Un mar de montañas: skimo en Macedonia

Os invitamos a recorrer con nosotros los escenarios de esquí de montaña más interesantes de Macedonia, un pequeño país en el corazón de los Balcanes
Fco. Javier González -
Un mar de montañas: skimo en Macedonia
FOTOS: Hugo Cózar / FJ González

Hay sangre en las pieles y barro en las botas. Dos señales de que la jornada de splitboard ha sido de las memorables. Una gran sonrisa en la cara y el dolor de piernas lo confirman.

Llega un momento en que todas las estaciones de esquí, por lo menos las “occidentales”, te pueden parecer “iguales”. También llega un momento que te cansas de las masificaciones y buscas refugio en lugares fuera de los caminos marcados, en busca de esa autenticidad que –paradójicamente- suele encontrarse en los lugares menos desarrollados. El pequeño país balcánico de Macedonia, o la «Antigua República Yugoslava de Macedonia», ha sido históricamente la región más pobre de la península balcánica, una zona rural sin apenas industria hasta el siglo XX. Desde su independencia de Yugoslavia en 1991, el país ha intentado impulsar el turismo internacional aludiendo tanto a la herencia histórica como a los numerosos reclamos culturales y naturales de los que dispone. Sin salida al mar, los mayores atractivos naturales son, sin duda, sus montañas y 3 Parques Nacionales que visitaremos en este viaje. Eso sí, si buscáis o montañas grandilocuentes, pendientes extremas o estaciones glamurosas, aquí no lo encontraréis. Pero sin duda encontraréis gente muy amable y hospitalaria, una exquisita gastronomía y un potencial enorme para foquear en un destino muy, pero que muy genuino.

Popova Sapka

“En veinte años de snowboard, nunca me habían abierto un remonte sólo para mí”, le digo a mi compañero de aventura Hugo Cozar, guía de la agencia de viajes Muntania, al bajarme de la vetusta y desvencijada silla de dos de la estación, que han puesto en funcionamiento sólo para nosotros. “Es una de las pocas cosas positivas del exiguo desarrollo en la zona, que somos tan pocos por aquí que nos conocemos todos y podemos hacer estas cosas”, nos comenta Danko, nuestro guía de montaña local. El telesilla nos ha ascendido desde los 1.700 hasta los 2.450 metros, lo que nos permite ahorrar fuerzas antes de progresar con las pieles hasta el medio de alta montaña en el que pensamos gastarlas… Es marzo y hace calor, y aunque comenzamos foqueando sobre las huellas nevadas de una máquina pisanieves, nos espera una jornada en condiciones muy cambiantes, en las que habrá que pisar nieve, hierba y rocas; así como portear las tablas de vez en cuando al hombro o en la mochila.

Un mar de montañas: skimo en Macedonia

Popova Sapka

Llegamos a Antenas Peak, una loma que hace de mirador natural para el Titov Vrv, que con 2.748 m domina la zona, y fue nombrado así después de la formación de Yugoslavia por el líder Josip Broz Tito. Es evidente que el panorama que admiramos a nuestro alrededor es salvaje. Tan sólo restos de viejas instalaciones militares en algunas cimas: refugios, antenas o incluso una máquina retrac abandonada. Justo cuando pienso que no nos hemos cruzado con nadie en todo el día aparece tras nuestras huellas un grupo de esquiadores de la Republica Checa, dato que corroboran sacando unas latas de cerveza de medio litro de sus mochilas. Van camino del Titus, pero nosotros –de momento- nos conformaremos con descender la amplia pala del Karabunar (2.650 m). “En un día de powder, hay como mucho treinta freeriders en la zona”, me dice Meto con una sonrisa consciente de lo atractivo del dato para un esquiador europeo acostumbrado a las masificaciones. “Bienvenidos a las Shar Mountains, las montañas coloridas”, nos dice Danko mientras nos señala las distintas montañas, valles y macizos que se abren a nuestro alrededor cual mar de montañas, y nos marca las líneas que hacen de frontera con Kosovo, Albania, Bulgaria… Las cadenas montañosas se superponen y cruzan como una marejada agitada por el viento en el océano. Es fácil incluso desorientarse entre tanta cadena que se cruza sin control. “Es como un Guadarrama a lo bestia”, comenta Hugo, mientras sueña con aventuras de varios días en la zona en autosuficiencia, con la mochila a cuestas, “pero ya es muy difícil encontrar compañeros para esas aventuras”, me dice.

