Los guerreros de las olas

La canoa amarilla y blanca surca a toda velocidad sobre el agua, la tripulación de seis rema a un ritmo sorprendente.  Los del equipo Shell Va’a parece que atrapan las olas y salen disparados hacia adelante con una gracia que contradice el sudor de los rostros, sobre los hombros y esos protuberantes músculos dorsales debajo de las camisetas Patagon
Javier Gonzalez -
Los guerreros de las olas

La canoa amarilla y blanca surca a toda velocidad sobre el agua, la tripulación de seis rema a un ritmo sorprendente.  Los del equipo Shell Va’a parece que atrapan las olas y salen disparados hacia adelante con una gracia que contradice el sudor de los rostros, sobre los hombros y esos protuberantes músculos dorsales debajo de las camisetas Patagonia…


El primer día de una de las carreras más difíciles y más grandes en todo el planeta parece ir de acuerdo a lo planeado: el mejor equipo de canoa polinesia lleva la delantera. Shell Va’a es un equipo tahitiano y en Tahití remar es el beisbol, el futbol y el basket mezclados en uno. Todos (mamás, niños, ancianos…) reman y grandes corporaciones como Shell patrocinan equipos. Todo hombre en el bote de Shell es el equivalente tahitiano a Andrés Iniesta o Pau Gasol. Sin embargo, existe una excepción: la fiesta tahitiana de la victoria se ve estropeada por una sorpresa; el equipo Mellow Johnny’s es dirigido por Raimana Van Bastolaer, amo indiscutible de las olas más bravas de Teahupo’o. Con la constitución de un refrigerador mediano, Van Bastolaer tiene el bronceado color caoba que se consigue tras toda una vida en el agua. “En Tahití se sabe nadar, pescar, surfear y remar. El océano está por todos lados y nosotros vivimos en el agua” aclara. “Los padres incluso meten a sus hijos a escuelas de remo y pasan días enteros compitiendo con amigos. Para la mayoría de los niños es un juego pero, si son muy talentosos, sus padres saben que tendrán trabajo y seguridad social, es decir, todo”.

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Lo que sucede entre Shell y los Johnny’s va más allá del juego. El oponente tiene que estar a la altura o quedarse rezagado. Pero esto no es una pelea de solo quince minutos: es una carnicería de fuerza bruta y resistencia de entre tres y cinco horas. Shell y los Mellow Johnny’s se atacan de tal manera que dejarían hundidos a equipos inferiores. Las tripulaciones, con seis hombres, se mueven al unísono cada vez que se da la señal, mientras sus remos lanzan una brisa al sumergirse y levantarse. La alineación típica para canoa dicta que los remadores más rápidos, al frente, llevan el ritmo; los remadores más fuertes van en el medio y el timonero, al final, para navegar, dirigir y ver el agua. El trabajo en equipo y el ritmo significan todo en el remo: los Johnny’s son una especie de equipo de estrellas que rivalizaría con el Real Madrid. A dos horas del comienzo de la carrera, hay canoas diseminadas a través de los 61 kilómetros entre Laupahoehoe y Keokea; los primeros 61 de los 162.5 kilómetros que terminarán por recorrer en casi tres días. Equipos de apoyo los siguen en barcas escolta, los animan y les proveen neveras con agua fresca. Los primeros dos días de la Olamau son ‘iron man’, lo que significa que el mismo equipo de seis hombres rema el día entero. Una de las mujeres del equipo 404 Wahine tuvo que rendirse en la ruta, por lo que se tiró al agua y dejó su canoa con solo cinco remadoras para llegar a la meta. “Espero que se recupere pronto”, declara la capitana de su equipo, “porque tiene que volver a competir el viernes”.

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El componente ‘iron man’ y el jugoso premio no son los dos únicos elementos que distinguen a la Olamau de otras carreras de canoas. La Olamau, apenas en su segundo año, es un evento ilimitado, lo que significa que los equipos pueden traer, con algunas restricciones, la canoa que ellos deseen: cualquier peso, forma y talla –algo así como la vieja America’s Cup pero de las canoas. Aunque solo es su segundo año y ha crecido tan rápido que todos los equipos importantes reservan espacio en sus calendarios. “El remo necesita crecer”, explica Mike Nakachi, organizador de la carrera. “El año pasado apenas tuvimos 11 equipos. En esta edición ya tuvimos 24 y el año que viene esperamos duplicar esa cifra. El evento será cada vez mejor”.

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El arma no tan secreta de los Johnny’s es la canoa más nueva, salida del laboratorio de Odie Sumi, el diseñador de Pure Canoe. Sus modificaciones quizá signifiquen que tienen la canoa para seis hombres más rápida que se haya abierto camino entre las olas. Desde su casco liso hasta su proa puntiaguda, la canoa luce potente. La brillante pintura verde reluce. De un lado de la canoa, el ama (balancín) cuelga del iako (puntal) curvo como si fuera un cohete a propulsión. La canoa parece una especie de avispa feroz o un T-65 X-Wing Fighter de Star Wars, y sobre las olas, vuela. “Hablan de tradición”, expone Odie Sumi, “pero si vas a remar en algo hecho de fibra de vidrio y espuma, ¿por qué no remar en algo también que puede ser divertido?”.

