De mapas, montañeros y espías

La increíble historia del Conde de Saint-Saud, el descubridor de los Picos de Europa

Rafael Solana

Monografie Picos de Europa
Monografie Picos de Europa

Jean Marie Hippolyte Aymar d´Arlot, al que llamaremos simplemente conde de Saint-Saud (1853-1951), o mejor Saint-Saud a secas, fue uno de los más importantes pirineistas franceses de la segunda generación. Por eso llegó tarde a la conquista de las cumbres más importantes del Pirineo, aunque aún se hizo con algunas primeras como el pico Algas o el Comapedrosa. Una punta de 3.003 metros, en un rincón escondido en la trasera del Gourgs-Blancs que, salvo coleccionistas de tresmiles, nadie visita, lleva su nombre.

Sin embargo, fue el primero en descubrir los Picos de Europa y ascendió un montón de cumbres vírgenes importantes (Morra de Lechugales, Peña Vieja…), entre ellas el techo de Picos y de toda la cordillera Cantábrica, el Torrecerredo. Muy cerca, en su cresta N.E., una afilada cumbre secundaria de 2.560 m. que nadie sube, se llama risco Saint-Saud. Todo ello con permiso de los lugareños que probablemente subieran antes pero que no descubrieron nada porque descubrir siempre supone dar a conocer.

Según la Teoría del Caos, que tan gráficamente explicó Lorenz con el “efecto mariposa”, a veces surgen relaciones inesperadas entre algunos acontecimientos. Aun siendo lejanos, inconexos y desproporcionados, terminan unidos por la voluble causalidad, no casualidad, de manera no siempre comprensible. Así, el aleteo de una mariposa en Brasil puede hacer aparecer un tornado en Texas.

saint saud 1921
Saint Saud en 1921

Acontecimiento 1

En 1871, la Francia del II Imperio en guerra con Prusia se hundió inopinadamente en unas pocas semanas. Una derrota más humillante porque Napoleón III cayó preso en Sedán y, para más inri, el vencedor, Bismarck, proclamó el II Reich alemán en el mismísimo palacio de Versalles de París. Francia perdió las ricas regiones de Alsacia y Lorena. Las dos guerras mundiales posteriores hundieron sus raíces en esta breve contienda. El longevo Saint-Saud fue testigo de las tres.

Acontecimiento 2

Lejos de allí, en los Pirineos, a pesar del auge que había tomando el pirineismo y de haberse ya conquistado sus principales cimas, el conocimiento general de la cordillera era escaso, sobre todo en la vertiente sur. Muy lejos de allí, más al oeste, los Picos de Europa sin piquismo eran completamente desconocidos. Sólo los navegantes que los avistaban al acercarse al continente les habían dado ese nombre.

Acontecimiento 3

En pocos años todos los Pirineos, incluidos los españoles, así como los tres macizos de los Picos de Europa y zonas aledañas de la Cordillera Cantábrica habían sido recorridos, estudiados, descritos, cartografiados y dados a conocer. Y no por españoles sino por franceses. Los que habían perdido la guerra franco-prusiana de 1870-71 y precisamente por ello.

La mariposa estaba en Sedán y el tornado se desencadenó en los Picos

La III República francesa surgida en 1871 achacó la derrota a las deficiencias de su ejército en el conocimiento del terreno, de su propio terreno. Mientras el enemigo disponía de una completísima cartografía de todo el teatro de operaciones. Hubo otros motivos que afectaban a la incapacidad de los mandos, a la impulsividad del emperador… en definitiva a las personas, pero, por eso mismo se obviaron. La culpa era de los mapas.

En el clima de revancha de las décadas que siguieron se trató de subsanar esta deficiencia, y el Estado Mayor francés encargó al coronel Ferdinand Prudent la realización de la Carte du Dépôt de Fortifications que debía incluir no sólo los territorios de Francia, sino también los trasfronterizos con todos los países vecinos; Alemania por supuesto, pero también España. Con la dificultad de tener que recabar información en países extranjeros potencialmente enemigos (harían falta espías) y la añadida, en el caso del norte de España, de que era un territorio prácticamente desconocido y además muy montañoso (harían falta montañeros). Por suerte Francia era la patria del alpinismo y del pirineismo. El CAF (1874) agrupaba a los mejores montañeros y en él encontró Prudent, que también era socio, a los hombres que necesitaba: Schrader, Lourde-Rocheblave, Labrouche y, sobre todo, Saint-Saud, a los que proporcionó instrumental cartográfico y aleccionó en su complejo manejo para la obtención de datos.

Con la dificultad de tener que recabar información en países extranjeros potencialmente enemigos (harían falta espías) y la añadida, en el caso del norte de España, de que era un territorio prácticamente desconocido y además muy montañoso (harían falta montañeros).

