GREIM al rescate

Los ángeles de la montaña
Fco. Javier González -
GREIM al rescate
FOTOS: Mikael Helsing

Perdido en la montaña. De noche. Nevando. Solo. Sigues andando para mantener el poco calor que te queda en el cuerpo, e intentas tapar con otros pensamientos los peores temores que ya rondan tu cabeza. Decides grabar con el móvil un vídeo de despedida para tu familia. Después de más de 12 horas caminando desorientado por las nieve, dos pequeñas luces aparecen en el horizonte…

“Cuando me abracé a ellos, rompí a llorar”, me comenta Jose C. Correa, madrileño de 38 años que fue rescatado en febrero de 2013 en el Valle del Silencio, en la frontera entre Segovia y Guadalajara, por efectivos del Equipo de Rescate e Intervención en Montaña (Ereim) de Riaza y un helicóptero de la Guardia Civil. Como a él, solo en el año 2015 el Servicio de Montaña de la Guardia Civil auxilió a 1564 personas: un total de 922 intervenciones en las que se rescataron a 130 fallecidos, 503 heridos y 958 ilesos. Cifras que esconden historias más o menos afortunadas, pero todas con el denominador común de haber tenido como protagonistas a integrantes de los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña. Creadas en 1981, el GREIM son unidades especiales de la Guardia Civil herederas de los antiguos Grupos de Esquiadores-Escaladores, creadas para realizar labores propias de dicho cuerpo y de rescate en lugares de difícil acceso como zonas de montaña, barrancos o cavidades subterráneas. Como lamentablemente solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, nos propusimos conocer un poco mejor sus rutinas sin la necesidad de que haya un rescate de por medio. Un trabajo muchas veces desconocido incluso por los propios montañeros, sabedores de lo importante que es contar con ángeles de la guarda en la montaña.

A finales de mayo viajamos hasta Arenas de San Pedro. En el bloque 4 del Cuartel de la localidad abulense tiene su centro de operaciones el Ereim de Arenas, la cuarta unidad creada en España, en 1982, aunque se consolidó cinco años más tarde. “Hacen jefe a cualquiera”, me dice bromeando el Cabo Manolo González Conde, nacido en Arenas hace 43 años, cuando nos recibe en el patio del cuartel, desde donde vemos las imponentes paredes de la cara sur de la Sierra de Gredos, como el Espaldar de los Galayos y La Mira, todavía con neveros a pesar del calor. La zona sur de Gredos es suya, mientras que sus compañeros de Barco de Ávila cubren la vertiente norte. “Hay menos accidentes que en la zona norte”, me dice Manolo, “pero como cubrimos la zona de Galayos también solemos tener algunos más graves”.

GREIM al rescate

Cabo Manolo González Conde “Muchas veces la realidad supera la ficción”.

Un gran mapa de Gredos se muestra en la entrada al despacho donde nos reunimos con prácticamente todo el equipo. Antes de freírles a preguntas me fijo en las paredes, con fotos colgadas de perros de rescate y helicópteros. Diplomas de reconocimiento y trofeos en estanterías. Libros y revistas de montaña junto a guías de material de escaladas y un protocolo de empleo de grúas de rescate. Linternas, walkies, gps y necrológicas de compañeros. Curiosamente, Manolo nos confirma que "los compañeros de tráfico tienen más siniestralidad, nosotros controlamos nuestros riesgos". Unos riesgos que aunque controlados nos harían perder algo más que los nervios a gran parte de nosotros si los tuviésemos que correr en nuestro trabajo. Hablan de situaciones en las que aseguran se les pone la piel de gallina. “Es que ni lo piensas”, me dice Manolo. “Ponemos el modo robot”, continua su compañero Roberto Villamil, “hay que concentrarse en los protocolos y rutinas y olvidarte de los demás, y por supuesto confiar en los compañeros”. En Arenas de San Pedro son una plantilla de siete personas, que además de muy polivalentes tienen que estar muy acostumbrados a trabajar en equipo. De hecho, y como veremos al día siguiente sobre el terreno, hacen prácticas-y rescates si es necesario- conjuntas con equipos de otras demarcaciones.

