Patagonia inédita, en 11 clicks

Diego Sainz -
Patagonia inédita, en 11 clicks
Patagonia inédita, en 11 clicks

Hay rincones conocidos por su belleza y muchos otros desconocidos e igual de bellos. La Patagonia combina ambos. Aysén es un paraíso natural perdido en el cono sur de América, un rincón lejano y salvaje de la Patagonia chilena. Os invitamos a conocerlo en 11 clicks.

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El inicio de una gran aventura

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p>La primera vez que supe de Aysén fue hace ya unos años en uno de mis viajes al Parque Nacional de las Torres del Paine, en la Patagonia chilena. No recuerdo ni cómo, ni dónde, ni quién, pero yo andaba buscando nuevas rutas, y amigos chilenos me hablaron de Aysén. La mayoría de ellos no habían ido, pero todos habían escuchado maravillas de esa región desconocida. Me contaban que era la menos poblada de Chile, que su anárquica orografía estaba dotada de importantes accidentes geográficos, como el Lago General Carrera (el segundo lago más grande de Sudamérica después del Titicaca y de 200 km de longitud, su vertiente Este ya es Argentina, pasándose a llamar lago Buenos Aires).

También me contaban que de este lago nace el río Baker, el más caudaloso de Chile, de aguas heladas y vertiginosas, pero sobre todo, de aguas turquesa como nunca hayas visto. Me contaban que los picos más altos de la Patagonia estaban en Aysén, como el San Valentín (4.058 m) y San Lorenzo (3.706 m) ambos con grandes merengues de hielo en sus cumbres. Me contaban que el Campo de Hielo Norte, un desierto de hielo de 100 kilómetros, sin ninguna duda uno de los lugares más inhóspitos del planeta, cubierto de hielo milenario y vírgenes cordilleras, estaba en Aysén.

Creo que la causa por la que esta región quedó casi en el olvido fueron los accidentes geográficos de su vecina región del sur, Magallanes, con su histórica ciudad de Punta Arenas y su inigualable macizo del Paine, donde se encuentran Las míticas Torres del Paine, tres moles verticales de granito codiciadas por muchos escaladores y a las que solo mirar impresiona como pocos accidentes geográficos naturales. Además también hacia el sur, en el lado argentino, se encuentran otros picos anhelados por muchos: Cerro Torre y Fitz Roy, el Glaciar
Perito Moreno, conocido por todos por su belleza y facilidad de acceso por carretera, y además unos kilómetros más al sur de Aysén, se ubica el Campo de Hielo Sur con 400 km de longitud, la mayor reserva de agua dulce del planeta después de la Antártida y el Ártico, y que comparten Argentina y Chile.

Todas estas peculiaridades hacen que la gran mayoría de los viajeros que se animan a conocer la Patagonia, opten por visitar estas zonas, parece obvio, pero al mismo tiempo no lo es, pues a veces lo desconocido es todavía más sorprendente que otros rincones famosos por su espectacular belleza. Podría ser el caso de Aysén...

El inicio de una gran aventura

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Aysen

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p>Aysén (también Aisén) es un paraíso natural perdido en el cono sur de América, un rincón lejano y salvaje de la Patagonia chilena. Esta región andina es un baluarte de naturaleza pura, de nerviosos paisajes en continuo movimiento y cambio, de nubes galopantes y furiosos ríos, de vientos ensordecedores y glaciares que se retuercen antes de desmoronarse en sus gélidas aguas. Aysén permanece casi intocada, apenas se aprecian ligeras huellas del ser humano, que son realmente pequeñas pinceladas dentro de un vasto paisaje. Fue una de las zonas del planeta que más tarde colonizó el ser humano, y siempre estuvo escasamente poblada, estaba muy lejos de todo y sus condiciones climáticas no eran deseadas por nadie. Solo algunos valientes apostaron por seguir hacia el sur, quizá sin saber realmente lo que les esperaba. La verdad es que muchos de los pioneros que colonizaron estas latitudes, más que buscar nuevos horizontes, huían. Todavía quedan personas que viven casi como hace 100 años, apartados de todo, sin contacto con el exterior. Los que más, tienen radios con las que se comunican con algún poblado o puesto cercano, pero muchos todavía necesitan días de viaje a caballo o a pie para llegar a alguna de las pequeñas poblaciones dotadas solo con servicios básicos. Como Cochrane. En este marco incomparable se lleva a cabo este viaje e inolvidable experiencia, que marca a todo aquel que se aventura a explorar esta desconocida región austral, abandonando (por unos días) la comodidad del mundo moderno… hacia rutas salvajes.

