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El pasado jueves, en Céüse, Laura Rogora se apuntó la vía más difícil de la escuela francesa —y una de las más difíciles del mundo— al encadenar Bibliographie en rotpunkt. Se trata de un enorme desafío de resistencia equipado por Ethan Pringle en 2009 y liberado por Alexander Megos en 2020. En aquel momento, el escalador alemán necesitó 60 días de intentos para inscribir su nombre en la élite de la escalada deportiva mundial, proponiendo una dificultad de 9c, posteriormente rebajada a 9b+ tras el descubrimiento de nuevas secuencias por parte de Stefano Ghisolfi en 2021.
Desde entonces, la vía ha sido repetida por Sean Bailey (2021), Seb Bouin (2023), Jorge Díaz-Rullo (2023) y, hace dos meses, por Janja Garnbret. Con su ascensión, la eslovena se convirtió en la segunda mujer del mundo en escalar un 9b+, después de que Brooke Raboutou repitiera Excalibur, en Arco, en abril de 2025. Ahora Rogora se convierte en la tercera mujer del mundo en alcanzar el 9b+.
El rotpunkt de la vía más difícil encadenada hasta ahora por Rogora sorprende no tanto por la dificultad en sí —ya cuenta en su historial con dos 9b, Ali Hulk sit extension total, en Rodellar (2020), y Erebor, en Arco (2021), además de tres 8c+ a vista— como por la extraordinaria rapidez de la ascensión: unos 16 intentos en total repartidos en apenas seis días.
Seis días para un 9b+ es prácticamente inaudito. Todas las demás ascensiones de esta dificultad han requerido mucho más tiempo y muchos más intentos, con una excepción: Alexander Megos necesitó cinco días para encadenar Change, en Flatanger, en 2024. Megos utilizó rodilleras y nuevas secuencias respecto a Adam Ondra, que realizó la primera ascensión en 2012, lo que llevó al alemán a sugerir que la vía podía ser un 9b+ relativamente fácil. Aunque Change continúa oficialmente dentro de este grado, podría terminar demostrando ser un 9b duro. El tiempo lo dirá. Mientras tanto, la ascensión de Rogora es sencillamente extraordinaria.
Laura Rogora en 'Bibliographie' (9b+) en Céüse, Francia / Foto: © Jan Novak
El ritmo de trabajo de la escaladora romana de 25 años resulta, como siempre, muy interesante: dos días en la vía, un día de pesas y un día de descanso. Otro día en la vía, pesas y descanso. Después, otros dos días en la vía, descanso y finalmente el encadenamiento al segundo intento del día.
«Muchísimos días de descanso», explicó Rogora, debido a que la piel le dolía mucho, aunque hacía pesas porque «no quería hacer nunca días de descanso total».
Cuando se le preguntó hasta qué punto había estado cerca de su límite, Rogora respondió: «Es difícil decirlo. Con la adrenalina durante el send siempre parece que no estás sufriendo demasiado. Pero el bloque central es bastante duro y los días anteriores me había caído varias veces en ese punto. La primera vez que conseguí superarlo sabía que podía jugármela. Logré recuperar bien y todo fue bien hasta la cadena. Si hubiera caído más arriba, sinceramente no sé si habría sido capaz de volver a superar el bloque en el siguiente intento o en los días posteriores».








