Con V de Vitoria: entrevista a Juanito Oiarzabal

Dentro del ciclo de “Conferencias al límite” organizadas en la National Geographic Store de Madrid, acudimos a entrevistar a Juanito Oiarzabal, el primer español en ascender los catorce ochomiles del plane
Javier Gonzalez -
Con V de Vitoria: entrevista a Juanito Oiarzabal

Dentro del ciclo de “Conferencias al límite” organizadas en la National Geographic Store de Madrid, acudimos a entrevistar a Juanito Oiarzabal, el primer español en ascender los catorce ochomiles del planeta.



Por:
Fco Javier González
FOTOS: Jorge Jiménez

“57 años cumplidos el 30 de marzo. Nací en Vitoria- Gasteiz, en el primer piso de la calle Nueva Fuera número 20. Nací  una mesa de mármol; entonces también podías nacer en el hospital, pero yo nací en casa. O sea que soy de Vitoria, ¡pero bien! Y no sólo soy de allí, encima hago apología de mi ciudad. Soy un gran enamorado de mi ciudad.”

¿Cómo se llega de Vitoria al Himalaya?
Se llega muy sencillo. Primero nos tenemos que remontar a la tradición y la cultura que tenemos en Euskadi, y a la propia orografía del terreno. Eso ha hecho que siempre ha habido un familiar o un amigo que haya podido sacar a otra persona a la montaña. Yo comencé con siete años, cuando empecé a tener uso de razón, de la mano de mi padre conocí aquellas maravillosas montañas que hay alrededor de casa, y luego ya con 14 años me independicé y comencé a conocer el mundo vertical, empecé a escalar en roca, y hasta ahora.

¿Qué montañas de alrededor de tu casa te marcaron más?
Gorbea, Aitzgorri, Aratz…montañas muy tradicionales de allá.

¿Montañas a las que sigues yendo?
Sí hombre. Y sobre todo a una en especial que es el Gorbea,  que es probablemente la montaña más conocida y más característica que tenemos en todo el País Vasco. Es una montaña en la que me entreno, me mido… en la que tengo mis parámetros para determinar si estoy mejor o peor.

¿O sea que un ochomilista como tú se mide en un pico de 1.481 metros?
Es mi montaña por excelencia. Es donde entreno: son 800 metros de desnivel. La montaña me gusta, me pilla al lado de casa, y se presta para entrenar, porque es una montaña en la que se puede correr, en invierno se puede subir con esquís… tiene un poco de todo.

O sea que también corres, esquías…
Hombre, y subo con bicicleta de montaña, con esquís cuando hay nieve… soy guía UIAGM.

¿Y el siguiente paso?
Cuando empiezas a escalar comienzo a conocer el Pirineo, Picos de Europa, y ya doy un salto a los Alpes. Y en los Alpes es probablemente el lugar idóneo para aprender muchas cosas, sobre todo y fundamentalmente para saber salir de complicaciones y dificultades en momentos críticos. Ahí es donde realmente he aprendido, el lugar que ha sido mi gran escuela; porque todo lo que he aprendido en los Alpes lo he trasladado al Himalaya y he sabido solventar situaciones comprometidas.  Los Alpes es donde yo me he curtido, donde yo he escalado infinitamente. Pero claro a mí se me conoce por el hiimalayismo, pero yo he sido un grandísimo escalador en roca. Pero empecé a dejar la roca, me empecé a dedicar a los ocho miles. Pero aunque nunca lo he dejado, escalar en roca era lo que más me gustaba y apasionaba.  Y lo que me sigue gustando; lo que ocurre que ahora, al no tener dedos tengo una pequeña dificultad para desenvolverme en una escalada en roca.  (Juanito perdió los dedos de los pies en el año 2004 bajando de la cumbre del K2).

