Las anécdotas de los lectores

Divertidas, aleccionadoras, melancólicas e incluso picantes…

Las anécdotas de los lectores
Las anécdotas de los lectores

Hubo un tiempo, no hace tanto, o sí, en el que la revista se cerraba todos los meses con una sección titulada “El rincón del lector". En esa época eran frecuentes los emails (incluso cartas) de muchos lectores contándonos sus escapadas, inquietudes y correrías. Así que un mes pedimos a la comunidad de lectores oxigenados que nos contaséis las mejores anécdotas que os hubiesen pasado ahí fuera, ya sabéis… Aquí unas cuantas de las que nos llegaron.

¿Tenéis alguna anécdota que contarnos? No dudéis en escribirnos a oxigeno@mpib.es

Rescate

Mi última anécdota ha sido hace dos semanas, realizando una ruta circular por la Pedriza, desde Canto Cochino, Macizo del Yelmo y, se supone que debíamos seguir por el Collado de la Dehesilla. Justo en este punto, y después de disfrutar de las espectaculares vistas desde la pradera del Yelmo, nos disponemos a proseguir la ruta por dicho Collado. Seguíamos las indicaciones de un buen libro de rutas y en este punto, mi pareja y yo nos desviamos dirección Este por un barranco bajo el que paseaba un pequeño arroyo (¡gracias a Dios! si no morimos).

Si andas por senderos señalizados y en algún momento dejas de ver las señales del sendero, no prosigas y vuelve sobre tus propios pasos

Después de tres horas y media nos dimos cuenta que no seguíamos el camino correcto. Mejor dicho ¡no había camino! Tuvimos que trepar por grandes rocas, reptar entre matojos secos y duras zarzas y a última hora de la tarde nos dimos por vencidos, viendo de frente el embalse de Santillana y pareciendo estar cerca de Manzanares, el camino era pronunciado, cerrado, frondoso….os podéis imaginar. Subimos del arroyo a unas grandes rocas a 30 metros de altura y tuvimos que recurrir a los bomberos, quienes nos rescataron media hora después en el helicóptero del grupo especial de bomberos de montaña. Aprovechamos estas líneas para agradecer a estos profesionales el rescate de aquel día, les pedimos perdón por nuestra imprudencia, por lo que la moraleja es: si andas por senderos señalizados y en algún momento dejas de ver las señales del sendero, no prosigas y vuelve sobre tus propios pasos. Un saludín. Jose Luis (Sete)

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Rescate

Paraíso Perdido

Esto pasó en las primeras vacaciones que hice con mi mujer después de casarnos. Siempre hemos sido unos amantes de la montaña y en una ocasión salimos a hacer senderismo siguiendo el río Barrosa, en Bielsa, Huesca. Al encontrar cortado por el deshielo el camino que debíamos seguir, se nos ocurrió tomar una ruta alternativa algo complicada, por la que parecía no haber pasado nunca ser humano alguno. Nuestra sorpresa llegó al encontrar un paraje escondido entre la maleza de una belleza inusual, formado por una cascada que se deslizaba por una pared de piedra formando un hermoso lago a los pies de esta. Encantados de haber descubierto un paraje así, mi mujer decidió parar allí a comer mientras admirábamos esa maravilla a la sombra de los hayedos allí creados rodeando el lago. Mi personalidad inquieta me exigió, nada mas comer, que intentara subir la pared para ver lo que se divisaba desde arriba, y, aunque con unos medios un poco rudimentarios, lo conseguí. Las vistas eran preciosas y cada vez me sentía más afortunado de haber encontrado aquel lugar.

Tanto mi mujer como yo creímos haber conseguido una proeza por ser posiblemente las primeras personas que habíamos subido esa pequeña pared

Cuando descendí la pared al lado de la cascada, tanto mi mujer como yo creímos haber conseguido una proeza por ser posiblemente las primeras personas que habíamos subido esa pequeña pared, ya que el paraje era para nosotros inhóspito. Nuestra sorpresa llegó cuando al cabo de cinco minutos comenzó a descender por la misma pared un grupo de unos veinte jóvenes franceses equipados con sus trajes de neopreno, cascos, pies de gato…. Tras un par de horas creyendo haber sido unos descubridores de parte de la creación, nuestro gozo en un pozo; se nos quedó una cara de atontados que no pudimos siquiera disimular, con las consiguientes risas entre los jovenzuelos. Al menos nos quedan los pensamientos que tuvimos durante las dos horas que estuvimos allí creyendo ser los únicos conocedores de aquel paraje tan hermoso, aunque debo reconocer también la rabia que sentí cuando vi a aquel grupo que hizo que “nuestro paraíso" pareciera el metro en hora punta. Un saludo. Jose Manuel Martin

