Wilderness: sin domesticar

Lugares para perderse, conectar con la naturaleza y explorar límites.
José Mijares -
Wilderness: sin domesticar
Wilderness: sin domesticar

Lugares para perderse, conectar con la naturaleza y explorar límites. Enormes áreas deshabitadas y llenas a rebosar de naturaleza sin domesticar, escenarios para jugar sin trampas en un lugar donde todavía es posible sentirse auténtico… José Mijares y cuatro expertos exploradores de lo salvaje nos explican qué es y a qué sabe el Wilderness.

- Por José Mijares -

Elena, la directora de esta revista, me encarga un artículo sobre wilderness.  “Fantástico”- pienso yo- , me encanta escribir de cosas que me gustan y conozco bien. Pero pasada la emoción del momento, el encargo se convierte en algo menos romántico de lo que pensaba. ¿Cómo le explicas a alguien qué  es wilderness y lo haces bien? Quiero decir, sin palabrería hueca, siendo certero y concreto... En esos pensamientos ando cuando llevo ya como dos folios; eso después de borrar otros dos. Veo el resultado y parece aceptable, creo que la cosa está  quedando bastante bien. Para asegurarme del todo se lo envío a amigos que no saben mucho del asunto y les pido que lo lean y den su opinión porque si alguien neófito  comprende  qué es Wilderness, supongo que es una buena prueba. Aunque  la crítica definitiva, la más dura la hará Gloria, como siempre. Su boli rojo es insobornable, no hay autocomplacencias que valgan.  

Pero como me he adelantado al día de entrega  y sigo releyendo el texto  (cosa peligrosísima) pienso que sería mucho mejor  pedir consejo  a colegas, o mejor aún,  que aporten sus impresiones.  Tengo que decir que todos sin excepción (vale son pocos) han accedido al instante y yo diría que hasta contentos  de hacerlo, y eso que no nos conocemos personalmente. Los  “cuatro mosqueteros”  que escriben este texto conmigo  son personas que hacen viajes que admiro y respeto;  los varios entrecomillados que aparecen trufando este texto pertenecen a  Edu Muñoz de Planeta Packraft, Iñaki Diaz de Etura de Viajar a pie, Marco Sanchez, fundador de As tucas, y David Casalprim. Sólo falta Hilo Moreno, pero está  perdido en una base española en la Antártida y no hay manera de que me llegue su texto. Una lástima, porque el jodío, además de saber mucho del tema escribe como Dios.

Wilderness es un término americano que  no resulta fácil de traducir; es una de esas palabras que no encuentra acomodo en castellano. Los idiomas se reservan sorpresas como éstas y wilderness es una de ellas.

Wilderness es una palabra que huele a bosque, a aguas turbulentas y fauna salvaje, que es a lo que sabe Alaska, cuna del  wilderness y el lugar donde viven sus más ilustres embajadores. Patagonia, Laponia, Nueva Zelanda, Canadá,  el norte de Estados Unidos, Tasmania… (seguro que me dejo alguno), son escenarios parecidos. Enormes áreas deshabitadas y llenas a rebosar de naturaleza salvaje, lugares para perderse, conectar con la naturaleza y explorar límites. Escenarios para jugar sin trampas en un lugar donde todavía es posible sentirse auténtico.

Wilderness es una palabra con color, color verde. No conozco un solo lugar que se pueda llamar wilderness que no tenga el verde como sujeto, aunque sea un verde breve que dure apenas tres meses al año. Las junglas y selvas  también son verdes, pero quizás demasiado verdes… El verde del que hablo es el de las taigas y tundras del gran norte y el de los bosques del sur del mundo. Un verde frío. Naturalezas sin domesticar, solitarias y exuberantes. En algunos países es la misma naturaleza  desbordante la que se protege y blinda del hombre, pero  en los países más civilizados del mundo como Noruega o Islandia se dejan ciertas áreas “sin domar” para poder disfrutar de ellas en versión original. En Suecia, el Parque Nacional del Sarek es un buen ejemplo. En Finlandia hay 11 áreas de wilderness y aunque cuentan con alguna cabaña perdida, mantienen la misma filosofía  no intervencionista ; paraísos para cualquier caminante, pescador o aventurero.

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Iñaki Diaz de Etura, viajar a pie

“Wilderness es una idea para la que no hay una palabra precisa en nuestro idioma y, a menudo, se le asigna una connotación derivada de la traducción de wild (salvaje o silvestre) que no es del todo representativa. Wilderness representa el entorno natural no modificado por el ser humano. Es un concepto un tanto difuso porque sería complicado precisar qué se considera “modificado” y qué no. A fin de cuentas, y estrictamente hablando, todos los seres tienen cierto papel en modelar el entorno en el que viven, pero convendremos en que el ser humano ha ido mucho más lejos que cualquier otro, hasta el punto de que es difícil encontrar un hábitat mínimamente amplio en el que no se note su influencia. Dejemos para otra discusión si para bien o para mal…

Por buscar una definición,  a mí  me gusta la que equipara wilderness con un entorno donde las reglas de funcionamiento las pone la naturaleza y las pone a gran escala: qué  árboles crecen, que bichos viven o en qué  número lo hacen. El medio ambiente alcanza sus propios equilibrios y el ser humano, si aparece por allí, lo hace en calidad de invitado. O de uno más.