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Tu que has viajado a tantas cordilleras, montañas, valles… ¿Hay algún sitio especial para ti?
Yo siempre hablo mucho de Alaska. Recuerdo que la tundra y el paisaje que se ve en Alaska es realmente impresionante.  Cuando sobrevuelas esos paisajes y ves montañas tan espectaculares… pero sobre todo el salto tremendo de ver la tundra salvaje a de repente en un corte que sea todo hielo. Y luego en Nepal hay muchos paisajes, y cada uno es diferente; en general es muy verde y muy húmedo, y sin embargo viajas al Tíbet, al otro lado de la cordillera del Himalaya y es un terreno totalmente árido, seco, sin vegetación, que no tiene absolutamente nada que ver.

Ayer fue el 60 aniversario de la primera ascensión al Everest. ¿Qué significa para ti una montaña como el Everest?
Del Everest te puedo hacer un monólogo, puedo hablar largo y tendido. Para lo bueno y para lo malo. Lo bueno es remontarse fundamentalmente a los años 20, a aquellos intentos de ascensión por parte de los británicos, de Mallory, de Irving, Somervell… que eran verdaderos titanes, eran verdaderos aventureros, que se metían ya con aquellos materiales, aquellos equipos… Era una auténtica odisea y una auténtica aventura. Pasados los años, y después de la segunda Guerra Mundial, se abrió el túnel por parte del reino de Nepal y se hicieron las primeras expediciones, hasta que en el año 53 Hillary y Norgay hollaron la cumbre del Everest, que era otra historia… Hemos dado un salto en el tiempo muy cualitativo y muy cuantitativo también, en el sentido de que ya se empiezan a conocer y utilizar otros materiales, la técnica de la escalada empieza a cambiar, ya que en los años 20 la técnica de la escalada no estaba tan desarrollada y en estos años ya sí; y llegó un momento revolucionario  después de la segunda Guerra Mundial con la conquista de los 14 ochomiles: uno de ellos es el Everest, pero ya en el año 50 se subió por primera vez el Annapurna, que fue el primer ochomil que se ascendió por parte de Herzog y Lachenal. Y fueron pasando los años y llegaron los míos. Yo mi primera expedición al Everest fue en el año 90, una época en la que todavía se podían hacer expediciones al Everest, porque no estaba tan masificado como ahora. Pero me remonto un poquito antes, en el año 74 se hace la primera expedición vasca y la primera española a esta montaña y se quedan a 8.500 m. Amigos y compañeros míos vascos, que no suben pero vuelven en el año 80 y por fin Martín Zabaleta hace la primera ascensión estatal a la cumbre del Everest. Entonces sólo daban permiso para una expedición, para una expedición por temporada. Esto quiere decir que te lo tenías que montar todo: colocar todas las cuerdas, abrir la cascada de hielo, contratar un montón de sherpas, un montón de equipo y material, y todo eso era una fortuna que te tenías que gastar en los años 80. Y luego viene la siguiente fase que es cuando comienzo yo, que ya empiezan a ir más expediciones. Hecha la ley hecha la trampa. Y empiezan a haber expediciones con permisos para una expedición por ruta. Es decir, una a la cara suroeste, otra al pilar de los polacos, otra a la ruta normal… pero al final todos se van a la ruta normal. Yo en el año 90 estuve en la cara suroeste. Fui con una selección vasca para conmemorar los diez años de la primera ascensión vasca, o española, al Everest, pero en vez de ir por la ruta clásica vamos por la cara sureste, por la ruta británica, que no subimos pero que nos quedamos a 8.400 metros en el Campo 5. Hicimos una cosa muy bonita, no subimos pero con esas cosas es con las que hay que quedarse, con lo bonito, porque la calidad es lo que realmente vale. Yo tengo 26 ocho miles, soy la persona que más ocho miles tiene del mundo, pero más me hubiera gustado encontrar la calidad que no la cantidad. La cantidad al fin y al cabo es un número.

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¿Y en qué mides la calidad?
En hacer cosas nuevas, creativas, distintas, con un cierto compromiso. No ir donde va todo el mundo. Eso que está haciendo ahora la gente. Y eso que yo, la primera vez que subo al Everest en el año 93, subo por el pinar sur; yo no he subido nunca por la ruta clásica. Ahí tenemos un problema serio, hacemos cumbre por la vía polaca, y bajando de la cumbre mi compañero Antonio Miranda resbala y se mata. Para mí fue una cumbre muy agridulce, por este motivo por supuesto, pero también porque utilizo Oxígeno y es –y esto hay que recalcarlo muy bien- la única vez en toda mi carrera deportiva que yo he utilizado oxígeno para subir una montaña. La única vez. Posteriormente no volví a hacerlo jamás. Para subir.