Reconozco la rabia que sentí cuando vi a aquel grupo que hizo que “nuestro paraíso" pareciera el metro en hora punta

La cascada indiscreta

Buenas a todos. Por estas fechas, mi hermano y yo, solemos hacer una cascada preciosa que hay en pueblo cercano del mío. Es una cascada que casi nadie conoce con más de sesenta metros de caída dividida en tres tramos. Está un poco retirada, el acceso es un paseo muy escarpado y con mucha vegetación y por si fuera poco no está equipada. Normalmente es imposible encontrarte a nadie porque los pocos que nos atrevemos con ella somos frecuentes de la escalada de la zona y nos avisamos en caso de que la vayamos a hacerla, tanto para ir, como para un posible rescate. Dejamos el coche en una pequeña plataforma del Pantano, donde se encuentra otro coche y el nuestro, ya no entran más. Ascendemos por un sendero que si suele estar transitado, poco, pero puede dar la casualidad de encontrarte con algún pastor o vecino de algún pueblo de alrededor; pero vamos, que no con mucha gente más. Nos introducimos en la escarpada senda llena de matojos y por una pronunciada cuesta para llegar a lo más alto de la cascada, y cuál es mi sorpresa que cuando me dispongo a montar unos cordinos estos ya estaban puestos. Me fijo y no son los del año pasado, son nuevos. Alguno de estos ha estado por aquí estos días y no nos ha avisado el cabrito, pienso yo para mí.

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La cascada indiscreta

Mi hermano y yo tenemos un sistema de señas a través de silbatos tanto para escalar como para hacer barrancos, más efectivo que andar a grito pelado y más por aquí que hay muchas especies nidificando (no doy señas del lugar porque no queremos que esto se convierta en un parque de atracciones, aunque sólo con el sendero para llegar muchos se echarían para atrás). Compruebo el cordino y veo que es fiable, así que tiramos para abajo el primer rápel, el segundo… y cuál es mi sorpresa que en el último rápel de veinte metros me encuentro una cuerda montada pero no se ve a nadie; así que decido desmontar su cuerda y me la ato detrás en forma de mochila. Soy muy poco amigo de utilizar el material de otros para practicar estos deportes, monto mi cuerda y para mi sorpresa según estoy bajando en mitad del rápel me encuentro a una pareja muy joven practicando las artes amatorias -ósea echando un caliqueño- en lo alto de una roca en un lateral de la poza. Pero es que ellos con el ruido de la cascada y la posición que tenían no se enteraban de nada, así que allí me encuentro colgado como un lomo y viendo una película X en directo, decido actuar y dejo caer la mochila cerca de su posición. El susto que se llevaron junto con la vergüenza que les entró fue impresionante. Ellos se vistieron mientras que yo le decía a mi hermano, con tirones de la cuerda, que esperase. Cuando se vistieron mi hermano rapeló. Él no había visto nada, ni siquiera sabia lo que había sucedido y cuando llegó abajo se puso ha hablar con ellos como si nada, hasta que le di de señas y salimos trepando de la poza. Cuando se lo contaba no se lo creía así que el sendero de vuelta fue todo un descojone, y mi hermano todavía me reprocha que por qué no le avise. Por cierto luego me enteré que eran una pareja del País Vasco amigos de un escalador de la zona que les había dado la reseña, cuando se lo conté se descojonaba. Si por casualidad la citada pareja leyera esta historia pedirles disculpas pero creo que actúe lo más correctamente posible. Francisco Chorro

Así que allí me encuentro colgado como un lomo y viendo una película X en directo

¡Abran paso!

