Luz de bolsillo: las linternas frontales compactas han llegado para quedarse

Las linternas frontales “mini” vinieron en su día para quedarse, pero además ahora han ampliado alcance, incrementado ligereza y multiplicado funciones.

Tino Nuñez

Caben en la palma de tu mano y las hay desde minúsculas a con un tamaño similar de una ciruela. Las linternas frontales “mini” vinieron en su día para quedarse, pero además ahora han ampliado alcance, incrementado ligereza y multiplicado funciones. 

Aunque el mercado de las linternas frontales de bajo coste ha irrumpido con fuerza en las actividades en la naturaleza, vale la pena invertir 10 o 20 euros más para saber que luz no nos fallará en el momento más inoportuno. 

Siempre con una frontal 

Estas dos últimas décadas la duración de nuestra actividad se ha acortado considerablemente y en la mayoría de los casos ya no pasamos noche en la naturaleza. Hemos reducido nuestras excursiones y objetivos a unas pocas horas, media jornada o como máximo volver al coche antes de que anochezca. 

Llevar una linterna frontal siempre, incluso para paseos cortos, nos permite: 

  • Anticipar peligros -como un cortado o un tramo de camino mojado- que puedan aparecer cuando nos retrasamos o extraviamos al atardecer. 

  • Poder comenzar un sendero ya conocido más tarde (a horas menos calurosas), sin la obligación de acelerar el paso porque se nos haga de noche. 

  • Salir de un aparcamiento o vivac antes del amanecer para aprovechar aún más las horas de luz natural durante la fase más complicada de una actividad, como alcanzar una cumbre o llegar a un refugio alejado. 

  •  Iluminar un objeto que se nos caiga en una grieta para ver si es posible su recuperación. 

  • Hacernos más visibles durante un extravío o rescate, tanto durante el día como por la noche. 

  • Alumbrar y animar a alguien con dificultades para caminar cuando queda poca luz, ya sea una persona sobrefatigada o con ciertas limitaciones (los miopes por ejemplo ven todo más “oscuro” que los demás justo antes de anochecer).

Oferta actual 

Las actuales frontales de reducido tamaño (3-4 cm x 5-6 cm) caben en sitios muy pequeños y sin molestar (desde el bolsillo de una chaqueta hasta en un botiquín). Se dividen básicamente en tres tipos: 

Micro frontales: con un diámetro no superior a una moneda de 2 euros, son de limitado alcance y más para un uso de emergencia muy puntual. Abultan tan poco que pueden unirse a nuestro juego de llaves, lo que aumenta enormemente las posibilidades de que siempre vayan con nosotros. No esperes más de 10 metros de alcance real. Unos 30 gramos y 30 euros.

Mini frontales: son una nueva categoría a medio camino entre las micros y las compactas. Recargables vía USB y con batería fija de ión litio (de 100 a 300 ciclos de carga). Pueden iluminar tanto como frontales que duplican o triplican su tamaño -estamos hablando de hasta 200 lumenes- pero a cambio su autonomía no supera las 2 horas y el diodo se calienta un poco. De 40 a 45 gramos y unos 50-60 euros. Interesantes como segunda frontal para prestar a alguien o entrenamiento urbano, como por ejemplo carrera nocturna en parques y para llevar en la guantera del coche. 

Frontales compactas y pequeñas: son las de tamaño estándar, dentro de las que incluyen el portapila bajo el foco, y las más vendidas. Pesan de 70 a 90 gramos con sus 3 pilas AAA o una recargable de ión litio y cuestan de 40 a 70 euros. Los últimos modelos de las principales marcas europeas y norteamericanas tienen mayor flujo luminoso que las de hace pocos años ¡de 300 a 400 lúmenes! Con ellas podrás distinguir relieves y objetos a 80 o 100 metros de distancia. 

Qué no nos han contado

No existen frontales perfectas, porque cada marca se ha especializado más en mejorar determinadas prestaciones, desatendiendo en ocasiones otras prestaciones. De forma general las que poseen mayor alcance real suelen incluir carcasas menos robustas, cuyo porta pilas o ejes de giro y pestañas de cierre pueden partirse en sólo 1 o 2 años. Otras, con carcasas muy duraderas, ya sean de un plástico sofisticado o aleación ligera (aluminio o magnesio), ofrecen una iluminación real inferior a sus competidoras con los mismos lúmenes teóricos. Y por último las más equilibradas en la relación alcance-longevidad no incluyen siempre los mejores focos (pueden ofrecer un haz de luz poco homogéneo o incluso con puntos semioscuros). 

¿Qué quiere decir esto? que cuando adquieras una linterna mejor que la que ya tienes, en muy pocos años te verás casi obligado a cambiarla porque las habrá mucho más potentes por el mismo peso o porque la tuya estará deteriorada (cintas sin tensión y daños en carcasa o foco). Pero tranquilo/a ¡llevar una buena luz siempre es la mejor inversión en seguridad! 

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