Accidentes en Rocódromo: ¿Cómo evitarlos?

El rocódromo es un lugar donde es muy fácil despistarse y cometer errores.
Joaquín Colorado -
Accidentes en Rocódromo: ¿Cómo evitarlos?
Accidentes en Rocódromo: ¿Cómo evitarlos?

El rocódromo es un lugar donde es muy fácil despistarse y cometer errores. Vamos a analizar los errores habituales que generan accidentes en rocódromo y, lo más importante, cómo evitarlos.

En el rocódromo suelen darse muchos incidentes, y algunos accidentes, aunque las variables que intervienen para que estos se produzcan no son tantas como en la roca natural. Es por ello que aquí resulta más sencillo tipificar los casos seleccionados a partir de unos pocos errores más definidos.

En el Rocódromo la mayor parte de los daños personales que se producen son leves, aunque en términos absolutos van en aumento por el enorme auge experimentado por este tipo de instalaciones. Por su parte, los daños graves tampoco son escasos, pero se detecta un descenso de los mismos. Haciendo balance, he podido constatar que el mayor número de accidentes o incidentes en rocódromos suelen producirse por falta de comunicación que implica a su vez errores cometido por el asegurador; maniobras en reuniones o instalaciones de descuelgue, seguidos de cerca por otro tipo de errores o despistes en el encordamiento o en el chapaje escalando de primero.

Con el fin de brindar al usuario ocasional o futuro de rocódromos una visión lo más completa posible de qué puede encontrarse o esperar de una instalación de este tipo, en función de las circunstancias que afecten a esta, vamos a empezar por hacer una clasificación de rocódromos en este sentido.

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TIPOS DE ROCÓDROMOS FIJOS

Más técnicamente, un rocódromo es una Estructura Artificial de Escalada, y debería de cumplir la norma europea EN 12572, referida a los requisitos de seguridad relacionados con este tipo de estructuras. Igualmente, todo rocódromo debería de contar con personal especifico especializado para llevar a cabo su mantenimiento, controlar su uso y garantizar la seguridad; en definitiva, lo que ya ocurre con otras instalaciones deportivas como pueden ser las piscinas.

Pero veamos cual es la realidad. En España, en función de su ubicación y tipo de gestión, podemos establecer la siguiente clasificación de estructuras artificiales de escalada: En polideportivos ya construidos

Es el caso más habitual, se contrata la instalación de un rocódromo en un polideportivo público ya construido, que no contemplaba en su proyecto inicial la integración de tal estructura. Como principal ventaja en este tipo de ubicaciones, tenemos que se integra en un complejo que cuenta con todos los servicios, vestuarios, etc. propios de una instalación pública. Puede estar cubierto, protegido de las inclemencias meteorológicas, o no, siendo en este caso un inconveniente. Lo peor de todo es que no suele contar con personal especializado en su mantenimiento, ni en el asesoramiento o control de la seguridad cuando practican los usuarios. En este sentido, resulta frecuente que la gestión parcial de esta parte del polideportivo quede subrogada a un club de la zona, que a su vez controla el acceso de usuarios, por lo que este nunca es libre; además estos usuarios no tienen acceso a otras instalaciones complementarias, como el gimnasio, si no es pagando aparte este servicio. También suelen presentarse problemas de incompatibilidad de horarios de uso con el resto de actividades, ante la práctica de otros deportes a los que se les da más preferencia.

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Al aire libre, en parques públicos

Generalmente se trata de estructuras auto estables, es decir, que no se apoyan en ninguna pared, a modo de gran monumento o escultura. Su única ventaja es que no cuesta dinero escalar en ellos. Todo lo demás son inconvenientes: les afectan las inclemencias meteorológicas, no hay control de acceso, ni mantenimiento sistemático, ni por supuesto instalaciones complementarias ni personal encargado que vele por la seguridad para prevenir accidentes.