No es mi mejor anécdota, pero si es de las que más he aprendido. Ocurrió en Mascun, descendiendo el Gorgas Negras. Allí participaba en un campamento juvenil, y hubo un hecho de uno de nuestros monitores que me marcó para siempre, de esto hace más de quince años. Nos disponíamos a rapelar una de las caídas de agua, un grupo de aproximadamente diez personas. De repente llegaron dos franceses, y teniendo ya nuestro rápel montado, pasaron directamente y usando nuestra misma reunión, sin decir nada, montaron un rápel y descendieron a toda prisa. La verdad es que no me pareció bien las maneras como lo hicieron, lo más lógico sería esperar o al menos preguntar si podían pasar. Nuestro monitor, a pesar de ser un auténtico profesional, no se le ocurrió otra cosa que liarse a pequeños empujones cuando se disponían a rapelar los franceses. Ésta actitud tampoco me pareció la más idónea. Estas situaciones se repiten no sólo en estos casos, sino también en ocasiones cuando vas por una pequeña arista en el monte: piensas “le dejo pasar o paso yo"…

Nuestro monitor, a pesar de ser un auténtico profesional, no se le ocurrió otra cosa que liarse a pequeños empujones cuando se disponían a rapelar

Lo que saqué en claro fue una cosa, y una lección que me va de maravilla. Si el “otro" no te deja, no te la juegues discutiendo, no merece la pena. Siempre hay gente que va con prisas, o vamos con prisas; pero también hay gente que tiene derecho a ir más despacio, para poder ir cogiendo confianza y hay que respetar. Siempre intento que nadie me perjudique con este tipo de discusiones, las consecuencias de una tontería de este tipo pueden ser trágicas. De paso os pido paciencia y respeto en este deporte. Un saludo, y siento que esta anécdota muestre una posible mala cara de este deporte, pero algo que ocurre con frecuencia, y que todos debemos evitar. Javier García Dios

También hay gente que tiene derecho a ir más despacio, para poder ir cogiendo confianza y hay que respetar

Insert Coin

Me gusta mucho el agua, así que hago piragüismo, barranquismo y espeleología. La anécdota más acuática fue el año pasado en Guara, haciendo Oscuros de Balcés con bastante agua, hasta el punto de que en los estrechos llegaba el agua casi por el pecho, y mido 1′65. La historia es que íbamos cuatro, en fila por los estrechos y yo llevaba la saca con el bidón en la mano, porque había bastante corriente y en la espalda me arrastraba, pero claro, gran error, la saca se llenó de agua y se me fue, yo intentando no soltarla, y ella venga a tirar. Así que me empotré contra el que iba delante de mí, que intentaba frenar poniendo los brazos en oposición contra la pared, hasta que no pudo más y me lo llevé por delante, así que nos hicimos todo el tramo de estrechos haciendo pin-ball de pared a pared. Encima yo iba de cabeza, y ya al final nos salimos en una contracorriente que había a la izquierda y sin problemas, ni heridas, ni lesiones, ni susto siquiera… Eso sí, era para ver la cara de los dos que venían detrás, que no sabían si reírse, si ir a ayudarnos o que, y es más, lo único que atinaron a preguntar, nada de estáis bien o algo parecido, sólo dijeron:" ¿pero hay que hacer eso?" Carmen

Nos hicimos todo el tramo de estrechos haciendo pin-ball de pared a pared

Cañones en familia

Esto ocurrió hace bastantes años, yo tendría unos doce y fue mi inicio en los deportes de aventura que me marcó para siempre. Un fin de semana de finales del verano de esos que los niños se aburren ya, un tío mío, el más joven de los nueve hermanos que son, nos propuso toda la familia irnos a Huesca. Hacia unos años que se había vuelto un experto de la montaña y quiso llevarnos a sus sobrinos a hacer barranquismo. Estando allí los nueve hermanos (más parejas), la abuela matriarca y los doce nietos/sobrinos/hijos empezó a apuntarse más y mas gente. En un principio solo iríamos los sobrinos mayores y algún adulto más, y al final fuimos casi todos, un total de unas veintimuchas personas de 5 a 55 años sin ninguna idea de montaña.