"Los compañeros de tráfico tienen más siniestralidad, nosotros controlamos nuestros riesgos"

El equipo de Arenas de San Pedro realiza entre 15 y 20 rescates al año. “Eso sí, en verano los rescates se multiplican”, nos comenta Manolo, “la popularización de la montaña ha hecho que haya más accidentes, por pura estadística”. Precisamente, las estadísticas del GREIM indican que en el año 2015 la actividad que provocó mayor número de intervenciones fue el senderismo (al ser también la actividad con mayor número de practicantes) con un total de 442 intervenciones (48 %). Le siguieron con un 11,84% la práctica del montañismo por terreno abrupto (fuera de senderos señalizados), y el barranquismo con el 8,26%. “La mayor parte de los accidentes son andando.” Me confirma Manolo. “El experto tiene menos accidentes pero son más graves. Por ejemplo apenas tenemos rescates de esquiadores de montaña, quizás porque es una zona en la que se necesita ser muy experto para meterse con esquís en invierno”. Su compañero Roberto apostilla: “aquí la gente es más experimentada y se solventa sus problemas. En la zona de Barco hay más turistas que no saben medir”.

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¡Encantado de que hayáis llegado!

Precisamente experiencia no le faltaba a Antonino González, de 67 años y natural de Barco de Ávila, que fue rescatado hace unos años por el grupo de Barco de Ávila. “Llevo toda la vida saliendo a la montaña desde que era pequeño”. Además de haber sido presidente de un Club de Montaña de la zona, ha estado federado muchos años en el Club de Montaña Almanzor de Ávila. En toda su vida no había tenido un accidente, pero a pesar de toda la experiencia y precauciones sabe que “le puede pasar a cualquiera”. En octubre de 2014 se encontraba caminando con unos amigos por unos canchales de Gredos, por un terreno que conocía de sobra, camino de Las Lagunillas, un circo glaciar próximo a la Garganta del Pinar. “Soy aficionado a la botánica y estábamos buscando unos musgos en unos canchales que son húmedos. Resbalé con la mala suerte de que se me encajó la pierna en una grieta. Instintivamente tiré de la pierna para arriba y como se había quedado atascada se produjo la fractura. Al momento supe que sería grave y así fue: tibia y peroné.” Después de una hora soportando el dolor gracias al ibuprofeno y la conversación de sus compañeros, apareció el helicóptero y no pudo evitar exclamar un ¡encantado de que hayáis llegado!” cuando le movilizaron en camilla para rematar un rescate sin complicaciones. **Según los datos del GREIM, entre las causas más frecuentes por las que se producen los accidentes se destaca la sobrestimación de las posibilidades propias de quien se accidenta (45,88%) y la falta de nivel técnico o inexperiencia (36,98%). **Es decir, que se afrontan actividades para las que no se está preparado a pesar de que se piensa todo lo contrario. “Por cada montañero profesional al que rescatamos sacamos a 100 no profesionales”, me comenta Roberto. “Hemos sacado gente por auténticas negligencias, con zapatos en La Mira…” continua Manolo. “Al principio te cabreas, pero al final hasta le coges cariño”. “Eso sí”, prosigue su compañero Roberto, “hay gente con más tendencia a enriscarse que otra. A veces nos dan un aviso decimos ¿Pero cómo te has podido meter ahí?”

“Por cada montañero profesional al que rescatamos sacamos a 100 no profesionales”

Cuidado con el minimalismo

Pasamos al cuarto contiguo, que bien podrían ser las taquillas de un club de alpinismo o el almacén de una compañía de guías: cuerdas, mochilas, pies de gato, Friends, cintas express, arneses… Me fijo que algunas prendas técnicas como las botas o camisetas que llevan son de conocidas marcas de montaña que las han personalizado para el GREIM. “Antes de un rescate es muy importante valorar el material que vas a necesitar”, me dice Roberto “y como dice un compañero siempre vale más un “por si acaso” que dos “casi que”…” Algo que en su opinión, también deberíamos tener en cuenta todos los montañeros, ya que a lo largo de los dos días que compartimos con ellos escucharía en más de una ocasión que la moda del minimalismo puede ser muy peligrosa. “Recibimos muchas llamadas con gente con menos equipo del necesario.”,

GREIM al rescate

Roberto Villamil: "La experiencia nos regula físicamente, y también nos ayuda en la toma de decisiones. Por eso siempre hay un compañero con más experiencia. Sin tu compañero no eres nadie”.