Instalaciones específicas para la escalada (Salas o Centros)

Son de carácter privado, y las que más auge han experimentado en los últimos años, ya que si las comparamos con los dos tipos anteriores, se trata de las mejores porque están pensadas de inicio solo para escaladores o deportistas de montaña. El planteamiento inicial del proyecto se hace por y para el rocódromo: todo está orientado para facilitar a los escaladores la práctica de su actividad a cualquier nivel. El modelo de gestión se asemeja al de un gimnasio privado, al que se le ha “dado la vuelta”: más espacio para escalar que para el resto de actividades. A estas instalaciones se las suele agrupar bajo la denominación de “Salas de Escalada”, con superficies muy variables, aunque también existen grandes instalaciones que integran ellas solas varias salas y todos los equipamientos y servicios necesarios. Estas últimas son más bien Centros de Escalada, con superficies escalables que superan los 1000 m², repartidas por el mundo en torno a las grandes ciudades. En España, desde que comenzó el s. XXI se han abierto muchas pequeñas Salas, pero Centros de Escalada solamente hay tres.

Su gran ventaja, tanto por tratarse de instalaciones privadas, como por el hecho de estar pensadas por y para la escalada, consiste en que suelen estar adecuadamente mantenidas y bien equipadas. Por supuesto poseen control de acceso, y en muchas de ellas el usuario disfruta de asesoramiento y supervisión continua por parte de profesores especializados.

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ERRORES EN EL ENCORDAMIENTO

Para subir como primero de cuerda, el arnés pelviano de escalada presenta solo una única forma por donde pasar la cuerda de escalada (dinámica, NO estática) a la hora de encordarse: al doble punto, o al punto único, según modelo, y nunca al anillo ventral.

Un escalador llega al descuelgue, a 10 m del suelo, avisa a su asegurador para que tense, y al mismo tiempo empieza a colgarse... da un grito y cae de espaldas, sin cuerda, hasta impactar con la colchoneta que protege la base. Gracias a esta colchoneta, que por fortuna tenía el espesor y la calidad adecuados, el accidentado sufrió tan solo fisura en la cadera; dada la altura y su posición al caer, podría haber recibido mucho más daño. Pero, ¿qué había ocurrido? lo mejor es verlo en la foto, increíble, pero ocurrió... Aparentemente, el nudo estaba bien, pero no en la manera en que este pasaba por el arnés. Foto: Reconstrucción del accidente: con tan solo un rápido golpe de vista, no se puede detectar fácilmente si el nudo está o no bien hecho (colección J. Colorado).

Incluso hasta un experto puede incurrir en un error de este tipo, y con severo desenlace. Ocurrió hace pocos años en un rocódromo de Los Ángeles (USA), donde el conocido y veterano escalador estadounidense John Long impacta contra el suelo tras casi 10 m de caída: fractura múltiple y abierta en pierna y tobillo izquierdos. Un análisis posterior de los hechos revela que el nudo de encordamiento de Long no estaba bien terminado. El propio afectado reconocía que el accidente fue debido a un error de principiante, al olvidar terminar completamente su nudo. Había sido una larga jornada de trabajo, se encontraba distraído y cansado. También faltó una revisión mutua entre escalador y compañero que asegura, algo que los alumnos a veces obvian cuando a quien tienen al otro extremo de la cuerda es a su profe...

Cuando un escalador se sienta sobre el arnés para ser descolgado, y de repente cae sin cuerda que le retenga, la posición en la que el cuerpo queda para recibir el impacto (hacia atrás y de espaldas) resulta extremadamente peligrosa. A pesar de ello, John llegó al suelo muy erguido, lo suficiente como para recibirlo con los pies... testigos que presenciaron la caída, afirman que les llamó mucho la atención cómo John reaccionó en el aire muy rápidamente, ejecutando una sacudida en todo su cuerpo para adoptar una “posición de gato” más segura para minimizar los daños... Este reflejo del experto escalador, que funciona tras mucho entrenamiento específico, fue lo que le salvó de sufrir mucho más que una pierna rota.

El hecho de que un profesional pueda llegar a cometer un error de este tipo, nos debe de dar una clarísima idea de la importancia, en el momento de hacerse el nudo, de estar perfectamente concentrados en lo que estamos haciendo. Pero además, como protocolo de actuación, escalador debe controlar en su compañero colocación correcta de arnés, conexión con aparato asegurador y cuerda pasada por este; mientras que la persona que asegura debe controlar en su compañero arnés, cuerda, nudo de encordamiento, casco, y si lleva el material de seguridad necesario. Cuatro ojos ven más que dos.