Fue mi inicio en los deportes de aventura que me marcó para siempre

La aventura empezó con los trajes de neopreno (había que ver a los parientes entraditos en edad y carnes…), aún recuerdo la corriente del río empujándome por una cueva, el salto al vacío, el rápel con el agua golpeándome en la cara, las largas esperan para bajar los veinte o más por una cuerda, los miedos de algunos y sobretodo las risas de todos. Sé que mi tío acabo cansadísimo, pero el resto no paramos de hablar de la aventura en mucho tiempo, y a algunos de esos sobrinos enanos que metió por aquel río entonces les ha metido de por vida en los deportes de aventura y la montaña. Gracias Rober, tu sobri. Marta

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Algunos de esos sobrinos aquel río les ha metido de por vida en los deportes de aventura y la montaña

En calzones y a loco

Mi anécdota tiene gracia ahora, pero cuando sucedió no me pareció tan graciosa: descendiendo Río Verde, en Granada, se le ocurre a mi amigo dejar el coche “en un sitio nuevo, mucho más cerca", total, que lo que se suponía que iba a ser un paseo de treinta minutos una vez acabado el río, acabó en cuatro horas andando con el neopreno puesto hasta el coche, con las rozaduras lógicas. Para colmo llegamos al coche y al poco se enciende la reserva de la “gasota", y eran las 12 de la noche en la carretera de la Cabra, próxima gasolinera abierta, en Granada a más de 60 Km por carretera de montaña o bajar a la playa. Lo más vergonzoso fue entrar a llamar por teléfono a casa en un bar de un pueblo (no tenía móvil en esa época) en calzoncillos (después de 4 h andando con un neopreno lo único que quieres es quitártelo como sea…). Total, toda una experiencia el barranquismo. Quique

Lo más vergonzoso fue entrar a llamar por teléfono a casa en un bar de un pueblo en calzoncillos

¿Mande?

Mi anécdota es sobre la primera vez que mi novia y yo probamos el kayak. Estábamos nada menos que en Eslovenia, el país del deporte y la naturaleza por excelencia, donde todo el mundo practica, y bien, varios deportes. Pues bien, estábamos en la zona del lago Bohinj, y nos decidimos a probar cómo era eso del kayak. Nos acercamos a una compañía de alquiler, y nos apuntamos a un curso que empezaba en unos minutos. “Sólo hay un par de hermanas, el monitor y vosotros" me dijo en un inglés muy decente la responsable del alquiler. Así que nos metimos en el agua en una piragua de dos, las dos hermanas eslovenas en otra piragua de dos, y el monitor (también esloveno) en una piragua individual. El caso es que el monitor tendría unos setenta años y una barba blanca como el remo de larga, y sin hablar nada de inglés empieza a explicarnos cómo hay que girar, qué hay que hacer, etc…en esloveno. Así que imaginaros, ni idea.

El monitor empieza a explicarnos cómo hay que girar, qué hay que hacer, etc…en esloveno.

El caso es que nos echamos río abajo intentando ver qué hacían las hermanas eslovenas y aprender algo, cuando de repente empiezan los rápidos, y….al agua, nos damos la vuelta después de un rato y seguimos (a las hermanas ya ni se las veía) y al poco tiempo un salto de más o menos un metro, y claro…al agua otra vez. Nos volvemos a colocar en el kayak y otro rápido, y al agua, el caso es que el anciano monitor, se acercó, dijo “Oh, my god" (lo único que le entendimos) se subió a nuestro Kayak y enganchó el suyo y se puso él a dirigir toda la bajada del río. Así que no hicimos nada más que asustarnos, bajar unos pocos metros (ojo con los ríos allí) y nada más…menudo estreno. Eso sí, hace poco hemos bajado el Sella y mucho mejor que te lo expliquen en un idioma que entiendes, la verdad. Pelayo

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Para no dormir

En el cuento de Pulgarcito sus botas de Siete Leguas le ayudaban a dar grandes pasos….Hace unos cuantos años hice junto a unos compañeros de caminatas el Camino de Santiago a pie desde Burgos. Tenia yo por entonces diecisiete años y había estado ahorrando durante mucho tiempo para poder comprarme unas zapatillas “ultimo grito" de la moda por aquel entonces…Ilusionado con mi equipo empecé a quemar etapas hasta llegar a un pueblo llamado Ardua. Allí decidimos pasar la noche acampados en una pradera al lado del cementerio… A las dos de la madrugada un tremendo estrépito nos despertó bruscamente y nos hizo salir a todos precipitadamente de la tienda… Era una enorme lápida del cementerio que estaba apoyada sobre la pared y que de manera inexplicable se había caído… No se decir si fue el susto, las Meigas gallegas o el silencio de aquel cementerio….pero lo cierto es que salimos de allí todos precipitadamente con nuestro equipo y cuando llevábamos unos diez minutos caminando me di cuenta que había dejado mis hermosas zapatillas en el lugar de la acampada… ¡Quietos todos¡…tengo que volver…¡¡he olvidado mis zapatillas!!…¿quien me acompaña?… Silencio sepulcral…uno me dijo: “Vete tu y te esperamos cuidando la mochila"…