Un mar de montañas: skimo en Macedonia

Un mar de montañas: skimo en Macedonia

“¡Que jodan al glamour!”, pienso mientras caminamos por una zona llena de barro y basura, con edificios abandonados y una enorme sensación de dejadez y abandono a nuestro alrededor. Cuesta creer que en la época de la extinta Yugoslavia este fuese uno de los centros de esquí más famosos del país. “Había incluso discotecas”, me dice Meto, con una especie de nostalgia socialista que sería un punto común con bastantes personas con las que hablé del tema. “No sólo discotecas, también había más esperanza de vida”, zanja nuestro amigo Jane, tour operador pionero en el turismo activo y de aventura en el país. Lo cierto es que salvo alguna excepción, es obvio que ningún hotel dela zona ha invertido en renovar sus instalaciones, ni mucho menos la propia estación, que según nos comenta Meto “es de propiedad pública, pero la gestiona gente que ni siquiera esquía”. Lo que es obvio es que, si la nieve acompaña, el potencial es enorme. Y buena prueba de ellos son los grupos de esquiadores de montaña y freeriders nórdicos, ingleses y franceses que comprobamos están de paso a la llamada del famoso powder balcánico que, de momento, se nos resiste Ya de tarde, en la terraza de uno de los hoteles de la estación, un grupo de freeriders se arremolina, móvil en mano, alrededor de un cordero atado a una cuerda. Van a sacrificarlo para invocar la nieve, que se hace de rogar desde hace semanas. No me creo el forecast hasta que veo la nieve caer con mis ojos”, me dice el matarife antes de instar al grupo, cuchillo en mano: “¡Pensad todos en nieve! La sangre mana por entre las baldosas mientras desuellan al cordero, y nos invitan a degustarlo a la brasa al día siguiente en las montañas.

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Un mar de montañas: skimo en Macedonia

“Es un poco borracho”, me dice Danko sobre el artista local autor del curioso cuadro de rafting que cuelga de la pared. “Tiene su estilo propio: santos esquiadores o cabareteras bebiendo cerveza…” Estamos en un famoso restaurante militar de la época yugoslava, en el que se puede es fácil sentir –incluso oler- su antigüedad. En las paredes cuelgan cuadros, esquís, fotos en blanco y negro de tiempos pasados y algún que otro motivo militar. El ambiente es muy relajado, la gente se muestra amable y hospitalaria. Una característica que tendremos tiempo de comprobar a lo largo de todo nuestro viaje. No hay mucho turismo en la zona, y el que viene, es muy bienvenido. Devoramos unos platos de carne de cerdo en salsa con base de patatas, así como Sharskas y guindillas en salsa. En apenas un par de días ya nos hemos enamorado de la gastronomía de Macedonia: deliciosas ensaladas, quesos de cabra, salsas de influencia oriental, truchas, cordero… todo fresco y muy sabroso, sin duda adquirido en las granjas y mercados cercanos.

“¡Que jodan al glamour!”, pienso mientras caminamos por una zona llena de barro y basura.

Al día siguiente volvemos hasta el Antenas Peak, pero hoy nos toca dirigirnos hacia la zona de los corredores del Bakardan, 2.704 m, que a lo lejos ya nos da una impresión más alpina de lo que parece desde la zona baja de la estación, con palas y canales de todo tipo y para todos los niveles. Damos buena cuenta de ello antes de cerrar la jornada con un divertido descenso por un tubo de nieve primaveral que sigue el curso de un río. Llevamos siete horas y los pies ya duelen. Sobre todo a nuestro guía Danko, que se arrastra maldiciendo el día que compró sus botas por internet. Nos toca movernos, pero Popova Sapka, con nieve, “tiene para quedarse por lo menos cinco días”, me comenta Hugo.

