La magia de las montañas

Un repaso a la historia de la mítica Compañía de Guías de Chamonix
Luis Vivente Elías -
La magia de las montañas
La magia de las montañas

Con el reciente nombramiento de nuestro colaborador Simón Elías como primer español en entrar en la Compañía de Guías de Chamonix, su padre nos relata el origen de esta prestigiosa comunidad alpina.

Por Luis Vicente Elías

Desde tiempo inmemorial, las montañas han ejercido un atractivo especial para los humanos. En los libros sagrados, en las mitologías o en las leyendas fundacionales las montañas han jugado un papel importante. Han sido lugares relacionados con lo sagrado. Moisés asciende al monte Sinaí, donde el profeta Elías también subió. Jesús da su sermón en una montaña y los dioses de los griegos vivían en el monte Olimpo. Como lugares sagrados estaban alejados de los hombres y eran inaccesibles, y por otra parte los habitantes de su entorno no tuvieron mucho interés en conocer sus cumbres. Quizás el montañismo lo inventaron hombres cultos como Petrarca, o nobles como Filipo de Macedonia en tiempos muy remotos.

En épocas más próximas fueron también foráneos los que comenzaron a apreciar la belleza de las montañas. Los ingleses ricos que inventaron “el erasmus”, yéndose de casa pagados por sus padres a realizar su “grand tour”, visitan los Alpes, ese conjunto montañoso que se entremezcla con las fronteras de Suiza, Italia y Francia. En el siglo XVIII comienza un turismo de montaña hacia ese macizo, en el que sus habitantes temían a las montañas que los visitantes admiraban. La región que pertenecía al reino de Cerdeña, era alejada, ruda y triste, y sus pobres pobladores mal vivían de la escasa ganadería, cazaban y los más avezados se aventuraban a buscar cristales en las fechas más benignas.

Así se encuentran la región los maravillados ingleses Windham y Pococke que recorren la Mer de Glace, impresionante glaciar, en aquella época de 1741.

Los primeros montañeros

En la comarca se subía al monte por obligación, a llevar los animales a pastos de verano, a cazar rebecos, segar hierbas o buscar minerales. Un intelectual como Horace Benedict de Saussure asegura una recompensa a la persona que alcanzara la cima del Mont Blanc, lo que anima a Jacques Balmat, un cazador local, y al médico Michel Paccard a ascender a la cumbre, en 1786. Este hecho genera el nacimiento de una actividad: el alpinismo, y modifica radicalmente una región.

Los años siguientes comienza un peregrinaje ocasionado por la propia ascensión pero también por el interés de conocer la zona, su geología y condiciones medioambientales. Y por la comarca aparecen geólogos, dibujantes, biólogos y novelistas. Gentes de alcurnia y nobleza junto con aventureros comienzan a pasearse por los hielos frente a la mirada atónita de los aborígenes. A comienzos del siglo XIX era “una tendencia” el viajar a esa zona que comenzaba una lenta transformación.

La magia de las montañas

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Los antiguos cazadores y ganaderos comienzan a conducir a los visitantes a las zonas de glaciar y a los más intrépidos hacia las cumbres. En 1796 se inicia la construcción del primer refugio a Montenvers, “Le Temple de la Nature”, que va albergar a nobles, princesas, novelistas y pintores que querían conocer la Mer de Glace.

También hay un interés por actividades relacionadas con la salud, que conducen a muchas personas a los sanatorios situados en zonas altas y puras, o a los establecimientos balnearios emplazados también en zonas montañosas.

Este cambio de actividad en la comarca fue lento hasta la segunda década del siglo XIX. En 1820 ocurre un fatal accidente en el que mueren cuatro personas: tres guías y el cliente, el doctor Hamel. Este hecho genera un cambio a partir de la solidaridad tradicional de las zonas de montaña, acostumbrados sus habitantes a las actividades comunitarias y de apoyo mutuo. Para apoyar a las familias de los guías fallecidos se crea una sociedad de ayuda que es la primera manifestación de seguridad social existente en Europa, dentro de una profesión que acababa de nacer.