A las dos de la madrugada un tremendo estrépito nos despertó bruscamente y nos hizo salir a todos precipitadamente de la tienda

Nadie me quiso acompañar en aquella oscura noche de luna llena…el temor se reflejaba en el rostro de todos nosotros y aunque nadie lo quería decir… "las meigas no existen pero haberlas…" Así que yo tuve que dejar mis hermosas zapatillas que tantos sudores me habían costado, en aquel lugar encantado y arreglarme como pude para llegar a Santiago de Compostela calzado con unas sencillas sandalias de andar por casa….He vuelto mas veces haciendo el camino y cuando paso por Arzua delante de su cementerio, comprendo el porqué algunos lugareños hacen la señal de la cruz al pasar por ciertos lugares que ellos llaman “sagrados y encantados" Un saludo a todos. Manuel Angel Parra Martinez

Tuve que arreglarme como pude para llegar a Santiago de Compostela calzado con unas sencillas sandalias de andar por casa

El llanero solitario

Buenas, os cuento una de tantas de mis anécdotas, ya que mi amigo y yo somos bastante intrépidos. Pues un amigo mío que es bastante aficionado a los caballos me invito a un picadero de su tío donde él tiene su caballo. En un principio yo iba a montar en el picadero, en el cerco donde se entrenan a los caballos ya que yo era un debutante, pero mi amigo me convenció para que saliésemos por las huertas de alrededor, y yo, tonto de mi, pues accedí. Íbamos paseando cuando llevábamos un buen rato mi amigo me convence para que trotásemos un poco. Y allí empezamos a trotar y mi caballo que comienza a trotar más rápido. Y los caballos que comienzan a picarse el uno con el otro… En un instante mi caballo iba desbocado, y yo no sabia como frenarle. Yo encima del caballo sujetándome como podía mientras veía que ya no tenía freno, asustado porque se podría cruzar algún coche y podría ser dramático… Así pues decidí dejarme caer. Ahí me veo deslizándome por el caballo hasta caer de culo del caballo, a mi en medio de la huerta, perdido sin saber donde estaba mi amigo ni mi caballo, y me puse a correr en busca de ambos, de mi amigo y de un caballo que estaba vendido y que iban a ir al día siguiente a recogerlo, ya me veía yo pagándolo… Iba sin orientación, sin saber por donde tirar, mirando por todas partes, y finalmente vi unas huellas de caballo y seguí hacia ellas.

En un instante mi caballo iba desbocado, y yo no sabia como frenarle

Cuando llevaba ya unos metros encontré a mi amigo todo nervioso con la cara magullada (le tuvieron que poner 4 puntos en la ceja) y buscando a su caballo que lo tenia hacia dos semanas (con el dineral que le había costado) y nos pusimos los dos como locos a buscar y a preguntar a la gente que estaba cultivando las huertas si habían visto los caballos. Primero encontramos al mío perdido por el campo, y cuando llevamos un buen rato andando con mi caballo divisamos a su caballo en medio de un campo de naranjos, y no había forma de cogerlo. Cada vez que nos acercábamos se espantaba y corría al otro lado del campo. Al final con ayuda de varios hombres que pasaban por allí conseguimos cogerlo. Pero lo mejor viene ahora, mi amigo se casaba en un par de semanas y no veáis como llevaba la cara de rasguños, y la novia le había dicho que no subiese al caballo hasta que no pasase la boda… Le dijimos que yendo a dar de comer al caballo se engancho con una correa y que el caballo le llevo arrastras porque se puso a correr como un loco. Evidentemente no se lo creyó, no veas el rapapolvo que le cayó, y mi amigo estaba magullado y además el enfado de la novia…Cuando llego el día de la boda su cara todavía era un poema y todos le preguntaban qué le había pasado. Menudas risas en la mesa de los amigos. Juan Luis Canto

