Lunger y Moro, a por el primer encadenamiento invernal de dos ochomiles

Sería la primera expedición en la historia en lograr la GI-GII en invierno
Elena Moro
Lunger y Moro, a por el primer encadenamiento invernal de dos ochomiles
Tamara Lunger y Simone Moro, a por el primer encadenamiento invernal de dos ochomiles

Simone Moro y Tamara Lunger han anunciado su próxima expedición, un reto con mayúsculas que tiene como protagonistas de nuevo a los ochomiles y al invierno. El objetivo es ascender al Gasherbrum I (8.080 m) y encadenar esta cima con la ascensión al Gasherbrum II (8.035 m) sin regresar al campobase, realizando la conocida travesía por el collado del Gasherbrum La, la unión natural ente los dos picos, a 6.500 metros de altitud. Además, intentar realizar una ascensión en estilo ligero y compromerido, sin oxígeno complementario y en solitario (sin sherpas).

Si lo consiguen sería la primera expedición de la historia en unir dos ochomiles en invierno, y la segunda vez que se completaría la travesía GI-GII 35 años después de que lo lograra la cordada formada por Reinhold Messner y Hans Kammerlander en junio de 1984. Una auténtica hazaña alpina en la que pasaron ocho días por encima de la conocida como “zona de la muerte”, y que hasta ahora nadie ha vuelto a repetir, a pesar de intentos como el de la Polish Gasherbrum Traverse de 2016. Una empresa técnicamente difícil y arriesgada a la que se suman las complicaciones de pasar varios días por encima de los seis mil metros de altitud y las bajas temperaturas del invierno, aunque los dos alpinistas ya han sufrido los rigores de las temperaturas bajo cero en otras expediciones.

Tanto el GI como el GII ya han sido ascendidos en invierno, de hecho, Simone Moro, el alpinista que atesora más cumbres invernales, fue el primero que holló la cima del GII en 2011, junto a Denis Urubko y Cory Richards; en cambio nunca ha intentado la del GI que conquistaron los polacos Adam Bielecki y Janusz Golab en 2012.

CÁMARAS HIPOBÁRICAS PARA ADAPTARSE AL FRÍO

No es la primera vez que Simone Moro y Tamara Lunger se enfrentan a las temperaturas extremas del mercurio bajo cero. De hecho parece que el italiano se ha sentido atraído en los últimos años por los retos que tienen lugar por debajo de los 40 grados, como en la última expedición juntos a Siberia, al lugar más frío del planeta, la ascensión al Pico Pobeda (3.003 m), cuya dificultad radicaba no en la altura o el nivel técnico, sino precisamente en soportar esas temperaturas extremas. Simone la definió por aquel entonces como “la escalada más fría de la historia, en la montaña más gélida del planeta”. Si un tipo rudo y adaptado a los grados bajo cero como él dice eso, imaginaros la realidad… Tuve la oportunidad de charlar con Tamara Lunger el pasado octubre, en la presentación de la nueva membrana Gore-Tex Pro en Banff, Canadá, y visionar la película sobre esta expedición en Siberia (Pik Pobeda), y os puedo asegurar que el frío traspasaba la pantalla, podía sentir mis pies, manos y nariz congeladas a medida que observaba las peripecias de los dos alpinistas en el Ártico siberiano, soportando temperaturas de -50ºC (¡y pueden llegar a -70ºC!).

Tamara Lunger y Simone Moro, a por el primer encadenamiento invernal de dos ochomiles

Tamara Lunger y Simone Moro, a por el primer encadenamiento invernal de dos ochomiles

En la película se veía que Tamara no lo pasaba muy bien con el frío, pero ella contaba que se dejó convencer por el entusiasmo de su amigo Simone… Y ahora, ¿por qué enfrentarte de nuevo un ochomil invernal Tamara? Más aún cuando el intento al Nanga Parbat estuvo a punto de costarte la vida y te dejó una huella emocional fuerte… (Tamara se quedó a 70 metros de la cumbre, física y emocionalmente exhausta, y por no comprometer a los otros miembros del equipo, y pensando en su familia, decidió regresar sola al último campo, pero se cayó varias veces en el descenso y a punto estuvo de perder la vida)

“No sé, para mí una expedición en alta altitud, a un ochomil, es verdaderamente es mi vida, allí me siento como en casa. Cuando regresé del Nanga Parbat fue una de las experiencias más bonitas y mejores que he tenido en la montaña, incluso estuve muy cerca de despeñarme y estuve cerca de morir, pero esta expedición fue para mí muy especial. Y sí, amo regresar allí porque me siento como en casa. Quiero aprender más sobre mí misma.

Para mí una expedición a un ochomil es mi vida. El Nanga Parbat fue una de las experiencias más bonitas y mejores que he tenido en la montaña, estuve cerca de morir, pero fue para mí muy especial.

La expedición partirá al Karakorum el próximo 15 de diciembre, y este mes Simone y Tamara han estado adaptándose a las condiciones que les esperan en altitud y frío extremos en una cámara hipobárica TerraXCube del Eurac de Bolzano (un centro de investigación privado) que reproduce las condiciones que se van a encontrar en el Gasherbrum, y no sólo la falta de oxígeno, también las condiciones climatológicas extremas de frío, viento y nieve. Un equipo de investigadores está estudiando la adaptación fisiológica (corazón, aparato respiratorio, función cognitiva…) de los alpinistas a la altura durante un periodo prolongado de tiempo, y también al frío. El objetivo es que consigan una buena aclimatación a 6.400 metros.

"El frío es lo peor de las expediciones invernales… Sé que hará frio, pero voy a intentar dar lo mejor de mí misma. Todavía tengo tiempo de descubrir cómo funciona mejor mi cuerpo a esas temperaturas".

PAREJA DE HECHO EN LAS MONTAÑAS

Simone y Moro forman una pareja de hecho en las montañas, una pareja bien avenida que se entiende a la perfección en condiciones extremas, lo que no es precisamente fácil de conseguir… Ya formaban parte del mismo equipo en la ascensión invernal al Nanga Parbat en febrero de 2015, en 2017 intentaron otra travesía invernal demencial que también hubiera hecho historia, la del Kangchenjunga, ascender y cruzar cuatro cumbres por encima de los ochomil metros, y la útlima expedición a Siberia el año pasado. Así habla Tamara de su compañero de cordada:

"Simone y yo nos conocemos muy bien, y creo que no iría con nadie más a una expedición así. Confío en él cien por cien, y él confía en mí. Nos entendemos el uno al otro muy bien y rápido, él tiene mucha experiencia y me siento verdaderamente bien con él, así que creo que por ahora no podría pensar en ir con otro compañero de escalada a una empresa así".

¡Les deseamos mucha suerte en este gran reto!

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