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Nacimiento de la Compañía de Guías de Chamonix

La profesión de guía nace de la demanda de los clientes que deseaban conocer una región inaccesible sin el apoyo de las personas habituadas a recorrer la comarca. Desde el comienzo del alpinismo el guía ha sido un personaje imprescindible para orientar, conducir, aprovisionar y ayudar a los visitantes, y más tarde para alcanzar las cimas más importantes del macizo y del resto de las montañas del mundo. Esta actividad nace en Chamonix y se reservaba en sus orígenes para los profesionales de ese enclave, como una forma de desarrollo local y apoyo mutuo.

En 1821 un colectivo de una veintena de guías crean la compañía con el fin de organizar su trabajo y sobre todo apoyarse entre ellos en caso de accidente o fallecimiento. Unos estatutos de 11 artículos regulan la actividad y en 1823 el Estado Sardo (reino de Cerdeña) aprueba el reglamento completo de 53 artículos.

Probablemente la frecuencia de catástrofes en montaña y el apoyo de los guías en los rescates, hace que la profesión alcance un gran prestigio. En 1865 sucede el accidente del Cervino, donde fallecen tres ingleses y el reputado guía Croz, drama que fue dibujado por Gustavo Doré, y gracias a él conocido por toda Europa. En esas fechas ya se justificaba la necesidad de los profesionales para recorrer esas peligrosas montañas.

Otra tragedia digna de mención data de 1870, y fue descrita en el escrito espeluznante de uno de los fallecidos, el señor Bean de Baltimore, que cuenta en su cuaderno de campo sus últimas horas antes de perecer en la montaña.

Para ayudar a los montañeros una pequeña oficina en los bajos del Ayuntamiento de Chamonix recibía a los clientes que deseaban contratar las funciones de los guías. Nace así una profesión surgida de la dificultad para conocer la zona sin ayuda y de la demanda de los visitantes, apareciendo la figura del “cliente” en una actividad entre la aventura, el deporte y el descubrimiento de zonas inaccesibles. Es importante entender que en ninguna otra actividad deportiva existe esa tarea. Hay entrenadores, preparadores físicos, técnicos deportivos, pero la función de alguien profesional que te conduce a una cima, o te orienta en una travesía es el papel del guía de montaña que nace en Chamonix en una fecha concreta de principios del siglo XIX.

Hasta hoy, cada atardecer en la Maison de la Montagne, antigua casa cural de la parroquia de Chamonix, actual sede de la Compañía, se congregan los guías para efectuar el histórico “tour de rôle”, que es la forma de designar a cada profesional para los clientes que han solicitado su trabajo. En una reunión a la que solamente pueden acudir los guías miembros de la Compañía se reparte el trabajo del día siguiente, de acuerdo a la dificultad de las vías, el trazado y la capacidad de los clientes. Este contacto cliente-guía comienza como un contrato laboral y muchas veces termina en profundas amistades.

En aquellas fechas además los ingleses acudían a los Alpes como lugar de moda. En 1857 se crea en Londres el “Alpine Club” y dos años más tarde se publica la primera guía de la zona montañosa: “Peaks, passes and glaciers”. Aparecen alpinistas como Whymper o el hijo de la reina Victoria, quien con 14 años en 1864 es conducido a las cumbres por los guías locales. También llegan las primeras mujeres como Lucy Walker, que hoy aparecen retratadas con sus curiosos vestidos montañeros acompañadas de sus guías.

La magia de las montañas

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En 1865, comienza la verdadera escalada a otras cumbres además del Mont Blanc, y son los guías los que conducen a sus clientes a las cimas. A la vez se necesitan establecimientos hoteleros y surgen las nuevas instalaciones con nombres muy elocuentes como el Hotel de Londres o de Inglaterra. También aparecen los primeros refugios como el de Couvercle, Solvay o el refugio de Grands Mulets construido por la Compañía de Guías en 1853, o el de Mont Blanc de Tacul, erigido 10 años más tarde.

