Luto en el Fitz Roy

Los hermanos Pou reflexionan sobre el trágico accidente de Amaia Agirre e Iker Bilbao en el Fitz Roy

Hermanos Pou

Macizo del Fitz Roy. Foto: Hermanos Pou
Macizo del Fitz Roy. Foto: Hermanos Pou

No ha podido ser. Era muy difícil que saliera bien, pero había que guardar la esperanza hasta el último momento. Finalmente, el accidente en forma de avalancha con caída a una grieta de enormes dimensiones, nos deja sin Amaia Agirre e Iker Bilbao. Los dos prometedores alpinistas vascos no podrán celebrar como merecían su ascensión al Cerro Fitz Roy y a todos se nos abre una profunda brecha en el corazón. Casi todo el mundo que no está relacionado con la montaña se hará la misma pregunta: "¿Merecía la pena tanto sacrificio?. A la vista del resultado cualquiera podría contestar a esto: "Claro que no". Pero ninguno de los dos estaban allí buscando este desenlace, estaban tratando de ser fieles a una pasión que se había convertido en el motor de sus vidas... No se puede censurar a nadie por soñar, porque los sueños te hacen libre y ellos lo eran...

Conocimos a Amaia a través de su pareja, Julen Berrueco, compañero alavés, que encarna junto a otros chicos y chicas la nueva generación de alpinistas de nuestra provincia. Tuvimos la oportunidad de intimar un poco más en un viaje que ambos realizaron a Mallorca y en el que pudimos compartir varios días de escalada juntos.

Amaia nos resultó tímida e introvertida, pero al mismo tiempo simpática, agradable y honesta. En la actividad destilaba pasión por todos los poros, una persona que amaba lo que hacía y que además lo hacía muy bien. Dominaba todas las disciplinas con un nivel muy alto, y aunque por ese carácter tan discreto, pasaba desapercibida para el gran público, los que nos movemos en esto rápidamente nos dábamos cuenta que estábamos ante una grandísima alpinista.

A Iker Bilbao no tuvimos el gusto de conocerlo personalmente, o al menos eso pensamos, porque al cabo de los últimos años nos hemos cruzado con mucha gente a la que después nos cuesta ponerle cara, pero nos consta que estamos ante otro chico que dejará un vacío muy grande...

Por lo tanto, ninguno de los dos se encontraba intentando el Fitz Roy por casualidad, tenían el nivel y la autonomía para ascender está montaña por sus propios medios, una aguja difícil y esbelta que fue lograda por primera vez en 1952 por los franceses Lionel Terray y Guido Magnone (dos años antes el primero ya había participado en la conquista del primer ochomil, el Annapurna, y un año después, los ingleses conseguirían ascender por primera vez el Everest en aquella histórica ascensión de Hillary y Norgay; lo que da una idea del nivel técnico de esta empresa a la que se enfrentaban los dos alpinistas vascos). Cabe añadir además, que mientras en las montañas más altas del planeta el alpinismo ha perdido su razón de ser con el abuso de cuerdas fijas, oxígeno y utilización de sherpas, en macizos como los de la Patagonia, las escaladas se siguen haciendo en total autonomía (no tienes nadie alrededor que abra por ti el largo complicado, te abra la huella en la nieve profunda, te lleve la mochila, te prepare la comida o te monte la tienda cuando estás cansado) con lo que aquí se sigue realizando un alpinismo en mayúsculas, que en síntesis se parece mucho más -salvando las distancias del tiempo- al que hicieron los dos geniales escaladores franceses.

La Brecha de los Italianos -lugar donde ha ocurrido el desgraciado accidente- es una de los puntos más negros de la ascensión al Fitz Roy por la ruta Franco-Agentina. Hemos sabido de innumerables accidentes en esta zona, al punto que en el 2.006, en la quinta tentativa que realizábamos tratando de ascender está montaña -que después lograríamos en el 2007-, tuvimos que abandonar para rescatar a tres escaladores a los que con la ayuda de la "Comisión de Auxilio de El Chaltén" logramos salvar la vida.

Esta vez no ha podido ser... Amaia e Iker no han tenido la misma suerte y el alpinismo está de luto tras perder a dos grandes personas. Nosotros nos quedamos con los buenos momentos vividos juntos, y aunque nuestro corazón sufre, sabemos que en las noches caminando bajo las estrellas, hay dos, especialmente bonitas, que guíaran nuestros pasos...

Agur eta ohore Amaia eta Iker.