Lo normal es volar a Santiago de Chile en catorce horas, sí; está bien puesto… Catorce horas, y lo ideal es que sea del tirón, pero todavía quedan tres horas más de vuelo a Balmaceda: “La Ciudad del Viento”. ¡Uff, qué lugar, para irse! pero rodeados de bonitas praderas y cordilleras en la lejanía. Total 17 ó 18 horas metidos en el avión, causantes de que mucha gente no caiga por estos lugares nunca. Con esa sensación de abandono de Balmaceda, casi la única opción es proseguir una hora por carretera a Coyhaique. Estoy seguro de que mucha gente al llegar a su alojamiento en Coyhaique se ha preguntado por qué narices ha tenido que ir a parar a este lugar. También estoy seguro de que todos volverían a repetir la experiencia. La infraestructura y servicios en toda la región es más bien básica, por no decir escasa. En su mayor parte, las pocas carreteras que hay no están asfaltadas, están hechas de ripio y son algo incómodas (¿solo algo?). En algunas zonas de esta región de Chile, si se quiere continuar hacia el sur hay que pasar a Argentina, debido a la orografía tan salvaje existente con sus islas, archipiélagos, glaciares y cordilleras. Después de hacer noche en Coyhaique, a la mañana siguiente proseguimos por la carretera austral hacia Puerto Bertrand, un pequeñísimo poblado allá donde nace el río más caudaloso de Chile, el Baker (Panadero). Un viaje que no se hace largo a pesar de sus ocho horas y de las condiciones de la carretera, por estar inmersos durante todo el camino en paisajes de la más pura naturaleza. Antes de llegar a Puerto Bertrand y ante nuestros curiosos y sorprendidos ojos se nos muestra la inmensidad del lago General Carrera, es como un mar rodeado de esbeltas cordilleras, hay que parar para contemplarlo. Cansados pero satisfechos, nos alojamos en unas bonitas cabañas de madera.

Aquí comienza la auténtica aventura, doce días explorando algunos de los rincones más atractivos del planeta, una experiencia que no deja indiferente a nadie.

Aysen

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Del hielo al océano

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p>En Patagonia normalmente cada uno ha de portear su carga, al menos sus pertenencias para los días siguientes. A veces nos sorprende lo poco que necesitamos, ya que hay que evitar ir cargado y llevar lo minuciosamente justo, es un reto factible.

Así que la ruta la dividiremos en dos partes: primero caminaremos, para luego navegar en balsa el río Baker hasta su Delta en el océano Pacífico. Es una ruta que sigue el ciclo natural del agua, desde que se posa en el campo de hielo norte hasta que se vierte en un lago, para continuar por el río y finalizar en el mar. Caminaremos durante ocho días hasta llegar al río Baker donde iniciaremos un balseo de cuatro días antes de llegar a la población costera y maderera de Caleta Tortel. Son tres las veces que he hecho la primera parte de esta ruta, es decir, los días de caminata, pero solamente una vez completé el ciclo y llegué hasta el mar.

Del hielo al océano

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El Valle Soler

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p>Los recuerdos que tengo del primer día son de buen tiempo, más o menos soleado y sin apenas viento. Zarpamos a media mañana de Puerto Bertrand en una pequeña motora para 6 ó 7 personas, navegamos el lago Bertrand de aguas turquesas para empalmarlo con el lago Plomo, de un color más lechoso debido al agua de deshielo que viene de los glaciares. En total creo que no llegó a una hora de navegación hasta llegar a la otra vertiente del lago Plomo, donde se encuentra un puesto o granja aún habitada. Dan ganas de quedarse a vivir allí una buena temporada, ¡pues sí!

