7 razones por las que se rompe una mochila de montaña antes de tiempo

Ni siquiera las mejores mochilas suelen durar tanto cómo nos gustaría. ¿Cuáles son los mayores enemigos de la longevidad de nuestra inseparable compañera?

7 razones por las que se rompe una mochila de montaña antes de tiempo
7 razones por las que se rompe una mochila de montaña antes de tiempo

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Una mochila de montaña puede parecer impecable cuando la compramos y, sin embargo, empezar a deteriorarse después de unos pocos años de uso. Sobrecarga, tejidos demasiado finos, cremalleras débiles, acolchados de baja calidad o una impermeabilización interior poco resistente son algunos de los factores que pueden acortar drásticamente su vida útil. Estas son las 7 causas más habituales por las que una mochila se rompe o pierde prestaciones antes de lo esperado y en qué debemos fijarnos al elegirla.

1. Baja calidad: el aspecto y tacto de las mochilas de bajo coste ha mejorado enormemente, pero la fiabilidad de sus tejidos y costuras no. Si vas a hacer un uso ocasional, en actividades cortas o con cargas ligeras (menos de 10 kilogramos) posiblemente te durará lo suficiente un modelo muy económico, pero también se te puede romper en el momento más inoportuno. Aunque es cierto que no hace falta gastarse un dineral para tener una mochila correcta, ninguna de muy bajo precio puede competir en durabilidad y confort con otras que tripliquen su coste.

2. Por sobrecarga: cada modelo y capacidad resiste una cifra concreta de kilogramos sin perjudicar la longevidad y la comodidad. Si una mochila de gama media/baja es cargada numerosos fines de semana con una carga excesiva (pongamos por ejemplo 15 kilogramos en un macuto de 45 litros) y que prácticamente ni nos deja cerrar la seta, ten claro que en pocos años estará muy dañada, especialmente el “arranque” de las hombreras y casi todas las costuras.

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3. Por sobrepresión: compruebas que cabe con dificultad tu equipo y haces mucha fuerza para comprimirlo a mano, incluso con la rodilla cuando quieres cerrar la boca mientras algún objeto te lo impide. Sufrirán enormemente costuras, cierres y cremalleras. Si además un objeto duro que sobretensiona el tejido apoya contra una roca, el daño está servido, algo muy habitual con objetos metálicos tipo lata de alimento, cazuela o cartucho de gas, material duro de escalada, etcétera.

4. Tejido demasiado fino: a todos nos encantan las mochilas ligeras, pero la realidad es que duran entre la mitad y la tercera parte que las que incluyen tejidos más gruesos. El número de deniers de un tejido indica el peso de 9.000 metros del hilo utilizado. A más deniers, mayor resistencia a la abrasión y a la tracción. Los modelos con tejidos de 100 a 200 deniers son poco duraderos ante un enganchón con una rama o una zarza. Los intermedios de 300-320 deniers resultan más aceptables si queremos que al menos nos dure 5 años con un uso relativamente continuado. De 420 a 500 deniers lograremos claramente más longevidad, especialmente si es poliamida de alta tenacidad y buena calidad (tipo Cordura). Un metro cuadrado de poliamida de 500 deniers pesa unos 125 gramos más y cuesta un 20% más que un poliéster de 200 deniers, pero te durará mucho más. De hecho, las mochilas minimalistas con tejidos gruesos pueden pesar menos que otras más sofisticadas con tejido ligero. Por increíble que parezca actualmente son poquísimos los fabricantes y puntos de venta que detallan el número de deniers del tejido, una información tan valiosa para el consumidor como incomprensiblemente poco valorada.

5. Cremalleras “débiles”: son mayoría los modelos que incluyen cremalleras demasiado finas. Inexplicablemente algunos fabricantes –incluso entre varios de prestigio- y la mayoría de los consumidores prestan poca atención a que una cremallera de malla tenga unos dientes gruesos y resistentes, se conforman casi con cualquier cosa... A menudo verás que las setas, compartimentos de saco y accesos rápidos mediante cremallera, pueden darte problemas a partir de sólo 3 o 4 años de uso continuado. Y tenlo claro: mochila barata, cremallera poco fiable a medio plazo.

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6. Impermeabilizado interior poco duradero: el resinado de poliuretano monocapa suele cuartearse a partir del cuarto o quinto año de uso (incluso antes si no secas totalmente en casa una mochila que se haya mojado o si es una mochila de bajo coste). Las inducciones de PVC se deslaminan aún más rápido, aunque al principio ofrecen mayor impermeabilidad. Hace años algunas marcas comercializaban soluciones multicapa más duraderas, hasta 3 capas de impermeabilización interior y 2 en el exterior, pero por su superior precio se abandonó esta solución.

7. Acolchados de mala calidad: el uso de espumas con baja memoria elástica, es decir sin capacidad de recuperar el espesor original cuando no cargamos con la mochila, hará que las hombreras se vean cada vez veas más finas, estrechas, arrugada, reviradas o deformadas. Incluso algunas se desgarran parcial o totalmente en el interior y dejan esa zona sin relleno alguno. También es cierto que incluso las mejores espumas no resultan eternas y no puedes esperar que una mochila que has cargado bastante durante más de 10 o 12 años mantenga las hombreras con las prestaciones originales. Nada es eterno, por muy de alta gama que sea la marca.

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