¿Por qué?
Porque en aquel momento imperó más el ego personal de llegar a la cumbre que la propia ética. Es decir, había presiones, yo venía de hacer algunas expediciones que no había logrado cumbre, y quise apurar, quise asegurar, y a 8.500 metros me coloqué la máscara de Oxígeno. Tuvimos ese accidente, y a pesar de esa cumbre tan agridulce, seguí haciendo montaña, hasta que en el año 99 termino los catorce ocho miles con el Annapurna. Pero para mí lo más prioritario era volver de nuevo al Everest. Convenzo a Sebastián Álvaro, que yo ya trabajaba con él, y en el año dos mil vamos otra vez al Everest, y una vez completados los 14 ocho miles y convirtiéndome en la sexta persona en el mundo en subir las catorce cumbres, volvemos y hacemos una recreación de lo que pudo ser la expedición de Mallory e Irving en 1924. No hacemos cima; nos quedamos o 8.700 m sin oxígeno, por supuesto sin oxígeno. Erre que erre vuelvo otra vez a la carga, y al siguiente año con Sebas volvemos a plantear otra expedición al Everest. En esta ocasión había que poner un gancho para TVE, y el gancho fue hacer una retransmisión en directo desde la cima del Everest, y así lo hicimos. En esta ocasión ya subo a esta montaña sin oxígeno, y me convierto en la segunda persona más mayor en el mundo en subir al Everest sin oxígeno, y ya me quito esa espina que tenía clavada. Además me convierto en la tercera persona en el mundo en subir las catorce cimas más latas de la tierra sin utilizar medios artificiales.

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Terminaste tus 14 ocho miles con el Annapurna, el ocho mil que por estadísticas es el más peligroso de todos.  Por tu experiencia, ¿cuál consideras tú el ocho mil más peligroso?
Peligrosos son todos. Muertos ha habido en todos. Y yo no es que los haya subido todos. He repetido diez, de los catorce que he subido he repetido los más altos: el Everest, el K2, el Kanchenjunga…

Si ahora mismo te digo “vamos a subir el que tú quieras” ¿cuál dirías el último?
El Annapurna probablemente. Es una montaña que da muchos problemas de avalanchas, es una montaña que se carga mucho. El K2 es otra montaña en la que cambia bruscamente el tiempo.

O sea que ¿es la meteorología lo que les hace más peligrosos a unos de otros?
También. Sobre todo en el K2, en el que los cambios de temperatura y los cambios de viento vienen muy rápidos, lo que hace que se convierta en una montaña muy complicada. Date cuenta, date cuenta, que yo soy una de las tres personas que ha subido dos veces el K2. Es decir, al Everest hay mucha gente que ha subido una, dos, tres, cuatro veces… hay un sherpa que ha subido veinte veces. Y en el K2 solamente somos tres personas que hayamos subido dos veces. Un sherpa, un checo, y el que te está hablando aquí.

¿Podríamos escribir otra Historia del alpinismo desde el punto de vista de los sherpas?
La evolución de los sherpas ha cambiado mucho desde los años veinte que también llevaban sherpas. Y ha cambiado mucho sobre todo ahora, en estos últimos diez años. Primero porque son mucho más técnicos, son mucho más creativos, están mucho más profesionalizados y ya no es “mira el serpita que se gana la vida”, no, tienen un status importante dentro de lo que es la sociedad de Nepal, son una casta importante y tienen un reconocimiento mundial importante. Con esto quiero decir que al sherpa ya no hay que mirarle por encima del hombro,  todo lo contrario, es él el que te puede mirar a ti; porque están ahora mismo, alpinísticamente hablando a la altura de prácticamente la totalidad de ochomilistas buenos que podemos encontrar. Porque ochomilistas hay a montones, pero malos son la inmensa mayoría.