Bailar con la más fea

¿Cuáles son los tipo de accidente más comunes? **En el 2015, siempre según las estadísticas del GREIM, se dieron 223 casos de caídas al mismo nivel (24,23% de los casos), las cuales no suelen tener consecuencias graves; además de 200 intervenciones por extravío (21,73%) y 106 por problemas físicos (11,52%). **En cualquier caso, “la reacción inmediata es la clave”, nos dice Manolo “y preferimos una llamada temprana que nos permita actuar pronto, a una tardía… ante la duda mejor llamar”. Seguidamente me explica el procedimiento habitual cuando se recibe una llamada de socorro. “El que recibe la llamada lo gestiona todo: analizamos las necesidades del rescate, recogemos el material, marcamos el track…” Aunque obviamente cada rescate es diferente, sí que hay algunas rutinas que saben que a priori van a funcionar, ““Es mejor perder 10-15 minutos en localizar con precisión que perder horas luego por el monte buscando…” Y aquí, las nuevas tecnologías, y sobre todo el teléfono móvil, ayudan mucho, como los GPS e incluso el wasap, que según me confirman ¡funciona muy bien para localizar! Eso sí, es preferible establecer contacto directo con el equipo de rescate, y evitar que sean la familia o amigos los que hagan de intermediarios. “Si sabes quién es el grupo de rescate más cercano, ¡mejor contacto directo!”, nos dice Roberto. Por eso el simple detalle de llevar en el móvil el número del cuerpo de rescate de la zona en la que estemos puede ser de vital importancia. ¿Y el 112? Pregunto inevitablemente. “Del 112 al cuerpo de rescate se pierden alrededor de 40 minutos”, me comentan, agradecidos porque gracias a su ayuda ha bajado el trabajo, aunque como nos dice Roberto “Ellos se llevan los rescates de sol y moscas, Y a nosotros nos toca siempre bailar con la más fea: de noche, con mal tiempo…”. Para terminar su relato del rescate en Gredos en el 2014, Antonino nos lo dice a las claras: “Estoy muy agradecido, creo que son muy buenos profesionales, que conocen muy bien el terreno y su cometido. Yo nunca llamo al 112. Si tengo un accidente quiero que sean ellos quienes me auxilien”.

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Formación & rutinas

“Hasta que no llevas tres años en el ajo, no eres un profesional” nos dice Roberto. Estamos hablando de la evidente formación y entrenamiento que requiere un trabajo como el suyo. Después de graduarse como Guardias y de superar una serie de pruebas físicas, tienen una formación específica de nueve meses en el Centro de Adiestramientos Específicos de Montaña en Candanchú, Huesca, en el que reciben clases de espeleología y espeleosocorro, rescate en pared, topografía, esquí de pista y montaña, escalada en alta montaña en roca y hielo y deportiva en roca, así como técnicas de primeros auxilios. “Al final, somos socorristas de montaña”, me dice Manolo, “y aunque tengas unos gustos deportivos, al final aprendes de todo. Eso sí, luego te tienes que adaptar a la demarcación que te toca. No es lo mismo Mallorca que Ezcaray”. En lo referente a las comunidades autónomas en las que se han realizado los rescates 405 de éstos se han realizado en Aragón (43,93%), donde la Guardia Civil de Montaña realiza las intervenciones prácticamente en exclusividad. Le sigue Andalucía con 129 rescates (13,99%) y Baleares con 117 rescates (12,69%). En Castilla y León se han realizado 95 intervenciones (10,30%) y en Asturias 45 (4,88%). En el caso de Roberto, antes de estar destinado en Arenas, pasó por Tenerife. “heridos más graves, y casi todos fallecidos, despeñados. El trabajo allí es menos agradecido. Dar malas noticias a familiares es muy ingrato”.