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El llanero solitario

Punto de no retorno

De todas las anécdotas que recuerdo, la que os voy a narrar es sin duda la más aleccionadora. Coordino un grupo de senderismo, esto hace que en la montaña (al menos delante del grupo), me muestre excesivamente cuidadoso, procurando transmitir a todos los miembros del grupo la idea de que diversión y seguridad no están reñidas. Pues bien, a veces quedamos en “petit comité" para hacer algunas cosas algo más animadas… Hará ahora unos dos años nos encaminamos a preparar una ruta y asegurarnos de la bondad de la misma para soportar un grupo numeroso. En principio íbamos a hacer un sendero, por lo que llevábamos el equipo básico para ello, no obstante, puesto que íbamos a cruzar un río decidí meter en el estanco el móvil, el walki y poco más. Estábamos haciendo el Sendero de la Bojera, en Montanejos, más que conocido de todos aquellos que practican senderismo en Castellón. Cuando intersectamos con el barranco de la Maimona, y puesto que nos habían dicho que aquel barranco era fácil y que no requería de ningún equipo en especial, tres personas del grupo decidimos aventurarnos por él.

Esa es la diferencia entre disfrutar de la aventura, o vivir un mal sueño...

Como en todo barranco siempre hay un punto sin retorno, que superamos gracias a una pequeña cuerda de seguridad que siempre llevamos encima. A partir de ahí comenzó el suplicio. La luz apenas aparecía fugazmente entre las paredes del cañón de más de 50 metros de altura, pozas de más de 100 metros de longitud y un agua helada estaban minando nuestras fuerzas. Ante nosotros apareció una inmensa pared, insalvable, era una presa. Sin posibilidad de vuelta atrás, totalmente encañonados (y si, como era normal, sin cobertura). Tardamos un rato en localizar un cable de acero, adosado a la pared a modo de pasamanos, gracias al cual pudimos escalar y desplazarnos lateralmente por la pared del cañón… Cinco horas más tarde nos cruzamos con un grupo de escaladores, ya en la desembocadura del barranco, que nos miraban atónitos. Ellos, equipados hasta los dientes y nosotros allí, figuraos la escena. Ese día pasamos verdaderos apuros, y aprendimos algo importante, por sencillo que nos digan que es algo, equipémonos lo mejor posible, estudiemos la ruta y recojamos siempre los testimonios de más de una persona, esa es la diferencia entre disfrutar de la aventura, o vivir un mal sueño. P.D. Parece absurdo, lo sé, es un barranco sencillo, pero en los coches se quedaron los arneses y los neoprenos, porque claro, sólo íbamos a recorrer un sendero. Manil Raga

A partir de ahí comenzó el suplicio. La luz apenas aparecía fugazmente entre las paredes del cañón de más de 50 metros de altura, pozas de más de 100 metros de longitud y un agua helada estaban minando nuestras fuerzas.

Esas cervecitas

Fue una de esas experiencias que prefieres olvidar, en parte, claro. Descenso del barranco de Río Verde, en Otivar (Granada). Ya empezamos un poco tarde; lo que pasa, que las cervecitas del sábado son muy peligrosas. Atravesamos el primer cañón (sin agua) sofocados de calor por el neopreno y con muchas ganas de pisar aunque fuera un pequeño charquito, ya no nos importaba si el agua era de color verde o del color que fuese. Ya, por fin, siendo ya casi la hora del almuerzo, empezamos el segundo cañón que es el que lleva agua. Mi novio era el que montaba los rapeles y el que conocía el barranco; llevaba a cargo siete personas, y el pobre mío, se lo cargó todo el solito y ayudándonos a todos. Paramos para comer, paramos para hacer fotos, paramos porque había alguno que no se atrevía a dar el salto, paramos y paramos… mi novio ya estaba empezando a preocuparse porque el tiempo se nos echaba encima, y eso fue lo que pasó, se nos hizo de noche y mi novio, David, empezó a darle vueltas a la idea de quedarnos en medio del cañón para hacer noche, imaginaos las caras de los demás, no se lo podían creer; ya no quedaba mucho para acabar, unos cuantos saltos, pero no llevábamos luz y la luna no estaba de nuestra parte aquella noche.

Mi novio empezó a darle vueltas a la idea de quedarnos en medio del cañón para hacer noche

David no quería arriesgarse a que nos hiciéramos daño, pero se arriesgó. Al final llegamos sanos y salvos (serían las 11 de la noche aprox.), pero… ¿a que no sabéis que pasó luego? Debíamos dejar la mitad de los coches arriba del cañón y la otra mitad abajo para subir una vez acabados, pues ¡vaya cabeza! No teníamos ninguno las llaves de los coches de abajo… ¡Nooooo! Andandito, andandito con los neoprenos casi una hora cuesta arriba, hicimos autostop llegados a la carretera, y ya por fin descansamos. Una aventura que terminó a las cuatro de la madrugada ya por fin metidita en mi cama. Volvimos a hacerlo al año siguiente, pero bien hecho, y es una preciosidad, se lo aconsejo a todo el mundo. Un beso Oxigenados. Inma Martín

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Las cervecitas del sábado son muy peligrosas...