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CAÍDAS DE 1º CON ERRORES DE ASEGURAMIENTO

Más allá de las distracciones de la persona que está asegurando, el reflejo más importante para detener una caída es la de ejecutar un gesto de aseguramiento de tipo “dinámico”. Esto significa que al producirse la caída, no basta con que el asegurador mantenga su dispositivo en posición de frenado. Además, al mismo tiempo debe acompañar, dejarse ir con su peso en la dirección de la cuerda activa, mientras su compañero termina de detenerse. De esta forma, aquel suaviza la fuerza de choque que se produce en la detención, y así la trayectoria de quien está cayendo, al tensarse la cuerda es más vertical o cuando menos no tan pendular y violenta contra el muro, tanto más cuanto menos desplomado sea este. En rocódromo, donde las distancias entre chapas es pequeña, hay que asegurar siempre así sea cual sea la altura de la chapa que detendrá la caída.

Normalmente también hay que asegurar de la misma manera en escalada deportiva sobre roca natural. No obstante, resulta muy importante matizar que, en este escenario, pudieran darse excepciones ante situaciones muy concretas. Casos en los que un asegurador muy atento tenga que decidir realizar una acción contraria a dinamizar la caída, y actuar para recoger un poco de cuerda, o simplemente no dejarse llevar, solo cuando existe riesgo de que su compañero pueda tocar bien el suelo (normalmente si cae entre las chapas 1ª y 3ª), o bien una repisa peligrosa en su caída antes de que la cuerda activa se tense y detenga. En tal situación, resulta preferible para quien cae recibir un tirón más estático, a cambio de ser detenido antes de impactar con suelo o repisa, que todo lo contrario...

Diferencia de pesos positiva o negativa entre escalador y asegurador

Cuando quien escala pesa mucho más que su asegurador (diferencia positiva, más de 10 kg de diferencia), ante una caída de primero puede ocurrir que este último salga disparado como un cohete... ¡hasta detenerse poco antes de llegar a la primera chapa! Evidentemente, el gesto dinámico queda garantizado a la fuerza, pero existen dos riesgos a controlar:

  • No asustarse hasta el punto de soltar la mano de la cuerda inactiva (la que ejerce el gesto de detención).

  • Si la pared es vertical o presenta un techo bien marcado antes de la primera chapa, el asegurador se podría golpear en la cara o cabeza. Es por ello que conviene valorar muy seriamente que quien asegura se ponga casco en situaciones como esta.

    Ante el estrés que le produce ver a su compañero caer, un asegurador que no tiene bien entrenado el reflejo de actuar con la mano que detiene sobre la cuerda inactiva, muchas veces reacciona cogiendo la cuerda activa con la otra mano, como para intentar detenerle por las bravas. De esta forma, la persona que asegura no permite que el peso del cuerpo cayendo se transmita eficazmente al dispositivo de aseguramiento, impidiendo que este funcione, además de sufrir una buena quemadura en esa mano imprudente.

La ventaja que aportan las distancias cortas en un rocódromo, así como las líneas muy rectas de sus vías, pueden sin embargo derivar en otro tipo de riesgos con posibilidad de daño potencial. El error más habitual, y peligroso del asegurador consiste en posicionarse en el peor sitio posible: la vertical del escalador, debajo de él. Tal error puede provocar dos tipos de accidente:

  • Ante las cortas distancias de un rocódromo, en caso de caída lo normal es que quien cae golpee violentamente sobre la cabeza del asegurador.

    • Si la caída se produce desde mayor altura, en el momento en que la cuerda se tensa para detener el cuerpo que cae, su entrepierna puede impactar con fuerza contra el tramo de cuerda, tenso a tope, que hay entre la primera cinta y su asegurador. Y para remate de faena, este choque le puede provocar volteo contra el muro, contra el que se dirige de espaldas.

Un posicionamiento correcto de quien asegura será siempre:

  • De pie, piernas ligeramente separadas, un pie ligeramente adelantado. Por el contrario, si aseguras sentado, el tirón de la caída te arrastrará y puedes golpearte, no atendiendo bien a la maniobra de detención de tu compañero que cae. Y lo que es peor, como por desgracia se observa a veces: si aseguras tumbado, además puedes hacerte mucho daño en la zona lumbar y en la columna vertebral. Ni siquiera debes asegurar tumbado en el suelo aunque tu compañero esté escalando en polea.