Mochilas bien equilibradas, ¡y adelante!, tenemos unas cinco horas hasta llegar al primer campamento, en el Valle Soler, un típico valle de la Patagonia en forma de U, es decir, de formación glaciar. En su  día un gigantesco glaciar cubría todo este valle, justo al fondo de él se encuentran unos cerros, muchos de ellos sin nombre, que son los contrafuertes del mismísimo Campo de Hielo Norte. Me contó un baquedano (gaucho que frecuenta la cordillera más que la pampa) que no hace muchos años se vació un lago que había al fondo del valle, la morrena glaciar no pudo contener la presión que el agua ejercía sobre ella y explosionó echando toneladas y toneladas de agua sobre el valle, inundando gran parte de él y matando mucho ganado. No hubo muertes humanas al ser un rincón apenas habitado, pero algunos lugareños aún recuerdan el suceso, y viendo cómo está el paisaje al fondo, da pánico pensar cómo tuvo que ser, el ruido que ocasionó y cómo debió temblar la tierra.

En este día subimos por el valle Soler por nuestro lado izquierdo, dejando el río Soler a nuestra derecha y más abajo, pues vamos medio faldeando la sierra del valle y dejando bonitas vistas hacia el otro lado. Los campamentos están fijados, en todos ellos hay un gran baúl de madera donde se guarda material de campamento como las tiendas, colchonetas, utensilios de cocina y algo de comida. Al atardecer comenzamos con la cena alrededor de la hoguera, se come bien en estas tierras, buena carne, buen pescado y buen vino.

Al día siguiente, rumbo al Palomar, un puesto o granja abandonada por una familia que se fue hace bien poco, un lugar precioso, con su pradera, su río, su bosque y sus vistas hacia la sierra, unas 7 horas de caminata por un terreno frágil y sin apenas senda. Estamos casi al fondo del valle pero no proseguiremos más, sino que nos desviaremos hacia un paso que se ve a nuestra izquierda, será al día siguiente. Una agradable velada alrededor del puchero pone broche a este día.

El Valle Soler

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El glaciar Neff

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p>Hoy es un día importante, vamos a tratar de cruzar el glaciar Neff. La jornada puede variar, a veces han sido 8 ó 9 horas y alguna otra recuerdo que casi 12. Iniciamos la jornada rumbo al paso, todos impacientes, cuando es la primera vez por saber que hay detrás, el resto de veces por volverlo a ver. Bueno, en realidad ya sabes que lo que vas a ver al otro lado es un glaciar, pero por mucho que te cuenten, no te lo imaginas: es más que grande, es inmenso, un estallido de luz que desvirtúa tu visión con esas magnitudes, ya no sabes qué es grande y qué es pequeño. Antes de cruzar el glaciar hay que buscar por dónde nos subimos a él, lleva un rato, pero al final se encuentra el punto de entrada. Una vez sobre el hielo nos ponemos los crampones. En realidad no harían falta, pero normalmente nos los ponemos siempre por seguridad. El hielo en estas fechas del verano austral es franco, se ven las grietas y simplemente hay que esquivarlas, con un poco de cuidado no debería haber problemas y el piso es más o menos estable, pues tiene una ligera capa de hielo picado en la superficie que hace que no resbale al pisar. Caminar sobre un glaciar es una bella experiencia, uno de los mejores sitios para experimentar estar en otro mundo, un mundo de hielo, absolutamente inhabitado. Pero llega la morrena, esas aglomeraciones de rocas móviles y redondeadas por la fricción del hielo. ¡Qué locura es caminar sobre este suelo engañoso!, de piedra sobre hielo, quizá lo más duro, pero lo volvería a hacer.