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¿Tu experiencia con ellos a nivel humano ha sido buena?
Mi experiencia ha sido tremenda. Me han dado de todo. Me han dado palos por un lado y…  para que te hagas una idea yo, fíjate si estaré vinculado a Nepal, que tuve un cocinero durante un año en Vitoria aprendiendo cocina. Pero aparte de eso he tenido una niña adoptada en Nepal. Una niña que la trajimos con dos años y que ahora tiene siete.

Me da la sensación que en el ochomilismo se están magnificando algunas cuestiones ajenas al propio espíritu del alpinismo o himalayismo…
Lo que ocurre es que nos estamos fijando mucho en lo que ocurre alrededor del Everest. Toda la parafernalia, todo lo que se mueve alrededor del Everest. Y no es así. El Himalaya es mucho más que el Everest. El Everest es una montaña que ha perdido toda su identidad. Desde mi punto de vista no tiene ningún reconocimiento. Es una montaña totalmente vulnerable, una montaña que a mí no me dice prácticamente nada. Es una montaña tan masificada, tan demandada, tan ofertada… una montaña con la que se hace un negocio terrible, por parte del gobierno del Nepal, por parte de las expediciones comerciales, por parte de las agencias… y que tiene muchísima demanda. Es la montaña más alta del planeta y es la montaña que se puede subir “relativamente” muy fácil. ¿Por qué? Porque en función del dinero que tengas va a resultarte muchísimo más fácil todavía subir al Everest. Esta montaña está equipada desde el mismo Campo Base, desde la tienda en la que tú duermes en el Campo Base hasta la mismísima cumbre, con cuerda sin dejarse un metro. Es decir que yo meto el puño en mi tienda en el Campo Base, y hago “raca raca, raca raca”, y es un cordón umbilical hasta la misma cumbre. No es que hay a un tramo sin cuerda. No, no, no. Todo. De momento ya tienes ahí una trampa: utilizar esas cuerdas, previo pago. Tienes toda la huella abierta, tu no vas a abrir huella nunca. Porque hay tantos sherpas, que cuando cae una gran nevada, tu no vas a abrir huella nunca, nunca. Y luego, en función del dinero que tengas, vas a llevar uno, dos, tres, cuatro sherpas… En función del dinero que tengas vas a llevar una mascarilla con un tubo que va hasta el sherpa que llevas detrás que lleva tus botellas de oxígeno, y que te las va regulando, en muchos casos hasta el nivel de como si estuvieras respirando en la Bola del Mundo. Y en función del dinero que tengas tendrás un sherpa delante, otro detrás que te empuja o te ayuda… Y luego la procesión, ya que siempre te vas a encontrar el día de cumbre diez, veinte, treinta, sesenta, cien personas que van para la cumbre. En caso de una mala situación, casi siempre vas a tener un apoyo o a alguien que te eche una mano para bajar. ¿Qué es lo único que te puede ocurrir? Un edema de pulmón, o un edema cerebral, o un paro cardiaco… Este año ha subido el señor este japonés de ochenta años que le podría haber dado un paro cardiaco que no le dio porque Dios no quiso. Pero lo normal es que le hubiese dado. Y es que, con todos los respetos, ya hemos visto subir de todo: un ciego, una persona sin piernas, una persona de ochenta años… se ha convertido en un circo de records, de marcas. Hemos llegado a unos niveles en el Everest que por eso te digo que ya no me dice nada. Por eso cuando me vienen y me dicen “he subido al Everest”, les digo “¿y qué”, “¿cómo lo has subido?”.  Por eso estoy hablando de la ética. Tan sólo el 2% de toda la gente que sube al Everest lo hace sin Oxígeno. Yo en el año 2001 que subí por segunda vez sin oxígeno, ese año subimos 187 personas. Tan sólo cuatro lo hicimos sin oxígeno. Es una montaña referente para los medios de comunicación, y aunque hay otras montañas de referencia para las expediciones comerciales, como el Manaslu, el Cho Oyu… hay montañas muy comerciales, pero en el K2 o el Nanga Parbat, ahí no vas a encontrar expediciones comerciales. Por supuesto que no.

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Más información:
www.juanitooiarzabal.com
www.ngmadridstore.com

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