  • Fuera de la vertical de la posible caída, sin alejarte de la pared, y ligeramente lateral. Esta posición desplazada lateral debe ser contraria a la de la trayectoria que esté tomando el escalador, para evitar conflicto entre sus piernas y la cuerda activa. Y se mantendrá muy cerquita de la pared no solo para evitar que su compañero se le caiga encima, sino también para que no le estorbe la cuerda o no choque contra esta en esa hipotética caída. Si la vía desploma, para que no tengas que doblar tanto el cuello hacia afuera, date la vuelta, con la espalda mirando al muro, y te separas un poco (no más de la vertical de la primera cinta) verás que es mucho más cómodo.

La cuerda que asegurador debe darle a escalador en esos momentos es únicamente la justita como para que no le tire y moleste.

Respecto de si tu posicionamiento es o no correcto, basta con preguntarte e imaginarte mientras aseguras ¿qué pasaría si se cae en este momento? He hecho muchas veces esta pregunta a aseguradores mal colocados, y la mayoría de las veces su reacción puso de manifiesto que algo así ni se les había pasado por la cabeza…

Caso contrario: cuando quien escala pesa mucho menos que su asegurador (diferencia negativa, más de 10 kg de diferencia). Suele darse con frecuencia en padres asegurando a hijos que ya tienen cierto nivel, y que por tanto acometen vías como primero de cuerda. Además, ya sea bien por recomendación, más o menos acertada, del padre, o bien por elección ambiciosa del propio hijo, estas vías presentan muy a menudo una dificultad al límite o claramente por encima del nivel del hijo; por lo tanto, el riesgo potencial de caída resulta bien cierto. Una vez más, si el padre, o el asegurador cuyo peso es muy superior al del escalador, en caso de caída, en lugar de ejercer un bien marcado gesto dinámico como se describió anteriormente, realiza con todo su cuerpo un gesto de tirón brusco, echándose hacia atrás... la cuerda se tensa inmediatamente y el peso ligero recibirá una sacudida que le proyectará violentamente contra el muro. Si el cuerpo recibe el muro bien recto, el riesgo de lesiones afecta principalmente a tobillos, tendones de Aquiles o rodillas. Pero si el escalador que cae experimenta un ligero giro lateral, la inercia que se genera le puede llevar a golpear muy bruscamente con su espalda y cabeza, incluso en vías con desplome moderado. Si la inclinación del muro es de solo 90º, en lugar de desplomar ligeramente, el impacto recibido por el escalador será todavía mucho más severo.

El gesto dinámico de aseguramiento debe de ser más activo cuanto menos diferencia positiva de pesos haya entre escalador y asegurador, y debe de estar perfectamente entrenado cuando esa diferencia entre ambos es negativa.

Respecto del riesgo de impacto con espalda o cabeza tras inercia por giro lateral, cierto es que en muchas ocasiones que caemos no será fácil controlar la posición de nuestro cuerpo para recibir el impacto sin consecuencias; cuanto más imprevisto sea el instante de volar, más difícil será prepararse para ello. Pero no es menos cierto que el buen escalador, que acomete vías que están a su límite, y donde obviamente la posibilidad de caída es alta, no puede carecer de entrenamiento previo referido a qué posición adoptar mientras se vuela. En el hecho de caer como un peso muerto descontrolado, o hacerlo con tu cuerpo lo más preparado posible, puede estar la diferencia entre hacerse o no daño. Pero esto hay que ensayarlo, no sale de forma refleja; existen cursos específicos para ello.