Sangre, sudor y aventura

Bueno mi anécdota pasó hace ya unos añitos, unos 14 años. La cuadrilla de mi cuñado me ofreció hacer un descenso de cañones en Navarra (no concreto el cañón, ya que no recuerdo el nombre). Para todos era la primera vez y decimos contratar unos guías. La primera sensación fue que el material era bastante precario: guantes rotos, neoprenos excesivamente desgastados, etc… Pero con todo y eso, eran más las ganas de aventura que el “modelito" a llevar, así que sin mas nos lanzamos a la aventura. Disfrutamos muchísimo experimentando cual era nuestro propio límite, sobre todo en los largos rápeles que tuvimos que afrontar. Concretamente yo era el único que sabia rapelar, así que os podéis imaginar la satisfacción de superación que se veía en el rostro de la gente. Debido al precario material podéis imaginaros el frío que llegamos a pasar, o incluso las magulladuras que nos marcamos, incluidos los miles de resbalones (no nos avisaron del tipo de calzado, y allí había para todos los gustos….).

Uno de los compañeros se quitó el casco para recibir el agua fresca de la cascada cuando se resbaló y cayó de frente contra un saliente del suelo

Pero la aventura de verdad estaba por llegar, al final del recorrido, después de unas horas de descenso y ya muy cansados, llegamos a una zona de “toboganes", supuestamente la parte mas divertida. Hicimos un descanso en una de las cascadas a modo de refresco y deleite de paisajes; fue allí cuando uno de los compañeros se quitó el casco para recibir el agua fresca de la cascada cuando se resbaló y cayó de frente contra un saliente del suelo, produciéndole un corte en la frente. No paraba de sangrar (se hacía muy escandaloso al diluirse la sangre con el agua) y los monitores ya habían partido hacia el aparcamiento, suponiendo que aquella última zona no tenia peligro alguno, con lo que nos vimos solos ante aquella situación, novatos y teniendo que hacer un “rescate casero". Intentamos parar la hemorragia, pero era inútil, el agua hacia que la sangre se diluyera muy rápido, así que viendo la situación se me ocurrió tumbarme en el primer tobogán, unir su arnés con el mío y hacer yo mismo de “camilla", deslizándonos de charca en charca hasta poder llegar al aparcamiento. Por fin y después de haberlas pasado realmente mal, conseguimos llegar hasta el parking donde los dos amables guías comían un estupendo bocadillo, y pudimos llevarle nosotros mismos hasta el ambulatorio de urgencias más cercano. Conseguimos un final bastante feliz, lleno de aventura y adrenalina a puñados. Hoy cada vez que le veo la cicatriz de mi compañero, recordamos aquel cañón y nos reímos. Aprendimos mucho de nosotros mismos, y yo concretamente aprendí una bonita lección de superación hacia situaciones límites. Hoy, a toro pasado, puedo decir que mereció la pena sufrir para poder aprender. Cualquier descuido puede hacer que una simple excursión se convierta en toda una aventura. Un fuerte abrazo, aventureros… Eneko

Cualquier descuido puede hacer que una simple excursión se convierta en toda una aventura

Perdido en el mar

Hola, hace ya años, hice la travesía entre Mallorca y Menorca, con una piragua y un barco de apoyo, y salimos sobre las diez de la noche. Antes de la madrugada en pleno canal los del barco quisieron parar a pescar, y yo seguí con la única referencia para la dirección a seguir que era la salida del sol (un poco de agua, sin brújula, ni móvil –que aun no existían- ni salvavidas, ni costa alguna la vista). Más tarde se levantó una fuerte marejada: cuatro olas grandes (golpeando la proa) cuatro olas mas pequeñas (dirección sol), y cuando estaba arriba de las olas empecé a ver Menorca. Por suerte, me encontré con un barco de pescadores (cuando faltaban aun muchas millas) que me indicaron hacia que parte de la línea de tierra que yo veía debía dirigirme (después de decirme de todo por estar por allí con una mierda de piragua de 4 metros y sin ver mi barco de apoyo). Horas después, ya en la entrada de Ciutadella me alcanzaron mis compañeros. Al año siguiente la volví a repetir, fuimos 4 piraguas y 3 barcos que no se separaron ni un momento de nosotros. ¡Qué diferencia! Marti

