Vida en la vertical

Un grupo de entusiastas del outdoor llegaron como desconocidos y regresaron como compañeros de cordada
Sergio Romero -
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FOTOS: Anton Brey

Los Dolomitas son el paraíso de los escaladores por sus enormes y verticales paredes de mil metros, por sus bellos atardeceres con las montañas coloreadas de rojo…Un Edén alpino donde Salewa ha celebrado otra edición de su experiencia “Get Vertical”.

Las nubes se dispersan durante unos instantes y asoman las imponentes paredes que vigilan desde lo alto el pueblo de San Martino de Castrozza, en el corazón de los Dolomitas. Ese es nuestro próximo destino, si el tiempo lo permite. Poco a poco van llegando al hotel de la pintoresca localidad italiana los participantes seleccionados del concurso “Get Vertical” de Salewa, que como cada año buscaba a entusiastas del outdoor para disfrutar de una experiencia única en un marco espectacular. Para el concurso había que contar tu experiencia, inquietudes, mandar fotos… y los afortunados elegidos fueron un grupo de desconocidos de diferentes países que se internó el último fin de semana de agosto en las grandes paredes de esta zona en una aventura vertical.

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Refugio Rosetta

Un griego, dos belgas, tres italianos, dos polacas, una checa, un esloveno, una austriaca y un español, parece un chiste o un equipo de la estación espacial internacional, pero durante tres días será el equipo de Salewa. Los guías San Martino llegan para que nos conozcamos y escalemos juntos por primera vez en el rocódromo, no es mala idea porque fuera llueve a mares. De ahí salen las cordadas de dos participantes que irán cada uno con un guía. En mi caso las cosas no pueden ir mejor: Loes es una joven escaladora belga, fuerte como el vinagre, como ella dice, aunque en su país no hay muchas montañas ni paredes donde escalar se pasan el día en el rocódromo… Así que iremos rápido en la pared. Nuestro guía es Cristiano, recio como esperas de alguien de su profesión, de mediana edad y con más de 200 ascensiones en las paredes de San Martino, que se dice pronto… Lo siguiente es equiparnos, nos repartimos el equipo Salewa como si estuviéramos en plenas rebajas, buscando material para enfrentarnos a las largas y descomunales paredes que se levantan en Dolomitas. Por ahora sólo las hemos visto fugazmente desde el valle, pero imponen, por su verticalidad y silueta cortante.

¡Al ataque!

La montaña requiere madrugar y desayunar fuerte porque nunca sabes lo que te vas a encontrar. Así que eso hacemos, para llegar lo antes posible al teleférico que sube a las inmediaciones de la cima Rosseta. A medida que vamos cogiendo altura pasamos por diferentes fases: nubes, cielo despejado, lluvia y niebla. Arriba la cosa pinta entre mal y bien, pero estamos todos decididos a intentar escalar, que es a lo que hemos venido… Lo primero es dejar parte del material en el refugio Rosseta, que es donde dormiremos esa noche. Así que después de un corto paseo estamos todos listos para empezar la actividad. A estas alturas ya hemos tenido ocasión de irnos conociendo y el grupo va tomando forma con una curiosa variedad de culturas y de enfoques. Cada uno tiene una historia que contar sobre dónde escala, sobre cómo son las “escuelas” en su país o sobre los demás deportes que hace. Los belgas, Loes y Sebastian, tienen que ir a Francia si quieren encontrar paredes un poco largas. De hecho tenían tantas ganas que los dos se han venido antes para poder darle a la caliza dolomítica. Dimitri, el griego, viene de un ambiente diferente donde el calor suele ser protagonista de sus escaladas. Las chicas de Polonia en cambio tienen que esperar a que pase el duro invierno para poder hacer sus vías de escalada deportiva, pero tampoco pierden el tiempo y entrenan duro en el “roco”. Las conversaciones sobre escalada fluyen y llenan los tiempos muertos como suele pasar en esta comunidad habitualmente, aunque aquí se cuenten una gran variedad de idiomas. A última hora ha llegado Carlos, después de una odisea de viaje. Es otro de los escaladores clásicos, que lleva 20 años escalando en el norte de nuestro país. Hablamos de Picos de Europa, del Naranjo, de escalada clásica, de la gente dura de antes que gradúa las vías en: muy fuerte, fuerte y se deja…

