Gran esfuerzo y evacuación en el Everest invernal

El equipo de Txikon progresa a pesar de las condiciones, equipando parte de la ruta hacia el C3. Óscar Cardo debía ser evacuado en helicóptero a causa del mal de altura.

Alex Txikon

Gran esfuerzo y evacuación en el Everest invernal
Gran esfuerzo y evacuación en el Everest invernal

El equipo de Alex Txikon, que pretende coronar el Everest en invierno y sin usar oxígeno suplementario, continúa avanzando por la montaña, a pesar de lo fogoso de los vientos. Ayer lograban equipar parte de la ruta hacia el C3, que pretenden instalar a 8.000 metros, pero ese titánico esfuerzo se veía ensombrecido por la retirada de uno de los pilares de la expedición, Óscar Cardo, que debía ser evacuado en helicóptero desde el Campo 2 debido al mal de altura. El alpinista ya se encuentra estable y fuera de peligro en Katmandú. Así nos lo cuenta Alex Txikon en su último comunicado.

Por Alex Txikon

Si no me equivoco, hoy es domingo, 16 de febrero. Llevamos tres días de dura actividad. El día 14 salimos a reequipar la cascada del Khumbu durante 9 horas de trabajo, duro pero apasionante. De vuelta al Campo Base, descansamos apenas unas horas y salimos de nuevo. A las 2.15am del 15 de febrero estábamos en pie Pechhumbe, Geljen Lama, Nurbu, Oscar y yo. Partimos hacia el Campo 2 en una noche preciosa, con nervios y algo de sueño, cargadísimos, pero a buen ritmo. Caminamos bajo una luna menguante que tiñe el valle de una luz mágica; no puedo parar de hacer fotos. Voy pensando que somos unos privilegiados.

Al pasar por Campo 1 cargamos incluso algunas cosas más. Oscar viene como una moto, sonriente y poderoso; es un tipo muy fuerte. Sin embargo, ya muy cerca del Campo 2, a apenas 1 km, su paso cambia totalmente. Deja de coordinar, se siente mal, dolorido… Me doy cuenta de que posiblemente sufre un edema severo. Hay que tomar decisiones: nos dicen que, ante todo, uno ha de ser fuerte y valiente, y bajar por sus propios medios, pero lo cierto es que, en su estado, enfrentarse de vuelta a la cascada del Khumbu podría ser letal. Pido opinión a Sergio y a Diego que esperan en el CB, y les comento que no veo a Oscar, en su estado, rapelando con mochila por los seracs de la cascada. Nos la jugamos a pedir un helicóptero para la mañana siguiente, confiando en que Oscar aguante una noche en el Campo 2, porque la otra opción es meterle entre grietas seracs, arriesgándonos a un vivac a pelo en pleno invierno, lo que podría ser peligrosísimo. Todos estamos asustados y pienso, “joder, por favor, que todo se quede en un susto…".

Me cargo a la espalda su mochila y la mía y, con ellas a cuestas, de pronto me viene a la cabeza una canción: “suela de alpargata", una canción preciosa que no tiene nada que ver con la situación que estamos viviendo, pero que habla de cuando los tiempos eran duros de verdad y rendirse significaba la muerte. Después de todo, nosotros estamos aquí por gusto… Pero en cualquier caso me motiva y me ayuda a pensar con claridad y pelear. Al fin llegamos al Campo 2, desde donde llamamos a Antonio Cid, un médico amigo de Oscar que me da instrucciones concretas sobre cómo cuidar a Oscar y qué medicinas administrarle. Por suerte, en un momento dado su fuerte organismo empieza a reaccionar. Además de una gran persona, Oscar es bombero de profesión y eso cuenta. Ha sabido estar en todo momento y ha dado lo mejor de sí mismo, pero estas cosas pasan y, a esta altura, siempre son graves. A veces no recuerda algunos de los duros momentos vividos. Apenas duermo, le velo y me preocupo… Psicológicamente es muy duro, pero aguantamos hasta que, as las 7.40am aparece el helicóptero en el Campo 2 y se lleva a Oscar, en un visto y no visto, como en esas películas de Hollywood. En cuestión de minutos, sé que Oscar ha vuelto a la vida. Pronto me comunican que está en un hospital de Katmandú y que evoluciona favorablemente. Nosotros volvemos a respirar.

Sin apenas pensarlo, nos armamos con nuestro equipamiento y tiramos para arriba otra vez, Pechhumbe, Nurbu y Tenzen Lama. No sopla viento, pero hace mucho frío. Valle arriba, la sombra del Lhotse nos engulle, hasta que llegamos a la rimaya cargados como mulas. Con los dedos adormecidos, casi sin dormir y sin beber, empezamos a equipar la ruta hacia el Campo 3. Pero las piedras caen sin cesar desde la erosionada pared Oeste del Lhotse. Aguantamos, hacemos varias intentonas, pero el viento de NO nos perjudica y observamos que, a cota 8.000, sopla con fuerza. No podemos jugárnosla así. Paramos. Estamos bien dentro de lo que cabe y aquí aguantaremos, dejándonos la piel, como lo hicimos ayer y lo haremos siempre, pero con cabeza fría y precisión. Seguiremos siendo eficaces y, modestia aparte, bastante buenos estrategas, aunque lo cierto es que no tenemos la última palabra.