Me gusta también pensar en wilderness no tanto como el lugar sino como nuestra percepción y actitud. Percepción porque, en cierto modo, se trata de un estado de ánimo, de la capacidad de ver el medio ambiente como un todo y de sentirse parte de él (y no aparte de él). Actitud porque no vale con elegir el sitio más prístino y entrar como elefante en cacharrería. Ir a un sitio remoto y hacerlo en helicóptero no es wilderness; si el lugar lo era, lo acabas de estropear. Dicho de otra manera, tú eres wilderness o tú evitas serlo.

Una aproximación sencilla, apta para todo el mundo, tiene unos ingredientes simples:

Un lugar no urbanizado. Tampoco hace falta irse al Polo Sur ni hacer una gran expedición. Al lado de casa, puede servir.

- Pernocta. Estar por ahí de día es algo que tenemos asimilado pero la noche nos da más respeto. Al mismo tiempo, es parte inseparable de la experiencia. Lo que nos lleva al siguiente punto.

- Autonomía. Recurrir al mundo urbano como parte inseparable de la experiencia nos sacaría del trance. Romper la necesidad de ese nexo es fundamental.

- Escala humana. Caminar o, simplemente, estar, a gusto de cada cual, pero que sea por nuestros propios medios.

- Intimidad. Un grupo grande puede estar muy bien para relaciones sociales pero detrae de la experiencia ambiental, que es mucho más profunda en solitario o en un grupo reducido.

Personalmente, encuentro mi mejor herramienta de conexión con el concepto de wilderness en el acto de caminar. Es como si el ser humano estuviera hecho para caminar y, probablemente, así sea. Tanto física como mentalmente. Caminar es nuestro sitio en el mundo. Es lo que más me gusta hacer.” 

El wilderness no  vende bien, no está de moda, ni en los circuitos de caza tesoros. Es tan vasta la dimensión de su palabra, tan desconocida, tan difícil seguir rutas que no existen. Es  tan poca la información que existe… y la que hay vive a hurtadillas en unos pocos blogs y webs; como una música no escrita que sólo transmiten juglares.

Ir al wilderness hoy en día es viajar al pasado con el espíritu de los pioneros, eso no es cómodo. Hace falta tiempo y una motivación extra. No ayuda mucho el gran público, que lamentablemente sólo conoce de ochomiles,  sietecumbres, raids, carreras, grand slam y competiciones.  Toda esa parafernalia que tanto gusta y mucho  vende. Pseudo aventura en muchos casos con gran  reconocimiento social. ¡Qué contradicción! Pero ¿qué queremos?  Son tiempos de reallityshows.

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David Casalprim, espai bici

“Siempre me han llamado la atención los lugares inhóspitos y poco habitados, donde la naturaleza permanece casi inalterada y donde, con un simple vistazo, te puedes imaginar cómo han sido los últimos 10.000 años en esa zona.  Lugares donde sus habitantes hace poco que han modificado sus hábitos y aun conviven con miles de años de tradición. Gente que te mira como un igual, con la misma curiosidad con la que tú los miras a ellos.

Sentirte pequeño en medio de la inmensidad de un paisaje infinito y virgen, hipnotizado, mientras recorres sus faldas de forma clandestina intentando absorber al máximo cada detalle de un terreno que pisas por primera vez, por donde muchas veces no existen caminos ni señales, emulando a los primeros que se adentraron en el territorio siglos atrás.

Verse capaz de avanzar con tus propios medios y esfuerzos, sin depender de nada ni de nadie, o de muy poco, estar y sentirse alejado de la seguridad de la civilización. Es allí donde uno aprende un poco más de sí mismo, gestionando un sinfín de estados de ánimos, desde la euforia de los mejores momentos hasta la desesperación de los peores.

Es difícil explicar lo que significa para mí, supongo que es esa especie de llamada que me lleva a un lugar donde me siento en un entorno cómodo por hostil que parezca, a la vez que descubro una nueva parte olvidada del mundo, lugares como la tundra lapona, los fiordos groenlandeses, los desiertos africanos o las estepas mongolas”.

En el Wilderness del siglo XXI tenemos la inmensa fortuna de contar con materiales innovadores, todo lo que tiene que ver con ultra light han dado alas a rutas que hasta hace dos días eran imposibles; inventos como las fatbikes , packrafts, canoas desmontables, ropa de extrema resistencia y ligereza, materiales novísimos para acampar… todo ello hace que sea posible afrontar rutas que serían casi imposibles o rozarían lo épico.