Un rato después de completar el cruce del glaciar Neff de unos 3 km de ancho, llegamos al bosque Cachet. El campamento se monta en el interior de este bosque intocado australes, un lugar mágico con vistas el glaciar que acabamos de cruzar y ante puros contrafuertes del Campo de Hielo Normalmente nos quedamos un día descanso en este lugar, dos noches seguidas en este campamento; esto es debido hay que tener al menos un día de colchón si en el momento de cruzar el Neff hay y no se puede cruzar, teniendo que regresar al campamento anterior en el Palomar. El día libre se utiliza al antojo de cada uno. Lo hemos pasado descansando y pegándonos un pequeño baño en una laguna junto al campamento, bajo el chamizo viendo llover y llover mientras cocinábamos unas tortitas, y en otra ocasión también con un bonito día, decidimos ascender un cerro virgen.

El glaciar Neff

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Hacia el frente del glaciar Colonia

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p>Segunda y última mañana en el campamento Cachet, da pena abandonar este cerrado bosque, pero sabemos que nos queda por ver más, y proseguimos unas 6 horas. En la primera parte llegamos a un bosque aún más salvaje que donde acampamos, un bosque de cuento que me mostró todo su esplendor en un día lluvioso y ventoso; aún recuerdo la humedad, las gotas mojándolo todo, los colores brillantes y esos acongojantes crujidos de los árboles azotados por el viento patagón. Salimos del bosque encontrándonos con el lago Cachet-2, un bonito lago de unos 5 km de largo por 2 km de ancho, y en el que se desmorona uno de los frentes del glaciar Colonia.

El frente de este glaciar puede tener unos 30 m de altura y no es difícil ver desmoronarse algún témpano. En este día hay una parte también algo incómoda, y es al bordear parte de este lago: se camina sobre roca junto al agua y hay que ir concentrado mirando dónde se pisa. La llegada al campamento llamado La Terraza olvida esas malditas rocas, un lugar con carácter, es inolvidable despertarse en este lugar, junto al lago y frente glaciar que sube hasta las faldas del Cerro Arenales, creo que el tercero o cuarto más alto de la Patagonia y muy poquitas veces ascendido, el lado que no se ve del Arenales está dentro del Campo de Hielo. Tengo que resaltar el atardecer en este campamento. Por la noche se escuchaban los temblores del glaciar y las moles de hielo que se precipitaban al lago.

Hacia el frente del glaciar Colonia

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¿Un lago que desaparece?

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p>Sí. Un lago que desaparece y vuelve a aparecer. Suena inverosímil, pero así es. Este suceso natural que descompone el hielo debido a temperaturas más altas de las requeridas, se llama GLOF (por sus siglas en inglés: glacial lake outburst flood) y hace que el lago entero se vacíe por un lado, creando grandes inundaciones en valles colindantes y subiendo radicalmente el volumen de agua en los ríos en los que vierte, en algunas ocasiones con crecidas de unos 5 m e incluso invirtiendo la dirección del torrente.

Os animo a que os informéis sobre este suceso natural, es bien interesante. He tenido la ocasión no de ver este fenómeno, que aún no ha sido grabado ni visto por nadie, pero sí de ver el lago lleno y vacío: esperas ver un lago de 5 km y de repente no ves nada, cuando te acercas la visión es realmente sorprendente: lo único  que ves es un inmenso boquete, da vértigo. Este suceso ha ocurrido unas 5 ó 6 veces en los últimos 3 ó 4 años y se vacía en unas horas para tardar varios días en volverse a llenar. Actualmente se ha montado una cámara en el campamento La Terraza para observar al glaciar y al lago, quizá dentro de poco sepamos algo más de este suceso de la Pachamama.

¿Un lago que desaparece?

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El Valle Colonia

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p>Sexto día, rumbo al campamento Colonia, un día de paisajes variados, pasando por una pequeña laguna de aguas transparentes, la laguna dislocada… Proseguimos río abajo hasta llegar a las dichosas “Candongas”, auténticas rompepiernas, sobre todo cuando llueve. Llegamos a una preciosa y camuflada terraza natural, con vistas hacia otro de los frentes del glaciar Colonia, a los contrafuertes del campo de hielo y al alargado y encajonado lago Colonia, una localización sencillamente de ensueño.