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EL MÁS COMÚN DE LOS ERRORES CON LA CUERDA

Se trata este del incidente más característico de los rocódromos, donde los seguros intermedios están muy próximos entre sí. Esta última ventaja, que impide se produzcan grandes vuelos y que los usuarios escalen más tranquilos, comporta a su vez el siguiente riesgo: dadas las distancias cortas entre chapa y chapa, el escalador puede disponerse a chapar la siguiente manteniendo aún sus pies colocados por debajo del último seguro que acaba de chapar. Se encuentra por tanto muy próximo a este último seguro: en posición de reposo, al coger la cuerda para chapar el siguiente, coge sin querer la cuerda por debajo de esta última cinta chapada, en lugar de hacerlo por encima. Si el escalador termina chapando, la configuración que queda le dejará desprotegido para poder continuar escalando. Suelen incurrir en este error tanto noveles como veteranos, aunque en mucha mayor proporción los primeros. La diferencia de reacción está en que los veteranos suelen detectar enseguida tal circunstancia, y sobre la marcha arreglan el desaguisado. Sin embargo, a los noveles hay que avisarles de lo que acaban de hacer, no se han dado cuenta; pero una vez informados, miran y remiran, ven una cosa rara en la cuerda, pero no comprenden qué ha pasado, y por lo tanto no saben cómo solucionarlo. Es mejor hacerles bajar hasta el suelo, allí comprenderán mejor lo que no han hecho bien, y vuelta a empezar.

Curiosamente, también suele ser un error que lo repiten de cuando en cuando aquellos que lo cometieron por vez primera. La mejor recomendación que puedo dar aquí es la de, a la hora de chapar, acostumbrarse a dirigir la mano hacia el nudo de encordamiento, para coger la cuerda cerca de este, y así evitar que se produzca el error en cuestión. Adquirir este reflejo tiene otra ventaja añadida: obliga al escalador a acercarse más a la cinta que quiere chapar, y así en caso de caída el riesgo de vuelo se reduce, por menor despliegue de cuerda.

MANIOBRA DESCUELGUE DEMASIADO RÁPIDA

Los aparatos de aseguramiento asistido (detención estática o semiestática) dan lugar a muchos accidentes o incidentes, pero no es culpa de ellos. El escalador de limitada experiencia no asume su responsabilidad a la hora de asegurar, confiando en que el aparato lo va a hacer todo bien. Con esta actitud, no se preocupa de reaccionar de forma eficaz y refleja cuando el pánico puede apoderarse de él. Esas reacciones eficaces y reflejas hay que entrenarlas, y un profesor se las tiene que pulir para evitar el más mínimo error en el gesto. Lo contrario, es provocar daños innecesarios, incluso a terceras personas ajenas a la cordada implicada: asegurador descolgando a su compañero demasiado rápido, el cual, al pisar colchoneta, la fuerte inercia que lleva le hace perder el equilibrio y rodar hacia atrás... alejándose del muro, golpea con su cabeza (y casco) en la rodilla de otro escalador ajeno que pasaba por ahí, y le derriba.

Sin que se trate de ningún fallo de funcionamiento, los aparatos de aseguramiento asistido a veces no bloquean solos cuando no reciben un tirón lo suficientemente fuerte, sobre todo si el diámetro de la cuerda está en el rango bajo de los permitidos por el aparato. Para eso está la mano de frenado: sea cual fuere el tipo de aparato o la circunstancia, es la mano, sujetando la cuerda activa, la que en última instancia actúa para que se produzca la detención.

Otro caso, no menos insólito, donde el asegurador se queda atónito, sin saber qué es lo que ha pasado: una vía larga (muchos metros de cuerda activa, y muchas cintas por donde esta pasa), donde además quien escala ha hecho ese gesto habitual en el descuelgue cuando hay mucho desplome (se auto tensa tirando con una mano del tramo de cuerda anterior: entre el descuelgue y la última cinta, antes de soltarse sin avisar, completamente volado, y abajo su pareja mirando a otro lado); lo normal es que abajo, su compañero reciba un suave tironcillo que provoque deslizamiento de la cuerda en el aparato sin llegar a bloquearla. Si el asegurador no tensa previamente el sistema, preparándose para descolgar, su compañero puede empezar a descender, cada vez más rápidamente, porque su asegurador no ha sabido reaccionar a tiempo, intentando apretar la cuerda inactiva con la mano de frenado, para provocar la reacción de bloqueo del aparato que está manejando. Si has perdido el control sobre la cuerda inactiva por demasiada velocidad de deslizamiento, lánzate con tu cuerpo sobre la madeja de cuerda que tienes a tu lado en el suelo, alimentando ese deslizamiento, y provocarás el bloqueo deseado; otro motivo más, por si acaso, para acostumbrarse a dejar bien recogidita la madeja inactiva cerca de nuestra pierna derecha, en lugar de que esté por ahí desparramada y sin control.

