Bienvenido Mr. Crowley

Jorge Jiménez Ríos -
Bienvenido Mr. Crowley
Bienvenido Mr. Crowley

En esa noche de quimeras que era la exploración a principios del siglo XX, cuando regiones como los Himalayas todavía suponían un enigma irreprochable que se resistía a la efervescente modernidad, algunos se despertaban con el afán de subir un candil a las oscuridades más remotas para el ser humano. Cuestión de espíritu. Incluso de un espíritu subversivo capaz de transgredir cualquier límite, tanto geográfico como ético, tan apto para liderar una expedición pionera al K2 como para dejarse la virgnidad a los 14 años con una criada en la cama de sus padres. De imponer el récord de altitud alcanzando hasta la fecha, estableciendo uno de los primeros grandes hitos del ochomilismo, o de ser considerado en su patria como “el hombre al que todos querríamos ahorcar”. Ahora imaginen la voz trasnochada y potentorra de Ozzy Osbourne para presentar al personaje: con ustedes el Mago, la Bestia, el adalid del esoterismo, el “hombre más perverso del Mundo”, su Satánica Majestad… ¡Aleister Crowley!

Con 27 años, dieciocho después de quemar su primer gato en un horno para comprobar si realmente tenía más vidas, este sombrío gentilhombre de la Inglaterra Victoriana, que murió llevando una dieta basada en leche, coñac y heroína, se presentaba ante los demonios del alpinismo para palpar su suerte.

Salvó el pellejo en el K2 tras 68 días de intentos alcanzando los 6.500 metros por su arista Noroeste. Y en 1905, treinta después de su alumbramiento y quince antes de fundar en la abadía siciliana de Thelema su insólita filosofía religiosa (acompañado por los susurros de un par amantes y los pasos quedos de varios bastardos), se ponía a la cabeza de un equipo de alpinistas para llamar al destino en el Kangchenjunga, donde es posible que sufriera los rigores y ambientes viciados de la permanencia sobre los 7.600 metros.

Tuvo la suficiente fe (particular) para revolverse ante la infancia tallada por una familia puritana y restrictiva, resbalando sobre reglas y convenciones como suelen hacer los precursores. Aunque su oscurantismo y subsistencia maldita nublen algunos de los desempeños más osados de la exploración en los gigantes de la Tierra, Crowley vivió en la certeza de que sin pesadillas los sueños tendrían menos valor. Dio pábulo al diablo que llevamos dentro y al héroe que queremos ser. Dos caras de un hombre demencial, alpinista compacto con alma torturada, tejedor cerebral de alucinaciones en pos de conocimientos más allá de su tiempo.

Ahora denle al play: "Mr. Crowley" del album Blizzard of Ozz. “Did you talk to the dead…”

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