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Rubén Darío Tejedor

Pero ¿cómo transcurre el día a día de la unidad cuando no hay rescates? Lo que es evidente –salta a la vista- es que están en forma. Mientras que siempre hay dos miembros del grupo que están de guardia, el resto dedica su tiempo a la actividad física, el entrenamiento técnico con prácticas de todo tipo, el reconocimiento del terreno y un mínimo de dos prácticas de rescate al mes. Además, dos veces al año hay planes de instrucción -invernal y estival- con prácticas y reconocimiento del terreno en las que también se comprueba el nivel. “Tenemos que reciclarnos mucho constantemente en temas de rescate, primeros auxilios, material, técnicas…”, comenta Manolo, “Si no pasas las pruebas de reciclaje causas baja en la especialidad.”

Por otro lado, el entrenamiento y mantenerse en forma son cometidos que también forman parte de su tiempo libre: montan en bici, escalan en el rocódromo… Y eso en un trabajo sin horarios fijos, en los que tu vida diaria normal puede ser en cualquier momento interrumpida para meterse de lleno en rescates que pueden ser de hasta más de 24 horas… “Pero un rescate que sale bien es el mayor premio de nuestra profesión”, sentencia Manolo.

Sentido común

Los piornos tiñen de amarillo las praderas y montes de Gredos, en contraste con la abundante nieve que se mantiene en las cumbres. A primera hora de una mañana radiante el destacamento de Arenas pasas a buscarnos para reunirnos con sus compañeros de Barco de Ávila. Destino: el pozo de las Paredes, con parada previa en un bar de Navacepeda de Tormes para tomar un café, y dar rienda suelta a efusivos saludos, abrazos y bromas entre compañeros. El sargento Jorge López Ramos, de 35 años, es el jefe de la unidad de Barco de Ávila, formada por once personas y que se ocupa de la zona norte de Gredos, Salamanca y el norte de Cáceres, “aunque la zona del Circo y los barrancos del Jerte son los que dan más incidencias” puntualiza. “En la Sierra de Bejar también atendemos a mucha gente que se pierde, ya que es una zona de montaña muy llana, con pocas referencias, y cuando entra la niebla es fácil desorientarse”. ¿Y los barrancos? “Los barrancos son delicados, al ser divertidos se pierde la percepción de peligro”. Jorge me comenta que la media de su demarcación es de 40 rescates al año. ¿Son muchos? “La montaña se ha popularizado, y es más fácil que pasen cosas. Al que se inicia es importante que lo haga con clubes, guías… el dinero que te cuesta te acuerdas de él cuándo te accidentas”. Las estadísticas del GREIM lo corroboran: el 93,49 % de los accidentados en 2015 realizaban la actividad sin guía, y un 22,67% lo hacían en solitario. ¿Y hay alguna época del año peor que otra? Pregunto: “Hay dos picos claros de accidentes: en invierno y en verano. En invierno por las condiciones, que son más duras, y filtran más la gente que va a la montaña, que suele ser de más nivel -de quince cordadas, doce van bien- y en verano porque hay mucha más gente con menos nivel, más deshidrataciones…La mayoría de los accidentes son de mala previsión: meteorología, equipo, posibilidades… Al final es sentido común, hay que saber darse la vuelta“.

¿Todo claro?

Arneses, cascos, cuerdas, mochilas… comienza la preparación del material para la práctica: accidentado en un cañón al que hay que inmovilizar en camilla y evacuar con tirolina. “Es una maniobra complicada, usada sobre todo en accidentes de cueva o barranco. Es bastante compleja: exige personal, cuerdas…” me dice Julian Pozo, en la Unidad de Barco de Ávila desde 2007. Jorge reúne al grupo, plantea la práctica, define las funciones de cada uno y plantea las acciones: todos alrededor suyo plantean distintas cuestiones técnicas… ¿Todo claro? “Las funciones de cada uno se deciden sobre el terreno según las condiciones, cada uno de nosotros puede actuar en cualquier posición, por lo que hay un poco de hueco a la improvisación”, nos comenta Manolo. “Hay rescates parecidos, pero nunca iguales.”. De repente, todo se mueve con más celeridad: se ponen los cascos (que no se quitarán hasta el final de la práctica) los arneses se van llenando de mosquetones, cintas express, guantes y cordinos. Se intercambian opiniones entre ellos sobre material, técnicas a utilizar, y rápidamente uno se da cuenta de que están muy habituados a trabajar en equipo. Dependiendo de las funciones se van formando distintos grupos que se reparten las tareas. Una gran bandada de buitres nos sobrevuela mientras comparten información entre ellos y entre grupo y grupo. “¿Le vais empaquetando?” El empaquetado es el proceso de meter en la camilla al herido, y me explican que hay varios tipos, en función del tipo de rescate. Se nota que se saben de memoria los protocolos: enganches, correas, ajustes... “La camilla, una vez que empieza a moverse ya no se para, a no ser que lo diga el médico”, me dice Manolo. “Hay que tener en cuenta que en un accidente la tensión crece, y es importante tranquilizar al herido”. Durante toda la práctica el tono entre ellos es distendido, se permiten bromear, aunque se percibe que - cada uno en su sitio- operan con un meticuloso procedimiento en cada gesto que hacen. Se escuchan pocas órdenes, pero muy precisas. “Lo más importante es que en la maniobra esté todo montado de forma segura. Si es así, lo demás sale solo”, me dice Roberto.