Una buena comunicación garantiza un buen aseguramiento. Para asegurar bien, y por tanto prevenir males mayores en caso de caída, hay que considerar esta parte tan importante de la escalada como un trabajo en equipo entre los miembros de la cordada.

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EL ARNÉS SE LE BAJA A LOS PIES CUANDO IBA A SER DESCOLGADO

Tanto en el caso de niños pequeños, como de personas demasiado obesas, hay que fijarse muy especialmente en que el arnés les quede muy bien ajustado por encima de las caderas. Los niños, aun tratándose de arneses de talla adecuada a su tamaño, no están aún desarrollados anatómicamente como los adultos. Por su parte, para las personas con sobre preso, que tienen colocado muy al límite el arnés de mayor talla, cualquier precaución es poca cuando se trata de ajustarles bien cualquier elemento del equipo. De no ajustarse de forma perfecta, existe el riesgo de que el arnés se afloje o desplace, y caiga por debajo de la zona lumbar: en el momento de colgarse de la cuerda si cae o para ser descolgado, ese niño o persona muy obesa no quedará sentado sobre el arnés, sino que volteará hacia atrás y cabeza abajo, con riesgo de salirse completamente y caer sin control.

Se trata de un error de consecuencias graves que a veces no es fácil de detectar, ya que, a pie de vía y cuando la cuerda en polea se encuentra tensa, esta sujeta el arnés y no parece que esté flojo. Pero si cuando el escalador ya a ha ganado altura y por algún motivo el sistema pierde tensión, este constituye el momento crítico en el que el arnés pueda caer peligrosamente y no sujetarle.

ESCALADA DESPLOMADA EN POLEA Y DESCUELGUES: PRECAUCIONES

Cuando se ensaya una vía en polea, cuya cuerda tiene una mitad pasada por las cintas de la vía, y la otra mitad libre, si la vía es rectilínea y no desploma, siempre es más cómodo para el escalador atarse al tramo de cuerda libre. De esta forma, no interrumpirás su ritmo de ascenso al no tener que sacar la cuerda de los seguros intermedios. Pero cuando la vía tiene una trayectoria un tanto diagonal, o especialmente cuando es rectilínea pero desplomada, sí conviene atarse al tramo que pasa por las cintas, para evitar grandes péndulos en caso de caída. Ahora bien, si lo normal es que los descuelgues estén abiertos, en una vía desplomada, si alguien quiere escalarla en polea, no debe de escalarla hasta el final, sino que debe terminarla dejando por encima de él la cuerda pasada mínimo por dos puntos, es decir: se baja cuando haya llegado a la altura de la penúltima cinta por donde pasa la cuerda, antes del punto final de descuelgue, pero sin sacar esta. La razón es que, ante un descuelgue abierto, no podemos quedarnos a varios metros del suelo con la cuerda pasada únicamente por un solo punto que pudiera abrirse de forma accidental.

Esto es válido para planos que desplomen de forma moderada (no más de 20º). Para ángulos más exagerados, mejor escalarlos solo de primero.

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ERRORES CON EL AUTOASEGURADOR

Este interesante artilugio prolifera cada día más, ya que permite escalar en altura sin necesidad de cuerda ni de compañero que te asegure. Ya solo por esto, se eliminan por tanto muchos factores de riesgo de los que acabamos de analizar. Pero, en el mundo de la escalada en general, aún está por inventarse algo que sea 100% infalible; el autoasegurador también requiere sus precauciones de manejo, especialmente en el caso de escaladores noveles a la hora de descender. Cuando el aparato te baja, lo hace de forma controlada, pero no para, lo cual significa que tienes que tener las piernas bien preparadas para caminar hacia abajo sin parar, especialmente si se produce péndulo, y así evitar golpeos contra el muro de cualquier parte del cuerpo. Por este motivo, no es recomendable que los niños pequeños lo utilicen si no es bajo el control activo de un profesor.