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Mavrovo

Janice es una preciosa aldea de montaña en la región de Reka, en el corazón del Parque Nacional de Mavrovo, una zona de influencia musulmana. Macedonia estuvo durante un largo periodo de su historia dominada por el Imperio otomano, y es frecuente encontrarse con numerosas mezquitas en sus pueblos, a. “Durante la época de influencia turca, muchos habitantes se convirtieron al islam. Otros no, pero han convivido siempre en paz”. Macedonia es un país fronterizo con Albania, Kosovo, Bulgaria, Grecia y Serbia “¡Por eso tenemos tantos problemas!”, exclama Tutto, el dueño del hotel que lleva su nombre en la aldea. El país cuenta con una población diversa según su origen, siendo los macedonios (64%) y los albaneses (25%) los más numerosos, seguidos de minorías de turcos, romanís, serbios, bosnios, valacos… También existen diferencias religiosas: mientras los macedonios son mayoritariamente cristianos ortodoxos, los albano-macedonios profesan el islam. Si bien la convivencia es en términos generales es tranquila, hay pocos matrimonios mixtos y en ocasiones se han producido enfrentamientos. Los más frecuentes son entre las etnias macedonia y albanesa, cuyo punto álgido fue el conflicto armado en el norte del país en el 2001.

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Un mar de montañas: skimo en Macedonia

“Es un visionario”, me dice Jane sobre Tutto: “invirtió en un tipo de negocio por el que nadie apostaba, y poco a poco va funcionando cada vez mejor”. Lo cierto es que el hotel destaca por su cuidada decoración, agradables habitaciones y su exquisita gastronomía, llevando el concepto de cocina lenta a su máxima expresión. Nos ofrece licor rajkia hecho por él mismo con hierbas de la zona, y que aseguran tiene propiedades medicinales. No contento con emborracharnos, Tutto me ofrece tabaco 100% natural cultivado en la zona. Me sorprende su color y su olor, libre de cualquier tipo de aditivos. De hecho, el producto líder en las exportaciones del país es el tabaco , seguido del vino, frutas y hortalizas y carne de cordero. Y, por cierto, los buenos caldos del país –de los que dimos buena cuenta- están generando una incipiente industria vinícola.

Nos ofrece licor rajkia hecho por él mismo con hierbas de la zona, y que aseguran tiene propiedades medicinales.

Nos despertamos antes del amanecer con las bonitas vistas desde la habitación de Jance y las nieves de color rosado del pico Stogova . Un copioso desayuno nos da fuerzas para afrontar una jornada que comienza por la carretera que sigue el curso de las glaucas aguas del río Radika. Nos detenemos en un cruce y traspasamos las mochilas y esquís a un 4x4 que nos ayudará en la aproximación a través de una pista de montaña. Pasamos por un decadente, sucio y medio abandonado puesto de control de la policía, en el que nos detenemos para indicarle al taciturno funcionario nuestro objetivo en la zona. Un poco más lejos un perro pastor turco parece el único signo de vida en una destartalada granja con tejados de uralita. Hay humedad en el ambiente y el cielo poco a poco se cubre de estratos. El Parque Nacional de Mavrovo es uno de los tres del país, y en el que están tres de las montañas más famosas: Vistra, Deshab y, la más alta y famosa, el Korab, de 2.764 metros, y que hace de frontera natural con Albania. “Estamos en zona de influencia albanesa, alguna gente no habla ni siquiera macedonio”, nos dice Danko. El Jeep nos deja junto al jardín de un puesto de policía con una enorme bandera de Macedonia.

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Un mar de montañas: skimo en Macedonia

El foqueo comienza por una inspiradora zona boscosa, preludio de las primeras rampas que nos llevan hasta unas cuadras de madera desde donde ya se intuye la magnitud de los picos a los que nos dirigimos. La nieve no presagia un buen descenso, pero queremos aprovechar el que probablemente sea el último día del viaje con buena visibilidad. Sufro para manejarme con la splitboard en una pronunciada pala de nieve costra-hielo, antes de reunirme con mi guía en un collado con espectaculares vistas. El ambiente es agreste. “Esto sí que es backcountry”, me dice Danko. Una fría luz reverbera en la prístina naturaleza de montaña que se muestra a nuestro alrededor. No hay ni rastro de vida humana o animal a nuestro alrededor, salvo una pareja de cuervos que nos sobrevuelan. “No hay servicio de rescate en la zona. De ningún tipo.”, me comenta Danko cuando le pregunto al respecto. Por eso cobra una especial importancia contar con guías de montaña locales que estén conectado con la gente de la zona para buscar ayuda rápidamente en caso necesario. Y, evidentemente, este es un factor que te hace estar especialmente alerta.

