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Reinhold Messner: 40 años de los 14 ochomiles

El alpinista del Tirol del Sur completó su histórica colección el 16 de octubre de 1986, tras alcanzar la cima del Lhotse con Hans Kammerlander. Una trayectoria que cambió para siempre el alpinismo de altura.

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Reinhold Messner: 40 años de los 14 ochomiles

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El 16 de octubre de 1986, Reinhold Messner alcanzó la cima del Lhotse (8.516 m) junto a Hans Kammerlander. La ascensión culminaba una trayectoria de 16 años por las montañas más altas del planeta y convertía al alpinista del Tirol del Sur en el primero en completar los 14 ochomiles. Lo hizo sin utilizar oxígeno suplementario, una decisión que había marcado buena parte de su carrera y su manera de entender el alpinismo de altura.

La cima, sin embargo, apenas les concedió tiempo para celebrar la hazaña. Una fuerte tormenta les obligó a iniciar el descenso casi inmediatamente. Aquel día, el objetivo que Messner había perseguido durante años quedó cumplido en unas condiciones que reflejaban bien la naturaleza de sus expediciones: compromiso, autonomía y una exposición constante a los riesgos de la alta montaña.

 
Una trayectoria que comenzó en el Nanga Parbat

La historia de los 14 ochomiles de Messner arrancó en 1970, durante una expedición al Nanga Parbat (8.125 m). Junto a su hermano Günther, alcanzó la cima después de escalar la vertiente del Rupal, una de las grandes paredes del Himalaya. Durante el descenso por la vertiente del Diamir, Günther murió en circunstancias trágicas. La expedición terminó con Reinhold regresando solo y con graves congelaciones que le costaron varios dedos de los pies.

Dos años después, Messner ascendió el Manaslu (8.163 m). En 1975 añadió el Gasherbrum I (8.080 m), en una expedición con Peter Habeler que apostó por un equipo reducido y un planteamiento ligero, alejado de la logística de las grandes expediciones comerciales.

El siguiente gran hito llegó en 1978. Messner y Habeler alcanzaron la cima del Everest (8.848,86 m, según la medición oficial más reciente de Nepal y China) sin oxígeno suplementario. Hasta entonces, muchos consideraban que ascender la montaña más alta del mundo en esas condiciones era prácticamente imposible. Su éxito contribuyó a cambiar la percepción de los límites fisiológicos y técnicos del alpinismo en altitud.

Ese mismo año, Messner regresó al Nanga Parbat y completó en solitario una ascensión que se considera la primera escalada en solitario de un ochomil desde el campo base hasta la cima. En 1979 sumó el K2 (8.611 m), la segunda montaña más alta del planeta, junto al alemán Michael Dacher.

 
El Everest en solitario y tres ochomiles en una temporada

En 1980, Messner volvió al Everest. Esta vez lo hizo en solitario, desde la vertiente tibetana y durante el monzón, sin oxígeno suplementario. La ascensión, por una línea nueva en la cara norte que atravesaba el corredor Norton, se convirtió en otra de las grandes referencias de su carrera.

En 1981 alcanzó el Shisha Pangma (8.027 m). Un año después protagonizó una temporada excepcional al coronar tres ochomiles: Kangchenjunga (8.586 m), Gasherbrum II (8.034 m) y Broad Peak (8.051 m). Con estas ascensiones, Messner se convirtió en el primer alpinista en alcanzar tres montañas de más de 8.000 metros en una misma temporada.

El Cho Oyu (8.188 m), en 1983, amplió su colección. La ascensión, realizada junto a Hans Kammerlander y Michael Dacher, precedió a uno de los episodios más singulares de su trayectoria.

La travesía de los Gasherbrum

En 1984, Messner y Kammerlander completaron la primera travesía de dos ochomiles sin regresar al campo base entre ambas cimas: el Gasherbrum I y el Gasherbrum II. La actividad supuso un paso más en la evolución del estilo alpino en el Himalaya, al enlazar dos grandes montañas en una misma empresa y reducir al mínimo la dependencia de una infraestructura fija.

En 1985, ambos ascendieron el Annapurna (8.091 m) y el Dhaulagiri (8.167 m). El primero llegó por una nueva ruta en la vertiente noroeste. Con aquellas dos cimas, Messner se situó a solo dos montañas de completar su objetivo.

El Makalu (8.485 m) fue la penúltima. Messner lo coronó el 26 de septiembre de 1986 junto a Kammerlander y Friedl Mutschlechner. Apenas veinte días después, regresó a la montaña con Kammerlander para afrontar el Lhotse.

 
Hans Kammerlander, compañero de la última cima

El 16 de octubre de 1986, Messner y Kammerlander alcanzaron los 8.516 metros del Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo. El viento y las condiciones meteorológicas hicieron que su estancia en la cumbre fuese muy breve. No hubo una larga celebración ni tiempo para disfrutar de las vistas: tocaba descender.

Con aquella ascensión, Messner completó la colección de las 14 montañas de más de 8.000 metros sin recurrir al oxígeno embotellado. Kammerlander, que había compartido con él buena parte de las últimas expediciones, fue el compañero de aquella última cima.

La hazaña cerró una etapa decisiva en la historia del alpinismo. Messner había sido protagonista de ascensiones que cuestionaron las estrategias convencionales de las expediciones himaláyicas y demostraron las posibilidades de trabajar con equipos reducidos, mayor autonomía y un planteamiento más cercano al estilo alpino.

 
Más allá de los récords

La importancia de Messner no reside únicamente en haber sido el primero en completar los 14 ochomiles. Su trayectoria contribuyó a transformar la manera de afrontar las grandes montañas: desde la ascensión al Everest sin oxígeno junto a Habeler hasta sus expediciones en solitario y la travesía de los Gasherbrum con Kammerlander.

Aquel 16 de octubre de 1986, el Lhotse puso fin a una búsqueda iniciada 16 años antes en el Nanga Parbat. Pero también marcó el cierre de una etapa en la que Messner había ayudado a desplazar el foco de atención desde la conquista de una cima hacia la forma de alcanzarla.

Cuarenta años después, su legado continúa siendo una referencia para comprender la evolución del alpinismo moderno: no solo por las montañas que ascendió, sino por la manera en que decidió hacerlo.

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