GREIM al rescate

Sargento Jorge López Ramos “Las cifras de accidentes que atendemos cada año se pueden ver de varias maneras: la mayoría de la gente tiene sentido común, y por otro lado no pasan más cosas porque Dios no quiere”.

Y así ha sido. El herido está rescatado y estable. ¿Qué sería lo siguiente? “En el rescate en montaña se depende mucho del helicóptero. Sobre todo por tiempo y cantidad de gente necesaria. Sin duda el coste es mayor, pero la efectividad también.”, nos comenta Jorge. “ Lo que decide su uso es la gravedad, localización y condiciones meteorológicas; teniendo en cuenta todas las variables que admiten. Por ejemplo: una deshidratación en un lugar muy aislado puede ser motivo de muerte. “La confianza entre piloto y equipo de rescate de tierra es fundamental. Tenemos que estar muy coordinados con los pilotos, por lo que hacemos también prácticas conjuntas con ellos.”, remata Jorge.

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Ojo al parche

Nos plantamos en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, donde se encuentra el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), que alberga las oficinas y hangares del GRUHEL (Grupo de Helicópteros) de la Guardia Civil. Allí nos recibe el brigada Gregorio Rus, de 44 años y piloto desde el 2001 en el cuerpo de helicópteros. La calavera de un buitre con dos aspas cruzadas se muestra en el parche que lleva en la camisa a la altura del pecho, distintivo del Grupo de helicópteros SAER (Servicio Aéreo Guardia Civil). Junto al aparcamiento descansa un viejo modelo de helicóptero de 1972, jubilado hace tan solo unos años. “Han cambiado menos de lo que quisiéramos”, nos comenta Gregorio, “estaría bien que fuesen más potentes”. Las oficinas alojan al Órgano Central de Servicio aéreo de la Guardia Civil… Oficinas, hangares… ruido de reactores, helicópteros despegando y aterrizando, un F5 que realiza una maniobra en picado antes de aterrizar en la Base Aérea colindante… Curiosamente, Gregorio justo acaba de aterrizar en la base de vuelta de un rescate en el Almanzor a las 06:45 de la mañana, en el que han sacado a un montañero que iba sólo y al que le pilló una tormenta. Descendiendo ya de noche, se cayó y golpeó la cabeza, y los compañeros de Barco de Ávila se han encargado de bajarle al refugio Elola, de donde le ha sacado el helicóptero. “No se ha matado de milagro”.

La de Torrejón es la unidad más grande de España, entre mecánicos y pilotos son 31 personas, 17 de ellos pilotos (no sólo de montaña); y dan servicio a Madrid, Segovia, Ávila, Cataluña, Cáceres y Castilla la Mancha (menos Albacete). La cantidad de rescates de montaña depende de la época: “Por ejemplo en verano, de junio a septiembre, en Benasque se habilita una segunda unidad, porque no damos abasto ¡hasta 5 rescates al día!”. Aprovecho para preguntarle por los compañeros de Gredos. “Trabajamos juntos y nos conocemos. En los rescates casi no hay ni que hablar entre nosotros.” ¿De dónde os llegan más llamadas? “Yo casi diría que de Arenas, y cuando son en el refugio Victory nos hace dar un respingo, porque sabemos que es muy complicado.”

