clot de la Hount (3.289 m), aunque realmente parece una prolongación del propio vértice principal y es habitual acceder directamente por la cresta. La ruta habitual es seguir por el hielo hasta el collado situado al sur del Clot de la Hount y subir el Cerbillona (3.247 m), y por el camino visitar las grutas de Russell. La cresta que baja del Cerbillona al collado de Lady Lister es fácil y sin complicaciones se alcanza poco después la cima del Pico Central (3.235 m). La travesía continúa por el fi lo de la montaña con unas vistas magnífi cas del valle del Ara hasta el Montferrat (3.151 m), donde concluye la “corona” del rey de los Pirineos.

La mejor opción de descenso es volver de nuevo a la huella del glaciar y emprender la bajada hacia el valle de Ossoue por la misma ruta de subida. Otra alternativa es descender por la cresta del Montferrat directamente al barranco de Ossoue, algo más expuesta porque no hay un sendero claro en la sucesión de terracitas y escalones rocosos, aunque la bajada es muy evidente. La vereda del GR-10 zigzaguea la tremenda brecha del barranco y llega al embalse de Ossoue. Las marcas del sendero de gran recorrido se alejan de la pista de acceso a la presa y entra el valle de Canau, donde aparece el desvío del collado de Bernatuara. El sendero salva un fuerte desnivel y desciende endiablado por una sucesión de balcones de hierba y rocas a los pastos de Sandaruelo. El camino atraviesa el barranco de Lapazosa y conecta con la ruta de los peregrinos hasta el puente de San Nicolás de Bujaruelo.

Salida: Refugio de Baysellance, en el Parque Nacional des Pyrénnés (Francia).
Llegada: San Nicolás de Bujaruelo, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
Distancia: 21,3 kilómetros.
Desnivel positivo: 1.380 metros.
Tiempo: 8 horas.
Equipo recomendado: calzado de montaña, crampones y bastones. Casco y cordino de seguridad para la trepada final de la cumbre. En el refugio Baysellance alquilan crampones previa reserva por teléfono.

Etapa 2

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