7 cosas que no te han contado sobre las gafas de montaña

En los meses tan luminosos que se avecinan proteger los ojos con unas gafas de sol diseñadas para montaña no es un capricho ni un accesorio de moda, constituye una necesidad, pero ¿hay algo que acaso no nos han explicado antes de la compra?

7 cosas que no te han contado sobre las gafas de montaña
7 cosas que no te han contado sobre las gafas de montaña

Puede que ya tengas unas gafas de sol para salir a la montaña, pero… ¿estás seguro de que son las adecuadas? El mercado ofrece múltiples opciones cuya calidad y prestaciones no siempre resultan evidentes. Analizamos los factores menos conocidos que influyen en una elección acertada.

1. PRECIO IDEAL
Todos queremos gastarnos lo menos posible. Quizás una gafa muy barata (de 20 a 30 euros) sea suficiente para salidas muy esporádicas de un día para senderismo en media o baja montaña, pero no es lo más recomendable si haces actividad a menudo o por ejemplo te gusta frecuentar la alta montaña estival. A partir de 50-60 euros comienzan las gafas de buena calidad y pueden alcanzar hasta los 170 euros en función de sus componentes. Obligatorio filtro UV 400 para todo tipo de actividades y categoría 4 si superas los 2.000 metros de altitud y/o te gusta la nieve.

2. CALIDAD ÓPTICA
Unas lentes que no distorsionen las imágenes cuando miramos frontal y lateralmente resultan prioritarias para evitar daños en los ojos a medio plazo. También deben reproducir correctamente los colores (las gafas baratas pueden falsear fácilmente los verdes y naranjas) y no producir fatiga visual ni obligar al usuario a levantarlas cuando necesita precisión en el perfilado de relieves, algo muy importante si se transita por terrenos escarpados.

3. RESISTENCIA AL RAYADO DE LAS LENTES
El cristal mineral se muestra mucho más resistente a los arañazos que las lentes más generalizadas (plástico ultraligero tipo policarbonato), pero pesa bastante y sólo tiene sentido para trabajos profesionales en el medio natural o para gafas graduadas de sol. Las lentes de bajo coste (montadas en gafas de 40 euros o menos) se rayan con facilidad y por lo tanto no puedes esperar que te protejan adecuadamente durante más de 1 o 2 años de uso continuado. El problema se agudiza en las fotocromáticas económicas (40-60 euros), en las que el filtro auto oscurecible suele ser una simple pegatina y no estar integrado en la lente.

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4. NIVEL DE CUBRICIÓN
No suele prestársele mucha atención, pero cuanto más cubra el contorno de ojos más protegida irá toda esa zona de piel tan sensible. Las gafas de glaciar redondas incluyen protecciones laterales con óptima ventilación para no empañarse pero cubren muy poca piel. Las tipo panorámico, con una sola lente de gran amplitud nos pueden dar un aspecto un poco “marciano” o “flipado”, pero no son ninguna exageración si pasamos muchas horas expuestos a una radiación solar intensa.

5. MONTURA DURADERA
El talón de Aquiles de muchas gafas actuales de precio muy ajustado es lo fina que resulta la montura en zonas críticas (puente o sujeción de la lente) y la fragilidad de la inserción de las patillas. El acetato, el policarbonato de buena calidad, el termoplástico Grilamid TR 90 o incluso el bronce para las patillas de ciertos modelos de gama alta ofrecen longevidad sólo si la montura tiene un espesor suficiente. Si la montura te queda un poco justa sobre tu cara, se romperá prematuramente por fatiga o sobretensión.

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6. COMODIDAD EN USO PROLONGADO
Atención a que el apoyo y sujeción en nariz u orejas no resulte molesto. En las primeras horas casi cualquier gafa puede parecer cómoda, pero luego “incordiarte “ en uso prolongado por contacto con mejillas, nariz, orejas o sienes. Antes de comprarlas, pasa el dedo por todo el perímetro de apoyo para asegurarte de que está suficientemente redondeado y no presenta arista o rebabas de la inyección del plástico. Resulta interesante que las patillas sean moldeables para regular la sujeción deseada o entreabrirlas si notas molestias; en algunos casos van recubiertas de un polímero semi blando tipo caucho para proporcionar mejor adherencia y confort.

7. ES MEJOR UNA GAFA DE BAJO COSTE QUE NINGUNA
Lógicamente cualquier vendedor especializado o amistad con conocimientos suficientes del equipo de montaña te recomendará que inviertas en unas buenas gafas, pero quizá hasta que te decidas a hacerlo-o simplemente porque sueles romperlas con relativa frecuencia- no te convenza gastarte de 60 a 100 euros. Siempre resulta preferible utilizar temporalmente una gafa de bajo coste que ninguna e incluso que tu segundo par de repuesto en montaña sea un modelo muy asequible ¡saldrás del apuro o podrás prestárselas a alguien que las necesite!