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Durante muchos siglos, los hawaianos construyeron sus canoas con troncos de koa cuidadosamente seleccionados de los bosques que vestían las cuestas volcánicas de las islas. Después de estar varios meses quemando y raspando con una azuela de piedra, las canoas tomaban forma. En nuestra era de materiales compuestos y de la ingeniería en AutoCAD, las viejas costumbres se vuelven opresivas. Por años, canoas ilimitadas aparecieron en las carreras oficiales e hicieron trizas a los botes tradicionales, ganando nada más que la posibilidad de jactarse de su victoria. La carrera Olamau también sirve como campo de pruebas para tecnología punta y Sumi, con apenas 31 años, está a la vanguardia. Por dar un ejemplo: de las 24 canoas que participaron en la “America’s Cup de las canoas”, él construyó un total de 11, casi la mitad, lo que lo convierte en el actual Henry Ford de las carreras de competencia de canoas. Su ascenso en el área ha sido muy rápido. Siendo nativo de Hawái y habiéndose graduado en la California Polytechnic State University, Sumi trabajó en San Luis Obispo tras graduarse, pero al poco tiempo decidió volverse a casa, donde empezó a cambiar la cara del deporte. De vuelta en la Gran Isla, Sumi vio cuanto se pagaba por los remos SUP y pensó: “Yo puedo hacerlo”. Al poco tiempo tenía más pedidos que los que podía entregar. Luego su socio de negocios le mostró un nuevo diseño de canoa. “Antes fabricaba remos, así que sabía cómo pegar la madera y ponerle fibra de vidrio”, explica Sumi. “El concepto era prácticamente el mismo: toma este cuerpo de madera hueca, ponle pegamento, púlelo y dale la forma adecuada”. Sumi es un joven de piel tersa, de esos que parecen que jamás envejecerán. El pelo negro y su bronceado revelan sus orígenes isleños, esos antecedentes mixtos tan comunes en el crisol del Pacífico. Apenas tres años después de su primera canoa, él y sus diseños dominan las competencias ilimitadas. Tal vez eso lo hace más Bill Gates que Henry Ford: al igual que Gates, comenzó en su garaje y actualmente trabaja en un par de bodegas en las afueras de Kona. Por el momento, una canoa para competencia de Pure con casco con ama (estructura externa) de madera, cuerpo de fibra de vidrio y carbono, ama de resina e iakos de aluminio reforzado con carbono tiene un precio de 19 mil dólares. El toque personal permanece: cada una tiene faldas a prueba de agua cosidas a mano por su madre.

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La carrera se desarrolla frente a una vista sorprendente. A la distancia está el volcán Mauna Kea, de 10,200 metros de altura, la montaña más alta de base (bajo agua) a cima en todo el mundo (lo sentimos, Everest). La Gran Isla es la más joven de todas las islas hawaianas y su juventud implica derrumbes constantes y ríos de lava que explotan en el mar. Los equipos de la Olamau reman frente a los acantilados negros y decenas de cascadas que caen en vertical a cientos de metros sobre las olas. El equipo que más se aproxima a los acantilados y a las playas rocosas es Pacific Northwest (PNW). Por ahora, se arrepienten de ir por “dentro”, pues la reflexión de olas de la costa afecta el oleaje y les hace imposible surfear. Reman a toda velocidad, pelean contra las olas y contra la corriente. La mayoría de los equipos tienen timoneros locales que conocen el recorrido o llevan uno en un bote escolta, pero PNW va en una carrera distinta, ahora que los equipos punteros no se ven en el horizonte. El estado de Washington está lejos de Polinesia y en la canoa de PNW, hawaianos bajitos y fornidos reman junto con caucásicos cuyas pieles definitivamente no ven mucho el sol tropical. El equipo PNW, compuesto por ex nadadores, remadores de canoa de distancia, así como inmigrantes hawaianos, es un ejemplo de pasión. Todos tienen trabajos de tiempo completo y tras su jornada diaria entrenan. “Tenemos un registro de nuestro entrenamiento”, declara el capitán del equipo, Lance Mamiya. “Cuando ves que alguien más se registró, eso te motiva a esforzarte”. Con 46 años de edad, Mamiya luce una década más joven, con tremendos músculos que bajan desde el cuello y hombros hasta sus brazos de pesista. Mamiya creció en las islas, pero la carrera de su padre como piloto de caza de la fuerza aérea llevó a su familia por todo el mundo. No fue sino hasta que Mamiya se asentó en el Noroeste que comenzó a remar en serio. Para él es, al mismo tiempo, un deporte de adrenalina y una forma de conectarse con sus raíces. “Cuando vuelves a Hawái”, dice, “y surfeas o remas sin traje de protección o de neopreno de cuatro milímetros, tienes una conexión pura con el agua. Cada vez que vengo de visita me cuesta más trabajo subir al avión para volver a Seattle”. Las condiciones en el noroeste son muy diferentes a las de Hawái: los wetsuits son obligatorios en invierno y los remadores tienen que abrirse paso entre el hielo. Aunque hay remadores fuertes en PNW, tienen la desventaja de entrenar en bahías y ríos. Remar en oleajes grandes exige más.