Desde 1877 y hasta 1890 Saint-Saud recorrió los Pirineos, en especial por su vertiente menos conocida, la española y la andorrana, proporcionando junto a otros muchos pirineistas miles de datos con los que el coronel Prudent elaboró en 1882 un mapa de los Pirineos españoles y en 1893, un mapa general de la cordillera que fue muy utilizado hasta bien entrado el siglo XX, especialmente por los montañeros.

Hoy se etiqueta, desde este lado de la cordillera, a Saint-Saud y a sus compañeros de ser espías al servicio de Francia. Y lo son si consideramos que sus observaciones de los Pirineos españoles fueron inspiradas y aprovechadas por Prudent con fines militares. Sin embargo, todos estos trabajos no debían ser desconocidos para las autoridades españolas cuando el mismo Prudent recabó información de los geógrafos españoles Carlos Ibáñez de Íbero y Francisco de Coello. El mismo Saint-Saud contaba con el apoyo del gobierno de Madrid y un misterioso salvoconducto que rompía todos los recelos de las autoridades locales. Incluso se entrevistó en el balneario de Panticosa con el presidente Sagasta.

Quienes colaboraron en la Hoja XIII de la Carte de France a pequeña escala (1:500.000) de Prudent publicaron sus propios trabajos en mapas locales a gran escala (Monte Perdido 1:40.000, Schrader 1874) antes de que apareciera aquél, con mucho más detalle en la toponimia, las alturas, las curvas de nivel… porque su interés deportivo estaba por encima de su patriotismo. Todos tuvieron difusión en este lado de la cordillera, especialmente en Cataluña donde el pirineismo despuntaba desde el CEC. No ha habido tareas de espionaje menos secretas ni más difundidas.

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Mapas y trabajos de Saint Saud

El descubridor de los Picos de Europa

Terminado su trabajo en los Pirineos, Saint-Saud siguió colaborando con Prudent: la Hoja XIV debía incluir la costa norte de la península y los “Pirineos cantábricos”. Pero también dio satisfacción a su curiosidad y afición desde que, en marzo de 1882, en un viaje a Santiago de Compostela, descubriera desde el alto del Turujal en Cantabria la silueta nevada de los Picos de Europa. Desde 1890 los visitará en ocho campañas de exploración. Ya anciano aún volverá una última vez. Antes de empezar su primera campaña en 1890, pasó por Madrid para impartir una conferencia sobre los Pirineos en la Real Sociedad Geográfica Española. Aprovechó para conseguir cartas de recomendación para las compañías mineras que operaban en Picos.

En 1891 reanudó sus exploraciones. La larga campaña de 1892, la tercera, fue la más provechosa y la más claramente deportiva. Acompañado de su amigo habitual Paul Labrouche y del guía de Gavarnie François Bernat-Salles que contaba con la primera al couloir de Gaube en el Vignemale, consiguieron, entre otras numerosas cumbres, la primera a Torrecerredo. Al año siguiente, 1893, desde el pico Albo describió el Naranjo de Bulnes como “…una cima cuyo acceso parece prohibido a los hombres, como también lo está para los rebecos”.

En 1906, tras un paréntesis de trece años, volvió en dos ocasiones, en julio y en septiembre. En esta ocasión le acompañaba como guía, entre otros, Gregorio Pérez, el Cainejo, que dos años antes ya había guiado a don Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, hasta la cima del inaccesible Picu.

Volverá aún a rematar sus trabajos en 1907 y 1908.

Saint Saud describió el Naranjo de Bulnes como “…una cima cuyo acceso parece prohibido a los hombres, como también lo está para los rebecos”.

Saint-Saud ni siquiera se planteó subir al Naranjo, aunque el marqués argumentó que su ascensión pretendía evitar que los extranjeros se llevaran la gesta. Pero no hay otras montañas cuyo descubrimiento y estudio esté más ligado a un personaje como los Picos de Europa: a su llegada los encontró salvajes y desconocidos y cuando volvió por última vez en 1924 para enseñárselos a sus hijas, Covadonga era ya parque nacional.

En lo deportivo había hecho las primeras ascensiones a la Morra de Lechugales, a Torrecerredo y a la Peña Santa, los techos de los tres macizos, y a un sinfín de otras cimas importantes. En lo divulgativo había publicado su Monographie des Picos de Europa y realizado un mapa general a escala 1:100.000 y otros tres más, uno por cada macizo, a 1:50.000. Aunque en verdad los hizo, basándose en sus datos, croquis, fotos y dibujos, el coronel León Maury, que ya había tomado el relevo de Ferdinand Prudent en la dirección del servicio cartográfico del ejército francés.ç

Torrecerredo
El risco Saint Saud, pegado a Torrecerredo