Levantamos el campamento, hay que bajar al lago Colonia, donde nos espera una motora para llevarnos al otro lado. Mientras navegamos percibo un paisaje gigantesco y nuestra motora es un pequeño punto en esa inmensidad. El valle Colonia está encajonado por abruptos nevados, la mayor parte de su extensión está inundada por el lago, también alargado y aprisionado.

En menos de una hora hemos llegado a la otra vertiente y nos toca caminar una hora más hasta el puesto o granja “Sol de Mayo”, habitado por Lalo y Doña María, un bonito hogar en un paraje salvaje. Se encuentra casi al final del valle, arrinconado en un lado y junto a un arroyo. Tienen caballos, ovejas, cabras, gansos, algún cerdo, perros, gatos… es un lugar trabajado y delicioso para vivir. Una pena que tenga esos inviernos tan extremos y esté tan lejos de cualquier lugar, pues siempre que lo veo pienso que me encantaría vivir allí.

Son ya varios días en la selva, así que este puesto hace un efecto de relajación al ver el primer rincón habitado de los últimos días, te sientes en casa, es un auténtico hogar. Nos sorprenden con un cordero “al palo” y buen vino chileno, ¡qué más podríamos pedir! Antes de dormirme, me acuerdo del GLOF. En este valle los cambios son importantes: cuando el lago Cachet-2 se vacía, el río aumenta mucho su caudal y se desborda y ramifica por todo el valle. Lalo me dijo que él no vio nada, desde donde vive no se ve el gran río que baja por el valle, pero en el último GLOF, sí sintió una brisa especialmente fría y en momentos como pequeños temblores, originados por la gran cantidad de agua que iba valle abajo y todo lo que arrastraba.

El Valle Colonia

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Llegamos al Río Baker

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p>>En este día se finaliza la primera parte de esta ruta; llevamos la mitad del ciclo natural del agua, que del hielo baja hacia la laguna glaciar, de la laguna se va por el riachuelo, luego a otro lago (el Cachet-2, por ejemplo) y éste a su vez vierte sus aguas a un río, que a su vez desagua en el Lago Colonia y de aquí a otro río que por fin lo lleva a otro río, mucho más grande, el Baker, el más caudaloso de Chile. A su verita montaremos el campamento, pero el ciclo del agua sigue su camino hasta llegar al océano, al Pacífico. Caminamos 8 ó 9 horas este día, tenemos que salir del valle y llegar al Baker. En la ruta pasamos por 4 ó 5 puestos, todos habitados, el más peculiar es el de Don Julio, un anciano que lleva toda su vida allá, en su chabolita y acompañado por sus animales, un buen personaje del que se podrían escribir muchos folios.

Llegamos al Río Baker

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El balseo

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p>Estamos contentos, hemos acabado un ciclo, pero sabemos que comenzamos otro igual de atractivo y además diferente. Hacemos los últimos preparativos y partimos hacia el sur por el río. El río Baker no es muy largo, no debe tener más de 200 km, pero es muy caudaloso y es “cebado” por muchos arroyos, ríos y riachuelos casi todos provenientes del Campo de Hielo Norte, la tercera reserva de agua dulce del planeta junto al Hielo Sur. Sus aguas son muy peligrosas por su fuerza, su caudal, sus remolinos y cómo no, por su baja temperatura. Hay que conocer bien el río para navegarlo de una forma segura, y hay que saber qué zonas se pueden navegar y cuáles no, si no, estás perdido, pues caer a estas aguas es entrar en hipotermia en pocos minutos.  Nosotros no vamos a navegar el Baker desde su nacimiento hasta su delta, necesitaríamos más de cuatro días, solo navegamos el último tramo, donde se encuentran los paisajes más inhóspitos y donde las corrientes no son tan peligrosas. Pasamos por un par de rápidos, pero fueron sencillos a pesar de llevar en esta época la mayor cantidad de caudal. Navegamos dos o tres horas y paramos a almorzar en una de sus riberas, proseguimos un rato más hasta llegar al primer campamento de esta segunda parte del viaje. Acampamos junto al río, pero pusimos las tiendas en un alto por si subía el caudal en la noche, que no es lo normal, pero el GLOF hace de las suyas en este sector y se aprecian claramente las marcas originadas por las antiguas crecidas.