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Por tradición, las canoas no tienen timones o estabilizadores, es la tarea del timonero mantener la línea, algo no tan sencillo cuando el oleaje y el viento sacuden la popa de la canoa de lado a lado. Entrar al oleaje en una canoa es como si seis invidentes intentaran subir a una ola en un longboard; cada remador tiene que sentir la ola y ajustar su brazada. Una vez que igualan la velocidad de la ola, las brazadas necesitan ser breves y rápidas para mantener el ritmo. Mientras tanto, el timonero tiene que mantener la canoa a un cierto ángulo para evitar que la proa se clave en una ola frente a ella, a la vez que se mantiene en ruta. Y a pesar de todo, PNW avanza. El año pasado compitieron en la Olamau en una canoa básica y terminaron entre los últimos equipos de la categoría varonil, pero sus agallas dejaron tan buena impresión que Sumi les prestó una canoa ilimitada.

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El primer día acaba con los Johnny’s y Shell cabeza a cabeza. Shell entra a la línea de meta 88 segundos antes. Una final muy cerrada en una carrera de cuatro horas. En la costa, un miembro de Sea Shepherd gime en una mesa del pabellón de alimentos, con una aguja intravenosa en el brazo. Esto no es croquet y está por ponerse peor. El Pacífico hace erupción en el segundo día. Vientos de hasta 32 nudos (unos 56km/h) y oleajes de tres metros se estrellan en la costa. Tan solo llegar a la línea de meta constituye una prueba de supervivencia: el bote de Sea Shepherd se vuelca en las olas mientras el equipo se esfuerza por mantener la cabeza sobre el agua. Las embarcaciones escolta desaparecen entre el oleaje y dejan a las canoas remando a través de la tormenta. Apenas unos minutos luego del inicio de la competencia, los Mellow Johnny’s se inundan y tienen que abandonar la competencia. Los mejores equipos sacan ventaja del clima tempestuoso al aprovechar las olas provocadas por el viento para llegar al oleaje más elevado y así surfear de cima espumosa en cima espumosa.

La capitana de uno de los cinco equipos femeniles, Pacific Wahine, Anna Mathisen, está en su elemento. Quien alguna vez fuera nadadora clasificada a nivel nacional, ha pasado toda su vida en el agua. La herencia noruega de Mathisen es evidente en su cabello rubio y ojos azules, pero su alma es hawaiana. “En lo personal”, dice, “me crezco en situaciones grandes. Tuve que sacar el cuerpo de la canoa y sujetar mi remo con firmeza para mantenernos derechos”, describe Mathisen. “Luego volví a remar. El peso del agua y la intensidad anaeróbica me hicieron temblar”. Luego de una intensa hora de surfeo, Pacific Wahine entró a la base de las olas para encontrar a tres equipos femeninos a solo unos metros de distancia: Oceanic Connection, Kawaihae y 404. Exhaustas de pelear contra las olas, ahora tenían que hacerlo unas contra otras. “Cada vez que levantaba la vista, veía que otro ataque se acercaba”, dice. “Alejarnos de esos equipos no fue fácil”. Tras ganar el primer día, Mathisen y su equipo acabaron en segundo lugar en el día dos, pero mantuvieron las casacas amarillas en la clasificación general. El año anterior solo un equipo femenino compitió: este año son cinco. Bastantes para tener clasificación individual y dinero para premios.

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Al tercer día, el agua se ve cristalina, suave y calma. Al frente hay una carrera de tres equipos, con Shell, Mellow Johnny’s y EDT en lucha por el liderato. Shell tiene una ventaja de cuatro minutos en la clasificación general, pero quieren ganar todas las etapas.
El primer puesto en una etapa significa 2.500 dólares, mientras que el ganador general gana otros 15 mil. Suena bien… hasta que piensas en que hay que dividir el botín entre 12 y en el costo de llegar de cualquier lugar del mundo a Hawái. Shell podría ganar cualquier carrera en la que participara, durante todo el año, y ni siquiera así saldrían tablas. Hay algo más allá que hace que los remadores toleren esos largos vuelos en clase turista, los sacos de dormir en cuartos saturados y las interminables horas de entrenamiento: es la competencia y camaradería más la práctica de un oficio antiguo en una costa de tradición y belleza natural pura. “Para mí es vivir al máximo”, insiste Nakachi. “Olamau puede interpretarse de tantas maneras distintas: ‘Vida fuerte’. ‘Vive fuerte’. ‘Vive la vida al máximo’”. Mientras celebran después de la carrera, los equipos socializan, dándose palmadas en la espalda, intercambiando historias de guerra y mostrándose cicatrices.

Más información:
Red Bulletin
www.olamaurace.com

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