Un mar de montañas: skimo en Macedonia

Un mar de montañas: skimo en Macedonia

Nos dividimos en dos grupos de dos para no estorbarnos con nuestros diferentes ritmos de subida, y al poco rato Hugo y Meto ya progresan muy por delante nuestro por una expuesta cresta de camino a la cima del Kepibarthe (2.606 m) Les esperamos en un collado con impresionantes vistas a una cadena de picos que me recuerdan a unos pequeños pero soberbios Dolomitas, con potencial para marcar nuestras líneas en todo tipo de palas y canales. Aquí, en función de nuestro estado físico y de la meteo, se puede optar por continuar hasta el Monte Korab, lo que añade tres horas más a la jornada. A falta de un extra de chocolate para darme las fuerzas necesarias, optamos por el Kepibarthe, “quizás uno de los mejores descensos del país”, nos dice Meto. Y así fue. Una bajada inolvidable, sobre todo porque ninguno esperábamos las buenas condiciones de nieve que nos encontramos ¿No sabe así mejor? Es una de las cosas buenas que tiene ir con guías que conocen el terreno, me digo a mí mismo.

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Mavrovo

Acudimos al famoso monasterio ortodoxo de St. Johan Bigorski, para comer en el nuevo restaurante Mijak House, con una bonita terraza con vistas a los pico Deshat (2.375 m) y Krchin (2.341 m),cubiertos de bosques de los que sobresalen varios minaretes, y un grato ambiente de parejas y grupos de amigos disfrutando de la comida. ¿Os he contado ya que la manduca es deliciosa? Bueno, pues prepárense para el momento que probéis una completa parrillada macedónica en el Mijak House: salchichas, cerdo, hamburguesas con queso (sharska burguer) , salsa tsatsiki con pepino, crujientes de pimiento (vezeni piperki), o el delicioso pastel típico estilo árabe Baklava… “Es sin duda la mejor barbacoa del país”, nos dice Jane.

Galichica

Ohrid (Ocrida u Ojrida en español) es la capital turística de Macedonia. Es una localidad reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, famosa por su pintoresco casco urbano a los pies del famoso lago del mismo nombre, que presume de ser el más antiguo de Europa y, junto al Titicaca y el Baikal, uno de los más antiguos del mundo. Después de haber estado en las montañas nevadas sólo unas horas antes, llegar y sentir la brisa y el sonido de las olas es desconcertante.

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Galichica

Ohrid bien merece una jornada, o por lo menos media, para visitar algunos de sus atractivos turísticos como el teatro Antic, la fortaleza y la muralla Samuilova, o la imagen más conocida y fotografiada de Macedonia: la ermita de St. Jovan Kaneo. Desde allí, aunque tapadas por las nubes,vemos la montaña Galichica (2.254 m) que da nombre al Parque Nacional que preside, y que parece vigilarnos a lo lejos. El sol sale… vemos la nieve en las montañas, sentimos la llamada ¡Hay que saber adaptarse a los imprevistos! Nos cambiamos de ropa en la furgo de camino a Galichica, recorriendo una de las carreteras más escénicas de Macedonia. Pasamos por pequeños pueblos de pescadores, como el bonito Trpejca (una especie de St. Tropez de Macedonia) y vamos ganando desnivel a medida que superamos más curvas y poco a poco vemos como el lago cada vez nos queda más lejano por debajo nuestro ¡hermoso!

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Galichica

Nos ponemos las pieles a 1.600 m y comenzamos a foquear por un bonito y frondoso hayedo que me recuerda a estampas invernales japonesas. Al romper la cota de bosque desembocamos en una despejada pala de nieve que nos brinda unas bonitas vistas a las aguas de intenso azul del lago de fondo. 300 metros de desnivel después estamos a los pies de un pequeño circo que, a primera vista, me recuerda al de Gredos. Las nubes no nos permiten ver la cima del Pico Magaro que, con sus 2.255 metros, es el más alto del macizo y hace de frontera con Albania.

