La cumbre es el objetivo, pero volver a casa también lo es...
Todos tenemos claro que el Annapurna es una de las montañas más peligrosas y comprometidas de cuantas hay en el mundo. Por eso, el audaz intento de Stefi Troguet de ascenderlo sin oxígeno sigue siendo extremadamente meritorio. Pero lo es más aún retirarse a tiempo, regresar a casa, cuando pareces tener la meta tan al alcance de la mano. Stefi había invertido todo un año entrenando específicamente para esta montaña, para afrontar condiciones terribles y llevar su cuerpo al extremo, aunque ya hacía tiempo que se había convertido en una excelente (y muy mediática) alpinista. Eso agranda el gesto de dar media vuelta, por encima de los 7.500 metros, a pesar de la carga que suponen las expectativas propias y ajenas. Stefi vuelve con los suyos, que es, ni más ni menos, lo único importante.
"No he podido llegar a la cima. Alcancé los 7.500 metros sin oxígeno y decidí darme la vuelta", explica la alpinista Andorrana. "¿Por qué? Hacía un frío terrible. Realmente terrible. Nunca había sentido tanto frío en toda mi vida. No logré aclimatarme totalmente, eso hacía que me moviese muy despacio. Moverse despacio con tanto frio estaba agotando toda mi energia. Iba extramademente lenta, en cualquier momento podía llegar a un punto de no retorno, así que decídi darme la vuelta. Ha sido frustrante. Estar tan cerca, y a la vez tan lejos... El parte de la meteo era muy acertado, eso puedo prometerlo. Pero la sensación térmica era de -40º. Hacía un frio infernal. Llevaba ocho horas en mitad de la noche con esas temperaturas. Tiritando. Fue horrible".
Así concluye la séptima expedición de Stefi a los ochomiles, pero no su intención de coronar los catorce ochomiles sin el uso de oxígeno suplementario. Montañas icónicas y arriesgadas como el Nanga Parbat, el K2 o el Manaslu pueden atestiguar la pericia alpina de Troguet, que aún tiene mucho tiempo por delante para cumplir lo que muchas veces ha definido como un sueño. "No me arrepiento, en cualquier caso. Estoy muy contenta con mi decisión. Cuando decidí escalar estas montañas sin oxígeno artificial, sabía que esto era parte del juego. La cumbre es el objetivo, pero volver a casa también lo es. Otro día lo intentaré de nuevo. Así es la vida".
Así es la vida. Llena de oportunidades. Y el Annapurna no se va a ir a ningún sitio.