GREIM al rescate

Brigada Gregorio Rus “Como trabajo, el rescate es muy agradecido para nosotros, pero a veces carece de reconocimiento. A mí lo que más me gusta es volar ¡y vuelo a menudo!”.

El proceso para llegar a ser piloto de helicópteros pasa por alcanzar el grado de cabo como mínimo. Después, Cuando sale el curso se oposita, aunque salen muy pocas plazas. Una vez admitido se hace un curso con el ejército del aire y luego el especial, así como cursos específicos de cada unidad, para familiarizarse con cada helicóptero. Al entrar al hangar vemos todo tipo de helicópteros: BO105, ec135, BK117 y el A5365N3 Dauphin, del que Gregorio justo acaba de terminar un curso de pilotaje, ya que son los modelos más nuevos.

Suena su móvil y su semblante cambia. Puede ser perfectamente una llamada de rescate. Falsa alarma, nos dice al colgar. Llegado el caso se hace un primer análisis antes de despegar, y se decide un punto y hora de recogida. “A veces las condiciones meteorológicas cambian desde que se despega hasta que se aterriza… el sol, la lluvia, el viento… ¡y más en montaña!” ¿Cuál es vuestro enemigo metereológico más temible” “El viento, y sobre todo de cola. Por ejemplo, el refugio de Galayos es una pesadilla”. En invierno, por supuesto, todo se complica con una meteorología cambiante, que incluso en rescates múltiples puede variar de un aterrizaje a otro en el mismo punto. “Pero vamos, que nunca nos accidentamos en sitios fáciles”, zanja Gregorio.

La realidad supera a la ficción

“La mayoría de los rescates son imprudencias. He sacado a gente con chanclas y tacones, a niños de campamentos de verano a los que han metido a hacer marchas de montaña exigentes. La realidad supera la ficción.” Una frase final que curiosamente he oído en varias ocasiones durante el tiempo que he compartido con miembros del GREIM. ¿Y vuestros accidentes? ¿Hay muchos? “Se toman riesgos pero hay muy buenos profesionales, y en los accidentes aéreos nunca hay una sola causa, sino una sucesión de factores que juntan…” Según me cuenta, los momentos claves son la localización del herido, el análisis de necesidades y, ya en el aire, el momento crítico, sin duda, es el de aterrizaje y carga “que no siempre se aterriza”, comenta Gregorio, “de hecho en el 80% de los rescates ni se llega a aterrizar”. La frase da paso a una explicación sobre la maniobra de estacionario y apoyo parcial, muy técnica y muy utilizada en montaña en lugares que no se puede aterrizar. “Pero de nuevo, son las variables meteorológicas las que más nos condicionan, hasta el punto de no poder acceder a lugares aparentemente sencillos”.

“Se toman riesgos pero hay muy buenos profesionales, y en los accidentes aéreos nunca hay una sola causa, sino una sucesión de factores que juntan…”

Una de las dudas más frecuentes, es sobre lo que debemos hacer cuando un helicóptero se aproxima a rescatarnos. “Si no lo sabes, mejor no hagas nada”, nos aclara Gregorio. ¿Y si sólo tenemos que recordar una cosa, la más importante? Incido. “Marcar la dirección del viento. Saber que si te pones de cara al helicóptero, es porque el viento viene de tu espalda”. Aprovecho la oportunidad de subirme al puesto de piloto. Abrumado por la cantidad de mandos e indicadores, Gregorio me da una ligera explicación de la combinación de mandos de pies y manos que manejan las distintas variables de movimiento: arriba, abajo, derecha, izquierda, velocidad, freno… Las interacciones entre los tres mandos posibilitan que cada movimiento o cambio de velocidad sea compensado por los otros controles. “El pilotaje de helicópteros es más complicado que el de aviones”, sentencia Gregorio cuando ya estoy con mis ojos posados en otro elemento de la aeronave que me llama la atención: la grúa. “No es la panacea del rescate, aunque para barrancos y paredes viene fenomenal”. Según nos cuenta, las grúas las maneja el copiloto o el mecánico, “y es casi más importante el operador que la propia grúa”.