PROBLEMAS CERCA DEL SUELO, SIN LA CUERDA

Resulta obvio que, sin cuerda, la variabilidad de errores se reduce ampliamente. Pero no debemos olvidar que en un rocódromo los usuarios pasan mucho más tiempo entrenando sin cuerda cerca del suelo, que encordados en una vía. Es por ello que, si bien cuando no hay cuerda los riesgos disminuyen, por el contrario aumentan mucho más las veces en que se repiten determinadas situaciones que pudieran dar lugar a algún incidente. No en vano, el número de accidentes sin cuerda en rocódromo es mayor que los acontecidos con la cuerda: se le dedica más tiempo a esta forma de escalar. Una muestra más de que la probabilidad de sufrir un accidente por hacer algo en concreto no depende tanto de la naturaleza o dificultad de ese “algo”, como de la frecuencia con que lo realizamos.

Siempre hay que portear, y dejarse portear...

El porteo constituye un recurso preventivo de seguridad hacia el escalador, cuando bien este no dispone de otro medio de protección, o bien este puede no ser suficiente. Así pues, el porteo se utiliza en bloque natural, además del colchón; se utiliza en deportiva, para proteger el tramo que va desde el suelo hasta el primer anclaje; y se debe utilizar SIEMPRE en rocódromo cuando se hace bloque, se encuentre o no el escalador en apuros, se caiga o lo encadene para después saltar, por muy buena colchoneta que tenga la instalación. No es buena la costumbre de portear solo cuando uno piensa que el compañero se va a caer: cuando la caída es inesperada, no te da tiempo a protegerle bien; y cuando encadena y se tira desde muy alto, un pequeño porteo hubiera evitado en más de una ocasión una torcedura tonta, en lugar de que un corro de varios amigos se haya quedado a su alrededor mirando sin hacer nada...

El objetivo del porteo es estabilizar la llegada del escalador al suelo, es decir, no solo cuando cae, sino también cuando salta, aunque lo haga de forma controlada.

Una escaladora desde apenas dos metros de altura; la colchoneta que la protege recibe primero sus pies, a continuación su trasero, y por último su brazo derecho: luxación de codo. Tres compañeros la observaban mientras ella escalaba y caía, y ninguno hizo nada por protegerla. Este supone un caso más que justifica la presencia siempre de alguien que portee; a poco que uno de los tres compañeros hubiera hecho algo en este sentido, la luxación de codo se hubiera evitado.

Por otra parte, hay escaladores que ejecutan un mal reflejo que les impide ser porteados: cuando caen, se dan la vuelta en el aire, con riesgo de golpear con quien le portea, sin que este último pueda recibirle bien. Se observa en algunos escaladores tendencia consciente a girarse para caer mirando hacia el lado contrario al muro. Es preferible, incluso si no estamos siendo porteados, caer de espaldas al suelo y rodar hacia atrás. De lo contrario, recibir el suelo medio de lado puede provocar una palanca peligrosa sobre tibia y peroné.

Portear no significa tan solo estirar los brazos y apuntar hacia el que escala: requiere de una técnica bien depurada, aprendida y practicada de la mano de un profesor especializado. La importancia del papel de quien portea es la misma que la de quien asegura en una vía.

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ACTITUD ANTE EL MEDIO QUE NOS RODEA

En el rocódromo, conocer y respetar la normativa específica de la instalación garantiza una correcta convivencia entre los usuarios, genera buen ambiente y evita accidentes. No resulta recomendable utilizar auriculares para escuchar música mientras entrenas: te aísla demasiado del medio, de un medio en el que no estás precisamente solo, sino que tienes que compartir espacios y normas con otras personas, y esto puede dar lugar a que causes daño involuntario o que te lo causen a ti. Por muy grande que pueda ser una instalación indoor pensada para escalar, la concentración de escaladores por metro cuadrado siempre será mucho mayor que cuando vamos a la roca natural. De entre las distintas normas de seguridad que deben existir en un rocódromo deben incluirse NO permanecer parados ni sentados en las zonas de escalada, así como la obligación por parte de quien escalada de avisar de su presencia a usuarios ajenos que pueda tener debajo. Todo responsable de rocódromo debe velar por el cumplimiento estricto de la normativa de seguridad.

Moraleja final: ya se trate de escaladores noveles o expertos, usuarios de rocódromo asiduos u ocasionales, atletas o muy bajos de forma..., todos estamos expuestos a cometer errores que desencadenen incidentes o accidentes.

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