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Galichica

Descendemos hacia la vertiente del lago Presta, cuyas aguas están comunicadas con el de Ohrid, por la carretera que discurre a través de un precioso robledal. El valle está menos poblado, salta a la vista que es más agreste, y la luz del atardecer invernal nos decora un paisaje con cierto toque patagónico. Pasamos junto a un centro turístico abandonado a orillas del lago, con enormes instalaciones decrépitas. “Tenías que haberlo visto en la época yugoslava”, nos dice Danko.

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Pelister

“Hay cinco cosas de las que no te cansas nunca: comer, beber, viajar, follar y esquiar”. Nos dice nuestro anfitrión Pece Cvetkovski, un auténtico personaje de mirada pícara y gran conversación, mientras nos sirve en la mesa del salón de su casa de Dihovo una deliciosa Tavche Gravche, un plato de judías al horno, como la fabada pero sin compango. “Come despacio, pero ¡bebe deprisa!”, me dice al rellenar la copa con uno de los vinos macedonios que atesora en su bodega subterránea, muchos de ellos elaborados por él. En su alojamiento se paga lo que se quiere. No hay reglas: “¿Qué es eso de que hay horario para las comidas? El cliente está de vacaciones ¡come cuando quiere!” Pece fue jugador profesional de fútbol, y militó durante varias temporadas en el Celta de Vigo “Las mujeres y los porteros siempre encajan goles”, bromea antes de despedirse de nosotros.

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Un mar de montañas: skimo en Macedonia

Es nuestro último día de actividad en los Balcanes. Nos hemos despertado en el bonito hotel-teatro Teatar de la localidad de Bitola: la ciudad de los teatros, las embajadas, “y las mujeres más bonitas del país”, apuntilla Danko. Prácticamente pegadas a Bitola se levantan las montañas del Parque Nacional Pelister, que han merecido protección por el alto valor ecológico que atesoran.Y después de varios días amenazando, finalmente sufrimos la escasez de nieve en la zona, lo que no nos hizo renunciar a una jornada de trekking desde Nizee Pole, a 1.200 m, para alcanzar el lago Bis (2.226 m) situado en un hermoso circo de origen glaciar. Prácticamente 400 metros nos separarán de la cumbre, a la que renunciamos por el intenso frío.

Skopje

A lo largo de mis viajes por el mundo, siempre he lamentado no haber dedicado algún día a conocer las ciudades de los países que he visitado. Por eso ni me planteé dejar de conocer Skopje, la capital de Macedonia. La ciudad se encuentra en el curso superior del río Vardar, en una de las principales rutas balcánicas entre Belgrado y Atenas. La ciudad se desarrolló rápidamente tras la Segunda Guerra Mundial, pero esta evolución fue interrumpida en 1963 cuando fue sacudida por un fuerte terremoto. Un compañero periodista norteamericano me la definió –exageradamente- como “una mezcla de Disney World y Pionyang”. Efectivamente, la primera impresión de un centro urbano cargado de nuevas y enormes edificaciones y monumentos de estilo, digamos neoclásico, es chocante. Pero sólo pasear por el antiguo bazar turco, y detenerse a comer en alguna de sus cafeterías o restaurantes, o incluso salir a tomar algo en su joven y animada noche, basta para que merezca la pena como guinda a un inusitado viaje en los márgenes de los caminos marcados.

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Skopje

CON QUIÉN: A raíz de este viaje la agencia Muntania ha empezado a ofertar un completo programa de esquí de montaña en Macedonia bastante similar al que os hemos relatado. Este programa de ocho días pretende enseñarte algunos lugares ideales para la práctica del esquí de montaña y todo ello acompañado de alojamientos de calidad y disfrutando de una gastronomía magnífica. PVP: 1.116 €. Incluye traslados, alojamiento, desayunos, almuerzos y cenas; entrada al os Parques Nacionales y dos guías de montaña durante todo el viaje. 629 37 98 94 info@muntania.com muntania.com

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