Y además eran necesario equipamientos. De los antiguos bastones que portaban cazadores o cristaleros junto con el hacha para tallar escalones por los que ascender en las heladas laderas, se pasa a los piolets de casi metro y medio de medida. Los crampones que se conocían desde el siglo XVI no aparecen hasta más tarde. Los herreros de la zona se convierten en los primeros equipadores de los montañeros, y así aparecen Grivel (1818), Simond (1860) o Bhend (1870), marcas que hoy conocemos todos los aficionados a la montaña.

La Compañía de Guías de Chamonix evoluciona tratando de no perder su carácter local. En sus orígenes el acceso al colectivo estaba reservado exclusivamente a los habitantes de Chamonix. Posteriormente hay una cierta apertura y en el siguiente reglamento en su Artículo 4 dice: “Las plazas de Guías están abiertas a los habitantes de Chamonix y aquellos del Valle podrán ser admitidos sin distinción, siempre que posean las cualidades requeridas.” Esta innovación surge a mediados del siglo XIX cuando la compañía tuvo problemas con los vecinos de otros pueblos, particularmente de Argentiere, y en 1852 el rey de Cerdeña tuvo que poner orden admitiendo esa innovación, que daba acceso a otros guías de la comarca.

Sin duda es a mediados del siglo XIX cuando la zona alcanza su mayor éxito. Napoleón III la recorre y acompañado de guías asciende a la Mer de Glace. De su visita se obtiene una mejora de las comunicaciones. Por otra parte pintores como Forbes, Müller o Baxter y escritores como Stephen daban publicidad a la zona, que era lugar de veraneo imprescindible. Todavía el esquí no había hecho su aparición, y no lo hará hasta llegar la primera década del nuevo siglo.

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Los guías de pueblo

A la vez que todo este cambio se producía, la zona se poblaba de establecimientos hoteleros. Llegaban fotógrafos como Bisson y Tairraz que enviaban sus imágenes a los mejores periódicos de Europa y la fama aumentaba.

Ya los ganaderos comenzaban a abandonar sus rebaños, los prados más alejados se abandonaban y las mujeres vendían bebidas y quesos a los viajeros mientras los varones se habían convertido en guías distinguidos por una medalla y un brazalete y controlados por el monopolio de la Compañía. Las personas del Valle podían acceder a esa lucrativa profesión y defendían sus derechos.

Los más de 300 mulos que transportaban a los viajeros se van abandonando con gran enfado de los arrieros que ven como el tren de Montenvers les va a quitar su trabajo.

El empleo en la zona se desarrollaba ahora alrededor del alpinismo. En 1872 hubo muchos problemas y críticas hacia la compañía por su carácter cerrado, llegando en 1892 a convertirse en un sindicato. Para comprender la importancia del sector, es elocuente que Chamonix en 1901 tenía 2.729 habitantes y había 300 guías de montaña.

Nacer en la zona era nacer guía, y esa frase se entiende en la puerta de la Iglesia de Chamonix, cada 15 de agosto, con ocasión de la fiesta anual de los guías, cuando se nombran a los pertenecientes al selecto club y se repiten los apellidos del Valle escuchando nombres míticos en la historia del montañismo mundial que son los descendientes de aquellos ganaderos y cazadores de finales del siglo XVIII. Así aparecen los Simond, Couttet, Ravanel, Devouassoux, Charlet, Balmat, Payot y otros muchos cuyos apellidos se repiten hasta una veintena de veces acudiendo a la llamada del presidente de la Compañía.

Para entender esa relación familiar de continuidad de generaciones en este colectivo tuvimos ocasión de hablar con uno de los reputados miembros de una familia histórica, Jean Claude Charlet, quien en su libro “De fils en aiguille” hace una perfecta descripción de ese carácter cerrado y endogámico de la Compañía. En su artículo: “¿De quién eres tú?”, describe ese carácter familiar y rural que ha tenido la Compañía durante más de un siglo. Este antiguo Presidente de la Compañía ha escrito el libro citado donde refleja el espíritu de los guías y la estrecha relación con los clientes, que terminan por ser amigos, o como en el caso de su antepasado Jean Charlet, guía que se acabó casando con su clienta Isabella Straton, una de las mujeres que hace la primera ascensión invernal al Mont Blanc en 1876.

