Denis Urubko, el típico invierno tropical...

El alpinista kazajo relata sus vivencias más allá de los 7.000 metros en el invierno del K2.
Redacción Oxígeno -
Denis Urubko, el típico invierno tropical...
Denis Urubko, el típico invierno tropical...

Denis Urubko se haya inmerso en el desarrollo de la estrategia en las próximas jornadas en el K2. Ha pasado un par de días en el Campo Base, recuperando fuerzas para un asalto a la montaña que ahora depende de los caprichos de la meteorología. Su cuerpo y mente está preparados para el desafío gracias a la aclimatación a la que los sometía llegando hasta los 7.400 metros, la segunda máxima altitud alcanzada nunca en el invierno del K2. Estas jornadas que pasan como una ensoñación en el base las ha aprovechado para relatar en su blog las últimas experiencias bajo la pirámide principal de la montaña.

"Ahora, sentado en un cálido saco de dormir, puedo recordar la abstracción que supone estar por encima de los 7.000 metros. Hace sólo un par de días nuestros pensamientos se confundian con el frío y el viento, pero ahora... con la cocina paquistaní y la comodidad polaca todo se ve muy positivo". Denis partía el 17 de febrero por la mañana del campo base y para la hora del almuerzo plantaba la tienda sobre los 6.200 metros, a la que pronto también llegaría Adam Bielecki. "La jornada siguiente fue puro entretenimiento con las cuerdas fijas. Todo estaba en buenas condiciones desde el verano, sólo era cuestión de asegurar algunos puntos aquí y allá. Resolvimos la Chimenea House con lógica y seguridad". Tras ello buscarían el emplazamiento para el Campamento 2. "El lugar oficial para el C2 suele estar demasiado expuesto a las ráfagas de viento. En verano este lugar ya requiere de un alto compromiso con la naturaleza, pero en invierno muestra una mueca de muerte. Moles de hielo curvadas con los restos de tiendas viejas, estacas por aquí y allá... un lugar nada acogedor". Denis se puso entonces a cavar una protección en la nieve un poco más al oeste, cerca de un cúmulo de pequeñas rocas que podría ofrecer cierto resguardo. "Quizá fuesen nada más que cuatro metros de diferencia... pero es mucha diferencia. '¿Por qué cavas si hay un lugar preparado?', me preguntó Adam que acababa de llegar hasta mí. Le explique que había dando un paseo alrededor y todo estaba en malas condiciones y batido por el viento. Era mejor trabajar durante una hora".

La noche fue apretada. Los dos alpinistas se encogían en su tienda. Fuera la situación se ponía desagradable, con un viento furioso azotando su posición. "Juré que nunca me quedaría aquí sólo". Al día siguiente la cordada se despertó animada y se enterraron alegremente en las fauces de la Pirámide Negra, una sección de roca oscura y descompuesta que se extiende vertical desde los 6.700 metros.  "Las cuerdas en esta sección parecían confiables... si agarrabas donde debías y rezabas. Escalamos placenteramenete durante unas decenas de metros". Cuando Denis y Adam superaban este tramo comprometido de la ruta de los Abruzzos, la noche ya amenazaba con caerles encima. "La mayor parte del Broad Peak brillaba en color rojo con los rayos del atardecer, mientras el valle era barrido por una ola de oscuridad. Nosotros parecíamos dos insectos lentos, arrastrándonos frente a una pirámide ensangrentada". Tras disfrutar de la panóramica y regresar al presente, con viento y temperaturas mordientes, Adam empezaba a preguntarse cuando llegaría el momento de plantar la tienda. "Conozco un lugar", proclamó Urubko, "pero hay que cavar...".

La jornada siguiente se despertó con un calor sin precedentes. "¡Era posible secarse al sol con los sacos de dormir!". Decidieron inspeccionar la ruta más allá del C3, llegando a una cota de 7.400 metros. Desde ahí podían adivinar como se encontraba el resto de la ruta hasta el Campo 4. "¡Imaginate Adam! ¡Sólo cinco personas han estado a esta altura en el invierno del K2!", exclamaba el kazajo.

La siguiente noche, también en el C3, fue "dura". "No estabamos tan preparados para soportar tal altitud durante dos noches". Al amanecer, entre fuertes rafagas de viento, comenzaban a descender hasta el Campo Base. "El cuerpo estaba agotado, nos encontrábamos flacos como bicicletas... pero aún nos quedan músculos para el ataque final".

Fotografías y vídeo: Denis Urubko

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