Entre piezas de motores vemos a algunos mecánicos trabajando. Algunos se cachondean al pasar junto a nosotros, ya que siempre que Gregorio esta de turno hay rescates… “Los mecánicos son la parte más fundamental, sin ellos no podemos funcionar” Entre sus tareas destaca fundamentalmente la revisión antes y después de cada vuelo.” Cada hora de vuelo suponen tres horas de mantenimiento”.

Andamos por los pasillos de la oficina entre fotos de aeronaves y rescates camino de su despaccho, en el que destaca una completa colección de maquetas de helicópteros de todo tipo, así como un enorme mapa de España con líneas de distintos colores que lo atraviesan, y distintivos de las zonas de repostaje y áreas restringidas, con varias marcas de coordenadas y altitudes. Un buitre disecado preside la zona de descanso, “el del parche” me dice Gregorio: “en un accidente real el buitre se metió en la cabina y obligó al piloto a hacer un aterrizaje de emergencia. No pasó nada grave, pero pudo haber pasado…” Junto al buitre descansa la Virgen del Pilar “que siempre vuela con nosotros, nos ha salvado de más de una”

Ya estamos contigo

“Yo cuando me vi sólo y veía que no paraba de nevar, con lo cansado que estaba ya hice incluso un vídeo de despedida.” Nos cuenta por teléfono Jose C. Correa sobre su rescate. “Cuando empezó a anochecer comencé a silbar con el silbato que siempre llevo conmigo. Ya de noche decidí no detenerme porque ya apenas sentía las manos del frío. La mochila estaba medio congelada. Y de repente vi dos luces que en principio creí eran de un coche. Me puse a silbar como loco y me lancé ladera abajo, me caí varias veces, se me caían cosas de la mochila, el silbato… finalmente nos encontramos, salté al agua de un río congelado, pero ya me daba igual. Cuando me abracé a ellos rompí a llorar. Fue como si hubiese visto a mi familia. Me acuerdo que me dijeron “Tranquilo Jose, ya estamos aquí contigo”. Me han salvado la vida. Lo que pueda hacer por ellos lo haré sin dudarlo. Ellos han arriesgado sus vidas por salvar la mía.”

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LOS CONSEJOS DEL GREIM

Desde el Servicio de Montaña de la Guardia Civil se aconseja siempre planificar todas las actividades que se realizan en el medio natural y no realizarlas en solitario. Es importante llevar con nosotros el teléfono móvil u otro medio de comunicación eficaz y llevar el equipo necesario. En el caso de que no estemos seguros de nuestras posibilidades y queramos realizar una actividad es interesante contratar los servicios de un guía profesional.

“El 70 u 80% de los accidentes son por error humano. Siguiendo todos estos consejos, que pase algo ya es mala suerte.”

Prevención:

  • No vayas solo, deja dicho a dónde vas.
  • Planifica tu excursión: meteo, mapas, libros y experiencia de otros.
  • No sobrevalores tus posibilidades, hay que saber renunciar.
  • Móvil o radio = aviso rápido.
  • Disfruta, pero con prudencia y paciencia.
  • Realiza cursos de primeros auxilios y formación técnica.
  • Si quieres ir tranquilo, déjate guiar por un profesional.
  • Prepara y cuida tu equipo con esmero, lleva la vestimenta y calzado adecuados.
  • Si hay niebla no realices la actividad
  • Fedérate o contrata un seguro, así evitarás problemas.
  • Respeta y cuida el medio ambiente, no arrojes basura, recoge la que generes.
  • No molestes a la fauna del entorno, es una forma de contaminación.

Accidente:

  • Mantente sereno, asegura al herido y practica los primeros auxilios.
  • No dejes solo al herido. Si no hay otra opción abrígale y deja comida y bebida.
  • Referencia el lugar para localizarlo después.
  • Datos que tendrás que facilitar a los Grupos de Socorro:
    1. Descripción del accidente, número de heridos, lesiones y gravedad.
    2. Cuándo y dónde ha ocurrido.
    3. GPS o referencia del lugar.
    4. Condiciones meteorológicas.
    5. Lugar desde donde se pasa el aviso.

- Desaparecidos: comunica su nombre, itinerario previsto, experiencia en montaña, material y vestuario que lleva.

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