Sus palabras reflejan los valores de este colectivo en el que destacan la solidaridad y el apoyo mutuo, que es el origen de la Compañía y sobre todo de Caisse de Secours o sistema particular de seguridad mutua. El colectivo permanece cerrado a los profesionales externos al Valle hasta el año 1930, en el que un foráneo, aunque de la región francesa de la Savoya , Roger Frison-Roche, es admitido en la Compañía.

Este montañero y a la vez escritor, que llevaba años en la región practicando la actividad había criticado en sus obras el carácter cerrado de la Compañía en la que más tarde fue admitido. Durante años la Compañía ha estado cerrada a los foráneos hasta la entrada de René Ghilini de origen italiano y de Elie Hanoteau de nacionalidad belga.

Simón Elías, el primer español en la Compañía de Guías de Chamonix

Simón Elías es guía profesional de montaña, y junto con su hermano Martín ejercen su actividad profesional en Chamonix. Simón después de superar las duras pruebas de acceso ha sido distinguido con la medalla de la Compañía, que acredita su pertenencia este colectivo.

Los dos hermanos Elías han realizado sus estudios en la Escuela Nacional de Esquí y Alpinismo de Chamonix, institución internacional de enseñanza de las actividades de montaña creada en 1943. Pertenecer a la Compañía es el sueño de la mayor parte de los profesionales, que una vez que han concluido sus estudios desean realizar su actividad profesional en este sector. En una entrañable ceremonia que se repite cada año el 15 de agosto en la puerta de la Iglesia de Chamonix, el colectivo de guías de montaña ha recibido a los 6 nuevos miembros que en esta ocasión han sido admitidos después de años de un complejo proceso selectivo.

Simón Elías ha sido apadrinado por Rene Ghirini, que fue el primer extranjero como italiano, quien entró a formar parte de la Compañía que hoy ha admitido al riojano Elías.

La fiesta de los Guías de Chamonix reúne en estas fechas estivales a miles de personas que veranean y practican el alpinismo en esta zona, sobre todo intentando la ascensión al Mont Blanc, el pico más alto de la Europa Occidental.

La magia de las montañas

Simón Elías durante la ceremonia de la Compañía este año.

Esta fiesta se creó en 1924 para realizar diferentes actividades con el fin de obtener fondos para la entidad que gestiona la seguridad social de la Compañía. En estas jornadas, ya que la primera se desarrolla en Argentiere, patria de muchas generaciones de guías, y en la de Chamonix se acude al cementerio local en la que reposan muchos montañeros fallecidos en este macizo. El desfile de los más de 200 guías y acompañantes atravesando la ciudad y pasando debajo de la estatua de Balmat y al fondo del monte que ascendió en 1786 es un espectáculo emocionante.

Simón Elías con su flamante uniforme de Guía de Montaña de la Compañía de Guías de Chamonix es el primer español que accede a este colectivo profesional que agrupa a los mejores montañeros del mundo. Como le dijeron en el nombramiento de Frisón-Roche en 1930, “tu eres el primer extranjero (español) de la Compañía, haz que no tengamos que arrepentirnos.”

La profesión de Guía de Montaña, menos conocida en España, es habitual y necesaria en las regiones montañosas del planeta. Los guías de Chamonix trabajan por todo el mundo y se extrañan de que en nuestro país con macizos como los Picos de Europa o Pirineos, esta labor profesional sea tan poco demandada. Nos falta la tradición y posiblemente la altura de las montañas de ese entorno alpino, además de un cariño por las cumbres que las gentes del Valle poséen desde hace siglos.

*La información que ha servido de base para realizar esta artículo, y para los amantes de la montaña que deseen ampliar la documentación, se ha obtenido de la lectura de: * * Compagnie des Guides de Chamonix. Une Belle Histoire. Mario Colonel, 2009 * De fils en Aiguilles. Jean Claude Charlet. Editions AO. 2013 * Revista Vertical Numero Special 1865. L’age d’or de l’alpinisme)

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