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Pero no estamos para perder el tiempo, dan lluvia a medio día, así que tendremos que ir rápido si queremos probar la roca de los Dolomitas. Cristiano sale corriendo del “refu” en busca de nuestra ruta. Se conoce el terreno como la palma de su mano, así que le seguimos entre la niebla por aristas y pedreras mientras rodeamos el pico de la Rosetta para buscar su cara sur. Allí está vía Levitti, que tiene unos 250 m de altura en cinco largos con una dificultad de V+. Otra cordada nos sigue de camino a la base de la pared. Así que seremos seis los que escalaremos más o menos a la vez, mientras que el resto del grupo se divide para atacar diferentes rutas. Al llegar a la pared comprobamos que está seca y que nuestra vía se puede hacer, por un momento pensábamos que iba a ser más una cascada que otra cosa, pero hemos tenido suerte. Cristiano se pone los pies de gato y sale como un cohete hacia arriba por un terreno roto pero que no presenta mucha dificultad. La escalada clásica en pared requiere cierta coordinación, y más si se trata de una cordada de tres, ya que hay que conocer las maniobras de aseguramiento, el ritmo al que se escala, quitar los “cacharros” que ha dejado el primero y no perder tiempo en las reuniones, donde suele haber un lío importante de cuerdas y material. A pesar de que hace un año que piso la montaña y de que no nos conocemos la cosa fluye desde el principio. Loes asegura a Cristiano en ese primer largo. En cuanto llega arriba subimos nosotros. La roca está fría, quién diría que es el final del verano y el ambiente es mucho más cercano al invierno de nuestro país que a cualquier otra cosa. ¡Esto es alpinismo! Subimos rápido también. El terreno no es muy complicado, pero la roca, como sucede en las grandes montañas asediadas por las inclemencias del frío invierno, está rota en algunos tramos. Es importante asegurarte de que lo que agarres esté firme y no se rompa, y también mirar dónde pisas, porque puedes lanzar piedras con facilidad a los que te siguen, justo lo que sucede unos metros más arriba, cuando una roca que viene volando acaba impactando contra mi espinilla. No es la peor pedrada que me han dado… Al poco otra pasa silbando a nuestro lado e impacta muy cerca de la siguiente cordada, esto es lo que tiene la alta montaña, siempre hay que estar atento porque hay cosas que no dependen de ti. Los últimos dos largos son los más interesantes por la verticalidad y porque las nubes empiezan a envolverlo todo, dando esa sensación de tensión por salir lo antes posible de la pared. Llegamos a la base del último largo y comprobamos que por suerte la lluvia que ha caído por la mañana no ha mojado esa parte de la pared y podemos escalar con seguridad. A mitad de la vía hay un resalte que requiere poner bien los pies aprovechando el apoyo que da el diedro, como se conoce en escalada a la zona entre dos paredes que están más o menos a 90 grados. Cuando se abren las nubes a nuestras espaladas y podemos ver las paredes que nos rodean y los senderos que bajan haciendo zetas hacia el valle, la sensación es difícil de describir. Las paredes de esta parte de los Dolomitas buscan el cielo con una verticalidad salvaje y se agolpan unas al lado de otras dando esta sensación de inmensidad y haciéndote a ti pequeño… La última tirada a la cima nos permite ver las aristas de la parte superior de la cima Rosetta y justo cuando estamos recogiendo todo el material el cielo se rompe y comienza una potente tormenta de verano. Corremos hacia el refugio. El resto de las cordadas que forman nuestros amigos siguen en la pared, así que cada uno que va llegando al refugio viene con una aventura diferente, algo mojados pero con una sonrisa en la cara. Hemos conseguido escalar en uno de los lugares más emblemáticos de nuestro continente.

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Cordada: trabajo en equipo

Si hay algo que sale a relucir cada vez que te encuentras en una gran pared o en un ambiente de alta montaña es la relación con tu compañero. Las cordadas están formadas habitualmente por dos escaladores y muchas veces suman, esto quiere decir que los dos se vuelven tan fuertes como el que más. Esa conexión con tu compañero no se da en tantos deportes y te une de una manera muy especial a todos los que en algún momento están conectados a ti por el otro extremo de la cuerda. Durante la cena, uno de los grandes momentos de un refugio de montaña, porque sueles tener un hambre atroz después de horas de actividad sin probar bocado, escuchamos a Jacek Matuszek. Este escalador polaco, de donde son muchos de los alpinistas más duros que ha visto el Himalaya, es imagen de Salewa y aprovecha la sobremesa para contarnos sus aventuras en Dolomitas, donde ha pasado cinco años escalando las vías de “big wall” más duras, y en la mayoría de sus historias también sale a relucir su relación con su compañero de aventuras. Esa sensación de conexión se va extendiendo entre todos los participantes del Get Vertical, que a estas alturas intercambian sus aventuras en montaña, hielo, roca o en la vida entre risas.

El segundo día en las paredes de San Martino amanece peor todavía, así que nuestras ilusiones de subir a alguna de las altas cumbres cercanas se diluyen con una fuerza inversamente proporcional a la de la tormenta que se forma sobre el refugio. El equipo de guías decide buscar una pared desplomada cercana, que se mantiene seca a pesar de la lluvia, para hacer un poco de escalada deportiva. Así que volvemos a ponernos los gatos y el arnés y ponemos a prueba nuestras habilidades en vías que van del 6b al 6c+, mientras que Jacek le da un “pegue” increíble a una exigente vía de 8a, que consigue al segundo intento. Da gusto ver escalar a los profesionales.

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La segunda parte dela jornada la empleamos en recorrer las 9 kilómetros que nos separan de nuestro próximo destino, el refugio de Pradidali, situado a 2.800 m. Tras dos horas de subir y bajar por zigzagueantes caminos, siempre vigilados por enormes paredes, llegamos a un lugar magnético, de esos que se te quedan en la retina y ahora en la memoria del móvil, porque no eres capaz de dejar de hacerle fotos. El refugio, que los guías adoran por la fiesta que se vive allí cada noche, está en la base de un paredón de casi un kilómetro de altura. Parece de juguete cuando lo ves en perspectiva con la enorme montaña. Carlos y yo llevamos toda la tarde pensando en qué vías podríamos hacer si el tiempo acompañase, mientras Cristiano nos va explicando por dónde va cada ruta. Ese muro es brutal, hay una línea que sube directa, de nombre “Buhl”, honrando al conocido alpinista. Parece que en esta ocasión nos vamos a quedar con las ganas de meternos en esa pared tan larga… Pero el ambiente que hay alrededor de este refugio es único y merece la pena haber llegado hasta allí para verlo. La experiencia Get Vertical de Salewa termina a la mañana siguiente con otra gran caminata bajando al valle a través del bosque envuelto en bruma y bajo una ligera lluvia. Después de tres días en compañía de los ganadores del concurso y el equipo de la marca queda claro que el ambiente y la relaciones humanas que se establecen son únicas. Llegamos como unos desconocidos y hemos vuelto como compañeros de cordada y amigos.

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