Este campamento está situado estratégicamente, pues ya no se puede seguir por el río debido a un rápido imposible de pasar, así que hacemos dos noches en este campamento y así al día siguiente porteamos la balsa por tierra río abajo hasta sobrepasar el rápido y continuar por el río. Aprovechamos para explorar la zona y asomarnos a ver el famoso rápido que nos hacía tener que portear la balsa por tierra: ninguna duda, ¡había que portear la balsa! Al día siguiente proseguimos con el balseo, a partir de aquí los paisajes que recorreremos irán cambiando y embruteciéndose según avanzamos hacia el sur. Es curioso cómo cambia de repente el paisaje y se convierte en una auténtica selva en pocos minutos. El caudal sube pero las corrientes son suaves, es una cómoda navegación que nos permite contemplar la inmensidad de aquellos parajes, con sus tupidos bosques, sus cascadas que caen de los cerros junto al río o sus glaciares colgantes al fondo. Después de unas 5 ó 6 horas llegamos al campamento en el puesto de la familia Vargas. Llevan allá toda la vida y sus padres y sus abuelos fueron los primeros, pues antes nadie vivía por estas latitudes, no había carreteras ni caminos, llegar eran muchos días ¿desde donde? Pero hubo gente que buscaba nuevos horizontes, vivir libre y llegó hasta acá, pero como el paisaje es impenetrable, el río era su medio y así comenzó todo junto al Baker. Un lugar tan bello como duro para vivir, así es. Pasamos un gran rato conversando, intercambiando experiencias mientras “mateabamos”. Son gentes sociables, orgullosas, risueñas y tremendamente vivas.


El balseo

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Caleta Tortel

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p>Último día de navegación, hoy llegamos al océano y finalizamos el ciclo del agua, además lo hacemos en un marco incomparable, navegando una de las regiones más carismáticas del planeta, la Patagonia… de Aysén. La llegada al mar es emocionante, todo se ensancha y a lo lejos se divisan las sierras que forman el entramado de canales. Desde el delta en un rato llegamos a Caleta Tortel.

Esta bohemia población costera no se dedica a la pesca, sino que los madereros y el ciprés de Las Islas Guaitecas son su sustento. La localización de este poblado es como sacada de una historia de piratas, de hecho aquí llegaron, a una ensenada muy escondida y apartada de los furiosos vientos australes, justo entre medias del Campo de Hielo Norte y Sur, un rincón para que nadie te encuentre.
Desde hace cinco años ya se puede llegar a esta población por carretera, pues hasta entonces navegar era la única forma de llegar a Tortel.

Así acaba una experiencia más en esta bella región de la Patagonia más desconocida, un viaje apto para todos aquellos que quieran aventurarse en estos parajes, más que la condición física es más importante la motivación, si te apetece, disfrutarás y sin ninguna duda, harás uno de los viajes de tu vida!


Caleta Tortel

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Guía práctica

Aysén es una regiónde Patagonia fuera de los circuitos de trekking y montaña convencionales. ¡No hay tiendas souvenirs!

[ CON QUIÉN IR ] Koratrek es una agencia de viajes especializada en viajes de aventura y expediciones por Asia, América, África y Europa. www.koratrek.com
[ CUÁNDO IR ] De diciembre a marzo, la época menos inestable.
[ NIVEL FÍSICO ] Hay que estar acostumbrado a andar con mochila en jornadas de entre 6 ó 7 horas.
[ NIVEL TÉCNICO ] Sólo se usan crampones una jornada, y no es indispensable haberlos usado antes.

Guía práctica

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