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Perdido en el mar

No somos inmortales

En Segovia, un grupo de piragüistas decidimos bajar el río Eresma. Era la primea vez que lo descendíamos y ninguno lo conocía, pero pensamos que seria fácil y sin apenas dificultad técnica. Nos llevamos a un amigo muy novato en esto de las aguas bravas, y por desgracia no paró de volcar y volcar. El tiempo empeoró, se puso a llover, el río estaba muy cerrado de vegetación, el novato no tenia ropa adecuada para volcar tantas veces, por lo que entró en hipotermia… El río corría encajonado y no encontramos salida hasta bien entrada la noche. Decidimos salir del agua, y arrastramos nuestros kayaks durante horas por la montaña sin caminos, ni senderos ni nada parecido.

Decidimos salir del agua, y arrastramos nuestros kayaks durante horas por la montaña sin caminos, ni senderos ni nada parecido

Al final llegamos a una carretera. Allí escondimos nuestras piraguas y nos pusimos a caminar ya más tranquilos en lo que se refiere a la seguridad. ¿Podéis imaginar a cinco personas con sus cascos, chalecos salvavidas y palas? Pues nos pusimos a correr para entrar en calor. Vimos un coche y lo paramos literalmente cortando la carretera. La cara de la pareja que iba dentro era todo un poema. ¡La leche! ¡Cierra los pestillos que nos atacan los extraterrestres! Seguía lloviendo y hacia muuuucho frío. Finalmente llevaron hasta nuestros coches al amigo novato y dos más. Los otros dos seguimos corriendo por la carretera hasta que nos vinieron a recoger. Entramos en calor y volvimos a por nuestros kayaks. No los encontramos. Tuvimos que volver al día siguiente. Por suerte de día todo es diferente y los pudimos recuperar. Nuestro amigo no quiso nunca más hacer aguar bravas. Pero nos descojonamos cada vez que recordamos esta aventura. Por suerte todo acabo bien. Pero nos dimos cuenta que no somos inmortales. Berni

Nuestro amigo no quiso nunca más hacer aguar bravas

Mundo viejuno

Para hoy en día, seguro que esta anécdota se tomaría como rara, pero antes era lo más normal. Correría cerca del año 1967 al 70 más o menos (nací en el 62) cuando por dónde más me gustaba estar era en El Jarama. Sí, ese de Cela, y diréis ¿por qué?, pues muy fácil: no había tantas cosas para perder el tiempo como hay hoy, y lo más importante: aprendí a nadar. Allí donde se juntan o confluyen el Jarama y el Lozoya, pero antes empecé a bucear ya que mis tíos se escurrían en las piedras, íbamos descalzos ¡Ah! que os extrañáis, el que se extraña soy yo de ver a tanto quejica suelto. Mi hija me dio una alegría con seis años (nació en el 96) de andar igual por los mismos sitios y nadar en los mismos lugares, esos que me enseño mi padre, desde el Pontón de la Oliva hacia Uceda (su pueblo), esos lugares que quiero me pase de herencia -solo él sabe dónde va- para recoger cardillos, espárragos, pucharacas, etc.

Disfrutad todos del OXÍGENO que todavía nos deja por todos los rincones nuestra naturaleza

Pero volviendo a la anécdota, es en sí está, me he mojado en diferentes lugares, extrañando a las personas (en el Ibón de Escarpinosa) al meterme en él solo con los slip ¡ah! Antes tampoco nos hacía falta acordarnos de llevar el bañador; en lugares que no se debe uno meter; de escurrirte en el Manzanares el otro día 2 de Mayo. Pero lo que quiero es regalar a esta scouts una anécdota bonita, para que cuando salga por ésta maravilla de España que tenemos disfrute tanto con ellas puestas como sin ellas (pero cuídate siempre ese tobillo), María y yo te acompañaremos con otras ,que también hay que ir a por unas a las tiendas. Disfrutad todos del OXÍGENO que todavía nos deja por todos los rincones nuestra naturaleza. Saludos de un Virila. Juan José Baños Velasco

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