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Marco Sanchez, fundador de As Tucas

“El senderismo es una actividad tan sencilla como caminar. Y sin embargo, es el motor de innovación más importante de la industria del aire libre de los últimos años. El deseo de recorrer rutas cada vez más largas y en lugares más remotos, exige que nuestro equipamiento sea más ligero y versátil que nunca. Son pequeñas empresas las que lideran este proceso de innovación. Empresas que apuestan por nuevos materiales y experimentan con diseños imposibles de proponer por las empresas tradicionales. El peso de nuestras mochilas se ha reducido drásticamente manteniendo el nivel de funcionalidad y seguridad.

 Rutas de varias semanas en plena autonomía son ahora posibles. El aislamiento de las rutas en el wilderness exige además que el equipamiento sea fiable. Este ha sido el punto débil de los materiales ultraligeros, menos robustos que los convencionales. Afortunadamente, estas diferencias son cada vez más pequeñas. El futuro pasa por la popularización de los materiales ultraligeros. En As Tucas queremos que todo el mundo disfrute de la naturaleza. Por eso creamos productos que no solo son ligeros y funcionales, sino además cómodos y sencillos de utilizar. Y por eso utilizamos materiales respetuosos con el medio ambiente y un proceso de producción local en el Pirineo. Porque preservar la naturaleza es responsabilidad de todos”

Pero antes de llegar al destino, las rutas de Wilderness empiezan delante de un mapa, una foto satelitar, el Google Earth. Rastreando cual Beagle en la red y preguntando a quien tiene la escasa información que existe. No todos tienen (tenemos)  el tiempo y la capacidad de inventar rutas,  a veces hay travesías ya hechas que inspiran rutas propias. Pintar viajes y hacerlos proporciona una inmensa satisfacción difícil de explicar.

Abres un mapa, ves un río, decides navegarlo, ese río acaba en el mar, sigues el curso de una solitaria playa atravesada por varios glaciares, escalas uno de ellos y sigues el hielo hasta una montaña poco conocida, subes esa cima, bajas por otro valle que acaba en un río, quizás nadie lo navegó desde allí, quizás no se puede, no lo sabes, nadie lo ha hecho o guarda el secreto. Eso es Wilderness.

Comprenderá el lector que actividades así tienen difícil venta. El personal se queda más tranquilo si le dan un nombre que conoce,  si sabe dónde va, si ha leído cómo es el lugar, si quizás vio un documental , si sabe de qué va el asunto. En resumen, dispone de información.

Andrew Skurka, Luc Mehl, Roman Dial, Grifith… ¿a  alguien le suenan estos nombres? Son la flor y nata del asunto, oriundos de Alaska y salvo Skurka  (que escribe guías, imparte charlas y cursos, amén de haber sido nombrado por National Geographic  “Aventurero del Año”), el resto se dedican a sus labores y en su tiempo libre dan rienda suelta a su imaginación. Les podría dar por beber y pescar como buenos alasqueños, pero prefieren  ponerse perdidos de barro y aparecer en ciertas montañas y ríos donde nadie los espera y dejar babeando al personal con videos  que son pequeñas obras de arte.

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Edu Muñoz de Planeta Packraft

“No conocía la sensación que me habría de dejar cautivado a partir entonces, de aquella pequeña expedición al Yukón, con mi compañero y amigo Iván, quien me hizo escuchar el canto de sirena. Aquel cúmulo de sensaciones se engloba en la palabra: “wilderness”.

Basta decir que en Europa tan sólo encontramos verdadero “terreno inexplorado” (en la más fea de sus acepciones) en algunos lugares del norte. Y buscarlo se ha convertido en una prioridad a la hora de pensar en nuevas ideas de viaje personal. Yo prefiero decir “lo salvaje”.

La lejanía de todos y de todo y la profunda vivencia de la soledad absoluta o la distancia de lo cotidiano, de lo común (refugios, “ayudas”, gente, poblaciones) hacen que te conectes de un modo, que hasta ese momento no conocía, a la NATURALEZA. Y más aún, a una paz interior que desconocía y en la que me refugio desde entonces. Curiosamente desde que viajo así, llego más fácil a sentir esa paz aunque no vaya a un verdadero lugar “lejano”. Desde entonces, y con ayuda del packraft, llego más lejos y más cerca y más profundamente a la naturaleza. Los ríos y lagos ejercen un límite a los demás que me proporciona, al otro lado de la frontera, esa sensación de “lo salvaje”, de aquella sensación de los pioneros en tierras inexploradas.

Sin embargo, no es gratis esa vivencia. Viajar “allí y así” lleva aparejado un compromiso con la ligereza del material, la idoneidad de la alimentación, la necesidad del autoarreglo y la reparación, la voluntad de seguir adelante (no hay nada en cientos de kilómetros) y el cuidado extremo de la seguridad. Si a ello le sumas las inclemencias meteorológicas y otros “posibles”, tienes una ruta comprometida que te conectará con lo más profundo de ti mismo y de lo que te rodea”.   

No hace falta volar a 10.000 km de casa, ni buscar el lugar más inexplorado del planeta, a lo mejor solo necesitas un lugar salvaje  cerca de donde vives e ir con mentalidad nueva a experimentar todo lo que la naturaleza puede ofrecerte. Eso también es Wilderness…

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